miércoles, 27 de junio de 2018

Las Claves del Crecimiento


Las Claves del Crecimiento

Por Rodrigo Botero Montoya

La experiencia latinoamerica reciente contiene valiosas enseñanzas para los estudiosos de la economía del desarrollo acerca de lo que el gobierno  de un país no debe hacer si desea elevar el ingreso y mejorar el nivel de bienestar de sus habitantes.  Disponer de modelos negativos, para evitar imitarlos, sirve un propósito instructivo.  Pero eso no basta.  Lo deseable es complementar esa visión con una indicación acerca de las políticas públicas que conducen a acelerar el ritmo de crecimiento. 

 El Banco Mundial llevó a cabo un ejercicio comparativo, denominado Growth Report, por medio del cual identificó los elementos comunes que comparten los países que han logrado alcanzar altas tasas de crecimiento.  Esos elementos son:

  • ·        Aprovechan plenamente la interacción con la economía mundial.
  • ·        Mantienen la estabilidad macroeconómica.
  • ·        Promueven altas tasas de ahorro e inversión.
  • ·        Permiten que el mercado se encargue de la asignación de recursos.
  • ·        Tienen gobiernos comprometidos, eficaces y creíbles.


Los dos primeros ítems resultan ser de particular relevancia en un período de transición entre dos gobiernos.  Este proceso se desenvuelve en un contexto de normalidad en los mercados financieros.  Lo cual revela la expectativa de que seguirán vigentes dos grandes directrices de la política económica: la inserción de Colombia en la economía internacional;  y la consolidación de la estabilidad macroeconómica como objetivo prioritario.

Si bien es algo que ha ocurrido sin estridencia, durante la última década la inserción de Colombia en la economía mundial se ha intensificado.  No obstante las ocasionales expresiones de añoranza de proteccionismo y aislamiento, la globalización se da por sentada y se acepta como parte de la normalidad cotidiana.

 Las principales ciudades del país tienen agencias dedicadas a atraer inversionistas y visitantes extranjeros.  El turismo internacional receptivo, creciendo a un ritmo de 30% anual, empieza a adquirir un tamaño significativo.  A la par con la llegada al país de inversión extranjera directa, las empresas nacionales se siguen expandiendo más allá de las fronteras.  La Agencia Nacional de Infraestructura y la Financiera de Desarrollo Nacional, entidades recientemente creadas, han diseñado modalidades novedosas para vincular recursos externos de capital a la financiación de proyectos de infraestructura.

El sector agropecuario se beneficia con la apertura de mercados para las exportaciones agrícolas que permiten los TLCs.  La Alianza del Pacífico ha liberalizado el movimiento de bienes, capitales y personas con México, Chile y Perú.  El efecto cumulativo de estos desarrollos se traduce en mayor actividad empresarial, modernización tecnológica y mejores oportunidades de empleo bien remunerado.  Eso explica el apoyo que recibe la apertura al comercio y a la inversión por parte de amplios sectores de opinión.

La preservación de la estabilidad macroeconómica está respaldada por los lineamientos de la regla fiscal y por la credibilidad que  tiene el Banco de la República por el manejo de la política monetaria y cambiaria.

El país ha iniciado la transferencia de poder político de manera ordenada y tranquila.  Es previsible que el cambio de mando en el sector económico se hará con una madurez similar. 


lunes, 11 de junio de 2018

A votar por Duque, a votar por la libertad y la democracia.


A votar por Duque, a votar por la libertad y la democracia.

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista


No hay que dejarse engañar por falsos dilemas: todo mundo quiere la paz y nadie respalda la corrupción. En las elecciones presidenciales del 17 de junio están en juego tanto la economía de mercado y propiedad privada, como las libertades civiles y el sistema democrático. Ni más ni menos. Todas las fuerzas políticas[1] que apoyan la candidatura de Gustavo Petro hacen parte del Foro de Sao Paulo, organización de partidos de izquierda de América Latina, fundada en 1990 por el Partido Comunista de Cuba, que tiene como objetivo acabar con el capitalismo e implantar el socialismo, como lo expresa la declaración del XXII encuentro realizado en El Salvador en julio de 2016[2].

