miércoles, 16 de noviembre de 2016

Donald Trump o la amenaza proteccionista

Donald Trump o la amenaza proteccionista

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT

La elección de Donald Trump supone un alto riesgo para la economía global si llegan a materializarse sus promesas proteccionistas como el retiro de los Estados Unidos del NAFTA, en caso de que sus socios no acepten su renegociación, y la  imposición de aranceles elevados a las importaciones procedentes de China. La economía mundial ha conseguido evitar impactos  más graves sobre el crecimiento y el empleo de la crisis de 2008-2009 gracias a la política monetaria a ultranza de los grandes bancos centrales y, principalmente, a que la mayoría de países de mundo han resistido hasta ahora la tentación proteccionista, permaneciendo fieles a sus acuerdos de libre comercio y a las reglas de la OMC. El resurgimiento del proteccionismo en los Estados Unidos puede desatar una guerra arancelaria que daría al traste con la frágil recuperación de la economía mundial. 

En su clásico estudio “La crisis económica 1929-1939”, Kindleberger muestra que el comercio mundial, medido por el valor de las importaciones de setenta y cinco países, pasó de un valor mensual de US$ 2.998 millones, en enero de 1929, a US$ 2.739 millones en enero de 1930, para una caída de 9%.  En los años siguientes se presentaron caídas de 33%, 35% y 18% de tal suerte que en enero de 1933, en lo más profundo de la depresión, el comercio mundial era una tercera parte del registrado en enero de 1929. Entre 2008 y 2009 las importaciones mundiales cayeron un 23%, al pasar de US 15,8 billones a US$ 12,2 billones. En 2010 y 2011 se recuperaron vigorosamente, creciendo 20% en cada uno de esos años. Posteriormente han continuado aumentando, aunque a tasas inferiores, 2% anual.

En la gráfica se muestra la evolución del índice importaciones en los cuatro años siguientes a los de las crisis bursátiles - 1929 y 2008, respectivamente -que se toman como año base. Para el período 1929-1933 se tomaron las cifras de comercio mensual de mercancías reportadas por Kindleberger y para el período 2008-2012 se usaron datos de la OMC.  El contraste no puede ser más marcado. 



Cuenta Kindleberger, que las tendencias proteccionistas habían comenzado a manifestarse ya en los años 20. Con el objeto de ponerles freno, se realizaron en 1927 y 1929 sendas conferencias económicas mundiales en las que se pactaron reducciones arancelarias que no llegaron a materializarse a causa de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos, donde, en mayo de 1929,  la Cámara de Representantes había aprobado el proyecto de arancel Smoot-Hawley, que se convertiría en ley en junio de 1930, a pesar de las protestas formales de 38 países y del rechazo de 1028 economistas de Estados Unidos que pidieron al presidente Hoover que vetara la ley[1].  La reacción no se hizo esperar y en el curso de unos pocos meses Suiza, Canadá, Italia, Francia, México, Australia, Nueva Zelanda elevaron sus aranceles.[2]. El “remedio casero” del partido Republicano, como Schumpeter denominó el arancel Smoot-Hawley, había desatado una guerra arancelaria que provocó la violenta contracción del comercio mundial y ahondó la recesión en todos los países.

Con cifras de 2014[3], Estados Unidos, con un 12,6%,  es el primer importador mundial de mercancías y el segundo exportador, con una participación de 8,5%.  Es también el primer importador y exportador de servicios comerciales. El 27% de sus importaciones proceden de Canadá y México, sus socios del NAFTA, y allá van también en el 34% de sus exportaciones. De China llegan el 19,9% de sus importaciones y allá van el 7,7% de sus exportaciones. Cualquier medida unilateral contra estos países tendría impactos fuertes sobre sus economías. México y Canadá están muy expuestos ya que el 80%  y el 75% de sus exportaciones respectivas van a Estados Unidos. China está menos expuesto con un 18%. 

No se  necesita mucha ciencia económica para comprender lo que infructuosamente los economistas norteamericanos trataron de hacerle entender al presidente Hoover y a los políticos de Washington. Sin embargo, como el proteccionismo no parece haber sido completamente extirpado, no está fuera de lugar recordar sus sencillas y sensatas palabras a propósito de la implantación del arancel  Smoot-Hawley:

“Nuestro comercio de exportación sufrirá. Los otros países no pueden comprarnos permanentemente a menos que les permitamos vendernos, y cuanto más restringimos las importaciones provenientes de ellos por medio de tarifas elevadas más reducimos la posibilidad de venderles nuestras exportaciones”.

Y añadían esta advertencia:

“Hay ya múltiples evidencias de que tal acción inevitablemente provocará que otros países nos paguen con la misma moneda mediante la aplicación de gravámenes retaliatorios contra nuestros productos”[4]

Y así sucedió en efecto en los años 30 y volverá a ocurrir ahora pues ni entonces ni hoy Estados Unidos está libre de represalias comerciales. Si esto ocurre, al igual que en aquel entonces, la política de empobrecer al vecino terminará por empobrecer a todo el vecindario.

LGVA
Noviembre de 2016.




[1] Este documento, que salva en algo el honor de la profesión pues al otro lado del Atlántico Mr Keynes estaba proponiendo gravar las importaciones, se reprodujo en 2007. Entre las firmas destacadas se encuentran las de Irving Fisher y Frank Taussing. Véase:  “Economists Against Smoot-Hawley” en Econ Journal Watch Volume 4, Number 3, september 2007, pp 345-358.

[2] Véase: Kindleberger, Ch. P. (2009). La crisis económica 1929-1939. Editorial Capitán Swing, Madrid, 2009. Páginas 209-213 y páginas 277-286.

[3] World Trade Organization (2016). Trade Profiles 2015. Página 193.  https://www.wto.org/english/res_e/booksp_e/trade_profiles15_e.pdf

[4] “Economists Against Smoot-Hawley” en Econ Journal Watch Volume 4, Number 3, september 2007, pp 349. 

1 comentario:

  1. Excelente análisis económico. Sin embargo, el análisis político va a otro ritmo. Igual podría pensarse que hay nuevas fuerzas en el planeta que harán reacomodar dicho status quo tan cómodo para la libertad económica. Entre otras, a todos los analistas políticos y económicos nos queda una fuerte enseñanza; debemos repensar más las estrategias y los análisis; cuestionar y revisar más detenidamente las encuestas y los encuestadores y quizá esto le muestre al mundo la necesidad u obligación de un nuevo liderazgo a Europa, que aunque igual puede estar girando a la derecha, porque por el momento, EEUU tendrá cuatro años iniciales de reacomodo institucional con las consecuencias económicas nefastas señaladas por el artículo.

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