lunes, 17 de junio de 2019

El legado de Margaret Thatcher


El legado de Margaret Thatcher

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

En mayo de 1979, hace ya 40 años, Margaret Thatcher asumía como primera ministra del Reino Unido. A los periodistas, que con frecuencia le preguntaban cómo se sentía ser la primera mujer en llegar a ese cargo, invariablemente les respondía: “No lo sé, nunca he probado la otra posibilidad”. Para ella, completamente ajena a todas las formas del feminismo, lo que realmente significaba ese acontecimiento era el retorno al poder del verdadero liberalismo inglés.




Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, que llevó al aumento de la intervención de los gobiernos contendientes en la economía, el principio liberal del gobierno limitado sufrió un notable retroceso. La crisis de los años 30, la eliminación del patrón oro y la Segunda Guerra Mundial dieron un nuevo impulso al activismo económico de los gobiernos. Las obras de Keynes, “Teoría, general de la ocupación, el interés y el dinero”, y Pigou, “Economía del bienestar”, suministraron el fundamento racional a todas las formas del intervencionismo estatal que tuvieron un crecimiento ininterrumpido hasta los años 70 del siglo XX.

Durante la segunda post-guerra, el intervencionismo estatal, bajo la forma de socialismo democrático del partido laborista, progresó en Gran Bretaña mucho más que en cualquier país de Europa Occidental. El proyecto fabiano de construcción gradual y pacífica de la sociedad socialista gozaba de gran prestigio entre los intelectuales ingleses a principios del Siglo XX.  En los años 30, el Partido Laborista reemplazó al Partido Liberal – Whig - en el esquema bipartidista de la democracia británica y estuvo a cargo del gobierno de forma casi ininterrumpida en los 15 años anteriores a la llegada de Thatcher al poder.

En ese lapso se aplicaron a fondo todos los componentes de la receta intervencionista – inyecciones de demanda monetaria, déficit fiscal, empresas estatales subvencionadas, servicios públicos estatizados y asistencialismo de toda índole- que le pasaron la factura a la economía y fueron llevando al Reino Unido a una situación de estancamiento crónico que, en las décadas 1960 y 1970, le mereció el mote de “el enfermo de Europa”.

Cuando Margaret Thatcher asume como primera ministra, las políticas monetarias y fiscales expansivas ya tienen poco o ningún efecto sobre el empleo y se traducen sobre todo en inflación; las empresas estatales acumulan un déficit tras otro al tiempo que su productividad declina y se deteriora la calidad de sus productos; en fin, el asistencialismo rampante está destruyendo los incentivos al trabajo y a la autosuficiencia y fomentando la holgazanería y la ilegalidad. La debilidad de la economía y postración moral de la sociedad se traducen en la pérdida de prestigio, respetabilidad e influencia que por entonces arrostraba la otrora potencia mundial.

En sus once años al frente de “Downing Street”, Margaret Thatcher - que bien habría suscrito aquello de que el mejor gobierno es el que menos gobierna- desarrolló una febril actividad para desmontar, al menos en parte, el gigantesco aparato intervencionistas erigido por el laborismo. En lo económico, la acción de los gobiernos de Thatcher se centró, fundamentalmente, en tres frentes: recuperación de los equilibrios macroeconómicos; reducción del tamaño del sector público y reorientación de las ayudas sociales. En todos esos campos dejó una huella duradera en las políticas públicas de muchos países del mundo.

En los años setenta, la presencia simultánea de elevadas tasas de inflación y desempleo era fenómeno macroeconómico característico de las economías capitalistas avanzadas. La relación de Phillips, es decir, la idea según la cual siempre era posible reducir el desempleo incurriendo en una inflación mayor, ya no parecía ser válida, dejando sin justificación las políticas monetarias y fiscales expansivas que solo se traducían en mayor inflación.

Los teóricos de las “expectativas racionales” – Sargent, Wallace, Barro, etc.- explicaron ampliamente la razón de ese cambio y esa fue la macroeconomía que se enseñó en los 80. Margaret Thatcher y su equipo económico extrajeron las consecuencias prácticas y obraron en consecuencia: para reducir la inflación había que controlar el crecimiento de la oferta monetaria y para ello era necesario reducir las necesidades de financiación del sector público, es decir, reducir el déficit fiscal, pero sin aumentar los impuestos, a cuya reducción se había comprometido el partido conservador.

Esto es fácil de decir, incluso, es fácil de entender, pero el recorte del gasto es una operación en extremo dolorosa que encuentra resistencia entre aquellos que lo deben ejecutar. Los responsables de todos los ministerios y agencias del gobierno siempre están de acuerdo en que el gasto se debe recortar, pero cada uno de ellos es capaz de exhibir poderosas razones para demonstrar que agencia a su cargo debe ser excluida. En todos y cada uno de los presupuestos de los años que estuvo en el poder, mantuvo la férrea determinación de controlar el gasto público, logrando que, entre 1979 y 1990, este creciera 12.5% frente a un crecimiento de 23.5% del PIB real. Semejante esfuerzo llevó el gasto público de 44% del PIB, en 1979, a 40% del PIB, en 1990.