Acabar el capitalismo significa acabar con la propiedad privada, o imponerle fuertes restricciones, y controlar los mercados, fijando precios, cuotas, etc. Donde quiera que han llegado al poder, los partidos del Foro han procedido de esta forma y, ante la reacción de la sociedad, han impuesto limitaciones a la libertad de prensa, han roto equilibrio de los poderes públicos y han falseado los procesos electorales. La supresión de las libertades económicas lleva inexorablemente a la supresión de las libertades políticas y, ante la reacción de la sociedad, a la más brutal represión como en Venezuela y Nicaragua. Durante años, Gustavo Petro ha apoyado los regímenes dictatoriales de esos países.

Con Gustavo Petro están en riesgo las libertades económicas y las libertades civiles. Ha expresado sin tapujos su intensión de expropiar todo lo que esté a su alcance y de concentrar los recursos productivos en manos del gobierno que se supone los empleará en beneficio de toda la sociedad. Anunció impuestos confiscatorios a la propiedad rural para obligar a sus propietarios a venderla al gobierno. Quiere apropiarse de los ahorros pensionales de todos los colombianos para nutrir una banca gubernamental manejada por políticos. Esa es la vieja fórmula colectivista que ha fracasado donde quiera que se ha aplicado dejando a los pueblos que la han padecido en la miseria y la opresión. Gustavo Petro es heredero de la ideología de un grupo totalitario que buscó imponerse ejerciendo la violencia y cuyos símbolos ominosos han reaparecido, amenazantes, en manifestaciones y actos proselitistas. Como alcalde, gobernó de forma clientelista repartiendo puestos, contratos y dádivas; pasó por encima de la ley, la libertad de empresa, la competencia y la regulación ambiental.

Iván Duque ha puesto en el centro de su proyecto político la restauración del principio de legalidad, lo cual significa que los gobernantes que administran de forma temporal los recursos y medios de acción del estado están obligados a ejercer el poder conforme a determinadas normas conocidas por todos y aprobadas por procedimientos constitucionales. También ha entendido que el principio de legalidad supone un estado fuerte – que no es lo mismo que un estado grande – que controle la totalidad del territorio y someta a los delincuentes. Entiende que el progreso económico es el resultado de la acción empresarios y trabajadores y que el gobierno está para alentarlos y protegerlos y para ayudar solidariamente a los más débiles, con una tributación justa y unos subsidios bien focalizados. Jamás ha puesto en cuestión la propiedad individual ni las libertades económicas y civiles.

Además de la preservación de las libertades fundamentales, claramente amenazadas por Petro y sus aliados, la presidencia de Duque permitirá una renovación generacional e ideológica de la política colombiana. Hoy, en Colombia, hay una lucha que se viene dando en el mundo desde hace varias décadas. Es la lucha entre los partidarios del estado asistencialista y que se entromete en todo y los defensores de mayor libertad de mercado, menos intervención y menos impuestos. Duque representa todo esto y su gobierno conducirá a una gran renovación de las políticas públicas, hoy anquilosadas por el asistencialismo. A votar por Duque, por la defensa de la libertad y la democracia.

LGVA
Junio de 2018.



[1] Los movimientos políticos colombianos miembros del Foro de Sao Paulo son: Marcha Patriótica, Movimiento Progresista, Partido Alianza Verde, Partido Comunista Colombiano, Polo Democrático Alternativo, Presentes por el Socialismo, Unión Patriótica y Movimiento Poder Ciudadano. http://forodesaopaulo.org/partidos/



