miércoles, 1 de abril de 2020

¿Apagar la economía? No, ¡Volver al trabajo!


¿Apagar la economía? No, ¡Volver al trabajo!


Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economistas

Si la idea no es destrozar el aparato productivo quebrando miles de empresas, la cuarentena obligatoria debe suspenderse, de manera gradual, en la medida en que está cumpliendo sus propósitos: reducir la tasa de contagio del virus y enseñarle a la población la gravedad del asunto para aumentar su disposición de acatar normas de conducta menos draconianas.

En otro artículo sostuve que la cuarentena bloqueaba sectores que responden por el 70% del PIB. En un artículo publicado en El Tiempo, el economista Carlos Caballero Argeaz habla de 50%, sin explicar cómo obtuvo la cifra. No he visto ningún estimativo de entidad alguna del Gobierno Nacional (DANE, DNP, Hacienda). Están en mora de presentarlo. Asumo, por tanto, que mi estimativo es válido.

Ya hay información suficiente para decir algo desde la perspectiva geográfica. El esbozo que se presenta a continuación y todos los demás análisis cuantitativos están basados en la información reportada por el Instituto Nacional de Salud a 31 de marzo.

En Colombia hay 32 departamentos y hay casos de Coronavirus en 22 de ellos y se han presentado casos en 84 de los 1103 municipios. El 83% de los casos se presentan en las capitales de los departamentos afectados, el 72% en aquellas donde se han presentado 20 ó más casos (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Pereira y Neiva), el 59% en las tres mayores (Bogotá, Medellín y Cali) y el 43% en Bogotá. Los otros 77 municipios afectados responden por el 17% de los casos.

Si a los de las capitales agregamos los de los municipios conurbados tendríamos que las áreas urbanas responden por cerca del 90% de los casos.  Es llamativo, por decir lo menos, que estemos confinando todo el País para enfrentar una situación que parece claramente concentrada en las áreas urbanas.

Gráfica 1

 Hay indicios de que las medidas de contención están funcionando. La tasa de crecimiento diaria de los contagios ha caído fuertemente desde la aplicación de la cuarentena obligatoria. El promedio de las registradas entre el 14 y el 25 de marzo fue de 24%, mientras que entre el 27 y el 31 de marzo fue de 13%. Esto a pesar de que el número de pruebas se elevó considerablemente. Entre el 30 y el 31 de marzo los test aumentaron 27 %. Entre esas mismas fechas el porcentaje de los positivos del total de pruebas realizadas pasó de 6% a 5%.

Gráfica 2


Comprendo la difícil situación en la que están las personas del gobierno – empezando por el señor Presidente – a quienes les ha caído difícil responsabilidad de manejar una situación completamente inédita en la historia del País. Es con todo respeto y consideración y con el ánimo de ayudar que presento las propuestas que a continuación se esbozan y que deben ser precisadas por profesionales de la salud y expertos en seguridad industrial.

·        Suspender totalmente la cuarentena obligatoria en todos aquellos municipios donde al 13 de abril no se hayan presentado contagios o no más de 2 o 3 casos, que pueden manejarse con aislamiento. En las ciudades grandes deben mapearse las zonas según el grado de afectación y definir áreas con diferentes niveles de restricción a la movilidad de las personas.  Se mantendrían todas las medidas de lavado de manos, uso de mascarillas, cuando sea requeridas, y distanciamiento físico. Seguirían las restricciones a las actividades que dan lugar a la aglomeración de personas.

·        Permitir la reactivación total de la construcción. Los trabajadores de la construcción están la mayor parte de tiempo al aire libre y adelantan sus labores bastante alejados los unos de los otros. Naturalmente, en todas las obras se activarían protocolos de desinfección y distanciamiento físico.

·        Permitir la reactivación de la industria. En la mayoría de las manufacturas, los operarios laboran en áreas relativamente grandes y en cadenas de producción en las que están alejados los unos de los otros. El distanciamiento físico podría ser mayor manejando turnos de trabajo y otro tipo de restricciones de acuerdo con las características de los procesos y lugares de trabajo. Se aplicarían protocolos de desinfección de los lugares de trabajo y protección de los operarios.

·        El sector de los servicios en lo que suponga atención presencial de público, puede funcionar con restricciones en lo referente al número de empleados en labores y al proceso de atención de las personas. Podrían manejarse horarios ampliados, incluso nocturnos. Se aplicarían protocolos de desinfección de lugares y personas y de protección de estas.

·        El comercio en general es un caso especialmente difícil, aunque el funcionamiento del comercio de alimentos y víveres durante la cuarentena muestra que es factible operar con algunas restricciones. En los centros comerciales pueden establecerse horarios de apertura para los locales y limitaciones de acceso al público, como el ya famoso pico y cédula. También deben aplicarse protocolos de desinfección de lugares y personas y, eventualmente, hacer obligatorio el uso de mascarillas. Los administradores de dichos centros están en la obligación de inundar, por así decirlo, sus locales con dispositivos para el aseo manos. En todo momento, por micrófonos y altavoces, deben hacerse llamados al cumplimiento de los protocolos.

