martes, 29 de mayo de 2018

Desvirtuando a Petro II: la pobreza y la desigualdad


Desvirtuando a Petro II: la pobreza y la desigualdad

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Petro ha hecho su campaña haciéndoles creer a los votantes, especialmente a los jóvenes, que el nuestro es un país lleno de pobreza y desigualdad y que estas no dejan de aumentar. Nada más alejado de la verdad.

Lo primero que hay que entender es que alcanzar el crecimiento económico sostenido, lo único que permite la reducción de la pobreza y la desigualdad de forma consistente, es un proceso arduo y difícil que depende de múltiples variables una de las cuales, no siempre la principal, es contar con unos gobernantes que no sean excesivamente malos y que permitan la libre acción de empresarios y trabajadores, que son los verdaderos creadores de la riqueza. Existe una clara relación positiva entre la libertad económica y la riqueza de los países.

De los 226 países del mundo, 76 pueden ser considerados como países ricos o de ingresos altos; hay 56, entre los cuales está Colombia, de ingreso medio; los 94 restantes son de ingresos bajos, en algunos casos extremadamente bajos. La pobreza está vinculada al grado de desarrollo de cada país. No puede esperarse tengamos la tasa de pobreza de Liechtenstein o Qatar, los más ricos, ni la de Burundi o República Centroafricana, los más pobres. Colombia tiene una tasa de pobreza acorde con su nivel de desarrollo y ésta se ha vendido reduciendo sustancialmente en los últimos años, como se muestra en el gráfico 1. 

 Gráfico 1



El de la desigualdad es un asunto más complejo y algo paradójico. Los países de ingreso bajos suelen ser muy igualitarios: todos sus habitantes son igualmente pobres. La desigualdad también suele ser baja en los países más ricos, aunque no necesariamente. Esto llevó a economista llamado Simon Kuznets a plantear la hipótesis según la cual, al relacionar un indicador de desigualdad, como el famoso coeficiente de GINI, con el nivel de ingreso, la gráfica resultante tendría la forma de una U invertida, es decir, que en el proceso de desarrollo la desigualdad aumenta inicialmente a medida que sube el ingreso, alcanza un valor máximo y luego comienza a descender. Esta hipótesis es muy discutida, como muchas otras en economía. En todo caso, la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, también se ha reducido en los últimos años, como se ilustra en el gráfico 2.   

                                                        Gráfico 2


Muchas personas, incluso economistas, suelen darle demasiada importancia a la desigualdad en la distribución del ingreso o a la concentración de la riqueza, como gustan decir para que sea más impactante. Organizaciones como OXFAM o economistas reputados como el nobel de economía Stiglitz, hacen frecuentemente pequeños escándalos hablando del ingreso del 1% más rico como si eso fuera la causa de la pobreza de los más pobres. Un razonamiento simple basta para mostrar que tras esas posiciones se esconde un desconocimiento craso de los principios más elementales de la economía.

Tomemos el caso del señor Jeff Bezos, reputando como el hombre más rico del mundo, con sus más de 133.000 millones de dólares. Ese capital puede darle un ingreso anual de 6650 millones, es decir, poco más de 18 millones diarios o, si se prefiere, para que resulte bien escandaloso como le gusta a OXFAM, casi 760.000 dólares por hora, más 12.000 por minuto o 200 por segundo.

¿Qué puede hacer el señor Bezos con esa renta? ¿Comérsela en hamburguesas y papas fritas? En Estados Unidos le alcanzaría para 3.695.574 Big Mac diarias, privando de su almuerzo a otras tantas personas. En ese caso y solo en ese, la riqueza del glotón señor Bezos, sería perjudicial para otras personas. Pero, ni el señor Bezos ni los ricos en general gastan su ingreso en hamburguesas y papas fritas. La mayor parte lo invierten negocios que dan empleo a millones de personas que con el ingreso recibido pueden comprar sus propias hamburguesas o lo que a bien tengan.