sábado, 2 de junio de 2018

Desvirtuando a Petro III: las libertades económicas


Desvirtuando a Petro III: las libertades económicas
Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Petro no ha prometido acabar con las libertades económicas y civiles y si quisiera hacerlo seguramente no lo diría. Es más, se le puede conceder el beneficio de la duda y admitir que no pretende hacerlo. Pero los políticos no deben ser juzgados por sus promesas sino por las decisiones de política pública que anuncian o deben tomar para cumplirlas. Todas las decisiones de política pública tienen consecuencias inmediatas y ostensibles y otras más tardías y menos aparentes. Las primeras suelen parecer benéficas y deseables, mientras que las segundas a menudo son perjudiciales e indeseables. Es un error grave dejarse guiar solo por las primeras, las que se ven, e ignorar las segundas, las que no se ven y que solo pueden ser puestas en evidencia por el análisis y la reflexión.
Buena parte de las políticas públicas que Petro promete o debe adoptar, aunque no lo haya prometido, ponen en peligro la libertad económica y por ello el conjunto de libertades, pues la primera es el fundamento de todas las demás. Por ejemplo, si el gasto público elevado requerido para financiar la gratuidad prometida de la educación y los servicios de salud lleva al déficit fiscal y este provoca, como suele ocurrir, mayor inflación y el déficit en las cuentas externas del país, muy seguramente el gobierno estará tentado a imponer el control de precios y a limitar o acabar con la libertad de cambios, es decir, con la libertad de comprar y vender moneda extranjera. La reacción de la sociedad en contra de esas limitaciones puede llevar a que el gobierno opte por falsear la información económica y, a la postre, silenciar a todos aquellos que reclamen o difundan una información veraz. De esta forma, el derecho a recibir una información cierta de las autoridades quedará conculcado y estarán en peligro las libertades de expresión y de prensa. Esto ha ocurrido en muchas partes y puede ocurrir en Colombia.
Pero además de ser el fundamento de todas las libertades, la libertad económica es la base del bienestar y el progreso. Los países que la tienen en mayor grado suelen tener mejor desempeño económico y mayor bienestar que los países menos libres. Su producto por habitante es más elevado, tienen menos pobres, son menos desiguales y es mayor la esperanza de vida de sus habitantes.  Adicionalmente, en los países con más libertad económica son mayores las libertades políticas y civiles, mayor la igualdad de género y sus habitantes se sienten más felices que los de aquellos que carecen de ella. Existen, por supuesto, excepciones como Arabia Saudita, que es un país extremadamente rico con grandes limitaciones en libertades civiles e individuales, o China, que ha crecido considerablemente en las últimas décadas promoviendo la libertad económica, pero con menor avance en libertades civiles.

La relación entre libertad económica y el desempeño económico, medido por el PIB por habitante, no es perfectamente lineal. Además de los casos peculiares de Arabia Saudita y China mencionados, se presentan situaciones de países que han retrocedido en libertad económica sin que ello refleje aún en una menor producción por habitante o de aquellos donde la libertad económica es reciente y aún no han cosechado plenamente sus efectos en el bienestar material.
Habida cuenta de las salvedades indicadas, la gráfica sugiere que hay una relación positiva entre el índice de libertad económica, estimado por la Fundación Heritage, y el PIB por habitante, tomado de la base de datos del Banco Mundial. Hay unos 70 países de todos los continentes, tamaños, razas y diversa dotación de recursos naturales. La libertad económica importa.

Por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, se muestra a continuación una fotografía nocturna satelital que muestra a las dos Coreas, la del Norte, casi oscura, la del Sur espléndidamente iluminada con luz eléctrica. Dos naciones con la misma geografía y habitadas por el mismo pueblo, que hace 65 años optaron por dos caminos diferentes: el de la libertad económica, la del Sur, el del colectivismo comunista, la del Norte. Naturalmente un ambientalista podrá decir que las gentes del Norte disfrutan más del cielo nocturno pues están libres de la contaminación visual que produce la luz eléctrica.