Desde el final de la segunda guerra mundial, se presentó en el Reino Unido - y en toda Europa- un fuerte incremento del número de empresas de propiedad pública, especialmente, bajo los gobiernos laboristas, pero también bajo los conservadores. En 1979, las empresas públicas de Reino Unido generaban el 11% del PIB y el 8% del empleo total. Allí había de todo: electricidad, agua, gas, telecomunicaciones, siderurgia, astilleros, minas de carbón, ferrocarril, cine, buses, puertos, etc. Incluso, la emblemática Rolls-Royce hacia parte del portafolio empresarial del gobierno.

Al inicio de su segundo mandato, Margaret Thatcher lanzó un vasto programa de privatización de las empresas estatales que rápidamente sería seguido en otros países de Europa y del mundo entero. Para ella la privatización, además de ser fundamental para mejorar el desempeño de la economía, era el elemento central de cualquier programa que buscara ampliar el espacio de la libertad frente a las tendencias colectivistas que habían llevado a la nacionalización de amplios sectores de la actividad económica.

Especialmente notable fue la privatización de los servicios públicos domiciliarios que prácticamente en todos los países europeos se habían nacionalizado después de la segunda guerra mundial. Sobre los servicios públicos predominaba la visión de que por ser monopolios naturales debían estar a cargo de empresas estatales, para evitar el abuso de posición dominante. Las privatizaciones de Thatcher echaron por la borda ese paradigma y mostraron que era posible desarrollar diversas modalidades de competencia o, en su defecto, aplicar una regulación que obligara a las empresas monopolísticas a comportarse como si estuvieran sometidas a la competencia. La fórmula “IPC menos X”, adoptada para regular los monopolios privatizados, se convirtió en referente de todos los procesos de privatización y reforma del sector de los servicios públicos, que, inspirados en el caso británico, se adelantaron en gran cantidad de países del mundo. Colombia no fue la excepción: la exitosa reforma del sector de los servicios públicos domiciliarios de los años 90 se benefició ampliamente de esa influencia.

Como ministra de educación del gobierno de Edward Heath, Margaret Thatcher provocó una ola de protestas cuando ordenó suspender la distribución gratuita de alimentos en las escuelas. Argumentaba Thatcher, siguiendo las conclusiones de numerosos estudios adelantados en Inglaterra y Estados Unidos, que dichos subsidios terminaban beneficiando, más que a los niños, a los padres, que además de poder gastar su ingreso en otras cosas, terminaban por sentirse liberados de sus responsabilidades frente a sus hijos y su familia. 

Para Thatcher la principal falla del estado de bienestar al otorgar sus beneficios sociales es la incapacidad de distinguir entre los individuos que están verdaderamente en dificultades, y necesitan de una ayuda para salir de ellas, y aquellos que han perdido la voluntad y el hábito de trabajo, y se han transformado en dependientes crónicos. Por ello, durante todo su mandato, Thatcher buscó la adopción de toda suerte de mecanismos que condujeran a una mejor focalización de los subsidios y beneficios sociales tratando también que fueran temporales.

Después de Thatcher la búsqueda de los equilibrios macroeconómicos, la reducción del tamaño del gobierno, la privatización de las empresas estatales, la reducción de los impuestos y el rechazo al asistencialismo rampante se incorporaron a las plataformas políticas de los partidos de orientación liberal y a las políticas públicas que adoptaron desde el gobierno. Aunque esta es sin duda una gran contribución al resurgimiento del liberalismo, tal vez el logro más importante que le reconocerá la historia es su decisiva participación en el proceso político que llevó al derrumbe del bloque comunista y al restablecimiento de la libertad y la democracia en los países que lo integraban.

El principal mérito de esos logros históricos corresponde a los Estados Unidos y, en particular, al presidente Ronald Reagan, quien - con la modernización del arsenal nuclear,  la Iniciativa de Defensa Estratégica y el despliegue de los Pershing II - impuso a la Unión Soviética una dura competencia militar que puso en evidencia la debilidad su economía y la forzó a emprender el camino de la reforma.

Mijaíl Gorbachov llegó al poder en 1985, a la edad de 54 años, poniendo fin a la gerontocracia que había gobernado a la Unión Soviética desde la destitución de Kruschev. Gorbachov era un comunista convencido y el propósito de sus reformas era detener el declive económico de su país, para legitimar a su partido y garantizar su permanencia en el poder. Por supuesto que Margaret Thatcher no podía saber a dónde conducirían la Perestroika y el Glasnost, pero desde un principio entendió que debía apoyar a Gorbachov, a quien conocía desde antes de que éste se convirtiera en el máximo dirigente de la Unión Soviética.

Su relación con Gorbachov le permitió jugar un papel fundamental en la liberación de los países de Europa Oriental y de varios países de la agonizante Unión Soviética, en cuyas capitales, Margaret Thatcher, incansable viajera, estuvo presente en momentos decisivos, apoyando sin ambages los reclamos de libertad de sus pueblos.

Margaret Thatcher dimitió de su cargo el 28 de noviembre de 1990, después de tres mandatos sucesivos. Mantuvo su participación en política durante un par de años más y hasta 2000 desarrolló actividades académicas, dictó conferencias y escribió varios libros. En 2002 sufrió algunos accidentes cerebro-vasculares que limitaron su actividad. Falleció el 8 de abril de 2013 a la edad de 87 años.

