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sábado, 24 de junio de 2023

Microempresas electorales

 

Microempresas electorales

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

Las reglas electorales son el principal determinante del número, tamaño y duración de los partidos políticos. Entre mediados del siglo XIX, momento de la estructuración de ambos[1], y 1986, año de la reforma constitucional mediante la que se adopta la elección popular de alcaldes, los partidos Liberal y Conservador dominaron la política colombiana de forma indiscutida.

La Unión Republicana (UR) de Carlos Eugenio Restrepo[2], la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR) de Jorge Eliecer Gaitán[3] y la Alianza Nacional Popular (ANAPO) del general Gustavo Rojas Pinilla[4] fueron episodios de terceras fuerzas de poca duración que, con excepción del último, no alcanzaron a golpear el bipartidismo. La elección popular de alcaldes socavó rudamente las bases del bipartidismo; el régimen electoral de la Constitución de 1991, lo hirió de muerte. 

El enfoque de Anthony Downs en su Teoría Económica de la Democracia, ayuda a entender mejor lo que se expone a continuación. Downs define partido político como “…equipo de hombres que solo desean sus cargos para gozar de la renta, el prestigio y el poder que supone la dirección del aparato gubernamental”. Los partidos – añade - formulan su política como medio para conseguir votos, sirven a grupos de interés para mantener u obtener sus puestos, son empresarios que “venden políticas a cambio de votos en lugar de productos a cambio de dinero”[5]. 

Bajo el régimen de la constitución de 1886, en el que las elecciones eran una lotería con un solo premio - la presidencia de la república, de la cual dependían todos los puestos públicos – era necesario ser socio de grandes empresas electorales para llegar al más mínimo cargo. Esto, más que cualquier otra consideración, explica la persistencia del bipartidismo.

La elección popular de alcaldes abrió la posibilidad de empresas electorales más pequeñas, de ámbito municipal, las cuales, inicialmente, operaron como especie de franquicias de los partidos Liberal y Conservador y se mantuvieron así mientras éstos conservaron su antiguo lustre. “Liberalismo democrático”, “Conservatismo progresista” y otras de similar jaez, eran las marcas emergentes en esa nueva forma de hacer política. También empezaron a surgir alianzas y coaliciones multipartidistas a nivel local y los movimientos ciudadanos o independientes[6].

 Los sistemas proporcionales para la elección de cuerpos colegiados incentivan la proliferación de partidos más que los mayoritarios[7], bajo los cuales es difícil que prosperen más de dos o tres de forma duradera, como ocurre en las democracias anglosajonas. En Colombia la fortaleza del presidencialismo evitó que el sistema proporcional diera lugar a gran fragmentación partidista.

Todo esto cambió con la Constitución del 91 que, además de debilitar el poder presidencial, introdujo cambios en el sistema electoral que reforzaron los efectos atomizantes del sistema proporcional.

En las legislativas de 1994 y 1998 había ya 16 partidos. En 2002, se llegó a la increíble cifra de 60. La reforma política de 2003 – cifra repartidora, listas únicas por partido y umbral – introdujo un poco de orden y en las legislativas de 2006 fueron 20; 16 en las de 2010 y otros tantos en las de 2014 y 2018. En 2022 compitieron 25, incluidos 9 étnicos. Hoy, el Consejo Nacional Electoral (CNE) reporta 35 con personería jurídica. 

La atomización partidista hace que el discurso político se torne más específico y se dirija a grupos particulares de la población; dejando de ser un discurso sobre visiones de sociedad dirigido al conjunto de los ciudadanos.

Así, las elecciones revelan en grado sumo su más sórdida característica: ser un mero quid pro quo; un intercambio de promesas por votos, en el mejor de los casos, o de dinero por votos, en el peor. Un negocio en el que se venden avales y firmas y en el que algunos pueden lucrarse desmesuradamente con la reposición de votos, como un chocarrero millonario bumangués cuyo nombre todo mundo quiere olvidar.

LGVA

Junio de 2023.



[1] En 1848, José Ezequiel Rojas Ramírez, en un artículo titulado “La razón de mi voto”, publicado en el periódico El Aviso, esboza lo que se considera el programa fundacional del Partido Liberal. Un año después, en el periódico La Civilización, Mariano Ospina Rodriguez y José Eusebio Caro publican el programa del Partido Conservador.  

 

[2] La Unió Republicana surgió de la alianza política que en la Asamblea Nacional Constituyente de 1910 eligió presidente a Carlos Eugenio Restrepo. En las elecciones presidenciales de 1914, UR apoyó la candidatura de Nicolás Esguerra, que obtuvo el 11% de los votos; en las de 1918 apoyó a Guillermo Valencia, quien alcanzó 40% de la votación. Ya en 1922, la UR había desaparecido del panorama político.   

 

[3] Gaitán fundó la UNIR en 1933 y participó en las elecciones legislativas de 1935, fracasando estruendosamente. Este mismo año, Gaitán la disolvió y aceptó el nombramiento como alcalde de Bogotá que la hizo López Pumarejo.    

 

[4] La ANAPO fue fundada por el general Rojas Pinilla en 1961 como una alianza de liberales y conservadores. En las elecciones presidenciales de 1966 apoyó la candidatura de José Jaramillo Giraldo, alcanzando el 25% de la votación. En las de 1970, con el general como candidato, obtuvo el 40% de los votos y en las de 1974 solo el 10%, con la candidatura del su hija María Eugenia. En las elecciones de 1978 no tuvo candidato y en las de 1982 apoyó al conservador Belisario Betancur, quien a la postre fue elegido presidente. En adelante fue perdiendo fuerza e identidad inclinándose cada vez más a la izquierda hasta terminar absorbida por la Alianza Democrática M -19.  

 

[5] Anthony Downs abrió el campo del análisis económico de la política con su artículo “An economic theory of political action in a democracy”, Journal of political economy, Vol 65, No 2, 1957.  

[6] En la primera elección popular de alcaldes, 13 de marzo de 1988, los partidos liberal y conservador fueron mayoritarios, nada de sorprendente, eligieron conjuntamente el 85% de los alcaldes. No obstante, anticipando lo que vendría con fuerza después, aparecieron las coaliciones, que eligieron 25 alcaldes, y los candidatos inscritos por fuera de los partidos, 101 de los cuales resultaron electos. Véase: Gaitán, Pilar. “Primera elección popular de alcaldes: expectativas y frustraciones”. en Análisis Político. No 4, mayo-agosto de 1988. Universidad Nacional, Bogotá.

 

[7] Los sistemas electorales se dividen en mayoritarios y proporcionales. En los primeros la totalidad de los escaños o curules en disputa se asigna al partido que obtiene la mayoría de los votos; en los segundos la asignación se hace en proporción al número de votos emitidos. Existen dos grupos de métodos o fórmulas de asignación proporcional: los de residuo mayor y los de promedio mayor. El más conocido de los métodos de residuo mayor es de la cuota de Hare o de cociente electoral, que fue utilizado en Colombia hasta 2002. Los principales métodos de promedio mayor, también conocidos como de los divisores, son el de D´Hont y el de Sainte-Laguë. Con el método de D´Hont se aplica desde 2006.

 

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