 La libertad económica es la libertad de emplear el trabajo propio y todos los recursos legítimamente adquiridos en la actividad productiva que cada cual crea es la mejor y de cambiar libremente los resultados del esfuerzo propio con los resultados del esfuerzo de los demás. En las sociedades contemporáneas, esa libertad depende de cinco variables a saber: el tamaño del gobierno, la protección legal a la propiedad, la estabilidad monetaria, la libertad de comercio internacional y las regulaciones gubernamentales a la actividad económica.
El tamaño del gobierno depende de su participación en la economía medida por la magnitud los impuestos o el gasto público, con relación a la producción, y la importancia de la propiedad del estado. Aunque ahora en la etapa final de la campaña quiere dar marcha atrás, Petro ha expresado sin tapujos su intención de aumentar la propiedad estatal o, como dice eufemísticamente, “democratizarla”. En lo que puede ser algo más que un mero alarde oratorio, anunció su intención de expropiar un gran ingenio azucarero, ha expresado su antipatía por el sector financiero privado y su deseo de sustituirlo por uno estatal y, la cereza del postre, promete establecer un impuesto tan confiscatorio sobre las propiedades rurales que obligue a sus propietarios a venderlas al estado. Sus programas asistencialistas de educación superior gratuita, salud para todos sin costo alguno y sabe Dios qué más, no pueden realizarse sin un gran aumento del gasto público, de los impuestos y el déficit fiscal. Bajo un gobierno de Petro el tamaño del gobierno aumentaría y la propiedad individual estaría amenazada reduciéndose así la libertad económica de los colombianos.
La estabilidad monetaria o, lo que es lo mismo, el control de la inflación es fundamental para la buena marcha de la economía y el bienestar de la población, especialmente de los más pobres, pues son éstos a quienes más castiga la expropiación de la riqueza que se produce con la inflación. El principal activo institucional de Colombia es la autonomía del Banco de la República consagrada constitucionalmente y que obliga a sus directores a preservar el valor de la moneda. Aunque ya lo está negando, Petro anunció su intención de promover una reforma constitucional podría poner en riesgo la autonomía del Banco. Sin embargo, no necesita de esa reforma para socavar esa autonomía, le bastaría con llevar a la Junta Directiva del Banco a algunos de sus partidarios, lo que puede hacer fácilmente pues el período de los directores actuales vence durante su eventual presidencia y es potestad del presidente nombrar los sustitutos. No es un escenario improbable que su gobierno, deseoso de cumplir su ambicioso programa asistencialista, obligue al Banco a comprar ingentes cantidades de deuda pública interna para financiarlo, expandiendo la cantidad de moneda y provocando su depreciación. Bajo un gobierno de Petro la estabilidad monetaria estaría en riesgo y con ella la libertad económica de los colombianos.
Es conocida la antipatía de Petro y, en general, de la izquierda colombiana frente a la libertad de comercio internacional. Petro ha expresado su intención de elevar la protección arancelaria y para-arancelaria para proteger a la agricultura y la industria, las cuales, según su incorrecto diagnóstico, están en crisis como consecuencia de los tratados de libre comercio suscritos por el País, los cuales ha prometido revisar. Los beneficios del libre comercio no se miden por las cosas que exportamos sino por las que importamos y pagamos con esas exportaciones. El 30% de nuestras importaciones son bienes de capital y el 42% materias primas para la industria y la agricultura;  un 11% son bienes de consumo duradero y un 17% bienes de consumo no duradero. En los últimos 15 años, el valor total de las exportaciones agro-industriales ha excedido el valor de las importaciones. Estos datos desvirtúan las ideas de Petro y muestran que la mayor protección arancelaria, que solo favorecería a productores ineficientes, elevaría los costos de la producción y la oferta nacional haciéndola menos competitiva y aumentando el costo de vida para el consumidor final. Así pues, la menor libertad comercial termina finalmente castigando a la población más pobre, la que Petro dice representar.
Finalmente, está la regulación gubernamental. Esta debe ser entendida como el conjunto de normas que los empresarios deben cumplir para llevar a cabo de su actividad. La mayor regulación no solo dificulta la actividad empresarial, sino que propicia la corrupción. El Doing-Business es el indicador del Banco Mundial que mide las regulaciones para hacer negocios.  Con muchos esfuerzos, Colombia ha mejorado en esa clasificación llegando al puesto 59, pero, al parecer, Petro quiere hacernos retroceder. En el País no se puede hacer ninguna obra de infraestructura de alguna envergadura sin una licencia ambiental, cuya obtención es ya un proceso extremadamente arduo. Petro anuncia la modificación del licenciamiento ambiental añadiendo al concepto técnico de las entidades algo que llama “evaluaciones ambientales territoriales estratégicas sectoriales” en las que será definitivo el concepto de las comunidades. Y como si fuera poco, promete la arbitrariedad anunciando la desaparición del principio primero en el tiempo y primero en el derecho. Petro ofrece pues más regulación lo que significa menos libertad, mayor arbitrariedad del gobierno y más corrupción.
Ahí quedan expuestas las consecuencias de un gobierno de Petro sobre la libertad económica. Nadie puede decir que no está advertido. Ténganlo en cuenta para que no terminemos, como el pueblo venezolano, repitiendo incansablemente la frase de Petronio: “Queríamos, pobres de nosotros, pedir auxilio, pero no había nadie para venir en nuestra ayuda”.
LGVA
Junio de 2018. 

viernes, 1 de junio de 2018

Consecuencias Económicas del Populismo


Consecuencias Económicas del Populismo

Por Rodrigo Botero Montoya

América Latina tiene suficiente información acerca de cómo terminan los regímenes populistas en los países que han optado por esa forma de gobierno.  Quizás tan relevante como el relato de las consecuencias de esos experimentos es la descripción de lo que sucede antes de su inicio.  Los acontecimientos recientes en Turquía y en Italia son ilustrativos.