LGVA
Junio de 2019.  

sábado, 1 de junio de 2019

Apoyar sin vacilación al Presidente Duque


Apoyar sin vacilación al Presidente Duque

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Yo no voté por Duque para que viniera a hacer milagros, yo vote por Duque para evitar que llegara Petro a hacer desastres”
(Doña Olga, Ciudadana de Anserma)

El Presidente Duque está enfrentando una de las coyunturas políticas más complejas en la historia del País y lo peor que puede suceder es que sus amigos le quiten su apoyo, por falta de comprensión de lo que está en juego y de los obstáculos políticos y jurídicos que limitan su accionar.

En las pasadas elecciones presidenciales no estuvo en disputa, simplemente, el ejercicio temporal del poder ejecutivo entre fuerzas políticas que, en lo fundamental, comparten la misma visión del sistema de propiedad privada y libertad individual y de los arreglos institucionales que lo hacen viable. Por primera vez en la historia del País, tuvo la posibilidad de llegar a la presidencia de la república un personaje como Gustavo Petro, enemigo de la propiedad privada y la libertad económica, como lo prueban sus credenciales de asesor de Chávez y Maduro en la construcción del socialismo del siglo XXI y la destrucción de la economía y la sociedad de Venezuela. Esto es un hecho.  

El segundo hecho es el elevado riesgo en que el acuerdo de la Habana y, sobre todo, su incorporación en la Constitución, ha puesto a las instituciones democráticas por los estrechos límites que dicho acuerdo y la legislación derivada imponen al poder ejecutivo. El gobierno no dispone de una mayoría en el congreso para “hacer trizas” los acuerdos y está obligado a cumplirlos, si quiere permanecer en el marco de la constitución y las leyes.

El tercer hecho lo constituye la increíble inconsciencia de los principales dirigentes de los partidos tradicionales y sus derivaciones electoreras, quienes, en su afán descontrolado por hacerse a una parte del presupuesto y de la burocracia, son incapaces de entender la gravedad del momento político, caracterizado por la fuerza que entre las masas tiene la siempre presente tentación socialista, abierta o embozada, respaldada por multitud de idiotas útiles enquistados en los medios, en los gremios, en los partidos y en el sistema judicial.

Esos tres hechos son los que configuran el entorno en el cual el ejecutivo, en cabeza del Presidente Duque, debe desplegar su actividad. Tengo muchas diferencias con el gobierno. En particular, creo que se ha equivocado en posponer el ajuste radical de la situación fiscal, renunciando, a los soportes de la corrupción y el clientelismo, como son el burocratismo y al asistencialismo, montados sobre unos ingresos petroleros que resultan ridículos frente a los de Venezuela, cuyo improvidente empleo, por decir lo menos, llevó a ese país a la catástrofe de todos conocida. Hago votos porque los mercados no le cobren al Gobierno, como hicieron con Macri en Argentina, el gradualismo pusilánime con que está enfrentando la situación fiscal.   

No obstante, continúo creyendo que el Presidente Duque representa el principio liberal según el cual el papel del gobierno es proveer un marco legal y económico estable para que las familias y las empresas busquen la realización de sus sueños y de sus ambiciones. Esto es completamente opuesto a la visión que encarnan Petro, Robledo, las Farc y todos los “progresistas” de izquierda que entienden que el papel del gobierno es definir los sueños y ambiciones de todo mundo y hacer que todos aceptemos, querámoslo o no, ser llevados por su camino al “paraíso” que inexorablemente se transforma en el camino a la servidumbre.

Duque, carente de una mayoría clara en el Congreso y renunciando a conformarla a punta de prebendas y canonjías, procedió con prudencia frente a la ley de la JEP, limitando sus objeciones a seis artículos, que en forma alguna socavaban los cimientos de ese esperpento jurídico, cuyo presupuesto de funcionamiento entregó con largueza, de la misma forma que ha dispuestos los recursos requeridos para hacer operativos los demás componentes del acuerdo de La Habana.  

Pero no, resentidos por la falta de las prebendas burocráticas y presupuestales a las que estaban habituados, los principales figurones de la política nacional, Gaviria Trujillo y Vargas Lleras, de quienes el País debía esperar un comportamiento más digno por las distinciones y honores que han recibido, escogieron el camino de la ruindad, aliándose con los que a la larga son sus enemigos, para humillar al Presidente.

Detrás del rechazo a las objeciones presidenciales no hay ninguna posición de principio: solo politiquería barata y miserable. Otro habría sido el cantar si Simoncito hubiera ostentado la representación de Colombia en un organismo multilateral y uno de los hermanos Vargas Lleras una cómoda embajada en una capital europea.

El problema es que, en las circunstancias actuales, esa politiquería barata puede tener unas consecuencias graves. A Gaviria Trujillo, Vargas Lleras y a toda su cauda de politiqueros baratos, les haría bien recordar que el sepulturero de la democracia venezolana fue Rafael Caldera, quien, a la cabeza de los politiqueros de allá, hizo todo para desprestigiar a Carlos Andrés Pérez, creyendo que lo que estaba en juego era un mero cambio de gobierno y no todo el régimen político y económico.  

