viernes, 1 de abril de 2016

Breve historia de un racionamiento que no fue.

Breve historia de un racionamiento que no fue.

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Docente, Universidad EAFIT. Consultor, Fundación ECSIM

Cuando este artículo se publique, el País estará superando la crisis del sector eléctrico sin que haya sido necesario que las autoridades impongan un racionamiento forzoso del servicio de energía. No obstante, dada la fragilidad a la que ha llegado el sistema, si los aportes hídricos no mejoran en abril es aún posible que sea preciso racionar durante unas cuantas semanas y unas pocas horas al día, a lo sumo. En todo caso, nada comparable con el racionamiento de 1992.

Todos los sistemas eléctricos están expuestos al riesgo de racionamiento. No hay ninguno confiable al 100%. El racionamiento puede ser de potencia, es decir, cuando no hay capacidad de generación suficiente para atender la demanda máxima; o por energía, cuando no hay combustible o agua suficiente para hacer mover las máquinas. En la coyuntura actual se conjugan esas dos circunstancias.

Empecemos por el principio. En 2015 los aportes hídricos al Sistema Interconectado Nacional (SIN) alcanzaron los 48.006 GWh, equivalentes a un 79,2% de la media histórica, el más bajo porcentaje de la última década, como se muestra en la Gráfica 1.

Gráfica 1



La disminución de los aportes se hizo especialmente notoria a partir de septiembre cuando éstos alcanzaron los 3.417 GWh, equivalentes a un 66% de la media histórica. Los aportes de diciembre, 2.335 GWh, fueron poco más de la mitad de la media. En lo corrido de 2016 la situación de los aportes ha mejorado ligeramente.

A pesar de la drástica reducción de los aportes, el SIN concluyó el año, gracias a la generación térmica, con un nivel de reservas hídricas de 10.563 GWh; el cual, sin ser holgado, permitía suponer que había una alta probabilidad de pasar la sequía sin racionar energía, siempre que no se presentara ninguna situación catastrófica. Y entonces, el 15 de febrero, ocurrió el accidente de Guatapè que de un tajo que quitó al sistema el 30% de la energía embalsada y el 4% de la capacidad de instalada y un porcentaje substancialmente mayor de la energía a generar durante los meses críticos, estimado en más del 10% de la generación, dado el impacto en las plantas de San Carlos y Playas situadas aguas abajo. Dos semanas más tarde se presentó un daño en Termoflores que dejó indisponibles 230 de los 610 MW de su capacidad.  
Gráfica 2



Sorprendentemente aún no ha sido necesario imponer el racionamiento forzoso. ¿Suerte?, ¿Milagro? Pues no. A pesar de las falencias en lo referente al precio de escasez, el cargo de confiabilidad, la política de uso de Gas Natural y la inefectividad de los anillos de seguridad previstos en la regulación; el sistema eléctrico colombiano estaba relativamente bien preparado para enfrentar la severa reducción de los aportes provocada por el fenómeno de El Niño. Naturalmente que, para navegar una crisis de este tamaño, el Gobierno Nacional tuvo y tendrá que acudir a medidas de emergencia y, como se indica más adelante, será necesario ajustar la regulación.  

En 31 de diciembre de 2015 la capacidad efectiva neta era de 16.420 MW, un 63% por encima de la demanda máxima de potencia que en dicho año alcanzó los 10.095 MW. Entre 2006 y 2015 se añadieron al sistema 3.148 MW, es decir, un aumento del 24%. El primer año de la comparaciòn es importante porque es el de la adopción del esquema del cargo por confiabilidad creado entre otras cosas con el objetivo de incentivar la inversión en nueva generación. El 50% de la nueva capacidad corresponde a plantas que comprometieron su energía firme para beneficiarse del cargo de confiabilidad. El 29% de la capacidad efectiva neta del sistema está constituido por plantas térmicas.

El otro objetivo del cargo por confiabilidad era garantizar la disponibilidad del parque térmico para respaldar el sistema en situaciones de sequía. En 2015 se generaron 20.631 GWh con plantas térmicas, equivalentes al 31% de la generación total, la más alta participación de los últimos 10 años. Esta participación fue especialmente elevada en los últimos meses: el 43,8% de los 38130 GWh generados entre el 1 de septiembre de 2015 y el 25 de marzo de 2016 son de origen térmico. Hasta el 25 de marzo, las plantas térmicas, con un 30% de la capacidad, habrían contribuido con el 50,6% de la generación. ¡Todo un record!