 El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan ha estado presionando al banco central para que reduzca la tasa de interés, no obstante una inflación del 11% anual.  Anticipando su triunfo en las elecciones convocadas para el mes de junio, anunció que se proponía tomar el control de la política monetaria, una típica medida populista.  La resultante fuga de capitales y la fuerte devaluación de la lira obligaron al banco central a hacer una drástica elevación de la tasa de interés, en condiciones de crisis cambiaria.
 En Italia, las elecciones favorecieron a una coalición populista, con una actitud hostil hacia la Unión Europea.   Antes de que se hubiera logrado conformar el nuevo gobierno, se desvalorizaron los bonos de la deuda soberana italiana y se elevó el costo del financiamiento externo.  En ambos casos, los mercados financieros reaccionaron antes de que se hubieran implementado las agendas populistas anunciadas.  Las expectativas de que en el futuro próximo se adoptarían políticas populistas tuvieron consecuencias económicas inmediatas.

Estas reflexiones sirven para hacer lo que los alemanes denominan un denken experiment acerca de lo que sucedería en Colombia en la eventualidad del triunfo del programa populista identificado con la admiración por Hugo Chávez, la estatización de la economía y la política internacional del Foro de Sâo Paulo.

 Si bien una perspicaz analista internacional sostiene que los colombianos no se suicidan, entre otros motivos, por tener cerca el espejo de Venezuela, es útil prever lo que sucedería si cambian de parecer.  Lo que a continuación se sugiere es que, justificada o no, la reacción de los inversionistas a un triunfo electoral populista estaría condicionada por la experiencia venezolana, y sería inmediata.

  Por una parte, quienes le dieron el beneficio de la duda a Chávez, confiando en que lo que sucedió en Cuba no podía pasar en Venezuela, han tenido razones para arrepentirse.  Eso explica que en Colombia haya menos disponibilidad a esperar para que un gobierno populista demuestre que esta vez será diferente.

Por otra parte, el sector financiero colombiano tiene cierto tamaño: $420 billones de depósitos en los bancos y entidades similares; $230 billones administrados por los fondos de pensiones; y US$26.000 millones de inversión de portafolio extranjera en TES.  Estas sumas tienen como respaldo común la confianza en que el manejo de la economía colombiana seguirá siendo prudente, confiable, predecible y aburrido.  La pérdida de esa confianza las tornaría volátiles.

 Un triunfo populista provocaría una salida masiva de capitales,  acompañada de una corrida de depósitos bancarios, a partir del 18 de junio.  Los dirigentes de un eventual régimen populista iniciarían labores con preocupaciones aún más  apremiantes que las del cambio climático.

martes, 29 de mayo de 2018

Desvirtuando a Petro II: la pobreza y la desigualdad


Desvirtuando a Petro II: la pobreza y la desigualdad

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Petro ha hecho su campaña haciéndoles creer a los votantes, especialmente a los jóvenes, que el nuestro es un país lleno de pobreza y desigualdad y que estas no dejan de aumentar. Nada más alejado de la verdad.

Lo primero que hay que entender es que alcanzar el crecimiento económico sostenido, lo único que permite la reducción de la pobreza y la desigualdad de forma consistente, es un proceso arduo y difícil que depende de múltiples variables una de las cuales, no siempre la principal, es contar con unos gobernantes que no sean excesivamente malos y que permitan la libre acción de empresarios y trabajadores, que son los verdaderos creadores de la riqueza. Existe una clara relación positiva entre la libertad económica y la riqueza de los países.

De los 226 países del mundo, 76 pueden ser considerados como países ricos o de ingresos altos; hay 56, entre los cuales está Colombia, de ingreso medio; los 94 restantes son de ingresos bajos, en algunos casos extremadamente bajos. La pobreza está vinculada al grado de desarrollo de cada país. No puede esperarse tengamos la tasa de pobreza de Liechtenstein o Qatar, los más ricos, ni la de Burundi o República Centroafricana, los más pobres. Colombia tiene una tasa de pobreza acorde con su nivel de desarrollo y ésta se ha vendido reduciendo sustancialmente en los últimos años, como se muestra en el gráfico 1. 

 Gráfico 1



El de la desigualdad es un asunto más complejo y algo paradójico. Los países de ingreso bajos suelen ser muy igualitarios: todos sus habitantes son igualmente pobres. La desigualdad también suele ser baja en los países más ricos, aunque no necesariamente. Esto llevó a economista llamado Simon Kuznets a plantear la hipótesis según la cual, al relacionar un indicador de desigualdad, como el famoso coeficiente de GINI, con el nivel de ingreso, la gráfica resultante tendría la forma de una U invertida, es decir, que en el proceso de desarrollo la desigualdad aumenta inicialmente a medida que sube el ingreso, alcanza un valor máximo y luego comienza a descender. Esta hipótesis es muy discutida, como muchas otras en economía. En todo caso, la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, también se ha reducido en los últimos años, como se ilustra en el gráfico 2.   