Es el Presidente Duque quien ha estado a la altura de las difíciles circunstancias políticas y jurídicas que se extenderán durante todo el tiempo de “implementación” de los nefastos acuerdos, que, gústenos o no, están en la Constitución.  Ha ejercido el poder de forma prudente, pero con firmeza y determinación que le han permitido superar la más violenta agitación social que ningún presidente reciente había enfrentado al inicio de su mandato. Presentando las objeciones a la ley de la JEP, ha cumplido con sus electores. Su derrota en el Congreso envilece a los “vencedores” y aumenta su estatura política y moral.

No deberían llamarse a engaños quienes toman por debilidad la moderación y templanza del Presidente Duque. En la compleja situación de Santrich ha jugado con prudencia y habilidad y aún le quedan, que nadie lo dude, otras cartas por jugar. De momento, la Corte Suprema y la JEP, deben hacer la próxima jugada y, de cara al País, a despecho de la evidencia aplastante, atreverse a exculpar totalmente a un facineroso, que, por su codicia incontrolada, es quien ha puesto en jaque a la JEP. Esto lo sabe hasta Timochenko, cuya ausencia en las celebraciones de la liberación de Santrich es más diciente que cualquier palabra.

El Centro Democrático, el Partido Conservador y todas las fuerzas políticas que apoyan al Presidente Duque, deberían entender la gravedad la situación política y jurídica en que se encuentra el País por los acuerdos de La Habana. Entender que, cualquiera sea el desenlace del caso Santrich, el juego apenas empieza y que se extenderá a lo largo de todo el mandato de Duque y durante 4 años más.

La tarea es lograr que en las próximas presidenciales llegue al poder un candidato amante de la libertad y respetuoso de la propiedad privada y la iniciativa individual; y acompañado de una sólida mayoría en el Congreso. De momento hay que concentrarse en las elecciones locales y buscar controlar el mayor número de alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas. En particular, en el caso de Bogotá, es necesario buscar un candidato viable que enfrente con opción de éxito a la candidata de la izquierda, cuyo triunfo, además de ser nefasto para la atribulada capital, tendría consecuencias en extremo negativas en la política nacional. Esta es la forma efectiva de apoyar sin vacilaciones al Presidente Duque.

LGVA
Junio de 2018.  


lunes, 20 de mayo de 2019

¡Adelante, Presidente Duque!


¡Adelante, Presidente Duque!

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

La calidad de un gobierno se juzga por sus decisiones frente a cuatro o cinco coyunturas realmente importantes. Todas las demás son consecuencia de estas o, la mayoría, mera rutina administrativa. El atinado tratamiento de la situación con Venezuela y el impecable manejo de la crisis creada por la previsible decisión de JEP en el caso Santrich y el increíble abandono de sus obligaciones por el fiscal Martínez Neira, muestran de qué está hecho el Presidente Duque.

Por lo menos desde el Frente Nacional, Duque es el primer presidente que gobierna sin tener mayoría en el Congreso. El suyo es el caso del príncipe que llega al poder un poco por azar y apoyado en las fuerzas de otro, asunto tematizado por Maquiavelo en el capítulo 7 de su conocido libro. El partido que eligió a Duque no es el suyo, es el de Uribe; no hay “duquismo”, hay “uribismo”.  

El Presidente se metió en el novedoso experimento de buscar el apoyo en el Congreso de los partidos del establecimiento – Liberal, Cambio Radical y Partido de la U - sin darles participación en el ejecutivo, por lo menos hasta ahora. Esto ha dificultado el trámite de los proyectos gubernamentales en el Congreso, pero los resultados están lejos de ser un fracaso.

 Aunque maltrecha, pasó su reforma tributaria y, con la aprobación de la ley del plan, todos los ministros tienen el material legislativo que requieren para trabajar: el que necesite más, que se vaya a buscarlo fuera del gabinete. El gobierno puede administrar el País sin pasarse por el Congreso durante muchos días. Lo único que debe hacer es estar vigilante para que no avancen proyectos de iniciativa parlamentaria verdaderamente malos.

Los críticos del gobierno, incluidos sus amigos, creen que la política frente a Venezuela ha fracasado, porque Maduro no ha caído aún. Error. Era imposible que Duque continuara con la política de apaciguamiento complaciente de su predecesor. Por múltiples razones, estaba obligado a enfrentar la dictadura, lo cual elevaba el riesgo de que esta, en su afán de desviar la atención sobre la crisis interna, buscara un enfrentamiento bélico con Colombia. Era necesario neutralizar esa amenaza y eso lo consiguió el Presidente Duque cuando el gobierno de Estados Unidos hizo pública su determinación de intervenir militarmente contra Venezuela en caso de agresión a Colombia.

Quienes duden de la posibilidad de esa agresión, deberían recordar que, en abril de 1982, la dictadura argentina, buscando superar la crisis política interna apelando al patriotismo, ocupó las islas Malvinas, provocando el trágico conflicto con Inglaterra. La dictadura de Maduro caerá tarde o temprano, elevando el prestigio del Presidente Duque, pero de momento ya se cumplió el objetivo al alcance del Gobierno colombiano: conjurar la amenaza de una agresión militar.

El manejo que el Presidente Duque dio a la crisis provocada por la decisión de la JEP de negar la extradición de Santrich y ordenar su libertad, fue impecable desde todo punto de vista: jurídico, político y logístico. No tuvo el Presidente que decretar el estado de conmoción interior ni, mucho menos, meterse en el embeleco de una constituyente o un referendo derogatorio.