·        Para el transporte público deben imponerse restricciones para que buses y vagones operen a lo sumo con la mitad de su capacidad. La adopción de múltiples horarios de trabajo en las actividades productivas ayudaría a descongestionarlo. También deben aplicarse restricciones de acceso a los medios masivos – Metro, Transmilenio, tranvías, etc. – y limitaciones a la cantidad de pasajeros de los buses, controladas por las autoridades de tránsito. En el transporte público individual debe limitarse a un solo pasajero, debidamente protegido y sentado en la silla trasera. Todos los operarios de deben estar protegidos con mascarillas y los medios de transporte – buses, taxis, vagones, etc. – deben desinfectarse diariamente.

·        El transporte público intermunicipal también puede ponerse a funcionar con limitaciones en cuanto al número de pasajeros transportados que no deben ser más que la mitad de la capacidad de los buses. Esto puede controlarse desde las terminales de transporte y los pasajeros y conductores están obligados a viajar con protección. Las terminales deben ser aseadas y desinfectadas diariamente e inundadas con dispositivos y materiales para el aseo de manos.

·        Las actividades educativas presenciales deben mantenerse suspendidas durante dos o tres semanas a partir de 13 de abril. Con esto se retiran de las calles y de los medios de transporte un número importante de personas. Muchas universidades y colegios privados han venido funcionando con medios virtuales y pueden continuar haciéndolo. El Ministerio de Educación debe ocuparse para que esto se generalice al conjunto del sistema educativo.

·        Debe permitirse la apertura paulatina de restaurantes y bares imponiendo restricciones de atención. Estos establecimientos deben reducir a la mitad el número de mesas y sillas para garantizar la distancia entre los comensales. Deben tener también, a disposición de los clientes, dispositivos y materiales para el aseo de manos y deben ser más estrictos que de costumbre en la limpieza de instalaciones, mobiliario y útiles de servicio.

·        Trabajadores de servicio doméstico, trabajadores independientes que prestan servicios en domicilios y oficinas – plomeros, electricistas, pintores, cerrajeros, albañiles, jardineros, etc. – y venderos ambulantes y estacionarios deben volver a su actividad con restricciones de días de trabajo con el ya utilizado pico y cédula.

Planteo estas ideas – no a título de especialista en salud pública ni de experto en seguridad industrial, pues no soy ni lo uno ni lo otro – solo con el propósito de mostrar que existen alternativas de manejo distintas a la de “apagar la economía” durante tres meses.



Nadie con responsabilidades de gobierno, ni aquellos que irresponsablemente la plantean, se atrevería a aplicarlas. No voy a entrar a enunciar los efectos que tendría sobre la economía y la sociedad. Basta con decir que, desde cualquier punto de vista, es una soberana tontería y que tiene solo el propósito de cobrar dividendos políticos una vez pase la emergencia.

También encuentro fútil esa idea de inyectar recursos fiscales y monetarios de forma masiva que revela una profunda ignorancia del funcionamiento de la economía. Si el aparato productivo se derrumba al cabo de tres meses de parálisis, las inyecciones monetarias y las trasferencias fiscales obrarán tanto como el suero o las transfusiones de sangre aplicadas a un cadáver.

Creo que en Gobierno hay gente que entiende bien esas cosas. Y que también entiende, confío en ello, que una cuarentena obligatoria de tres meses más se rompería violentamente en medio de un estallido incontenible de desobediencia civil acompañado de saqueos y vandalismo. A lo mejor eso es lo que están buscando quienes proponen “apagar la economía”.

De ser acogidas, las propuestas como las que aquí se presentan y otras, quizás más atinadas, y todas las medidas de mitigación que las acompañan, deben ser explicadas por el Gobierno para que la gente las acate voluntaria y responsablemente, para hacer que la gente entienda que la libertad es también el cumplimiento sereno del deber y así poder volver al trabajo.

LGVA
Abril de 2020.    


martes, 31 de marzo de 2020

Pandemias y globalizaciones


Pandemias y globalizaciones


Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista


La pandemia de COVID-19 les ha dado a los modernos enemigos del comercio otro motivo para detestar la globalización.  Y en cierto sentido tienen razón.  La expansión del comercio y los vínculos que crea entre los pueblos propicia la difusión, hacia otros territorios y países, de enfermedades nacidas en cualquier lugar, incluso en los más remotos. Pero esa globalización - que vincula hoy a todos los países del mundo al movimiento incesante de mercancías, servicios, capitales y personas - no es la creación deliberada del “neo-liberalismo” sino el resultado de lo que Adam Smith llamara la propensión humana a cambiar que se ha manifestado desde los tiempos más remotos. 