Las empresas producen renta para millones de personas en la forma de dividendos, intereses y salarios y pueden ser vistas como unas máquinas de hacer dinero. Eso es importante para los financieros y contadores y es lo único que parecen ver los economistas mediocres y los envidiosos. Para la sociedad lo realmente importante es lo que llevamos del supermercado a la casa. El salario, los dividendos o los intereses solo se convierten en renta propiamente hablando cuando comemos los alimentos, nos ponemos la ropa o usamos aparatos de la tecnología. 

El objeto de la producción es el consumo. Cuando invertimos en equipos, instalaciones e instrumentos que hacen nuestro trabajo más productivo, lo hacemos porque tenemos la expectativa de que el consumo de hoy al que renunciamos será recompensado por un consumo mayor en algún momento del futuro. Por eso, el Gini que en definitiva importa no es el de la distribución del ingreso sino el de la distribución del consumo.

Con base en la encuesta de ingresos y gastos de 2006-2007, el economista Jorge Eliecer Giraldo hizo el interesante ejercicio de estimar los coeficientes de Gini del ingreso y el gasto monetarios. Los resultados se muestran en la tabla. De un Gini de ingresos de 54,5 se pasa a un Gini de gasto de 45,9 por el efecto de las transferencias que reciben los deciles 1 a 6 de la distribución. Esto también refleja el hecho de que las familias de los deciles 7 a 10 ahorran parte de su ingreso.



 En síntesis, Colombia tiene una tasa de pobreza más o menos acorde con su nivel de desarrollo y ha venido reduciéndose en los últimos años. Si la economía recupera su ritmo crecimiento continuará reduciéndose en el futuro. Si bien el indicador de desigualdad del ingreso es relativamente alto, también ha venido reduciéndose. Adicionalmente, cuando se mira la variable verdaderamente relevante cual es el Gini del gasto, la desigualdad es sustancialmente menor. La reducción de la pobreza y la desigualdad es un asunto arduo que no puede lograse sin crecimiento económico y que no depende, como quiere hacer creer Petro, de la benevolencia y voluntad del gobernante de turno. 

LGVA
Mayo de 2018.   


Desvirtuando a Petro I: el cambio climático y las energías renovables


Desvirtuando a Petro I: el cambio climático y las energías renovables[1]

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Petro se ha presentado como el adalid de la lucha contra el cambio climático y promete modificar drásticamente la matriz energética para contribuir a su mitigación. Su propuesta parece apoyarse en la idea según la cual Colombia es un gran emisor de gases de efecto invernadero y que su matriz energética es inadecuada.  Ambas cosas son falsas.

La gráfica 1 muestra las emisiones de CO2 de Colombia, en toneladas por habitante, en 2014, último año disponible en la base de datos del Banco Mundial, comparadas con algunos países y agrupaciones seleccionadas.  Los datos no dejan lugar a dudas: la contribución de Colombia a las emisiones totales y por esta vía al calentamiento global es marginal y su reducción tendría un efecto también marginal, pero impondría un costo elevado e innecesario a la población. Obsérvese que las emisiones de Colombia están muy por debajo de las de Dinamarca, el país europeo que más ha avanzado en la instalación de las fuentes renovables no convencionales.

Gráfica 1




La matriz energética de Colombia es una de las más limpias del mundo pues su principal componente es la hidroelectricidad, una energía renovable y de baja intensidad en carbono. De los 16.420 MW de potencia instalada, un 70% son hidráulicos, 29% térmicos y 1% cogeneración y eólica. La solar es mínima y está por fuera del sistema interconectado.


En los países donde las energías renovables no convencionales, eólica y solar, se han incorporado a la matriz energética es porque han sustituido generación térmica altamente contaminante, para lo cual su desarrollo ha recibido considerables subsidios que finalmente son pagados por el consumidor final.

En efecto, los costos de inversión en instalaciones eólicas y solares son todavía muy superiores a los de las fuentes convencionales. La gráfica 2 muestra los costos de inversión promedio de un MW de capacidad para diferentes tecnologías, estimados por la Unidad de Planeamiento Minero-Energética en su último plan de expansión.