Después de deshacerse de la incómoda presencia de Gloria María Borrero, hizo que el INPEC demorara la liberación del reo el tiempo necesario para montar el operativo que le permitiría acatar la orden de la JEP de liberar a Santrich y, con base en lo dispuesto en la misma sentencia, proceder a su detención inmediata. Hizo su declaración la noche del miércoles y al otro día, como si nada, regresó a Medellín a continuar su agenda, mientras se cocinaba el pastel.

Tirios y troyanos están todavía asimilando ese cinematográfico desenlace que me hizo recordar una película donde un abogado logra la liberación de su cliente, acusado de lesiones personales, mediante un recurso que al mismo tiempo lo incrimina en un caso de asesinato. Al final, el criminal en cuestión, al igual que Santrich, queda libre, solo para ser apresado instantes mas tarde. Ya deben estar los guionistas de Netflix escribiendo el libreto de esta historia.

La principal tarea del Presidente Duque es lograr que su sucesor sea un demócrata liberal respetuoso del estado de derecho y alejado cuanto más sea posible de las veleidades del socialismo. De esta forma se garantiza que durante los 8 penosos años de “implementación” del acuerdo de paz, el ejecutivo no caiga en manos los amigos, abiertos o embozados, de las Farc. Esto es lo esencial.

Esto debe lograrse sin grandes y riesgosos aspavientos legislativos, como la cacareada reforma a la justicia que nunca será adecuada con la composición actual de las altas cortes. Usando con inteligencia y tino su capacidad nominadora, el Presidente debe concentrarse en cambiar la composición de las cortes, haciendo que llegue allí el mayor número posible de magistrados comprometidos con la democracia liberal y la economía de mercado y sin inclinaciones socialistas. Esto puede demorar varios años, por eso hay que proceder sin prisa, pero sin pausa y entendiendo que cada nombramiento será objeto de enconadas batallas.

LGVA
Mayo de 2019.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Hernán Henao, el hombre de familia


Hernán Henao, el hombre de familia

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

El cuatro de mayo se cumplieron 20 años del asesinato de Hernán Henao Delgado, perpetrado por sicarios al servicio de un criminal demasiado conocido, cuyo nombre me ofende mencionar al lado del de Hernán. La Universidad de Antioquia y, en particular, sus colegas y amigos del Instituto de Estudios Regionales han programado en unas jornadas académicas y culturales para recordar sus contribuciones a distintos campos de la antropología y las diversas modalidades de su ejercicio profesional.

Hernán Henao, en efecto, se paseó por todas las áreas de la antropología, se aproximó a ellas desde la teoría y el trabajo empírico y lo hizo como profesor, investigador y asesor en la formulación de políticas públicas. Entre todos los temas que atrajeron su interés quiero destacar aquí el de la familia y el de la condición del hombre dentro de ésta, pues es en ellos donde, a mi modo de ver, ser produce con mayor notoriedad el entrelazamiento profundo entre su trabajo profesional y el extraordinario ser humano que Hernán fue.



De su maestra, Virginia Gutiérrez de Pineda, le vino, sin duda, su vocación por la familia, filiación que se evidencia en todos sus ensayos sobre el tema. La génesis de su interés por la figura masculina en la familia es menos ostensible, aunque él da algunas pistas cuando señala que los estudios de familia se verían recortados sin un enfoque de género y que, “ante la avalancha de escritos sobre mujer” decide asumir “interrogantes sobre el hombre en tanto género y no en cuanto categoría general para hablar de la especie humana”.

Pero sea cual sea la génesis intelectual, su reflexión teórica y su trabajo empírico sobre el tema del padre y del hombre en la familia lo llevan a una conclusión analítica y a un enunciado normativo que encuentran ambos una singular expresión en su propia experiencia vital.

En su hermoso ensayo, “Visión histórico-antropológica del padre: esbozos de obertura en cuatro tiempos”, de 1990, después de un erudita y fascinante exploración sobre la figura del padre – en donde aparecen Esquilo, Eurípides, Cervantes y Bernardino de Sahagún y todos los grandes de la antropología: Parson, Morgan, Mauss, Lévi-Strauss y Durkheim- Hernán llega a esta conclusión:

“Los esbozos de padre que hemos recogido, y los que podemos recoger, en diversas sociedades, incluyendo la nuestra, en la cual parece diluirse en medio del conflicto y la crisis de familia, apuntan a afirmar que ha hecho falta mirar al padre desde otro lugar, en donde no se le oponga a la madre ni se les niegue a los hijos. Pero no mirarlo para la defensa del oficio, sino para revolucionarlo 

En Antioquia, la imagen unilateral del padre que rechaza Henao es la del padre como proveedor, la del padre que, paradójicamente, afirma su preeminencia en el entorno hogareño por sus actividades extra-hogareñas, en particular, las económicas o productivas.

Es esta imagen de padre y hombre la que - en el ensayo “Un hombre en casa, la imagen del padre hoy”, de 1997, basado en una amplia encuesta - Henao encuentra que está cambiando de forma sutil pero significativa, aunque sin abandonar por completo el molde tradicional. Esta es la conclusión analítica a la que llega a partir de los resultados de la encuesta que indican que los padres de hoy juegan más con sus hijos y participan más de los oficios domésticos al tiempo que los miembros del hogar esperan que sea más amorosos, dialogantes y colaboradores.