                                                        Gráfico 2


Muchas personas, incluso economistas, suelen darle demasiada importancia a la desigualdad en la distribución del ingreso o a la concentración de la riqueza, como gustan decir para que sea más impactante. Organizaciones como OXFAM o economistas reputados como el nobel de economía Stiglitz, hacen frecuentemente pequeños escándalos hablando del ingreso del 1% más rico como si eso fuera la causa de la pobreza de los más pobres. Un razonamiento simple basta para mostrar que tras esas posiciones se esconde un desconocimiento craso de los principios más elementales de la economía.

Tomemos el caso del señor Jeff Bezos, reputando como el hombre más rico del mundo, con sus más de 133.000 millones de dólares. Ese capital puede darle un ingreso anual de 6650 millones, es decir, poco más de 18 millones diarios o, si se prefiere, para que resulte bien escandaloso como le gusta a OXFAM, casi 760.000 dólares por hora, más 12.000 por minuto o 200 por segundo.

¿Qué puede hacer el señor Bezos con esa renta? ¿Comérsela en hamburguesas y papas fritas? En Estados Unidos le alcanzaría para 3.695.574 Big Mac diarias, privando de su almuerzo a otras tantas personas. En ese caso y solo en ese, la riqueza del glotón señor Bezos, sería perjudicial para otras personas. Pero, ni el señor Bezos ni los ricos en general gastan su ingreso en hamburguesas y papas fritas. La mayor parte lo invierten negocios que dan empleo a millones de personas que con el ingreso recibido pueden comprar sus propias hamburguesas o lo que a bien tengan.

Las empresas producen renta para millones de personas en la forma de dividendos, intereses y salarios y pueden ser vistas como unas máquinas de hacer dinero. Eso es importante para los financieros y contadores y es lo único que parecen ver los economistas mediocres y los envidiosos. Para la sociedad lo realmente importante es lo que llevamos del supermercado a la casa. El salario, los dividendos o los intereses solo se convierten en renta propiamente hablando cuando comemos los alimentos, nos ponemos la ropa o usamos aparatos de la tecnología. 

El objeto de la producción es el consumo. Cuando invertimos en equipos, instalaciones e instrumentos que hacen nuestro trabajo más productivo, lo hacemos porque tenemos la expectativa de que el consumo de hoy al que renunciamos será recompensado por un consumo mayor en algún momento del futuro. Por eso, el Gini que en definitiva importa no es el de la distribución del ingreso sino el de la distribución del consumo.

Con base en la encuesta de ingresos y gastos de 2006-2007, el economista Jorge Eliecer Giraldo hizo el interesante ejercicio de estimar los coeficientes de Gini del ingreso y el gasto monetarios. Los resultados se muestran en la tabla. De un Gini de ingresos de 54,5 se pasa a un Gini de gasto de 45,9 por el efecto de las transferencias que reciben los deciles 1 a 6 de la distribución. Esto también refleja el hecho de que las familias de los deciles 7 a 10 ahorran parte de su ingreso.



 En síntesis, Colombia tiene una tasa de pobreza más o menos acorde con su nivel de desarrollo y ha venido reduciéndose en los últimos años. Si la economía recupera su ritmo crecimiento continuará reduciéndose en el futuro. Si bien el indicador de desigualdad del ingreso es relativamente alto, también ha venido reduciéndose. Adicionalmente, cuando se mira la variable verdaderamente relevante cual es el Gini del gasto, la desigualdad es sustancialmente menor. La reducción de la pobreza y la desigualdad es un asunto arduo que no puede lograse sin crecimiento económico y que no depende, como quiere hacer creer Petro, de la benevolencia y voluntad del gobernante de turno. 

LGVA
Mayo de 2018.   


Desvirtuando a Petro I: el cambio climático y las energías renovables


Desvirtuando a Petro I: el cambio climático y las energías renovables[1]

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Petro se ha presentado como el adalid de la lucha contra el cambio climático y promete modificar drásticamente la matriz energética para contribuir a su mitigación. Su propuesta parece apoyarse en la idea según la cual Colombia es un gran emisor de gases de efecto invernadero y que su matriz energética es inadecuada.  Ambas cosas son falsas.