Gráfico 2

El MW hidráulico es el más costoso, mucho más que el de la solar, la eólica y la solar distribuida (la de los paneles solares instalados en los techos de residencias y locales industriales y comerciales). Pero es aquí donde interviene un concepto que es fundamental: el factor de planta.

El MW mide la capacidad de generación, ese MW puesto en operación da la energía producida. Un MW puesto en funcionamiento por la acción del combustible de cada tecnología durante una hora produce un MW-hora de energía. El factor de planta mide el tiempo durante el cual la capacidad instalada puede ser usada en un período dado, típicamente un año.

Como el año tiene 8760 horas, si una tecnología tiene un factor de planta de 50% significa que el MW estará operativo, es decir, produciendo energía, durante 4380 horas al año. En consecuencia, su producción será de 4380 MW-hora. El factor de planta o, lo que es lo mismo, dicho de otra forma, el tiempo de utilización de la capacidad o potencia instalada depende, principalmente, de la disponibilidad del combustible.

En la generación térmica, si quienes operan sus equipos hacen bien su trabajo, el gas, el carbón o el combustible líquido están disponibles todo el tiempo, razón por la cual los equipos térmicos solo estarían fuera de operación a causa de los mantenimientos programados o daños accidentales. En general, el factor de planta de las centrales térmicas se estima en el 90%, es decir, que su tiempo de utilización en el año es 7884 horas. No quiere decir que las térmicas se utilicen efectivamente todo ese tiempo. En un sistema hidro-térmico, como el colombiano, se usan mucho menos por el elevado costo del combustible. De hecho, solo se usan cuando la hidrología es baja y las centrales hidráulicas no pueden utilizarse a plena capacidad.

El agua, el sol y el viento son los combustibles de las energías renovables y su disponibilidad depende en gran medida de condiciones naturales. La disponibilidad de la generación hidráulica o su factor de planta es 70%, es decir, su tiempo de utilización promedio es de 6132 horas al año. El factor de planta de la generación solar es 20% y el de la eólica 30%, en el mejor de los casos. Esto significa que para reemplazar un MW hidráulico se necesitan 3,5 MW solares o 2,3 MW eólicos. Visto de otra forma, para reemplazar los 16420 MW del sistema eléctrico nacional por generación solar se necesitarían 57470 MW.  

Volvamos al tema del costo. Como el MW hidráulico instalado tiene un costo de US$ 2,1 millones la capacidad solar requerida para sustituirlo, 3,5 MW, costaría US$ 3,9 millones, casi un 85% más. Esto sin considerar el hecho de que la vida útil de una hidroeléctrica supera los 30 años mientras que el de las solares bordea los 20. En todo caso, ese costo adicional debe ser cubierto de alguna forma: con impuestos o con mayores tarifas.

Sin duda alguna, a medida que sus costos bajen, las energías alternativas no convencionales irán penetrando en la matriz energética. Pero hacerlo ahora y de forma forzada, como pretende Gustavo Petro, no es ambientalmente necesario, como ya se ha visto, y elevaría el precio de la electricidad, lo cual afectaría negativamente a los consumidores residenciales y reduciría la competitividad de la industria.

LGVA
Mayo de 2018. 



[1] Este texto el primero de una serie de cinco en los cuales busco desvirtuar algunos de los planteamientos programáticos de Gustavo Petro. Lo hago a solicitud de mi hija Sara Helena, quien cree que su lectura puede contribuir a darle claridad a algunos jóvenes que, confundiendo elocuencia con conocimiento, están obnubilados por el discurso del demagogo.

viernes, 25 de mayo de 2018

Las mentiras de Petro sobre las guerras civiles en Colombia


Las mentiras de Petro sobre las guerras civiles en Colombia

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Durante toda la campaña, Gustavo Petro ha recurrido a la mentira para ganarse el favor de los electores. Ha buscado hacerles creer que la economía colombiana es un fracaso total y que toda nuestra historia está marcada por la violencia. En el debate presidencial del jueves su falseamiento de la historia llegó a la apoteosis cuando afirmó, sin ruborizarse y sin que ninguno de los otros candidatos lo contradijera, que en Colombia habían ocurrido 60 guerras civiles en sus 200 años de vida republicana. Nada más alejado de la verdad.