En su fascinante libro El mundo hasta ayer, Jared Diamond habla de informes arqueológicos que “demuestran que nuestros antepasados de la época glacial ya comerciaban hace decenas de miles de años”. Revela que en yacimientos cromañones al interior de Europa se encontró ámbar del Báltico y conchas del mediterráneo, además de obsidiana, sílex, jaspe y otras piedras de gran dureza trasladadas a miles de kilómetros desde el lugar donde habías sido extraídas.


  
No es improbable que con los objetos que intercambiaban los hombres de la época glacial llevaran de un sitio a otro las enfermedades que padecían. Probablemente los cromañones se extinguieron al ser contaminados por un virus incrustado en un trozo de sílex comprado a un comerciante neandertal.   Como no es imposible la ciencia de la arqueología médica, a lo mejor ya hay por ahí algún artículo o tesis de doctorado que nos informe de las pandemias asociadas a la globalización paleolítica.



La antigüedad greco-romana también fue muy globalizada. Del relato de la Ilíada se deduce que los intrépidos navegantes de entonces combinaban el comercio con el saqueo y, cuando tenía oportunidad, el rapto de las mujeres ajenas, lo que daba lugar a tremendas guerras como la de Troya.



En su obra Las guerras del Peloponeso, Tucídides describe la peste que llegó a Atenas procedente de Etiopía y causó la muerte de 4.400 de los 29.000 hoplitas y    3.000 de los 12.000 soldados de caballería. El gran Pericles fue una de las víctimas.

 
Pericles

Los trirremes romanos surcaban el Mediterráneo llevando mercancías y personas de Alejandría a Bríndisi, de Sidón a Éfeso. Probablemente en uno de esos barcos se alojó la bacteria o el virus ¡váyase a saber! que desencadenó la peste de Agrigento de la que se contagió Publio Virgilio Marón, el poeta de La Eneida.

Publio Virgilio Marón

Se reportan muchas otras pestes en la antigüedad romana, como la Peste Antonina, en el siglo II, descrita por Galeno, y, la más terrible de todas, la Peste Justiniana, en el siglo VI, descrita por Procopio, que diezmó la población del Imperio de Oriente con un saldo de 25 a 50 millones de personas muertas.   

 
Peste Justiniana. Nicolas Poussin. Museo del Louvre

En la Edad Media es mucha le gente que ha debido morir a causa de enfermedades infeccionas endémicas o epidémicas. Como medida sanitaria, los pueblos situados en las riveras de los ríos, embarcaban sus apestados, sus leprosos y sus locos en naves que soltaban aguas abajo. Todos se esforzaban por evitar que llegaran a sus puertos esos sombríos bajeles portadores de la peste, la locura y también del mal, porque - como recuerda Jaques Le Goff en Lo maravilloso y lo cotidiano en el occidente medieval- en la cosmovisión de la época el pecado se expresa por la tara física o la enfermedad.
 
La nave de los locos. El Bosco. Museo del Louvre

La gran pandemia de la época medieval es la llamada Peste Negra o Peste Bubónica, de cuya aparición y procedencia el gran Boccaccio, en el Decamerón, informa lo siguiente:

“…ya habían, los años de la fructífera encarnación del Hijo de Dios llegado al número de mil trecientos cuarenta y ocho, cuando en la egregia ciudad de Florencia, bellísima entre todas las de Italia, sobrevino una mortífera peste. La cual, bien por obra de los cuerpos superiores, o por nuestros inicuos actos, fue en virtud de la justa ira de Dios, enviada a los mortales para corregirnos, tras haber comenzado algunos años atrás en las regiones orientales, en las que arrebató innumerable cantidad de vidas y desde donde, sin detenerse en lugar alguno, prosiguió, devastadora, hacia Occidente, extendiéndose de continuo. Y no valía contra ella previsión no providencia humana alguna, como limpiar la ciudad operarios nombrados al efecto, y prohibirse que ningún enfermo entrase en la población, y darse muchos consejos para conservar la salud…”



Muy seguramente la peste llegó a Europa por La ruta de la Seda, trasegada desde el siglo anterior por intrépidos comerciantes florentinos y venecianos, entre los que se destaca el célebre Marco Polo. Según Henri Pirenne, en su Historia económica y social de la Edad Media, a causa de la Peste Negra, entre 1347 y 1350, pereció la tercera parte de la población de Europa. En Asia y África los muertos se cuentan también por millones.

La del cólera morbo en siglo XIX es, tal vez, la primera pandemia de la que se tenga registro en la historia republicana de Colombia. García Márquez, en su novela El amor en los tiempos del cólera, la imaginó de la siguiente forma:

“La epidemia de cólera morbo, cuyas primeras víctimas cayeron fulminadas en los charcos del mercado, había causado en once semanas la más grande mortandad de nuestra historia (...) En las dos primeras semanas del cólera, el cementerio fue desbordado, y no quedó sitio disponible en las iglesias, a pesar de que habían pasado al osario común los restos carcomidos de nuestros próceres sin nombre (...) Desde que se proclamó el bando del cólera, en el alcázar de la guarnición local se disparó un cañonazo cada cuarto de hora, de día y de noche, de acuerdo con la superstición cívica de que la pólvora purificaba el ambiente (...) Cesó de pronto como había empezado, y nunca se conoció el número de sus estragos..."



