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viernes, 2 de enero de 2026

El Capitán Alatriste

 

El Capitán Alatriste

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

Catorce años después de la arriesgada aventura italiana de El puente de los asesinos y casi treinta de la primera aparición del personaje y su cortejo de entrañables amigos y sórdidos enemigos, Arturo Pérez-Reverte nos trae una nueva aventura del Capitán Alatriste, esta vez una secreta y peligrosa Misión en Paris, ideada por el Conde-Duque de Olivares, Valido del Rey Felipe IV.  

En el tiempo histórico de la Saga, la Misión en Paris acontece un año después de las aventuras de El puente de los asesinos. Se trataba de acabar con el Dogo de Venecia y poner en su lugar uno más favorable a los intereses del Rey Católico. Una vez más, Don Francisco de Quevedo y Villegas actúa como intermediario entre la corte y los hombres de armas encabezados por Alatriste, que deben dar los golpes de mano que ocultamente favorecen los intereses del Reino de las Españas, comprometido en disputas de escala planetaria con todas las potencias europeas.



Las Aventuras del Capitán Alatriste son, por supuesto, una maravillosa recuperación del apasionante género de capa y espada con el trasfondo histórico del Siglo XVII, el del inicio de la larguísima decadencia del Imperio Español, con el ocaso del sol en Flandes, pero es también el Siglo de Oro, en el que España alcanzó las más elevadas cumbres literarias con Cervantes, Lope, Calderón, Tirso, Quevedo y Góngora. Los personajes de la saga leen a estos autores, conocen sus versos y asisten a la representación de su teatro. Alternan con ellos en las calles y plazas del Madrid de 70.000 habitantes y 400 tabernas en que habitan personajes históricos y de ficción, tan reales los unos como los otros en el poderoso relato de Pérez-Reverte.

El más presente es, por supuesto, Quevedo, compañero de copas y espadas del Capitán Alatriste en siete de los ocho tomos de la saga. Lope aparece paseando en las Gradas de San Felipe y toca la cabeza Íñigo Balboa, paje de Alatriste y narrador de la saga. “No olvides a ese hombre ni este día”, le dice a su pupilo el Capitán.  Más tarde, Quevedo, relaciona a Íñigo y Alatriste con Calderón, quien habría sido soldado en Flandes.

En el Caballero del jubón amarillo se representa una comedia de Tirso de Molina, “La huerta de Juan Fernández”, protagonizada por María de Castro, el amor imposible del Capitán. En este tomo se encuentran deliciosas conversaciones sobre la literatura del momento:       

“Por cierto, leí el Quijote en Sicilia – comenta el Capitán Contreras – Y a fe que no me pareció tan malo.

Ni a mi – apuntó Quevedo- Ya es novela famosa, y sobrevivirá a muchas otras”.

También, el XVII, es el siglo de Diego Velásquez, amigo personal de Alatriste. Según Íñigo, Diego el pintor habría rendido homenaje a Diego el espadachín retratándolo en el extremo derecho de La rendición de Breda.



 Estaré sumergido en la lectura de toda la Saga hasta mediados de enero. Cuando termine, volveré a la política, pues, hoy, en Colombia, como diría Quevedo, no queda sino batirse. 

LGVA

Enero de 2026

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