Durante el siglo XIX hubo, en efecto, 8 guerras civiles generales, de las cuales las más largas y catastróficas fueron la llamada guerra de los Supremos, entre 1839 y 1842, y la guerra de los Mil días, entre 1899 y 1902. Este fenómeno de enfrentamientos político-militares, durante el proceso de constitución de los estados nacionales posterior a la independencia política, se presentó en todos los países de América Latina. La historia de Chile registra por lo menos cinco guerras civiles, Argentina padeció 10 y México por lo menos 12. Prácticamente ningún país de América Latina, con excepción de Brasil, estuvo libre de guerras civiles durante el siglo XIX. Estados Unidos tuvo también la suya y Europa, donde proliferan los intelectuales que dan lecciones de civilidad, fue durante el siglo XIX escenario de enfrentamientos militares que se prologaron hasta el siglo XX en las llamadas guerras mundiales que los historiadores del futuro seguramente verán como las dos grandes guerras civiles de la Unión Europea.





Estrictamente hablando no puede hablarse de guerras civiles en Colombia en el siglo XX. Después de terminada la guerra de los Mil días en 1902, el País vivió un largo período de paz política – que fue también un período de progreso económico- que se extendió hasta 1948, año del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, como consecuencia del cual se inició el período conocido como la Violencia. El gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla – y eso hay que reconocérselo - puso término a esa violencia con diálogo y política social. Durante el Frente Nacional, entre 1958 y 1970, se consolidó la paz política.

En los años 60 y 70, en el contexto de la Guerra Fría y bajo el aliento del gobierno dictatorial de Cuba, surgieron en Colombia, y en casi todos los países de América Latina, movimientos guerrilleros de orientación comunista – FARC, ELN, EPL, M-19, etc.- que ejercieron la más despiadada violencia contra las instituciones democráticas y el pueblo colombiano. Con el derrumbe de la Unión Soviética y la caída del maoísmo en China, esas guerrillas, faltas de financiación, languidecieron hasta extinguirse en todos países de América Latina, con la triste excepción de Colombia donde encontraron en el narcotráfico una poderosa fuente de financiación que terminó por convertirlas vulgares organizaciones criminales desprovistas de todo ideal político. Eso aconteció con las FARC, el ELN y, por supuesto, el M-19, que se puso al servicio de Pablo Escobar y su cartel de Medellín. Esa es la verdad monda y lironda.

Miente pues Gustavo Petro cuando habla de las 60 guerras civiles y miente también cuando acusa a la “oligarquía colombiana” de ser la causante de la violencia de las últimas décadas.  Desde los años 70 hasta ahora, los generadores de violencia han sido los grupos criminales narcotraficantes como las FARC y el ELN o aliados del narcotráfico como el M-19, cuya bandera tuvo el descaro de exhibir Gustavo Petro en su cierre de campaña en la Plaza de Bolívar mostrando de esa forma que su inclinación por la acción directa como forma de hacer política todavía está vigente.

LGVA
Mayo de 2018.    

sábado, 19 de mayo de 2018

Voto por Iván Duque


Voto por Iván Duque

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Las libertades económicas son el fundamento de todas las libertades, como lo recordara hace poco el doctor Rodrigo Botero Montoya en un artículo que me permitió difundir en este  blog y cuya lectura recomiendo vivamente[1].  La libertad económica es libertad de emplear el trabajo y los recursos propios de la forma en que cada cual estime es la mejor y de intercambiar los productos del esfuerzo propio con los productos del esfuerzo los demás. Esto supone el reconocimiento mutuo de la propiedad de cada cual: lo tuyo y lo mío, es decir, el reconocimiento de la propiedad individual. Las libertades económicas son el fundamento de todas las libertades y el derecho de propiedad el fundamento de todos los derechos.