Según el Doctor Emilio Quevedo Vélez, historiador de la medicina, el brote de cólera que azotó a Cartagena, matando la cuarta parte de su población, ocurrió en 1849. Con la licencia propia de la literatura, García Márquez lo sitúa hacia mil ochocientos setenta y algo, para que pueda asesinar al padre, también médico, del Doctor Juvenal Urbino, protagonista principalísimo de su historia. En la novela, el doctor Urbino dirige con éxito el combate contra un segundo brote que solo existió por obra de la imaginación de García Márquez, puesto que, según el doctor Quevedo, las tres grandes pandemias de cólera de la segunda mitad del siglo XIX (1865-75,1881-86 y 1889-91), contemporáneas de la época en que discurre la acción de la novela (1850-1930), no tocaron a Colombia.


De la epidemia de 1849-1850, tenemos, además de la recreación literaria de García Márquez, el testimonio ilustrado de Salvador Camacho Roldán, comerciante y político de la época, quien dedica al tema el capítulo XI de sus Memorias. Dice así Don Salvador:

“El año de 1849 fue cruel para las poblaciones de nuestra costa atlántica por la visita de un viajero despiadado: el cólera asiático. Procedente de Europa a los Estados Unidos, de Nueva York vino a Colón, en donde hizo estragos entre los pasajeros de California y la ciudad de Panamá. Luego pasó a Cartagena y Barranquilla, en donde el flagelo se encarnizó en los meses de junio y julio. Se dijo que en Cartagena pasaron sus víctimas de 2.400, o sea la cuarta parte de la población (…) con referencia a (…) Barranquilla (…) las víctimas de los diez y ocho días de su aparición pasaron de 600 (…) en una población que no pasaba de 6.000 habitantes (…) se calculó que, entre las ciudades del litoral y las márgenes del Magdalena hasta Honda, el azote había causado la muerte, en tres meses, de más de 20.000 personas”

Esa cifra corresponde al 1% de la población de la época. Si el Covid-19 nos atacara con igual ferocidad cobraría la vida de 500.000 compatriotas. Las siete pandemias de cólera del siglo XIX mataron entre 10 y 20 millones de personas, es decir, entre el 1% y el 2% de la población mundial hacia 1850.   

No se sabe cuánto tiempo le tomó a la Peste Negra llegar a Europa desde su lugar de origen, pero ha debido ser muchísimo puesto que, el cólera, con unos medios de transporte considerablemente más rápidos que los de la Edad Media, tardó más de 40 años en llegar a Colombia desde la China donde, en 1817, comenzó su propagación por el mundo. La Gripa Española tardó varios meses en llegarnos; COVID-19 solo unas cuantas semanas.

La llamada Gripa Española fue tremendamente mortífera y se expandió con gran velocidad. Entre enero de 1918 y diciembre de 1920, 500 millones de personas se contagiaron y murieron entre 20 y 50 millones. Según los autores del artículo “La pandemia de gripe de 1918-1919 en Bogotá y Boyacá” - publicado en septiembre de 2009 en la Revista Infectio de la Asociación Colombiana de Infectología - la pandemia habría ingresado por la Costa Caribe y llegó a Bogotá pasando luego a Boyacá donde tuvo su impacto más letal, causando la muerte de 2.800 de los 58.600 habitantes del Departamento.

En Bogotá se enfermaron de gripa 100.000 personas, el 80% de la población, y murieron cerca de 900. En la temporada de frío y lluvia de octubre y noviembre de 1918, la Ciudad se paralizó. Un testimonio de la época, recogido en el estudio mencionado, dice lo siguiente:

“Las oficinas públicas, los colegios, la universidad, las chicherías, los teatros y las iglesias estaban vacías; los servicios urbanos se colapsaron; la policía, el tranvía, el tren, el correo se paralizaron porque la mayoría policías, operarios, curas, alumnos, profesores y empleados enfermaron; se suspendieron todos los espectáculos públicos, y las calles de la ciudad, especialmente en la noche estaban casi desiertas”

Los autores del estudio encontraron una relación positiva entre el contagio de la gripa y su letalidad y la altura sobre el nivel del mar de las poblaciones. Al parecer, también ayudaron al contagio las pésimas condiciones de higiene pública y personal, descritas con sorna por Luis Tejada en una de sus crónicas recogidas en el libro Gotas de tinta. Vale la pena citar en extenso ese texto delicioso:  

