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lunes, 16 de julio de 2012

Las consecuencias económicas de Chávez y los desatinos de la democracia


Las consecuencias económica de Chávez y los desatinos de la democracia

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT

I
Entre 2000 y 2010 Venezuela tuvo el peor desempeño económico en América Latina. El producto por habitante creció a una tasa anual promedio de 1.3%; por debajo de la media del continente, 1.9%. En Colombia alcanzó 2.5%.  Estas diferencias pequeñas, por el poder del interés compuesto, se traducen en el largo plazo en grandes diferencias en los niveles de vida. Manteniendo esas tasas, Colombia duplicará el PIB per cápita en 28 años; América Latina en 37 y Venezuela en 54. Algo más, en 2000 el PIB per cápita de Colombia equivalía al 59% del de Venezuela; en 2010 al 66%.

Gráfico 1


También registró Venezuela la más elevada tasa de inflación del continente y una de las mayores tasas de desempleo. Su índice de malestar económico o índice de Okun – la suma simple de la tasa de inflación y la tasa de desempleo - supera los 34 puntos, el más elevado de América Latina.

Tabla 1

A pesar de haber recibido entre 2006 y 2010 US$ 305.105 millones por exportaciones de petróleo, el gobierno de Chávez logró la hazaña de multiplicar por 11 la deuda pública interna y de duplicar la externa. En ese mismo período las salidas de capital reportadas oficialmente superan los US$ 10.000 millones. Todo mundo quiere salir del bolívar: el tipo de cambio de mercado duplica la cotización oficial. Después de las elecciones la devaluación será inevitable.

Gráfica 2
Tabla 2

También ha logrado desmantelar la industria cuya participación en el PIB ha bajado de 21%, en 2000, a 16% en 2010. Incluso puede reclamar el logro increíble de haber llevado la producción de petróleo de 3.250.000 barriles diarios, en 2006, a 2.854.000 en 2010.

II
Y sin embargo, Chávez ganará de cualquier forma - sin descartar el fraude ni el derramamiento de sangre - las elecciones del 7 de octubre. Ganará porque tiene un apoyo popular masivo. Los ingentes recursos petroleros le han permitido montar un colosal sistema de prebendas, dádivas y regalos para comprar el apoyo de la masa popular: las Misiones Bolivarianas o las Misiones de Cristo[1]. Esto, que muchos denominan política social, ha permitido que en Venezuela la población pobre pase de 49% a 28%. El precio pagado ha sido la creación de una masa rentista que sólo aspira a obtener una mayor porción de la renta petrolera. Pero esto no es nuevo. Los gobiernos de Carlos Andrés Pérez, Herrera Campins y Jaime Lusinchi desplegaron también una masiva política asistencialista durante la bonanza de precios de los años 70 y 80. Repartiendo dinero a espuertas y endeudando prodigiosamente el país lograron también drásticas reducciones en los niveles de pobreza.  En 1990, según el XII Censo de Población y Vivienda, el 38,5% de la población era pobre y el 16,3% estaba en condiciones de pobreza extrema[2]; por ese entonces los mejores indicadores de América Latina.

Gráfica 3

La caída del precio del petróleo derrumbó esos indicadores llevándolos al nivel en que los encontró Chávez; quién también encontró una increíble bonanza de precios y pudo reiniciar la piñata asistencialista.  El candidato Capriles Radonski, conocedor de la mentalidad de sus compatriotas, ha prometido mantener la misiones chavistas.  A la democracia venezolana no la derrocó Chávez sino la caída del precio del petróleo y la incapacidad de sus dirigentes de usar la riqueza petrolera para crear una economía sostenible basada en el desarrollo de las capacidades de la población.

Tabla 3

Ya en los años 90 el  intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri hablaba del desperdicio de US$ 300.000 millones de dólares de ingresos petroleros equivalentes a 15 veces el Plan Marshall. El problema de la dependencia de la economía venezolana del petróleo y de la creación de una sociedad rentista fue la obsesión que lo acompañó durante toda su vida. Todo mundo conoce en Venezuela, al menos el título de un artículo escrito por Uslar Pietri en 1936: “Sembrar Petróleo”; en el que clamaba por un empleo productivo en el desarrollo de la agricultura y la industria de los ingresos petroleros que desde principios del siglo XX beneficiaban al país. Se lee lo siguiente:

“Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales”[3].