La gráfica 1 muestra las emisiones de CO2 de Colombia, en toneladas por habitante, en 2014, último año disponible en la base de datos del Banco Mundial, comparadas con algunos países y agrupaciones seleccionadas.  Los datos no dejan lugar a dudas: la contribución de Colombia a las emisiones totales y por esta vía al calentamiento global es marginal y su reducción tendría un efecto también marginal, pero impondría un costo elevado e innecesario a la población. Obsérvese que las emisiones de Colombia están muy por debajo de las de Dinamarca, el país europeo que más ha avanzado en la instalación de las fuentes renovables no convencionales.

Gráfica 1




La matriz energética de Colombia es una de las más limpias del mundo pues su principal componente es la hidroelectricidad, una energía renovable y de baja intensidad en carbono. De los 16.420 MW de potencia instalada, un 70% son hidráulicos, 29% térmicos y 1% cogeneración y eólica. La solar es mínima y está por fuera del sistema interconectado.


En los países donde las energías renovables no convencionales, eólica y solar, se han incorporado a la matriz energética es porque han sustituido generación térmica altamente contaminante, para lo cual su desarrollo ha recibido considerables subsidios que finalmente son pagados por el consumidor final.

En efecto, los costos de inversión en instalaciones eólicas y solares son todavía muy superiores a los de las fuentes convencionales. La gráfica 2 muestra los costos de inversión promedio de un MW de capacidad para diferentes tecnologías, estimados por la Unidad de Planeamiento Minero-Energética en su último plan de expansión.

Gráfico 2

El MW hidráulico es el más costoso, mucho más que el de la solar, la eólica y la solar distribuida (la de los paneles solares instalados en los techos de residencias y locales industriales y comerciales). Pero es aquí donde interviene un concepto que es fundamental: el factor de planta.

El MW mide la capacidad de generación, ese MW puesto en operación da la energía producida. Un MW puesto en funcionamiento por la acción del combustible de cada tecnología durante una hora produce un MW-hora de energía. El factor de planta mide el tiempo durante el cual la capacidad instalada puede ser usada en un período dado, típicamente un año.

Como el año tiene 8760 horas, si una tecnología tiene un factor de planta de 50% significa que el MW estará operativo, es decir, produciendo energía, durante 4380 horas al año. En consecuencia, su producción será de 4380 MW-hora. El factor de planta o, lo que es lo mismo, dicho de otra forma, el tiempo de utilización de la capacidad o potencia instalada depende, principalmente, de la disponibilidad del combustible.

En la generación térmica, si quienes operan sus equipos hacen bien su trabajo, el gas, el carbón o el combustible líquido están disponibles todo el tiempo, razón por la cual los equipos térmicos solo estarían fuera de operación a causa de los mantenimientos programados o daños accidentales. En general, el factor de planta de las centrales térmicas se estima en el 90%, es decir, que su tiempo de utilización en el año es 7884 horas. No quiere decir que las térmicas se utilicen efectivamente todo ese tiempo. En un sistema hidro-térmico, como el colombiano, se usan mucho menos por el elevado costo del combustible. De hecho, solo se usan cuando la hidrología es baja y las centrales hidráulicas no pueden utilizarse a plena capacidad.

El agua, el sol y el viento son los combustibles de las energías renovables y su disponibilidad depende en gran medida de condiciones naturales. La disponibilidad de la generación hidráulica o su factor de planta es 70%, es decir, su tiempo de utilización promedio es de 6132 horas al año. El factor de planta de la generación solar es 20% y el de la eólica 30%, en el mejor de los casos. Esto significa que para reemplazar un MW hidráulico se necesitan 3,5 MW solares o 2,3 MW eólicos. Visto de otra forma, para reemplazar los 16420 MW del sistema eléctrico nacional por generación solar se necesitarían 57470 MW.  

Volvamos al tema del costo. Como el MW hidráulico instalado tiene un costo de US$ 2,1 millones la capacidad solar requerida para sustituirlo, 3,5 MW, costaría US$ 3,9 millones, casi un 85% más. Esto sin considerar el hecho de que la vida útil de una hidroeléctrica supera los 30 años mientras que el de las solares bordea los 20. En todo caso, ese costo adicional debe ser cubierto de alguna forma: con impuestos o con mayores tarifas.