“Yo quisiera hacer un elogio sincero y apasionado de la mugre en Bogotá, de la buena mugre, tibia, densa y protectora, que, acumulándose sobre los poros y endureciendo la piel, da al hombre de estas heladas cumbres un atributo necesario que la naturaleza olvidadiza no le dio: la caparazón defensiva y formidable que preserve contra los fríos del invierno y contra las rachas veraniegas de Monserrate, mortales como espadas. Nadia sabría explicarse cómo las gentes limpias, felizmente muy escasas, pueden vivir en este páramo, cruzado de pulmonías por todas partes; cómo no se mueren instantáneamente al salir de teatro, o al descubrirse un poco la bufanda para tomar el aperitivo. Porque las neumonías prefieren los cuellos blancos y tersos de las mujeres que se han bañado, y se dirigen como balas a las camisas perfumadas de los caballeros ricos, y sienten delectación espantosa por la piel olorosa a jabón fino de los niños aristocráticos. En realidad, en estos climas, la muerte es la compañera inseparable del estropajo: bañarse y refrescarse con esponjas, no es solo alborotar los microbios para que tengan oportunidad de penetrar por las narices y los ojos, sino también abrir en cada poro un camino libre para que los enemigos dispersos en el agua y en el aire nos invadan. Además, el baño a esta altura, es un doloroso placer, algo perverso y delicioso al mismo tiempo, que asume la categoría de paraíso artificial, que puede convertirse en vicio refinado y peligroso, en pasión enfermiza, degeneradora de la voluntad; yo creo que hasta pecado será”

Luis Tejada por Rendón

Parece pues que, por lo menos hasta hoy, con el comercio viajan las bacterias y los virus y se esparce la enfermedad. Reprimir el comercio – no veo otra forma posible que mediante la más violenta coacción – podría preservarnos de las enfermedades epidémicas, pero no nos salvaría de las enfermedades endémicas, sobre todo la más endémica de todas, la de la pobreza y la miseria, que surge y perpetúa en el aislamiento y se combate justamente con el comercio y el movimiento de capitales y personas.

Se oye decir, incluso de parte de personas que se presume son ilustradas, que no estábamos preparados para la pandemia del CORONAVIRUS. Por supuesto que no estábamos preparados en el sentido de esperar, con algún grado de certeza, la aparición del Covid-19 en un lugar y momento determinados. A lo mejor nunca lleguemos a tener esa clase de preparación. Pero si teníamos una preparación que en muchas formas es superior y que probablemente es la única a la que podemos aspirar: la preparación que resulta justamente de la expansión del comercio, de la profundización de la división del trabajo y de las innovaciones que surgen de aquellas para elevar la productividad y la calidad de nuestras vidas.

Nunca una pandemia había encontrado una humanidad mejor preparada para enfrentarla. Hoy somos más fuertes y saludables y estamos mejor nutridos que en cualquier momento del pasado. Tenemos más medicamentos y alimentos acumulados que en cualquier otra época y unas condiciones de almacenamiento inimaginables hace solo cincuenta años. Tenemos un inmenso aparato productivo distribuido por todas partes y que puede ser puesto en movimiento o reconvertido en breves lapsos. Tenemos un sólido sistema financiero que permite irrigar recursos a todos los lugares y actividades. Tenemos la población más educada y mejor informada de toda la historia. Tenemos esas camas UCI, esos respiradores e infinidad de dispositivos y medicamentos para combatir las más graves enfermedades.  En fin, tenemos hoy más médicos y científicos que los que ha tenido la humanidad en toda su historia.

Esa es la preparación que tenemos para hacer que el Coronavirus – con un millón de contagios, menos de 50 mil muertos y dos trimestres de recesión – pase a la historia como una pequeña pandemia que nos asustó mucho y nos dañó muy poco. Pero eso sí, hay que seguir lavándose las manos, saludándonos de lejitos, usando la máscara, siempre que sea necesario, y presionando al Gobierno, para que nos deje salir a trabajar lo más pronto posible.

LGVA

Marzo de 2020.

martes, 24 de marzo de 2020

Macroeconomía de la pandemia


Macroeconomía de la pandemia


Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista


En Gobierno Nacional ha tomado la dura decisión de poner al País en cuarentena obligatoria. La medida se adopta quince días después del primer contagio y con 230 casos confirmados. Otros países, que hoy están en dificultades, tardaron varias semanas. Las otras medidas de contención – suspensión de espectáculos públicos, cierre de centros educativos, cuarentena voluntaria y cierres del espacio aéreo – también se adoptaron con relativa rapidez.

También fue oportuna la declaración de emergencia económica y social que pone a disposición del Gobierno Nacional cerca de 15 billones de pesos, de los fondos de ahorro y estabilización petrolera y de pensiones territoriales, y autoriza la enajenación de activos por cerca de 5 billones adicionales. Con esto y otros tres o cuatro billones que pueden obtenerse con reasignaciones del presupuesto ordinario, se tendrían unos 24 billones para enfrentar la crisis, antes de recurrir al déficit fiscal adicional. El decreto también autoriza la emisión de deuda interna a ser colocada en operaciones de liquidez al Banco de la República, cuya munición monetaria habrá que usar eventualmente. El asunto es entender lo que se puede hacer dada la naturaleza de la crisis.