En 1990, en un artículo titulado “Los Venezolanos y el petróleo”, Uslar Pietri escribió:

“¿Hasta cuándo podrá durar este festín? Hasta que dure el auge de la explotación petrolera. El día en que ella disminuya o decaiga, si continuamos en las condiciones actuales, habrá sonado para Venezuela el momento de una de las más pavorosas catástrofes económicas y sociales”[4].
Los ingresos del petróleo se derrumbaron, vino el “Caracazo”, el fallido golpe de estado de Chávez, el gobierno endeble de Caldera y la elección de Chávez en 1999. Uslar Pietri murió en 2001, todavía lúcido para darse cuenta de cómo se cumplían sus predicciones.

III
Karl Popper pensaba que el mérito de la democracia era permitir a la sociedad deshacerse de los malos gobernantes sin derramamiento de sangre. Seguramente los acontecimientos de Venezuela y de otros países de América Latina lo habrían llevado a revisar ese concepto. La democracia puede ser también el medio de perpetuar los peores gobernantes, especialmente cuando están apoyados en un gigantesco aparato de propaganda y gasto desenfrenado disfrazado de “política social”. Pero esto no es una “latinoamericanada” más. Los encopetados y cultos países europeos también padecieron - y al parecer no están libres de volver a padecer - esos procesos mediante los cuales por procedimientos democráticos se amparan del poder las peores dictaduras. Según Hannah Arent, inclinarse por dictadores delirantes sería un rasgo de las sociedades modernas:

 “La sociedad se muestra siempre inclinada a aceptar inmediatamente a una persona por lo que pretende ser, de tal forma que un chiflado que se haga pasar por genio tiene unas ciertas probabilidades de ser creído. En la sociedad moderna, con su característica falta de discernimiento, esta tendencia ha sido reforzada de manera que cualquiera que no sólo posea opiniones, sino que las presente en un tono de convicción inconmovible, no perderá fácilmente su prestigio aunque hayan sido muchas las veces en que se ha demostrado que estaba equivocado”[5]

LGVA
Julio de 2012.



[1] La estrategia de las misiones fue adoptada en 2003. Desde entonces se han lanzado unas 30 con diversos nombres y en diversas áreas.
[2] Mauricio Phelan (2006). La Pobreza en Venezuela http://fegs.msinfo.info/fegs/archivos/pdf/POB.PDF. Página 7.

[3] El artículo fue publicado el 14 de julio de 1936 como editorial del diario Ahora.

[5] Arendt, Hannah. (1967). Los orígenes del totalitarismo. Taurus, México, 2004. Página 386.

domingo, 8 de julio de 2012

La oferta de servicios religiosos en Colombia y la política pública.


La oferta de servicios religiosos en Colombia y la política pública.

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT

“…donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18,20)

I

Hace dos o tres meses en un recorrido por las calles de Necoclí, pueblo del Urabá Antioqueño, conté nueve sedes de sectas religiosas. Hay en el pueblo unas dos o tres iglesias católicas. En total: 10 confesiones o tendencias religiosas.  Una oferta amplia y diversificada de servicios de socorro y ministerio espiritual para los 14.000 habitantes del casco urbano. Algo similar ocurre en todo el País.

Hace tres o cuatro décadas la situación era distinta. La Iglesia Católica Romana, arropada en un concordato vigente desde finales del siglo XIX, monopolizaba el mercado de servicios espirituales. Se sabía de la existencia de algunos judíos de los que usualmente se suponía eran personas adineradas. Las otras vertientes cristianas, que se agrupaban todas bajo el nombre genérico de “los protestantes”, eran escasas en número y practicantes; sus pastores, usualmente jóvenes “gringos” encorbatados y en mangas de camisa repartían de casa en casa sus revistas – Atalaya, era una de ellas – y regalaban profusamente ejemplares del Nuevo Testamento de formato pequeño y pastas azules. De los protestantes se decía, en los años 50 y 60, que dentro de sus casas estaban todo el tiempo desnudos. Hay un cuadro del Maestro Fernando Botero, La Familia Protestante,  en cuya interpretación se han devanado los sesos los más encopetados críticos de arte. El cuadro muestra a los miembros de una familia todos desnudos confortablemente sentados en el  sofá de la sala. ¿Por qué están desnudos?. Simplemente, porque son protestantes y en sus casas los protestantes viven en pelota. Botero conocía bien ese mito urbano.

La Constitución de 1991, en su artículo 19 que consagró la libertad de cultos, puso fin al monopolio legal de la Iglesia Católica Romana. La ley 133 de 1994 desarrolló el precepto constitucional, señalando, en particular que: “Ninguna Iglesia o Confesión religiosa es ni será oficial o estatal. Sin embargo, el Estado no es ateo, agnóstico, o indiferente ante los sentimientos religiosos de los colombianos”[1]. A todas las confesiones o tendencias religiosas que lo soliciten se les reconocería personería jurídica.