Las cifras presentadas pueden contribuir a aclarar los términos del debate actual sobre el sector eléctrico que hasta el presente ha sido muy caldeado y poco ilustrado. El cargo de confiabilidad, que aparece como el malo de la historia, incentivó la realización de inversiones en generación que permitieron que el SIN tuviera para enfrentar la crisis una capacidad efectiva neta de 16.420 MW, gracias, entre otras cosas, a la entrada oportuna de proyectos como Sogamoso (800 MW) y El Quimbo (400 MW). Por otra parte, cuando en septiembre se hizo ya evidente que se venía una drástica reducción de los aportes hídricos, el mercado reaccionó y se elevó el precio de la energía en bolsa dando a las plantas térmicas la señal de que debían generar. Y las térmicas estaban ahí y respondieron - con la excepción temporal de Termocandelaria- y están respondiendo con una participación en la generación sin la cual el País estaría apagado desde hace muchos días.

El último racionamiento forzoso padecido por el País se inició el 2 de marzo de 1992 y se extendió hasta el 1 de abril de 1993. En ese período se racionó el 16% de la demanda. Mucho se ha evocado este episodio que resulta completamente extraño para los colombianos menores de 30 años. Y conviene, en efecto, compararlo con la situación actual del sector eléctrico en un contexto adecuado para evitar que estudios como un reciente informe de Bancolombia sobre el posible impacto de un racionamiento en el PIB hagan las extrapolaciones equivocadas. Como se indicó antes, lo más probable es que no se tenga que racionar o solamente unas pocas semanas en cantidades menores en el peor de los casos, situación bien diferente de la experimentada en 1992-93.

No sobra recordar que por aquellas calendas el sector eléctrico era responsable de la tercera parte del endeudamiento público del País, estaba obligado a pagar cerca del 40% de los intereses de la deuda externa y en algunos años había llegado a realizar hasta el 35% de la inversión pública. Sin embargo, no generaba recursos internos suficientes, produciendo un déficit cercano al 1,3% del PIB. Entre 1980 y 1988 la generación interna de fondos en el sector sólo cubrió el 25% de las necesidades de recursos y en 1988 el servicio de la deuda sobrepasó en un 15% sus ingresos corrientes. Para junio de 1993, la tarifa media nacional se situaba en el 79% del costo al tiempo que las tarifas industriales y comerciales presentaban sobrecostos del 20% y 26% respectivamente. La tarifa media del sector residencial cubría solo el 47% del costo. El subsidio residencial resultante, del 53%, correspondía, según cálculos de ISA de 1991, a US$360 millones anuales. Fue la reforma del sector plasmada en las leyes 142 y 143 de 1994 la que permitió que se reanudara la inversión, se sanearan las finanzas y se pudiera atender con éxito los eventos extremos de los Niño 1997-98 y 2009-10.

La variable de comparaciòn más idónea desde el punto de vista energético es la evolución del embalse útil entendido como el porcentaje la energía embalsada que puede emplearse sin poner en riesgo los equipos de generación. La gráfica 3 muestra la evolución del embalse útil entre los meses de agosto y marzo de 1991-1992 y 2015-2016. Para dar más significación a la comparaciòn, se ha incluido la información correspondiente a 2009-2010, período de una hidrología no extrema.

La estación seca se inicia en diciembre y se extiende hasta finales de marzo. Por eso el nivel de los embalses a finales de noviembre y principios de diciembre es fundamental para establecer la capacidad que tiene sistema de superar la sequía. En 91/92 el sistema empezó el verano con un embalse útil de 45%; en 15/16 estaba en 61%, solo 4 puntos porcentuales por debajo del nivel de 09/10. Dicho nivel se logró porque desde septiembre las térmicas empezaron a generar de forma significativa. Entre noviembre y febrero el embalse útil de 91/92 pierde 31 puntos porcentuales mientras que el de 15/16 pierde 37. Sin embargo, a mediados de febrero, antes de la salida de Guatapè, este último estaba en un 45% por lo que la reducción habría sido de 22 puntos porcentuales, excluyendo el efecto de dicho accidente.  Una vez más la diferencia la hace la generación térmica.

Gráfica 3


Hay otros hechos que conviene destacar. En 91/92 estaban atrasados proyectos tan importantes como el Guavio y Porce II que de haber entrado en operación oportunamente le habrían aportado al sistema 1555 MW e incrementado sustancialmente su la capacidad de almacenamiento. Adicionalmente, térmicas como Cartagena (187 MW), Barranquilla (127 MW) y Zipa IV (225 MW), entre otras, no estaban en condiciones de operar por lo que fue preciso un plan de emergencia para su recuperación.  En 15/16 los grandes proyectos hidráulicos, Sogamoso (800 MW) y El Quimbo (420 MW), entraron oportunamente - a pesar de los ambientalistas, los jueces y los políticos - y la totalidad del parque térmico estaba disponible para generar. Y empezó a generar y está generando.