El viejo marco conceptual de oferta y demanda agregadas resulta bastante adecuado para explicar la situación. La gráfica muestra las curvas de oferta y demanda agregada de la macroeconomía básica. El eje vertical mide la tasa de inflación y el horizontal la tasa de crecimiento. Las líneas O y D, continuas, definen en el punto E la situación de la economía anterior choque del Covid-19. Las medidas de contención, por el cierre de empresas y negocios, desplazan, hacia arriba, la oferta agregada y, por la pérdida de ingresos, hacia abajo, la demanda. Las rectas, punteadas, O´y D´ definen en E´ la situación de la economía después del choque, con menos crecimiento y una inflación cuyo nivel es incierto pues dependerá de la fuerza relativa del choque inflacionista de oferta y del choque deflacionista de la demanda.


Lo importante es entender que la presencia simultánea de choques de oferta y de demanda limita el alcance de cualquier política expansionista fiscal y/o monetaria. Sin duda alguna hay que hacer todo lo anunciado por el Gobierno Nacional para suplir mediante transferencias – familias en acción, devolución del IVA, adulto mayor, etc. - el ingreso monetario de la población más vulnerable para evitar, sobre todo, el deterioro de su situación y tratar de mitigar, en alguna medida, la contracción de la demanda que resulta de la pérdida de ingresos de los trabajadores por cuenta propia, pero también de los dependientes que perderán sus empleos a medida que se prolongue la parálisis de la producción.


En todo caso, la clave de la crisis y de su mitigación no está del lado de la demanda sino del lado de la oferta, es decir, de la amplitud y duración de la parálisis de la producción inducida por las medidas de contención, en particular por la cuarentena obligatoria que entra en vigor el 25 de marzo y que se extiende hasta el 13 de abril.

La duración ya la sabemos: los 19 días de la cuarentena, sin contar los que tarde la actividad económica en recuperar su ritmo. La amplitud puede estimarse cruzando la lista de actividades exceptuadas en el Decreto 457 con las 61 agrupaciones del producto interno bruto en las cuentas nacionales. La cosa no es evidente, pues no hay una correspondencia directa entre una y otra lista, por lo que deben hacerse algunas inferencias.

El decreto 457 presenta una lista de 34 exclusiones a la cuarentena. En algunos casos hay repeticiones: se continúa la prestación de servicios bancarios y financieros y se permite a la gente desplazarse para hacer uso de los mismos. Otras exclusiones guardan relación con dos o más agrupaciones de las cuentas nacionales como la referida a las cadenas de suministro de alimentos y bienes de primera necesidad o de productos médicos y farmacéuticos. También es difícil de aislar lo referente a la agrupación “Transporte y almacenamiento”, pues en las cuentas nacionales se desagrega por el modo de transporte y no por la naturaleza de lo transportado. La tabla presenta algunas correspondencias más evidentes pero que aun así no dejan de presentar problemas de identificación de las agrupaciones específicas que resultan afectadas.



En principio podría pensarse, por ejemplo, que la exclusión de la cadena alimenticia permite la actividad de todas las sub-agrupaciones del rubro “Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” que equivale a un 8% del PIB. Sin embargo, allí está la agricultura de exportación – banano, flores, café, etc. – que no corresponde totalmente a lo que se entiende por “alimentos” y que será afectada por la cuarentena. También será afectada toda la industria, exceptuada la que en las cuentas nacionales aparece bajo la rúbrica: “Elaboración de productos alimenticios; elaboración de bebidas; elaboración de productos de tabaco”. Es también complejo el tratamiento del comercio pues la información de la Cuentas Nacionales no diferencia por la naturaleza de mercancías comerciadas.

Ojalá alguien en el DANE, Hacienda o el DNP, que tienen información más fina, esté haciendo un cálculo similar. Según mi estimación quedan en cuarentena un conjunto de agrupaciones que responden por el 70% del PIB.

Una cuentecita de tienda: el PIB anual colombiano bordea los US$ 350.000 millones, el PIB diario sería algo así como US$ 959 millones. Con la parálisis del aparato productivo estaríamos dejando de producir diariamente el 70% de esa cifra, es decir, US$ 671 millones. Y en los 19 días cerca de US$ 13 mil millones. Esto sin contar la reducción de la producción de las actividades por fuera de la cuarentena, muchas de las cuales, por razones obvias, funcionarán a “media máquina”.

Las medidas anunciadas por el Gobierno Nacional están orientadas a fortalecer la capacidad de atención del sistema de salud, a proteger a la población más vulnerable y a mitigar los efectos de la cuarentena sobre las empresas y el aparato productivo todo. Y está bien que así sea. Pero también es necesario preparar el pronto restablecimiento de la actividad productiva.

A mi juicio, las medidas de mitigación para preservar las empresas, especialmente, las medianas y pequeñas, son insuficientes. De nada sirve que el Ministerio del Trabajo diga que no se puede despedir a nadie: cuando no hay con qué pagar la nómina, no hay con que pagar y hay que salir de la gente, abierta o soterradamente.