Desde de entonces el número de confesiones religiosas ha crecido de forma exponencial: eran 15, en 1995, llegan a 2535, en 2010, según el Registro Público de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia. Un TACC de 40%. De continuar con este ritmo, en 15 años más tendríamos unas 400.000 religiones.


De los holandeses - cuya patria fue, en los siglos XVII y XVIII, el refugio de todos disidentes religiosos de Europa - se decía que bastaba con tres o cuatro de ellos para formar dos sectas religiosas.  Esta otra enfermedad holandesa se ha extendido a todos los países.  Existen  miles de sectas en el mundo y se dice que cada día aparecen 3 ó 4 más[2]. En 2010 se registraron diariamente 2,3 nuevas asociaciones religiosas en Colombia. Seguramente la exégesis de los textos religiosos, sujetos a múltiples interpretaciones, es suficiente para explicar la proliferación de sectas y variantes de todas las grandes religiones. También deben ayudar a esa proliferación los beneficios fiscales que en toda parte se otorgan a las iglesias.
En Colombia, de acuerdo con el artículo 23 del estatuto tributario,  no son contribuyentes del impuesto sobre la renta y complementarios, entre otros, los movimientos asociaciones y congregaciones religiosas, que sean entidades sin ánimo de lucro. Sus pagos no están sujetos a retención en la fuente y sus servicios están exentos del IVA. Las donaciones que reciben son deducibles de los impuestos a cargo de los donantes. Un gran número de docentes de las instituciones religiosas que prestan servicios educativos son pagados con recursos públicos[3]. También están libres de las contribuciones locales y sus inmuebles están exentos del impuesto predial. Este beneficio debe ser un incentivo muy poderoso en los pequeños municipios en donde es usual que los lugares de culto sean  los mismos inmuebles de habitación de los pastores y líderes espirituales. En Medellín se presenta un llamativo caso de integración horizontal: un centro de oración dominical durante la semana sirve de parqueadero público y de expendio de alimentos y bebidas.

II
Los economistas apreciamos desde siempre los beneficios de la competencia y ésta usualmente es mayor mientras mayor sea el número de oferentes. Adam Smith creía que la diversidad  de las creencias aumentaba la competencia entre los proveedores de los servicios espirituales conduciendo a un mejor servicio y a mayores niveles de religiosidad y más altas tasas de participación en las actividades del culto. Las iglesias dominantes en el mercado, pensaba Smith, terminan por perder su capacidad competitiva:

“…los predicadores de las nuevas religiones siempre han gozado de una ventaja muy grande cuando han atacado los sistemas antiguos y ya consolidados, pues el clero de estas confesiones, reposando en las ventajas adquiridas, olvidó conservar el fervor de la fe y de la devoción en la gran masa del pueblo; entregado a la indolencia ya no era capaz de un esfuerzo vigoroso  ni siquiera para afirmar las bases de su existencia. El clero de una religión establecida y bien dotada llega a componerse de hombres doctos y agradables, que poseen todas las virtudes de la gente de mundo, o aquellas dotes capaces de conquistarles la estimación de esa clase de gente; pero poco a poco van perdiendo aquellas cualidades, buenas o malas, que les conferían autoridad e influencia sobre las clases bajas del pueblo y fueron la causa principal del éxito y consolidación de su doctrina. Un clero de esta especie, cuando se ve atacado por una secta compuesta de gentes entusiastas y audaces, por estúpidas e ignorantes que sean, se siente completamente indefenso (…) en tales circunstancias no encuentra otro expediente que recurrir a la autoridad civil para que persiga, destruya o destierre a sus adversarios como enemigos de la paz pública”[4]

El gran Hume al parecer pensaba que los servicios religiosos eran un bien público y que el poder civil debía asignar un estipendio fijo a los directores espirituales de todas las obediencias para evitar los efectos nocivos de la competencia en el caso de que, como otras profesiones liberales, tuvieran que basar su sustento en “la liberalidad de las personas que siguen sus doctrinas y encuentran beneficio y consuelo en el socorro y ministerio espiritual que aquéllos les prestan”. Creía Hume que “cada uno de estos predicadores inspirados, para ganar prestigio  y santidad a la vista de los creyentes, les inculcará la repugnancia más violenta contra todas las demás sectas, y procurará también excitar con cualquier novedad la languideciente devoción de su auditorio. En las doctrinas que inculquen no habrá respeto para la moral, la decencia o la verdad. Las opiniones que adopten serán aquellas que mejor se acomoden a los desordenados apetitos de la naturaleza humana. Cada conventículo atraerá nuevos clientes, de acuerdo con la habilidad y actividad se sus expositores para apelar a las pasiones y la credulidad del populacho”[5]