Esta consideración, más que las promesas de los candidatos, debe guiar la decisión de votar de todos los amantes de la libertad. Hay que votar por quien confiemos será su mejor garante desde la Presidencia de la República, es decir, por quien creamos que pondrá la ley al servicio de las libertades económicas y la propiedad individual y no la convertirá en instrumento para socavarlas.

Gustavo Petro no ofrece preservarlas sino que, por el contrario, ha prometido acabar con ellas. Ha expresado sin tapujos su intensión de expropiar todo lo que esté a su alcance y de concentrar los recursos productivos en manos del gobierno que se supone los empleará en beneficio de toda la sociedad.  Es la vieja fórmula colectivista que ha fracasado donde quiera que se ha aplicado dejando a los pueblos que la han padecido en la miseria y la opresión.

Sergio Fajardo,  con su carencia incomparable de criterio económico, no vaciló en aliarse con un partido y unos dirigentes que son enemigos declarados de la libertad comercial y que ofrecen como remedio a todos los males el asistencialismo gubernamental rampante que, además de ser inviable fiscalmente, acaba con la dignidad del pueblo que termina convertido en una masa mendicante y exigente que se cree merecedora de todas las cosas sin que medie esfuerzo alguno para obtenerlas.

Humberto de la Calle arrastra la vergüenza de haber alcanzado lo que la gente parece considerar el peor acuerdo de paz posible, como lo muestra la paupérrima intención de voto que registra en todas las encuestas. Lo poco que ha dicho en favor de la libertad económica y de la propiedad individual no puede ser tomado en serio, pues su vínculo indisoluble con lo que, contra toda evidencia,  todavía dice es “el mejor acuerdo”, lo convierte en rehén de los dirigentes de la Farc, los peores enemigos de la una y de la otra.

Germán Vargas no puede ser acusado de ser enemigo de la libertad económica y de la propiedad individual. Sin embargo, en su afán de cimentar su candidatura con toda suerte de alianzas, ignoró que lo que está en juego en la coyuntura actual  son los principios de legalidad y de responsabilidad del gobierno sin los cuales la libertad y la propiedad están amenazadas. La negociación, aprobación y el desarrollo legislativo de los acuerdos de La Habana arrasaron el principio de legalidad. Las recientes actuaciones de la JEP frente al asunto de Santrich, que han escandalizado incluso a sus más fervientes defensores,  continúan esa obra de demolición. El descarado desconocimiento de los resultados del plebiscito socavó profundamente el principio de responsabilidad del gobierno frente a los ciudadanos.


Iván Duque es el único de todos los candidatos que ha puesto en el centro de su proyecto político la restauración del principio de legalidad, lo cual significa que los gobernantes que administran de forma temporal los recursos y medios de acción del estado están obligados a ejercer el poder conforme a determinadas normas conocidas por todos y aprobadas por procedimientos constitucionales. También ha entendido que el principio de legalidad supone un estado fuerte – que no es lo mismo que un estado grande – que controle la totalidad del territorio y someta a los delincuentes. Finalmente, entiende que el progreso económico es el resultado de la acción empresarios y trabajadores y que el gobierno está para alentarlos y protegerlos y para ayudar solidariamente a los más débiles, con una tributación justa y unos subsidios bien focalizados. Por ello votaré por Duque.

LGVA
Mayo de 2018.   

jueves, 17 de mayo de 2018

En la emergencia de Hidroituango: contigo EPM, ahora y siempre.


En la emergencia de Hidroituango: contigo EPM, ahora y siempre.