Para enfrentar esta situación podría autorizarse una reducción temporal del salario y suspender el pago de parafiscales. Las empresas dejarían de pagar durante la emergencia una porción del salario, digamos del 20%, que pagarían gradualmente a lo largo de un año a medida que se supere la crisis. De la misma forma se pagarían los parafiscales.

Por razones de equidad esa misma reducción salarial debería aplicarse a todos los empleados del sector público, excepto a los que están en la primera línea de combate contra la pandemia, como son los del sector de la salud, los miembros de las Fuerzas Armadas y todos aquellos cuyos esfuerzos se requieran en estos momentos. Las mesadas pensionales más altas podrían tener un tratamiento similar. Esta seria una fuente adicional de recursos. 

Los distintos dispositivos asistencialistas reforzados – familias en acción, adulto mayor, devolución del IVA, etc. – y la solidaridad ciudadana pueden ayudar temporalmente a los trabajadores independientes, pero no pueden mantenerse de forma indefinida. Esta gente necesita trabajar y trabaja en las calles. Por ellos es necesario que se haga todo lo posible por restablecer la actividad productiva así sea en condiciones limitadas.  

No voy a meterme en el terreno de los epidemiólogos y los profesionales de la salud. Creo en la buena fe y sabiduría de sus consejos al Gobierno Nacional. Pero, de la cuarentena obligatoria espero dos cosas: 1. Que le quiebre el espinazo a la tasa de contagios y 2. Que discipline a la población para que sea más proclive a cumplir con esquemas de contención menos draconianos.

La cuarentena no puede extenderse de forma indefinida sin afectar gravemente el aparato productivo y lanzar millones de personas a la pobreza. Por eso, la tarea actual de los epidemiólogos y profesionales de la salud es pensar y diseñar esquemas de contención que permitan el restablecimiento paulatino, a partir del 14 de abril, de la actividad productiva. La del equipo económico es diseñar esquemas que garanticen la supervivencia del aparato productivo, del lado de la oferta, y para su reactivación posterior, ahí sí, del lado de la demanda.

Coda 1.

Me gusta mucho que Alberto Carrasquilla esté en el Ministerio de Hacienda en estos momentos de crisis. Su presencia se nota en la forma prudente, reflexiva y acertada como el Gobierno Nacional ha tomado las medidas y en la impecable factura de los decretos de emergencia. Su escasísima popularidad entre las “masas” y el odio que suscita entre los ignorantes dirigentes de la izquierda colombiana, son sus mejores credenciales para desempeñar el cargo en la coyuntura actual.

La situación de Carrasquilla me recuerda la de Esteban Jaramillo, el economista que capeó el temporal de la crisis de los años 30. Detestado por los dirigentes liberales de la época - en particular por el Gustavo Petro de entonces, un señor llamado Jorge Eliecer Gaitán – que le impidieron posesionarse cuando Abadía Mendez, ya en medio de la crisis, lo llamó a la cartera de hacienda por segunda vez; aceptó el nombramiento, que ya con el agua al cuello y después de haber quemado tres ministros, le hiciera Olaya Herrera en contra del querer de su propio partido, cuyos dirigentes se tragaron el sapo pues sabían que ese "desgraciado" era el colombiano mejor capacitado para enfrentar la crisis.

Coda 2.

Algunos jóvenes amigos y ex-alumnos, que saben de mi liberalismo hayekiano, se sorprenderán tal vez con algunas de las cosas que planteo y con el aparato analítico empleado. Sobre lo segundo les recuerdo que, como decía Joan Robinson, la teoría económica es una caja de herramientas y hay que usar la que resulte adecuada. Sobre lo primero, les comparto un par de citas de Hayek que me parecen pertinentes.

“Aunque la variedad de circunstancias que han de considerar las autoridades no puede preverse, la manera de actuar, una vez que surja una determinada situación, es predecible en un alto grado. La destrucción del rebaño de un ganadero a fin de evitar se propague una enfermedad contagiosa, la demolición de casas para contener un incendio, la prohibición de utilizar un pozo infeccioso, la exigencia de medidas protectoras en el transporte de energía por cables de alta tensión o la obligatoriedad de acatar regulaciones de seguridad en materia de construcción; todo ello, sin duda, exige que las autoridades se hallen investidas de ciertas facultades discrecionales al aplicar reglas de carácter general”. (Hayek. Los fundamentos de la libertad. Unión Editorial, Madrid, 2006.  Página 512.)

“También es un hecho demostrado por la larga experiencia que en tiempos de crisis los bancos centrales deben aumentar los medios de pago y ampliar su circulación para impedir los pánicos y que pueden hacerlo en gran medida sin dar lugar a efectos perjudiciales” (Hayek. Precios y producción. Unión Editorial, Madrid, 1996, Página 99)

LGVA

Marzo de 2020.

viernes, 20 de marzo de 2020

Emergencia económica y social contra el COVID-19


Emergencia económica y social contra el COVID-19


Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista


El 6 de marzo se presentó el primer contagio de Covid-19. Quince días después van 128 casos confirmados, según el Ministerio de Salud. En otros países, como Italia y España, a las dos semanas del primer contagio, los casos se contaban por miles.  Al parecer, las medidas de contención están funcionando, pero es necesario persistir en las ya adoptadas y, probablemente, adoptar otras más.