Smith se aparta de Hume en este punto. Para él, siempre que el poder político se abstenga de apoyar una o unas pocas sectas mayoritarias, el celo de los predicadores por atraerse a los creyentes “se convierte en innocuo cuando la sociedad se halla dividida en doscientas, trescientas o aún millares de sectas pequeñas, ninguna de las cuales tiene la fuerza necesaria para perturbar la tranquilidad pública”[6].  En cuanto a los efectos de la prédica sobre la instrucción y la moralidad del pueblo, Smith, como buen representante de la Ilustración, confiaba en la educación y la ciencia. “La ciencia es el gran antídoto contra el veneno del fanatismo y de la superstición, y allí donde las clases superiores del pueblo se hallen protegidas contra esos males, las personas de inferior categoría corren menos riesgos de padecerlos”[7]. Estamos lejos de los presupuestos de Hume y de Smith.

El ecumenismo está muy extendido al menos en occidente y entre las vertientes del cristianismo. En lugar de combatirse las unas a las otras, las sectas se agrupan y conforman gremios para defender sus intereses y obtener beneficios de los estados. Aplicando la sabia regla de que “si no puedes vencer a tu enemigo, únetele” la Iglesia Católica Romana de Colombia es miembro de  la Federación Colombiana de Iglesias y Confesiones Cristianas que agrupa 100 sectas y de cuya junta directiva hacen parte dos obispos católicos. A fin de cuentas, el mercado es grande y el clero católico abastece más del 80% de la demanda[8].  

Las clases superiores de la que habla Smith no parecen estar muy cercanas de la ciencia y la filosofía y se muestran poco proclives a combatir la superstición y el fanatismo religiosos. Las propuestas y el accionar políticos están determinados en gran medida por los prejuicios y caprichos populares tal como se expresan en la encuestas de opinión. En todas partes las creencias religiosas permean el discurso político y se ha convertido casi en delito de opinión desestimar una creencia religiosa no importa lo estúpida que pueda ser. Son cada vez más escasos los dirigentes políticos que no busquen presentarse ante sus electores como intérpretes de la  palabra de Dios.

III
No es del caso discutir sobre el fundamento de la demanda de servicios religiosos. Ésta existe y da lugar a una oferta crecientemente diversificada.  El punto es saber cuál debe ser la política pública en relación con esta clase de servicios: ¿deben se subsidiados y gozar de las exenciones tributarias totales que tiene en Colombia?

La respuesta de la economía en este punto es clara desde Smith y está ratificada en los principios de la buena y vieja economía del bienestar: impuesto pigouvianos para corregir externalidades negativas; subsidios pigouvianos para propiciar las externalidades positivas[9]. La actividad de las sectas religiosas debe tener, para mucha gente, externalidades negativas, pero no es usual que alguien se atreva a señalarlas y menos aún a tratar de cuantificarlas[10]. Hablemos sólo de las positivas.

Hace algunos años Robert Barro y Rachel McCleary publicaron un trabajo titulado “Religion and Economic Growth”[11]. El resultado de la investigación, basada en datos de 59 países, es bien divertido. Encontraron que el crecimiento económico responde positivamente a la extensión de las creencias religiosas – especialmente, la creencia en el infierno y el cielo – y negativamente a la concurrencia a las iglesias. En otras palabras, está bien creer pero asistir mucho a la iglesia para producir bienes espirituales parece tener un costo de oportunidad en la producción de bienes materiales. Ahora bien, el problema es que parece que a mayor pluralidad religiosa, es decir, a  mayor proliferación de sectas, es mayor la tasa de concurrencia a las ceremonias religiosas, como pensaba Smith[12].

La información de Colombia considerada en el estudio corresponde a la época en que la Iglesia Católica Romana era aún la religión oficial y muy escasas las sectas que le disputaban el mercado. El índice de pluralidad religiosa, que es igual a 1 menos el valor normalizado del Herfindahl-Hirschman, estaba en 0.05. Hoy debe estar en 0.32,  si se asume que la Iglesia de Católica Romana mantiene un 80% del mercado y sus competidores en conjunto el porcentaje restante.  