La existencia de interconexiones con Venezuela y Ecuador y la adopción de incentivos económicos para el ahorro de energía son también elementos nuevos en la actual crisis completamente inexistentes en la coyuntura del 91/92. Algunos mercantilistas se duelen tontamente de que estemos importando energía del Ecuador (7 GWh-día) cuando hace algunos años la exportábamos a ese país en grandes cantidades. Hablan de soberanía e independencia energética y otras naderías. Ojalá todo el continente americano estuviera interconectado y que la energía y el dinero fluyeran libremente de un lugar a otro, como en Europa donde gracias a las interconexiones internacionales existe un mercado de electricidad que abarca todo el continente. El autor de este artículo propuso desde noviembre, sin éxito, un esquema de incentivos semejante, salvo en el aspecto punitivo, al adoptado por las autoridades del sector. Ésta será una experiencia interesante para avanzar en el aspecto fundamental de dar participación a la demanda en el funcionamiento del mercado. Hasta el momento el ahorro ha estado cerca de la meta del 5% de la demanda.

De acuerdo con los datos y hechos presentados, contrariamente de lo parece ser el prejuicio generalizado, el sistema eléctrico colombiano – su mercado, su regulación, sus instituciones – ha enfrentado con solvencia la actual coyuntura energética, aun en el caso de que ésta culmine en un pequeño racionamiento forzoso. No quiere ello decir que no sea necesarias algunas reformas como algunas de las propuestas en el estudio realizado por ECSIM en 2013 en el cual dirigió el autor este artículo. Se reproduce la primera de sus 30 recomendaciones que en las circunstancias actuales resulta enteramente pertinente. 

Se debe mantener la arquitectura fundamental del mercado actual y establecer ajustes para mejorar la formación de precios y atender los principales problemas identificados que en orden de importancia son: la falta de un mercado de contratos líquido, competitivo y transparente; el desempeño del cargo por confiabilidad; el control del ejercicio de poder de mercado; el formato de ofertas en bolsa y el mecanismo de arranque y parada. Para ello se debe adelantar una discusión sectorial amplia con la participación de expertos nacionales e internacionales tomando como referentes el mencionado estudio de ECSIM y el que actualmente se adelanta por consultores nacionales bajo el auspicio del DNP.

Una observación final. Resulta sorprendente el apasionamiento, la carencia de rigor y ausencia de sindéresis con la que se ha asumido – incluidos el alto gobierno, encumbrados dirigentes políticos y encopetados formadores de opinión – la discusión sobre un probable racionamiento de energía. Ello en un País donde están racionados tantos servicios fundamentales empezando por la seguridad y la justicia y pasando por la salud y la educación de calidad y sin dejar de lado el racionamiento de electricidad que padecen de manera permanente los 2.5 millones de colombianos que habitan las llamadas zonas no interconectadas, el 66% del territorio nacional, quienes deben conformarse con 4 horas diarias del suministro de electricidad que obtienen de poco más de 100 MW de capacidad instalada. Probablemente ello se debe a que un racionamiento de electricidad, que afecta a todo el mundo en alguna medida, es el único acontecimiento verdaderamente democrático e igualitario que pueda ocurrir en el País.

LGVA

Marzo 27 de 2016.  

5 comentarios:

  1. Muy buen artículo. Ilustra de manera objetiva el estado actual del sistema eléctrico nacional , las alternativas y margen de maniobra que posee para atender la demanda, y la trayectoria del país para alejarse de un racionamiento.

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  2. Dr. Luis , gran articulo.no queda duda de que las terminas están funcionando y el sistema, salvo por el precio de escacez , esta funcionando.Una sola pregunta.
    Quien va a PAGAR el sobre precio de generar mas energía con terminas.

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    1. Alejo: La energía que produzcan igual o inferior a la comprometida se les paga al precio de escasez. La energía por encima de la comprometida se les paga al precio de bolsa. Este precio lo pagan aquellos cuyos compromisos de largo plazo excedan su propia generación o sus compras de largo plazo. Como el precio al que vendieron esta fijo, el exceso va contra sus ingresos. Es decir, pierden esa plata.

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    2. Además, hasta el presente, el conjunto de las térmicas han generado, ciertamente mucho, pero aún por debajo de la energía firme comprometida. Están como en un 95%.

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