El Gobierno Nacional, en buena hora, está asumiendo el control para impedir que decisiones aisladas de alcaldes y gobernadores pongan obstáculos a la circulación de mercancías por las carreteras del País. Los retenes, toques de queda y confinamientos adoptados unilateralmente rompen la cadena de abastecimiento de todos los colombianos. Las autoridades locales deben entender que ningún departamento y menos un municipio produce todo lo que necesita para abastecer a sus habitantes.

El Presidente Duque, en lugar de andar gesticulando y haciendo alharaca como tantos politicastros que quieren aprovechar la crisis para aumentar su popularidad, ha tomado el toro por los cuernos declarando la emergencia económica y social mediante el Decreto 417 del 17 de marzo. La decisión del Gobierno Nacional está bien sustentada y ojalá lo entienda así la Corte Constitucional. Es innegable el carácter imprevisible de la crisis desatada por el Covid-19, las consecuencias devastadoras que tendría y la imposibilidad de hacerle frente con los mecanismos y los recursos presupuestales ordinarios. Según proyecciones del Ministerio de Salud, de no hacer nada, podrían tenerse más de 700.000 casos de contagio entre críticos y severos, lo que llevaría al colapso del sistema de salud, como ha ocurrido en países con mayores recursos.

Las medidas delineadas en el Decreto 417 buscan manejar la crisis atendiendo cinco frentes fundamentales:

·         Minimizar los contagios para evitar el colapso del sistema de salud.
·         Fortalecer la infraestructura de atención de clínicas y hospitales.
·         Mantener la cadena de suministro de alimentos a la población.
·         Ayudar a la población más vulnerable como los trabajadores por cuenta propia a quienes las medidas de contención privan de sus ingresos.
·         Mantener el empleo formal, especialmente en empresas pequeñas y medianas – restaurantes, comercios, etc.- directamente afectadas por las medidas de confinamiento.

Todo esto cuesta dinero. El Decreto 417 establece de forma acertada las fuentes de financiación sin ahondar el desequilibrio fiscal ni agobiar la economía con tributos adicionales:

·         Se ponen a disposición de la Nación los recursos del Fondo de Ahorro y Estabilización del Sistema de Regalías (FAE) y del Fondo de Pensiones Territoriales (FONPET) que suman 14,8 billones de pesos.
·         Se autoriza la venta de participaciones de la Nación en entidades financieras, lo que daría recursos por 4 billones de pesos.   
·         Se fortalece el Fondo Nacional de Garantías con los excesos de liquidez de las entidades nacionales en la banca de segundo piso.
·         Se contempla la emisión bonos de la Nación con destino a las operaciones de liquidez del Banco de la República.

Las medidas anunciadas por el Gobierno Nacional van en la buena dirección y están adecuadamente definidas las fuentes de financiación. Corresponde al sector privado y a la comunidad hacer su parte como ya lo han venido haciendo algunas empresas e individuos. Entre otras, pueden acometerse las siguientes acciones:

·         Apoyar con donaciones el fortalecimiento de la capacidad operativa de clínicas y hospitales, como ya lo hizo un grupo de empresas antioqueñas.
·         Las empresas deben hacer todos los esfuerzos por mantener el empleo formal. Esto se puede facilitar permitiendo la reducción temporal de salario nominal y de las contribuciones para-fiscales sobre la nómina.
·         Todas las empresas que puedan hacerlo deben adoptar el teletrabajo.
·         Las familias pudientes deben evitar el acaparamiento de productos y mantener los empleos permanentes y temporales de servicio doméstico. También en este caso se puede facilitar autorizando reducciones transitorias de las remuneraciones.
·         Crear redes de apoyo a los vendedores ambulantes y personal de servicio por cuenta propia (plomeros, electricistas, etc.)  para suminístrales ayuda en especie o en dinero.
·         Apoyar a los adultos mayores realizando sus compras y otras diligencias para evitarles los desplazamientos fuera de su hogar.  
·         Los supermercados, tiendas, plazas de mercado y todos los distribuidores de alimentos y suministros domésticos deben limitar las compras excesivas.
·         Todos debemos acatar las medidas de aislamiento y confinamiento voluntario dispuestas por las autoridades y las medidas de auto-cuidado.

 Aunque la crisis persiste, ya hay signos cada vez más claros, provenientes de otros países donde el contagio se inició hace más tiempo, de que se avanza cada vez más en el manejo clínico de la enfermedad y en el desarrollo de una vacuna. Es preciso mantener la esperanza y la calma para superar una crisis de la que saldrán fortalecidas nuestras familias,  nuestras empresas y todos como sociedad.

LGVA

Marzo de 2020.