IV
La pluralidad religiosa no parece  beneficiar el crecimiento económico. La evidencia sugiere que puede afectarlo negativamente. Puede mejorar el bienestar espiritual de las personas. En cualquier caso, de acuerdo con la teoría de la elección racional religiosa, esa pluralidad tiende a aumentar por sí misma como ha venido ocurriendo desde Lutero.  No hay razón alguna para que el estado la interfiera ni tampoco para que la estimule. Por esa razón los incentivos fiscales que fomentan la pluralidad religiosa son innecesarios, no parecen producir beneficio alguno  y son costosos. Su costo fiscal está creciendo de forma exponencial. Sin mucha esperanza de que sean acogidas, se proponen las siguientes medidas:

1.      Hacer que todas las instituciones religiosas registradas sean responsables del impuesto de renta y complementarios a una tasa reducida del 15% de sus ingresos gravables.

2.      Eliminar la exención del impuesto predial que parece ser la más perniciosa por dar lugar a prácticas oportunistas que afectan las finanzas de los municipios pequeños.

Es probable que este par de medidas disminuyan la proliferación de sectas de suerte que las nuevas que aparezcan estén fundamentadas, realmente, en la diversidad de las preferencias religiosas de las personas y no en lo que parece ser una gigantesca defraudación fiscal montada en nombre de Dios.

LGVA
Julio 2012.



[1] Ley 133 de 1994, artículo 2.
[2] Existen dos interpretaciones sociológicas del fenómeno de la proliferación de sectas. Está, de una parte, la teoría de la elección racional  (Rational Choice Theory) de Stark, Bainbridge, Finke, Iannaccone, etc.  de acuerdo con la cual la proliferación de sectas expresa la vitalidad de los sentimientos religiosos y responde a la diversidad de preferencias de los seres humanos en esa materia. Por su parte, la teoría de la secularización, que arranca con Weber y Comte, quienes predijeron el fin de la religión en un mundo cada vez más racional, ve en la proliferación de sectas una expresión de la decadencia de los sentimientos religiosos. Personalmente tengo la impresión de que la evidencia empírica milita a favor de la RCT.
[3] Este es el caso de las instituciones católicas. Ignoro si este beneficio se otorga igualmente a instituciones educativas de otras creencias.
[4] Smith, Adam. La riqueza de las naciones. Fondo de Cultura Económica, México, 1979. Página 693.

[5] Citado por Smith. La riqueza de las naciones. Fondo de Cultura Económica, México, 1979. Página 697. 

[6] Ídem, página 697.

[7] Ídem, página 700.

[8] Cualquiera sea la distribución del resto de la cuota entre los demás participantes, el mercado de servicios religiosos en Colombia tendría un índice HH superior a 6.000 lo que lo convierte en un oligopolio altamente concentrado.  Las agremiaciones y asociaciones lo convierten en un oligopolio acartelado.
[9] La esencia del denominado “Teorema de Coase” es llamar la atención sobre la ambigüedad  en que se incurre al calificar como negativa o positiva una externalidad. ¿Negativa o positiva para quién? Lo usual es aceptar – cuando los derechos de propiedad no están bien definidos y la negociación es impracticable – la calificación que  le da a una externalidad la opinión dominante.

[10] La interrupción del tráfico por las  procesiones de Semana Santa; los altavoces de los "Cristianos" en lugares públicos o las visitas de puerta en puerta de Testigos de Jehová o los  Mormones, por mencionar algunas, son actividades que causan agravio a muchas personas. Deben ser muy grandes los costos sociales de la enseñanza de principios religiosos contrarios a la ciencia y a la comprensión del funcionamiento de la sociedad política.

[11] Barro y McMacleary (2003). Religion and Economic Growth. NBER.  Working Paper 9682

[12]“…. the religious pluralism indicator (…) has a significantly positive coefficient in the system for monthly church attendance. This pattern accords with the religion-market model’s argument that greater diversity of
religion would encourage competition among religion providers and lead, thereby, to better service and higher rates of attendance” Barro y McMacleary (2003). Página 21.

sábado, 7 de julio de 2012

El sector eléctrico y la competitividad de la economía


El sector eléctrico y la competitividad de la economía

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT

La capacidad instalada del sector eléctrico es de 14.420 MW, de los cuales 68% son hidráulicos y el 32% térmicos. El sistema cuenta con 21 embalses con una capacidad útil de 15.180 Gwh, equivalente al 27% de la demanda comercial anual, la cual bordea los 58.600 Gwh y muestra un crecimiento anual promedio superior al 3%. La demanda máxima de potencia es de 9.250 MW. Las pérdidas representan un 12% de la demanda comercial. El sector residencial el 44% del consumo, el industrial el 32%, el comercio el 17% y 7% el gobierno y otros sectores. El Sistema Interconectado Nacional cuenta con 24.400 kilómetros de líneas. Con Venezuela hay una interconexión de 205 MW para importación y 336 MW para exportación; con Ecuador se tienen 250 MW para importación y 500 MW para exportación. Se avanza en la construcción de la interconexión con Panamá que tendrá una capacidad de 300 MW. En 2011 se exportaron 1.294 Gwh por un valor de US $ 92 millones. Desde 2003 se han exportado US $ 871 millones. 