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

No hay obra de ingeniería más compleja que una hidroeléctrica, grande o pequeña. Un puente es un puente, una vía es una vía, un túnel es un túnel, etc. Para armar una hidroeléctrica, que finalmente es un lego gigantesco, hay que hacer puentes, vías, túneles, edificios, presas, tuberías, etc.;  para incorporar,  en esas estructuras o por medio de ellas,  los equipos electromecánicos - los que producen la energía- que deben ser hechos a la medida de cada proyecto. Y todo ello en un entorno natural, que a pesar de los estudios previos guarda mucha incertidumbre, y un entorno social extremadamente complejo y exigente. Con tantas variables en juego, son muchas las cosas que eventualmente pueden fallar, algunas de las cuales efectivamente fallan. Ninguna hidroeléctrica se ha construido completamente de acuerdo a los diseños originales que siempre deben ser ajustados para adaptarse a situaciones que solo se evidencian en el terreno.



Con  sus 2.400 MW, que equivalen al 15% de la capacidad instalada del País,  y los 37.000 empleos directos e indirectos generados durante su construcción, Hidroituango es sin lugar a dudas la obra de ingeniería más compleja hecha en Colombia. Hasta hace unas semanas las cosas marchaban bien y se habían superado numerosos dificultades. Estábamos a solo 8 meses de poner en funcionamiento los primeros equipos. Sobrevino entonces la creciente que produjo el taponamiento de los túneles de desviación durante el proceso de llenado del embalse y llegamos a la emergencia actual.



Con la decisión de evacuar el agua del embalse por la casa de máquinas se busca conjurar  el peligro de una gran avalancha sobre las poblaciones aguas abajo del proyecto. Subsiste el riesgo de crecientes por los des-taponamientos y taponamientos de los túneles de desviación, a causa de la presurización y des-presurización de los mismos. Los planes de contingencia adoptados y el sistema de alertas seguramente evitarán que se presenten pérdidas de vidas humanas, lo que en este momento es la prioridad.

La respuesta de EPM ante la emergencia es una muestra de la calidad humana y profesional de sus directivos, funcionarios y trabajadores y ha estado a la altura de la circunstancias. Probablemente en manos de otro equipo de otra empresa estaríamos ya lamentando una catástrofe.  La fortaleza y determinación  que ahora muestran las gentes de la Empresa, es la  que le ha permitido a EPM sacar adelante todos los grandes proyectos que hoy suministran energía y bienestar a todo el País. Ya llegará el momento de evaluar lo acontecido y de extraer las lecciones. Por lo pronto, hay que apoyar los esfuerzos de los técnicos y trabajadores de EPM y de las empresas contratistas, que aún a riesgo de sus vidas, luchan por elevar la presa y poner en operación el vertedero, con lo que se superaría lo más grave de la emergencia.

Durante muchos años he trabajado para EPM, directa e indirectamente, he participado en algunas de sus batallas y las he sufrido todas. Allí conocí a muchos de los profesionales que más me han enseñado en mi vida y me da confianza saber que ellos son los que están ahora, con inteligencia y entereza, enfrentando la actual crisis, de la que con seguridad nuestra Empresa saldrá fortalecida.

LGVA
Mayo de 2018.

viernes, 4 de mayo de 2018

Intervensionitis crónica, distorsionitis aguda


Intervensionitis Crónica, Distorsionitis Aguda


Cesar E. Tamayo
Economista, Ph D.

Hace pocos días el DANE nos anunció que la pobreza (monetaria) a nivel nacional tocó un nuevo mínimo en 2017. De hecho, entre 2002 y 2017, esta medida de pobreza en nuestro país se redujo casi a la mitad; eso sí, luego del haberse disparado hacia finales de los noventa. Adicionalmente, la cobertura en salud es hoy casi de 95% cuando en 1993 era de 23%. La cobertura en educación secundaria y superior ha experimentado avances similares. A todo esto ha contribuido un manejo macroeconómico acertado, algunas reformas estructurales y una política de transferencias que se ha ido afinando y escalando. Cualquier aporte a una discusión informada sobre cómo mejorar las condiciones de vida de los colombianos tiene que empezar por reconocer estos avances y sus raíces. Hasta ahí el vaso medio lleno.