Y de ahí surge la nueva mirada y el nuevo modo de ser del padre, que Henao reclamaba siete años atrás:

“En conclusión, hay papeles y valores nuevos para los padres. Estar y hacer, relacionarse más con los miembros de la familia, disfrutar del ambiente hogareño es hoy más importante para hombres y mujeres (…) de lo que fue en el ayer, en donde a él se le demandaba y se le valoraba por lo que hacía fuera del hogar”.

Este nuevo estar y hacer - que significa estar presente en la crianza y en la vida del hogar, en las actividades cotidianas y en las trascendentales - revoluciona el oficio de ser el padre porque para lograrlo el varón – a Henao le encantaba esta palabra- debe “andar el camino de espacios y tiempos que se le han asignado a la feminidad” porque “nada puede acontecer en el hogar sin que esté presente el toque femenino, y este puede aportarlo también el hombre”.

En su vida cotidiana, Henao, sin dejar de ser un cumplido y generoso proveedor, fue ese varón amoroso, tierno, feminizado que creía estaba emergiendo en nuestro medio y que deseaba profundamente que todos los hombres llegáramos a ser, pues eso llevaría a una radical transformación de la familia y, a la larga, de la sociedad entera.   

Terminada la jornada laboral, a eso de las cuatro o cinco de la tarde, Hernán llegaba a la casa de los abuelos, donde esperaban los niños y los mayores, y se zambullía en la familia: se entregaba al juego, al hacer de las tareas y al diálogo con los que estaban ya en la casa y con los que iban llegando de sus propios lugares de trabajo. Era un conversador incansable, interesado por todo lo que nos pasaba a todos.

Mi deuda personal con Hernán es enorme: su amistad me hizo mejor persona. Su casa, la casa de Hernán y Dorita -  quienes los quisimos nos acostumbramos a pensarlos juntos- siempre estuvo abierta para mí y todos sus familiares y los muchos amigos que tuvieron, quienes encontramos en ella un remanso de alegría y de paz, rodeados de libros y recuerdos etnográficos. Cuantas las veces lo necesité, estuvo allí, como un percherón – grande, fuerte, noble – dispuesto a tirar la carreta.

No conozco el interior de todas las familias e ignoro si hay un patrón de referencia que iguale a todas las que son dichosas, como imaginara Tolstoi. En todo caso, en la familia extensa bilateral que tuve el privilegio de compartir con Hernán, su presencia fue un factor permanente de seguridad, sosiego y dicha.

Por supuesto que seguimos siendo una buena familia extensa unida, una familia dichosa, como nos enseñaste a serlo, como hubieras querido que lo fuéramos después de tu partida, pero, ¡qué falta que nos haces, Hernán!

LGVA
Mayo de 2018.

lunes, 1 de abril de 2019

Génesis del mercado eléctrico colombiano


Génesis del mercado eléctrico colombiano[1]


Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Socio ECSIM


Examinar la génesis histórica del mercado eléctrico colombiano es interesante en la medida en que contribuye a entender su naturaleza o, mejor aún, a entender por qué es como es y no de otra forma. Adicionalmente, ese examen debe contribuir a arrojar algunas luces sobre las limitaciones de su diseño actual y lo que podría hacerse para superarlas.

Arrancamos con una historia estilizada de la industria eléctrica, desde sus orígenes hasta el surgimiento de los sistemas eléctricos monopolísticos estatales o privados, pero fuertemente regulados. Se explica luego la racionalidad del esquema monopolístico y de las causas que llevaron a su descredito y a su sustitución por modelos competitivos. Posteriormente, se muestra lo que era el modelo colombiano al momento de las reformas de los noventa y se explica su transición hacia el modelo de mercado, bajo la influenciada directa del modelo implantado en Inglaterra uno años atrás.

Como toda industria nueva, la eléctrica nació chiquita, pero tuvo un crecimiento extraordinariamente rápido. En la Exposición Universal de París de 1878, todavía la luz eléctrica se veía como una novedad de circo. Más tarde, en 1881, se realizó, también en París, la Exposición Internacional de Electricidad en la cual aparecieron ya las bombillas de Thomas Edison y el tranvía eléctrico de Werner Von Siemens. Entonces el mundo supo que la electricidad había llegado para quedarse. Su expansión fue tan vertiginosa, que nueve años después, la luz eléctrica, después de instalarse en las grandes capitales del mundo, empezaría a llegar a los pequeños pueblos de la remota Colombia:  Bogotá en 1890, Bucaramanga en 1891, Barranquilla en 1892, Cartagena y Santa Marta en 1893 y Medellín en 1898.

En principio fueron pequeños sistemas municipales que abastecían el alumbrado público y las viviendas de las personas acaudaladas, que tenían con que pagarse ese costoso lujo. Como todo lo nuevo, la electricidad comenzó siendo un lujo.  Donde hay un lujo, aparece la oportunidad de beneficio, pronto se desató una feroz competencia por hacerse a una porción de ese nuevo mercado. En 1920, el mercado de Londres era disputado por 65 empresas diferentes. La multiplicidad de oferentes se extendió hasta bien entrado el siglo: en 1946, había en Francia más de 2.000 empresas eléctricas y, ya en 1960, en Italia se contaban unas 1.500.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en todos los países contendientes, los gobiernos establecieron fuertes controles sobre la actividad económica y se hicieron cargo de muchas industrias como medio de apoyar el esfuerzo bélico. En la posguerra, el mundo estaba preparado para el intervencionismo estatal a gran escala en la economía, que por lo demás recibía el soporte conceptual de la teoría keynesiana de manipulación de la demanda para alcanzar el pleno empleo y de la teoría piguviana del bienestar que con la pretensión de suprimir las externalidades justificaba las más diversas formas de intervención del gobierno.