Existen 41 generadores activos, 69 comercializadores, 29 distribuidores y 9  transportadores. Hay 4.468 usuarios no-regulados, 4.741 fronteras de usuarios regulados y  409 fronteras de alumbrado público. Aunque el número de agentes registrados es elevado, la realidad es que en el sector se presenta cierto grado de concentración y se evidencia la conformación de grupos empresariales con presencia en todas las actividades de la cadena y, en algunos casos, en otros campos de los servicios públicos domiciliarios e inversiones en el exterior.
En 1992, como consecuencia de un fenómeno de El Niño extremamente agudo, se presentó un racionamiento de 14 meses de duración. Este fue el catalizador de las reformas de los años 90 plasmadas en las leyes 142 y 143, desde entonces vigentes con modificaciones menores. Desde entonces El Niño se ha presentado dos veces sin que en el País se haya apagado un bombillo. Tampoco consiguieron interrumpir el suministro de forma perceptible los múltiples atentados terroristas contra la infraestructura eléctrica de los años noventa y primeros del presente siglo. Continuidad y confiabilidad del suministro: ese es principal aporte del sector eléctrico a la competitividad de la economía.  La garantía de que esto continúe, además del control del orden público, es estabilidad y consistencia de una regulación que ha dado confianza a los inversionistas nacionales y extranjeros. Los problemas de orden público que están afectando el avance de proyectos tan importantes como Porce IV y El Quimbo merecen mayor atención por parte del Gobierno Nacional.

El segundo aspecto del efecto sobre la competitividad tiene que ver con el precio de la electricidad para el consumo industrial. Recientemente el gobierno eliminó el sobre-precio de 20% a los consumos de la industria. A pesar de este alivio, algunos industriales insisten en que las tarifas eléctricas son todavía demasiado elevadas frente a las de otros países con los cuales se enfrenta competencia directa. Esta es una cuestión fundamental que debe ser encarada por todos los agentes involucrados – gobierno nacional, regulador, empresas eléctricas e industriales - mediante estudios rigurosos que tengan en cuenta las características del sector eléctrico colombiano y el de los países con los cuales se compara. En particular no son pertinentes las comparaciones con países donde la electricidad es subsidiada, como Venezuela o Argentina. También es preciso examinar de forma desagregada la estructura de costos y de cargos de todos los componentes de la cadena eléctrica.

LGVA
Julio de 2012.


jueves, 28 de junio de 2012

Los “derechos” de los animales


Los “derechos” de los animales

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT

“Reconoceremos los derechos a los animales apenas lo soliciten” (Anónimo)

I

El Consejo de Estado profirió recientemente un fallo en el cual “exige evitar el sufrimiento de los animales en cualquier tipo de eventos, como corridas de toros, circos y mataderos”[1]. Los animalistas y ambientalistas están exultantes. Andrea Padilla, de la Fundación Anima Naturalis, señala que la decisión del Consejo “tiene elementos como el concepto de la vida y la muerte digna de los animales, la obligación del Estado para proteger y velar por los derechos de los animales. Este concepto abre una esperanza impresionante para el futuro de los animales en materia legislativa y jurídica (…) Con este fallo (…) vemos una gran posibilidad y el espaldarazo para abolir no sólo las corridas de toros, sino el uso de animales en circos, en donde son vulnerados sus derechos”.  Con su frivolidad usual, la prensa bobalicona ha hecho eco de esas declaraciones, proclamando que se trata de una decisión histórica.  Y es verdad, decisión del Consejo de Estado es histórica, como han dicho los ambientalistas, pero no por lo que ellos creen, sino por las consecuencias que tiene para los derechos de los seres humanos.

II

A nivel mundial, la teoría de los derechos de los animales es promovida,  desde hace varias décadas, por una organización denominada Animal Liberation Front[2], cuya acción está inspirada en la obras Animal Liberation, del filósofo australiano Peter Singer, y The Case for Animals Rights , de Tom Regan, filósofo estadounidense.  
Realmente Singer, más que de derechos de los animales, habla de la necesidad de tener en cuenta en nuestro actuar el interés de los animales, interés que tiene su fundamento en su capacidad de sentir dolor. Escribe Singer:

 “All the arguments to prove man's superiority cannot shatter this hard fact: in suffering the animals are our equals.”
Con esto nadie puede, en principio, estar en desacuerdo y es esa consideración la que está en la base de los sentimientos de afecto y compasión que la mayoría de los seres humanos experimenta frente a los animales. Incluso, en la medida en que está en el campo de lo razonable,  podría servir de fundamento a una discusión y una decisión política  - es decir, a una discusión y decisión de humanos – sobre lo que es o no admisible en el trato que dispensamos a los animales.