Ahora bien, entre 1990 y 2016, el ingreso por habitante en Colombia (PPP) creció 74%; bastante menos que en Uruguay (99%), Perú (127%), Chile (152%), y el promedio de Asia Pacifico (220%). Dado el consenso que existe entre los economistas sobre el tema, luce difícil afianzar los avances en reducción de pobreza señalados si no vemos en el horizonte una aceleración sostenida del crecimiento económico. Para tomar sólo un ejemplo del vecindario, las cuentas de Galliani y Caruso muestran que en Chile el crecimiento en el ingreso por habitante ha sido casi el único determinante de la impresionante reducción en la pobreza de ese país (de 38% en 1990 a 8% en 2013).

Acelerar el crecimiento requiere, sobre todo, reducir las enormes distorsiones que presenta nuestra economía. Y una parte no menor de estas distorsiones parecen estar asociadas a un intervencionismo crónico del Estado. Para empezar, entre 1990 y 2016 el consumo del gobierno como porcentaje del PIB en Colombia se duplicó (pasó de 9.4% a 18.4%). Esto nos pone en el segundo lugar entre todos los países de América Latina tanto en el crecimiento de este rubro como en su nivel para 2016.

Semejante incremento en el consumo del gobierno ha requerido ajustar sus ingresos. Tras una veintena de reformas tributarias, hemos quedado con un estatuto inmensamente regresivo en donde el ajuste ha recaído desproporcionadamente sobre las empresas. En Colombia no más del 20% de los ingresos por impuestos de renta vienen de las personas naturales; esta fracción es superior al 50% en países como Uruguay y México (70% en la OECD). Hoy personas con 3.5 veces el salario medio no pagan impuesto de renta en Colombia; es el umbral de exentos mas alto de América Latina. No sorprende entonces que en 2015 Fedesarrollo calculara una tasa efectiva de tributación de las empresas cercana al 52-59%, muy superior a la estimada para los países de la Alianza del Pacifico. Y si uno se refiere a comparaciones internacionales hechas por el Foro Económico Mundial (FEM , 2014) y el Doing Business (2016), se da cuenta de lo penosa que es nuestra situación al respecto.

Todo esto preocupa porque existe evidencia de que los altos impuestos distorsionan las decisiones de las empresas y recaen en buena parte sobre los asalariados. Alivianar la carga tributaria de las firmas, dice la evidencia, favorecería la inversión, así como el emprendimiento y la formalidad. Con la última reforma, nos dice el ministro, se prevé que la tasa de renta baje gradualmente y que se supriman algunas sobretasas. Habrá que ver los resultados de esto, pero no debemos olvidar que partimos de muy atrás. Ah, y que alguien le explique a los industriales, que no parecen muy convencidos.

Las distorsiones no paran allí. Los mismos datos del FEM ubicaban a Colombia en el lugar 126 entre 140 como uno de los países con mayor carga regulatoria, mucho peor que Uruguay, México y Chile. Estas trabas parecen desincentivar particularmente el comercio de bienes y la movilidad de factores: Doing Business estima que cumplir con los requisitos para una exportación en Colombia toma cerca de 112 horas, mucho más que en Perú (48), Chile (60) y México (20). Ni siquiera por el lado de la apertura comercial podemos sacar pecho. Cálculos recientes de investigadores del Banco de la República muestran que, aunque las medidas simples de arancel promedio han bajado, las barreras no arancelarias se han incrementado lo suficiente como para compensarlo. En el caso de las manufacturas puede ser incluso que la protección efectiva se hubiera incrementado, al menos entre 1990 y 2012.

Las barreras comerciales están bien complementadas, como no, con limitaciones a la movilidad del capital humano. Aquí, como lo diría hace poco Ricardo Hausmann, Colombia es casi un record mundial: tan solo 0.2% de sus habitantes nacieron en el exterior. Y aunque este es un problema quizás más antiguo, en las últimas dos décadas se ha hecho poco o nada por enmendarlo. Como decía el mismo Hasumann en su entrevista: “A Trump le encantaría tener una política migratoria como la de Colombia”. Los costos para el país de este desacierto son incalculables: al fin y al cabo, los países del Sur nos cansamos de citar estudios que cuantifican los muchos beneficios de la inmigración. Y la precaria situación en términos de movilidad del capital humano está debidamente rematada con sendas intervenciones en el mercado laboral, entre las que se encuentra un salario mínimo que representa más del 80% del salario típico (el tercero más alto de América Latina).