En prácticamente todos los países de Europa y posteriormente en casi todo el mundo, el intervencionismo estatal cobró una fuerza y alcanzó una amplitud que no había tenido nunca en la historia del capitalismo industrial. Se implantaron controles de precios y salarios, se adoptaron reglamentaciones de toda índole y, con toda clase de argumentos, se nacionalizaron infinidad de empresas en todas las ramas de actividad. El sector eléctrico, naturalmente, no fue la excepción.

En general, se optó por un modelo de empresa estatal que integraba todas las actividades de la cadena – generación, transmisión, distribución, comercialización – del cual Electricidad de Francia fue el ejemplo paradigmático. Surgieron así, con diferencias circunstanciales de un país al otro, los tres modelos básicos que se presentan en la Gráfica 1.

 El primero, en el extremo izquierdo de la gráfica, es el de monopolio estatal de alcance nacional que integra todas las actividades de la cadena, el cual se impuso en varios países europeos como Francia, Bélgica, Portugal e Italia.

·        En el centro está el modelo de Estados Unidos, implantado en los años 30. En cada estado de la Unión había una empresa privada verticalmente integrada, sometida a regulación directa de precios. A cambio del privilegio de monopolio, las empresas de cada estado asumían la obligación del servicio universal. Sus propietarios no podían tener intereses económicos en otros sectores de actividad. 

·        En el extremo izquierdo se presenta el modelo inglés: la generación y la transmisión están integradas en una empresa estatal y la distribución está a cargo de 12 entidades – llamadas áreas distribución – que se reparten el país.

Gráfica 1

Los argumentos en favor del monopolio, estatal o regulado, eran, básicamente, los siguientes:

·        Aprovechar las economías de escala y de alcance.
·        Controlar el poder de mercado.
·        Garantizar la operación y expansión del sistema con criterio de mínimo costo.
·        Universalizar el acceso al servicio.

En otra parte he expuesto de forma sucinta el desarrollo del sector eléctrico colombiano[2]. Aquí basta con decir que la fase de los sistemas municipales duró hasta los años 30. En los 30, 40 y 50 el Gobierno Nacional intervino decididamente en el desarrollo del sector, invirtiendo en generación y distribución y creando electrificadoras departamentales.   A principios de los años 60 el sector eléctrico está conformado por un conjunto de subsistemas aislados constituidos alrededor de las principales ciudades del País.

En 1966, siguiendo recomendaciones de expertos de Electricidad de Francia y el Banco Mundial, y fuertemente presionadas por el gobierno de Carlos Lleras, EEB, EPM, la CVC y ELECTRAGUAS firmaron el “acuerdo de interconexión de sus sistemas y ensanche de la capacidad de generación”. Dicho acuerdo contemplaba la creación de una nueva empresa encargada de realizar la interconexión y de construir los proyectos de mayor tamaño para abastecer la demanda nacional. Un año más tarde nació esa nueva empresa: Interconexión Eléctrica S.A. – ISA- de la que serían accionistas, por partes iguales, las empresas signatarias del acuerdo. En 1976 CORELCA se unió al grupo.

A principios de los años 90, el sector eléctrico colombiano tenía la configuración que se presenta en la Gráfica 2. Los rasgos principales son los siguientes:

·        El parque de generación estaba distribuido en cinco empresas, todas de propiedad pública: ISA, EPM, EEB, CORELCA y CVC.

·        El sistema se operaba conjuntamente con criterio de mínimo costo y los beneficios de la operación conjunta se distribuían entre las generadoras participantes.

·        Existía un plan de expansión – de generación y transmisión - único e imperativo, elaborado por ISA. El desarrollo de los proyectos se asignaba a las empresas del sistema en decisiones administrativas que no estaban exentas de conflicto.

·        La distribución estaba a cargo de las electrificadoras departamentales, salvo en Bogotá, Medellín y Cali que tenían sus empresas municipales. 
·        La transmisión era monopolio de ISA.

Gráfica 2


Lo que importa a retener aquí, para abordar el tema del surgimiento del mercado, es que la operación del sistema con criterio de mínimo costo era uno de los atributos del modelo de monopolio parecía conveniente conservar. Fue con ese objetivo, pasar del monopolio a la competencia sin sacrificar la operación integrada de mínimo costos, que el diseño del mercado colombiano recibió la influencia directa de lo que se había hecho en Inglaterra y Gales. La influencia fue tan directa como quiera que el mercado se diseñó con la asesoría de la firma Coopers & Lybrand, la que había diseñado el mercado inglés.

Para pasar del modelo de monopolio al modelo de mercado, Colombia tenía la ventaja de que su parque de generación era propiedad de múltiples empresas, por lo que no era necesario desintegrar una empresa monopolística pre-existente. Los ingleses partieron en tres su monopolio de generación.

