Estado
limitado, no Estado indiferente
Luis
Guillermo Vélez Álvarez
Economista
En una intervención reciente en
el Concejo de Medellín sobre la revisión del POT hice una afirmación que podría
parecer poco liberal. Afirmé preferir que el dinero público se destinase a
construir vivienda que a construir un estadio. No hay contradicción.
Mi liberalismo no es el del
Estado omnipresente, pero tampoco el de un Estado indiferente frente a la
pobreza. Estado limitado, no Estado indiferente. El pensamiento liberal en general, el mío en
particular, es sutil y matizado, anclado en principios, atento a la evidencia y
pragmático en soluciones.
La función fundamental del
Estado es proteger la vida, la libertad y la propiedad. Sin seguridad, justicia
y protección de los derechos de propiedad no existe una economía de mercado.
Pero ayudar a quienes no pueden satisfacer por sí mismos determinadas necesidades
también puede formar parte de las funciones legítimas del Estado.
Hayek no sostuvo que una
sociedad libre debiera desentenderse de los pobres. Su preocupación era que la
protección social se convirtiera en planificación y que el Estado pretendiera
sustituir al mercado. Sowell, por su parte, ha mostrado cómo las restricciones
a la oferta de vivienda - mediante control de arriendos y obligaciones
inmobiliarias- terminan elevando sus precios y perjudicando precisamente a
quienes se pretende beneficiar. Arthur Lewis sostuvo que en vivienda era
preferible el subsidio a la oferta pues los beneficiarios de las transferencias
monetarias podrían preferir gastarlas en consumo corriente y continuar viviendo
en condiciones de hacinamiento e insalubridad.
De ahí que una política
liberal de vivienda deba combinar mercado y Estado. Es decir, facilitar la
construcción privada, ampliar la oferta de suelo formal, eliminar restricciones
innecesarias y, cuando el mercado no sea suficiente para determinados hogares,
utilizar recursos públicos.
En Singapur, el país más
liberal del mundo, el 80% de la población vive, bajo contratos de arriendo a 99
años, en viviendas construidas, subvencionadas y gestionadas por el Housing
Development Boar, una entidad gubernamental.
También dije que la política pública
se expresa en el presupuesto y se aplica con su ejecución. Por eso propuse la
creación del Fondo de Gestión y Financiación del POT orientado a la
habilitación de suelo para vivienda popular y a contribuir a su financiación.
Si Medellín reconoce que tiene
un problema de vivienda VIS y VIP, debe poner recursos para resolverlo. No
propongo que la Alcaldía sustituya a los constructores privados. Puede aportar
suelo, financiar urbanización, otorgar subsidios, facilitar crédito, asociarse
con particulares o, en determinadas circunstancias, construir directamente.
Por eso destaco lo que viene
haciendo la Gobernación de Antioquia a través de VIVA: más de 12.000 viviendas
nuevas y 40.000 mejoramientos con una inversión cercana al billón de pesos. También
por eso reivindico, con las debidas diferencias históricas, la experiencia del
Instituto de Crédito Territorial que en sus 50 años de historia construyó y
financió la vivienda de millones de colombianos.
El pobre necesita algo más que
recreación subsidiada. Necesita oportunidades para convertirse en propietario. La
vivienda es techo, pero también es patrimonio, seguridad económica y una forma
de incorporación a la economía formal.

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