Nos encontramos, pues, ante una economía enferma. Enferma no con déficits fiscales o comerciales insostenibles, ni con inflación desbordada, como en el pasado, sino con una intervensionitis crónica que ha resultado en una distorsionitis aguda. Hace un par de años en una reunión le oí decir al gran economista Guillermo Calvo que a Latinoamérica, más que refinamientos marginales de sus políticas monetarias o fiscales, lo que le hacía falta tal vez era un shock de mercado. Un electroshock de mercado nos dijimos los colombianos que asistíamos a la reunión.



miércoles, 2 de mayo de 2018

Las Libertades Económicas


Las Libertades Económicas

Por Rodrigo Botero Montoya

En una entrevista para O Estado de São Paulo, el economista brasileño Edmar Bacha, uno de los artífices del Plan Real que puso fin a la hiperinflación, afirma que la apertura comercial es ‘la madre de todas las reformas.’  Considera que la apertura de la economía al comercio exterior ‘será el gran inductor del crecimiento y de las demás reformas que requiere el país.’  Propone que el presidente electo anuncie un ambicioso programa de integración de Brasil al mundo.  ‘El objetivo es asegurar que las exportaciones y las importaciones crezcan vigorosamente en paralelo, propiciando un aumento de la productividad.’  También recomienda activar el acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea, así como el ingreso de Brasil a la OCDE.

Si bien el contexto de la entrevista es el proceso electoral que está teniendo lugar en el Brasil, su contenido tiene relevancia para otros países de la región.  El siguiente experimento mental ayuda a conceptualizar el papel central que desempeña la libertad de comercio en el conjunto de libertades que son parte esencial de la democracia liberal.  Supongamos que un gobernante populista con vocación de caudillo procede a eliminar la libertad de comercio, como una forma de proteger la economía nacional de la competencia extranjera.  Esa medida produce desabastecimiento, inconformidad por parte del sector empresarial y fuga de capitales.  Luego, para combatir la escasez y los aumentos de precios, se suprime la libertad de precios.  Se establece un régimen de control de precios y se sanciona su incumplimiento con la expropiación de centros comerciales.  Se argumenta que estas medidas obedecen al deseo del líder de proteger al pueblo de los especuladores.

Para contrarrestar la salida de capitales se suprime la libertad de cambios, invocando la necesidad de proteger las reservas internacionales.  La imposición de un sistema de control de cambios da lugar al surgimiento de una tasa de cambio de mercado, diferente a la tasa oficial.  Esta tasa de cambio paralela se declara ilegal.  Por medio de una ley de ilícitos cambiarios se prohíben la tenencia de divisas y las transacciones entre nacionales y residentes utilizando la tasa de cambio paralela.  Se convierte en un delito publicar la cotización de la tasa de cambio paralela. 

En la medida en que se amplía la brecha entre la tasa oficial de cambio y la tasa de cambio libre, aumentan las posibilidades de enriquecimiento para quienes tengan acceso a divisas a la tasa de cambio oficial, privilegio del cual sólo gozan los dirigentes gubernamentales y sus allegados.  Para evitar que se denuncien estos procedimientos, se dejan de publicar estadísticas económicas, y se suprime la libertad de prensa.  Se consolida la hegemonía comunicacional.  Paso a paso, se van suprimiendo las libertades hasta llegar a la dictadura.

 Este relato no es un ejercicio hipotético.  Es la cronología  de una tragedia latinoamericana.  Cuando el país se prepara para escoger un nuevo gobierno, es importante tener presente lo que está de por medio en la defensa de las libertades económicas.

Nota: Se publica con la autorización del doctor Rodrigo Botero Montoya.