Sin duda alguna, a medida que sus costos bajen, las energías alternativas no convencionales irán penetrando en la matriz energética. Pero hacerlo ahora y de forma forzada, como pretende Gustavo Petro, no es ambientalmente necesario, como ya se ha visto, y elevaría el precio de la electricidad, lo cual afectaría negativamente a los consumidores residenciales y reduciría la competitividad de la industria.

LGVA
Mayo de 2018. 



[1] Este texto el primero de una serie de cinco en los cuales busco desvirtuar algunos de los planteamientos programáticos de Gustavo Petro. Lo hago a solicitud de mi hija Sara Helena, quien cree que su lectura puede contribuir a darle claridad a algunos jóvenes que, confundiendo elocuencia con conocimiento, están obnubilados por el discurso del demagogo.

viernes, 25 de mayo de 2018

Las mentiras de Petro sobre las guerras civiles en Colombia


Las mentiras de Petro sobre las guerras civiles en Colombia

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Durante toda la campaña, Gustavo Petro ha recurrido a la mentira para ganarse el favor de los electores. Ha buscado hacerles creer que la economía colombiana es un fracaso total y que toda nuestra historia está marcada por la violencia. En el debate presidencial del jueves su falseamiento de la historia llegó a la apoteosis cuando afirmó, sin ruborizarse y sin que ninguno de los otros candidatos lo contradijera, que en Colombia habían ocurrido 60 guerras civiles en sus 200 años de vida republicana. Nada más alejado de la verdad.

Durante el siglo XIX hubo, en efecto, 8 guerras civiles generales, de las cuales las más largas y catastróficas fueron la llamada guerra de los Supremos, entre 1839 y 1842, y la guerra de los Mil días, entre 1899 y 1902. Este fenómeno de enfrentamientos político-militares, durante el proceso de constitución de los estados nacionales posterior a la independencia política, se presentó en todos los países de América Latina. La historia de Chile registra por lo menos cinco guerras civiles, Argentina padeció 10 y México por lo menos 12. Prácticamente ningún país de América Latina, con excepción de Brasil, estuvo libre de guerras civiles durante el siglo XIX. Estados Unidos tuvo también la suya y Europa, donde proliferan los intelectuales que dan lecciones de civilidad, fue durante el siglo XIX escenario de enfrentamientos militares que se prologaron hasta el siglo XX en las llamadas guerras mundiales que los historiadores del futuro seguramente verán como las dos grandes guerras civiles de la Unión Europea.





Estrictamente hablando no puede hablarse de guerras civiles en Colombia en el siglo XX. Después de terminada la guerra de los Mil días en 1902, el País vivió un largo período de paz política – que fue también un período de progreso económico- que se extendió hasta 1948, año del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, como consecuencia del cual se inició el período conocido como la Violencia. El gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla – y eso hay que reconocérselo - puso término a esa violencia con diálogo y política social. Durante el Frente Nacional, entre 1958 y 1970, se consolidó la paz política.

En los años 60 y 70, en el contexto de la Guerra Fría y bajo el aliento del gobierno dictatorial de Cuba, surgieron en Colombia, y en casi todos los países de América Latina, movimientos guerrilleros de orientación comunista – FARC, ELN, EPL, M-19, etc.- que ejercieron la más despiadada violencia contra las instituciones democráticas y el pueblo colombiano. Con el derrumbe de la Unión Soviética y la caída del maoísmo en China, esas guerrillas, faltas de financiación, languidecieron hasta extinguirse en todos países de América Latina, con la triste excepción de Colombia donde encontraron en el narcotráfico una poderosa fuente de financiación que terminó por convertirlas vulgares organizaciones criminales desprovistas de todo ideal político. Eso aconteció con las FARC, el ELN y, por supuesto, el M-19, que se puso al servicio de Pablo Escobar y su cartel de Medellín. Esa es la verdad monda y lironda.

Miente pues Gustavo Petro cuando habla de las 60 guerras civiles y miente también cuando acusa a la “oligarquía colombiana” de ser la causante de la violencia de las últimas décadas.  Desde los años 70 hasta ahora, los generadores de violencia han sido los grupos criminales narcotraficantes como las FARC y el ELN o aliados del narcotráfico como el M-19, cuya bandera tuvo el descaro de exhibir Gustavo Petro en su cierre de campaña en la Plaza de Bolívar mostrando de esa forma que su inclinación por la acción directa como forma de hacer política todavía está vigente.

LGVA
Mayo de 2018.