La otra ventaja era la experiencia de una operación integrada de activos de generación propiedad de múltiples agentes.  En efecto, las empresas del sistema declaraban la disponibilidad y los costos de cada una de sus plantas. ISA, el operador, construía la función de oferta de acuerdo con los costos y despacha en ese orden las plantas requeridas para abastecer la demanda.  El tránsito de un despacho de costos a uno de precios, parecía bastante sencillo. Y fue así como surgió la bolsa de energía: en adelante los agentes declaraban disponibilidad y ofertaban precios en lugar de declarar costos.  Al optar por este esquema surgió un nuevo problema: el volátil precio de la bolsa no podía trasladarse a los consumidores.

En el modelo anterior a la reforma no existía ese problema puesto que el referente para las tarifas era el Costo Incremental Promedio de Largo Plazo (CIPLP), asociado al último plan de expansión de la capacidad de generación-transmisión. Era un referente estable que, una vez calculado, se ajustaba mensualmente por el IPP. El costo marginal de corto plazo, resultante de la operación integrada, concernía exclusivamente a los generadores del sistema, sin incidencia directa sobre las tarifas al consumidor final.

Los contratos de largo plazo aparecen son el mecanismo para evitar que los consumidores finales estén expuestos a la volatilidad de la bolsa. Como se sabe, los hay de dos tipos: los pactados libremente entre generadores y usuarios no regulados y los pactados entre generadores y comercializadores que abastecen usuarios regulados, cuyo precio debe resultar de licitaciones abiertas.

Lo importante es destacar un aspecto que muchas personas parecen no entender o que olvidan a menudo: los contratos de largo plazo son contratos de cobertura puramente financieros, es decir, no implican la entrega física de la energía comprometida y no inciden directamente sobre la producción de energía en un momento dado. Esta se determina, para cada hora, por las ofertas de disponibilidad y precio de los generadores y el estado de la demanda.   

Pronto se evidenció el problema de la remuneración de las plantas térmicas, inexistente en un modelo de empresa única o de operación integrada no competitiva como el colombiano anterior la reforma. Teóricamente, si existe un mercado spot eficiente y competitivo donde, sin intervención regulatoria alguna, se forman precios de equilibrio que, en todo momento, reflejan los costos marginales del suministro, incluidas, cuando la situación del mercado lo impone, las rentas de escasez, los precios que allí se forman dan el incentivo adecuado a la expansión de la capacidad[3]. En la práctica de los mercados reales, esto implica aceptar que el precio de la energía se eleve sensiblemente por encima de su nivel promedio de suerte que las plantas que atienden las puntas de la demanda, puedan remunerarse operando solo unas pocas horas al año.
Gráfica 3


En su operación habitual, el mercado spot competitivo genera rentas suficientes para que las plantas infra-marginales cubran sus costos de capital. Cuando la demanda está que el sistema se acerca al límite de su capacidad, el precio spot debe elevarse para permitir el surgimiento de las rentas de escasez, que son las que permiten recurar la inversión de las plantas que solo operan en las puntas.

En contra del funcionamiento libre del mercado spot, se invoca el argumento de la inelasticidad de la demanda, que puede conducir a que la planta marginal ejerza poder de mercado y obtenga rentas de monopolio además de las de escasez, razón por la cual surge la necesidad de poner un techo al precio spot. Ahora bien, es claro que, si se impone ese techo, debe adoptarse algún mecanismo para incentivar la inversión en plantas de punta.
  
Algunos argumentan que no se debe imponer esa restricción al mercado dado que los consumidores finales, al estar cubiertos por contratos de largo plazo, no deberían verse afectados por las variaciones del precio spot, cuya inestabilidad solo afectaría a los agentes del mercado: generadores, comercializadores e intermediarios. Este es el caso del Nord-Pool, en general de los mercados de solo energía. En Colombia se optó por poner un techo al precio de bolsa, razón por la cual se adoptó el esquema de cargo de capacidad, primero, y desde 2006, de cargo de confiabilidad para incentivar la inversión en nueva capacidad.

El desarrollo descrito llevó a la configuración actual del sector eléctrico colombiano, que a pesar de los cambios mantiene en sus grandes rasgos las características iniciales. A mi modo de ver dicha configuración da lugar a tres problemas fundamentales, estrechamente vinculados, que probablemente no puedan resolverse sin cambios más radicales que los que se han introducido hasta ahora. Mi limito a enunciarlos:

·        Elevada exposición a bolsa de la demanda final regulada.
·        Precariedad de la longitud de los contratos de largo plazo.
·        Confiabilidad extremadamente costosa.

Estos problemas están ligados. La elevada exposición a bolsa de la demanda regulada surge del hecho de que a pesar que la capacidad instalada sea muy elevada, la oferta de energía de largo plazo es deficitaria pues los generadores la restringen por temor a resultar sobre-contratados y, en consecuencia, expuestos a un precio bolsa que puede ser muy elevado. La contratación a plazos superiores a 2 años también se ve desincentivada por el ingreso garantizado del cargo por confiabilidad.

LGVA
Marzo de 2019.
 



[1] Texto de la conferencia en el Curso de Mercado Eléctrico realizado por ECSIM.
[3] M. Caramanis y otros. “Optimal Spot Pricing: Practice and Theory” (1982).