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jueves, 9 de abril de 2026

Raponazo anunciado a la autonomía del emisor

 

 

Raponazo anunciado a la autonomía del emisor

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

La asamblea constituyente de 1991 fue la gran piñata de los “derechos sociales”. Pletóricos de altruismo, los asambleístas de todos los partidos se complacieron unos a otros y, con una ligereza conceptual sorprendente, convirtieron en derechos toda clase de necesidades, como si el acto de consagrarlas en la Constitución bastara para hacerlas realidad. Aquella expansión retórica del catálogo de derechos tuvo, sin embargo, un contrapeso decisivo.

Rodrigo Lloreda Caicedo, al frente de la Comisión Sexta de Asuntos Económicos, comprendió con claridad las implicaciones fiscales y monetarias de ese impulso desbordado. Sabía que un Estado obligado a prometerlo todo terminaría tentado a financiarlo de cualquier manera. Por ello logró introducir los artículos 371, 372 y 373, que consagraron la autonomía del Banco de la República. Esa decisión, en apariencia técnica, ha sido en realidad una de las más importantes salvaguardas institucionales de la estabilidad económica del País.

Dichas disposiciones establecieron que el manejo monetario, cambiario y crediticio quedaría en manos de la Junta Directiva; que el Banco tendría autonomía administrativa, técnica y financiera; que su Junta estaría integrada por expertos; que su función primordial sería preservar el poder adquisitivo de la moneda; y que el crédito directo al gobierno quedaría prácticamente proscrito. Se trató, en suma, de blindar la política monetaria frente a la voracidad fiscal.

Los resultados fueron evidentes. A partir de una inflación del 33% en 1990, el País logró, en las décadas siguientes, reducirla a niveles entre 2% y 4% anual. La credibilidad del emisor y la disciplina monetaria permitieron anclar expectativas y estabilizar la economía. Sin embargo, esa independencia nunca fue absoluta.

La política monetaria solo puede operar plenamente si la política fiscal no la desborda. Cuando el gasto público supera el 35% del PIB y la deuda del gobierno absorbe el 85% del mercado de renta fija, como ocurre hoy, la autonomía del banco central se vuelve frágil. En ese contexto, el control de la inflación recae casi exclusivamente en el encarecimiento del crédito al sector privado.

El mecanismo es conocido: el banco central eleva sus tasas, encarece el crédito a los bancos privados, y estos, a su vez, trasladan ese mayor costo a empresas y hogares. La consecuencia es una contracción del crédito, una reducción de la demanda nominal y, finalmente, una moderación en el aumento de los precios. Es un instrumento eficaz, pero social y políticamente costoso.

Cuando el ajuste recae sobre el sector privado y el gobierno se muestra incapaz o renuente a corregir el déficit, surge la presión por intervenir el emisor: bajar tasas artificialmente, relajar las condiciones de crédito o, en el extremo, financiar directamente el gasto público. Todo ello bajo el pretexto de reactivar la economía o aliviar a los deudores. 

La intención de convertir el Emisor en un banco de fomento para financiar, entre otras cosas, la tal transición energética, estaba ya anunciada en el Plan de Desarrollo. Petro no ha hecho nada que no hubiese advertido en su programa de gobierno o su autobiografía, documentos que nadie parece haber leído.   

LGVA

Abril de 2026.

Anexo

Política monetaria en una lección

Tenía que llegar el día en que Petro lanzara el más brutal ataque contra la autonomía del Banco de la República y la política monetaria centrada en el control de la inflación. Los 3 artículos que la consagran son el ancla de la estabilidad macroeconómica en un país con una Constitución llena de “derechos sociales”, que son el germen del asistencialismo, el gasto público desaforado y déficit fiscal practicados por todos los gobiernos y aceptados como algo normal por la mayor parte de los economistas. Por ello, tal vez no sea inútil una breve explicación de la política monetaria practicada por el Banco. 

Cuando sube el precio de un bien o servicio cualquiera ello es resultado de una demanda excesiva con relación a la oferta en un momento y un lugar determinados. El alza del precio hace que algunos demandantes se retiren y, más adelante, que aumente la oferta disponible.

La inflación es un aumento generalizado y persistente de los precios de todos o la mayoría de bienes y servicios, resultante también de un exceso de demanda nominal. El problema es que en este caso la demanda nominal excesiva resulta de un gasto público excesivo con relación al recaudo tributario y/o de una expansión excesiva del crédito nominal a las empresas y los hogares.

Cuando se presenta la situación descrita, la capacidad de respuesta de la economía de aumentar la oferta de todos los bienes y servicios en el corto plazo puede ser muy limitada, porque hay poco desempleo o poca capacidad productiva ociosa. Esto significa que la única forma de frenar o desacelerar el alza de precios es restringiendo la demanda nominal.

Si el gobierno no quiere o no puede reducir el déficit fiscal, el único mecanismo para reducir la demanda nominal es obligar a los bancos a elevar los intereses de los créditos a las empresas y los hogares. Esto se hace encareciendo el crédito que el banco central otorga a los bancos privados.

La capacidad de un banco privado está limitada por el monto de reservas en moneda legal que debe tener en todo momento, el cual depende a su turno del crédito que le otorga el banco central. Cuando el banco central sube la tasa de interés a las que les otorga crédito, los bancos privados, pronto o tarde, se ven obligados a subir las tasas a la cuales prestan a sus clientes, pues de lo contrario incurrirían en pérdidas. 

Necesariamente, algunos de los clientes dejarán de demandar créditos y otros reducirán su volumen. Como el crédito se demanda para comprar bienes y servicios, su reducción, que se expresa en reducción de los depósitos en cuentas corrientes y de ahorros, implica una reducción de la demanda nominal y de esta forma una menor alza de precios.

El descrito es el mecanismo de transmisión de la política monetaria. El tiempo que trascurre entre el alza de la tasa de interés del banco central y su efecto sobre los precios es el lag o retraso de la política monetaria.

LGVA

Abril 2026. 


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