La posición de Regan es diferente y más radical. Su punto de partida es la negación de que el fundamento de los derechos humanos sea el hecho de que el ser humano sea animal racional. Su argumento, aparentemente fuerte, puede resumirse de la siguiente forma:

Si la base de la consideración de un ser vivo como ser moral, es decir, como objeto de derechos, es su condición de ser racional, a los bebés y los dementes tendríamos que negarles sus derechos. Si no se los negamos, tampoco podemos negárselos a otros seres vivos. En consecuencia, la base del reconocimiento de los derechos debe ser otra distinta al hecho de ser racional. Regan postula como fundamento del reconocimiento de los derechos la capacidad de sentir dolor o experimentar placer. En consecuencia serían objeto de derechos todos los seres vivos dotados de un sistema nervioso central o algo similar.
Desde Aristóteles entendemos que la naturaleza del ser está definida por su pleno desarrollo. Los bebés son objeto de derechos porque un día serán adultos y podrán reclamarlos. Los dementes están privados de algo que naturalmente deberían tener. Por esa razón a unos y otros les reconocemos derechos de que están dotados todos los seres humanos en su pleno desarrollo o en el uso total de las capacidades que los definen como tales.
Pero aceptemos el postulado de Regan: la base de los derechos es la capacidad de sentir dolor o experimentar placer. Imaginemos ahora una cebra, un antílope o un ñu en la sabana africana, el Senguereti. Como se sabe estos herbívoros son el alimento de los leones, las hienas, los perros salvajes y demás carnívoros que allí habitan también. Cuando una cebra vieja o un bebé cebra son acorralados por una manada de perros salvajes, éstos no la matan previamente para comérsela sino que se la van comiendo a dentelladas. Puede trascurrir un tiempo más o menos largo antes de que la cebra muera como consecuencia de las mordeduras. Entre tanto, el dolor que experimenta debe ser aterrador: los perros se la están comiendo viva.
Hemos admitido que la cebra es titular de derechos y es absolutamente claro que con su proceder los perros salvajes le están violando, por lo menos, el derecho a una muerte digna. ¿Qué hacer? Si admitimos los derechos de la cebra, y sin dejar de lado el hecho de que también, por hipótesis, los perros salvajes tienen derechos, hay varias opciones posibles:
·         Persuadir a los perros salvajes para que no se coman la cebra antes de matarla.
·         Impedir por la fuerza que los perros salvajes se coman la cebra.
·         Separar a las cebras de los perros salvajes.
·         Liquidar a todos los perros salvajes.
·         Sacrificar a las cebras y alimentar con su carne a los perros salvajes.
·         Educar a los perros salvajes para que se vuelvan vegetarianos.  
Pueden imaginarse otras opciones más o menos absurdas. Para salir de ese sinsentido, el animalista debe admitir que los animales no respetan los derechos de los otros animales porque no pueden hacerlo. Unas especies viven a base de comerse otras: en el mundo natural la supervivencia es cuestión de dientes y garras.  No podemos decir que los perros salvajes o los lobos violen los derechos de las cebras o los corderos cuando se los comen. Y si los animales no pueden reconocerse los derechos los unos a los otros, ¿por qué los hombres  tenemos que hacerlo?. Si el animalista responde que el hombre debe reconocer los derechos de los animales porque el hombre es racional, todo el andamiaje de su teoría se derrumba.
Abundemos en este punto. Supongamos por un momento que, como consecuencia de la explosión de una supernova o un acontecimiento cósmico similar, la especia humana  pierda su capacidad racional y quede en igualdad de condiciones con los demás animales. En ese caso, ¿tenemos “derecho” a defendernos por la fuerza de sus ataques?, ¿tenemos “derecho” a matarlos y a comer su carne?. La negativa es un imposible lógico. El animalista debe responder afirmativamente a esas preguntas porque estaríamos en la misma condición que los perros salvajes y los lobos. Si lo hace así debe aceptar que la base de los derechos es la racionalidad de la especie humana.
III
El error fundamental de quienes propugnan por los “derechos de los animales” consiste en ignorar la naturaleza específica de la especie humana  en lo que la diferencia de otras especies vivientes. Es del análisis racional de esa naturaleza de donde surge como consecuencia lógica la idea de derechos propios de la especie humana y de ninguna otra más. Murray Rothbard presenta esta espléndida síntesis:
“Las personas poseen derechos no porque nosotros sintamos que los tienen, sino en virtud del análisis racional de la naturaleza del hombre y del universo. Brevemente, el hombre tiene derechos porque son naturales. Se fundamentan en su propia naturaleza: en la capacidad humana de hacer elecciones conscientes, en la necesidad en que se encuentra de utilizar su mente y su energía para adoptar los fines y los valores, para conocer el mundo, para perseguir sus objetivos de tal modo que pueda vivir y progresar, en su capacidad y su necesidad de comunicarse e interactuar con otros seres humanos y de participar en la división del trabajo. En síntesis, el hombre es un ser racional y social. Ningún otro animal, ningún otro ser posee esta capacidad de razonar, de hacer elecciones conscientes, de transformar su medio ambiente para avanzar, para desarrollarse, para colaborar voluntariamente en la sociedad y en la división del trabajo. Por tanto, aunque los derechos naturales (…) son absolutos, hay un aspecto en que son relativos: son relativos a la especie humana. Una ética de los derechos para el género humano es esto cabalmente: es una ética para todos los hombres, con independencia de la raza, la religión, el color o el sexo. Es una ética para la especie hombre”[3]
IV
Las consideraciones anteriores serían una mera digresión académica si no fuera por las implicaciones prácticas del pensamiento y la acción de los animalistas. Hay que decirlo con toda claridad: el animalismo es un ataque en regla, camuflado de buenos sentimientos, contra las formas modernas producción y consumo humanos  y una de las mayores amenazas contra la libertad.  En las múltiples conferencias que da a  lo largo y ancho del mundo, invitado por toda suerte de ONG ambientalistas, Tom Regan proclama sin reato alguno el objetivo de su accionar:
“I regard myself as an advocate of animal rights — as a part of the animal rights movement. That movement, as I conceive it, is committed to a number of goals, including: the total abolition of the use of animals in science; the total dissolution of commercial animal agriculture, the total elimination of commercial and sport hunting and trapping. There are, I know, people who profess to believe in animal rights but do not avow these goals. Factory farming, they say, is wrong - it violates animals' rights - but traditional animal agriculture is all right. Toxicity tests of cosmetics on animals violates their rights, but important medical research — cancer research, for example — does not. The clubbing of baby seals is abhorrent, but not the harvesting of adult seals. I used to think I understood this reasoning. Not any more. You don't change unjust institutions by tidying them up. What's wrong — fundamentally wrong — with the way animals are treated isn't the details that vary from case to case. It's the whole system”[4].
Es difícil encontrar un punto de vista más anti-capitalista y más totalitario. Y sin embargo, los auditorios bobalicones aplauden extasiados, los gobiernos adoptan legislaciones restrictivas y en todas partes se desata la histeria colectiva contra quienes gustan de las corridas, cabalgan sus caballos, se divierten con los tigres en los circos o usan ratas en sus laboratorios. Aplicada en todas sus implicaciones lógicas, las tesis animalistas nos conducen inexorablemente a la posición del bondadoso  Albert Schweitzer, premio nobel de la paz en 1952, quien negaba que tuvieramos el más mínimo derecho de pisar una cucaracha.  
V
La especie humana tiene un millón de años sobre la tierra. La vida civilizada 5 ó 6 mil. Durante miles de años, nuestros congéneres de las cavernas cazaron y mataron toda suerte de animales para alimentarse con su carne, para arroparse con sus pieles, para construir instrumentos con sus huesos. Posteriormente domesticaron algunas especies y las utilizaron para transportarse, para trabajar, para divertirse.  No tenían alternativa  porque no está en su naturaleza adaptarse instintivamente al medio, como las plantas o los animales. Esto no lo entiende el animalista. Desde su perspectiva toda la historia humana es inmoral. El hombre es un intruso perverso que con su acción destruye el medio donde las plantas y los animales vivían en santa paz antes de su aparición.
El problema con las tesis animalistas, de lo contrario no valdría la pena dedicarles más que la frase del inicio,  es que tienen una amplia acogida entre la mayoría de las personas que, sin alcanzar a ver sus implicaciones, las asimilan a los sentimientos de cariño y compasión que todos experimentamos frente a los animales. Cada vez más oponerse al animalismo está por fuera de lo que se considera políticamente correcto. Hay que combatir el animalismo y negarles a sus partidarios el monopolio de los sentimientos de compasión y respeto con los animales. También es necesario decir con toda claridad que su posición es anti-capitalista, contraria a la libertad y enemiga de la especie humana.

LGVA
Junio de 2012.