Sencilla
defensa de la libertad de comercio
Luis
Guillermo Vélez Álvarez
Economista
Para un economista educado en
la tradición clásica del comercio internacional es claro como el agua que la
libertad comercial aumenta el bienestar de los consumidores de todos los países
que intervienen en ese comercio al aumentar la variedad y cantidad de bienes y
servicios a su alcance con un menor costo para todos.
El objeto de la producción es
el consumo de los individuos y su riqueza no es otra cosa que cantidad y
variedad de bienes y servicios que tiene a su disposición en un momento dado.
El estándar es el PIB per cápita anual.
Una nación es un territorio en
el que viven, producen, consumen y comercian entre sí cierto número de
individuos separados comercialmente de los demás individuos del mundo por unos
impuestos llamados aranceles y una moneda nacional.
Evidentemente, con relación a
los individuos que viven en el Chocó los que habitamos en Antioquia no formamos
una nación. Tampoco la formamos los individuos que habitamos Medellín con
relación a los demás habitantes del departamento de Antioquia. Tenemos la misma moneda y no hay aduanas ni
aranceles que impidan el comercio.
Es un hecho que los habitantes
del Chocó son menos ricos que los de Antioquia y los del resto de Antioquia
también lo son menos con relación a los de Medellín. Así las cosas, ¿Por qué no poner aranceles al
comercio entre los chocoanos y los antioqueños y hacer que entre cada grupo se
comercie en su propia moneda? ¿Por qué
no hacer lo mismo entre los de Medellín y el resto de Antioquia? ¿Por qué no
hacerlo entre los habitantes de El Poblado y los de Guayabal? ¿Por qué no poner
aranceles entre tú y yo y tener cada uno su propia moneda? ¿Por qué no volver a
la total autarquía y así volvernos todos más ricos?
Imagino que me dirás que eso
es lo más estúpido que has oído. Pues bien, poner o aumentar aranceles entre
naciones es igualmente estúpido.
La especialización o división
del trabajo y el intercambio libre y voluntario entre los individuos son dos de
los cinco pilares fundamentales de ese orden espontáneo que llamamos economía
de mercado. Los otros tres son la propiedad individual, el cálculo económico y
la moneda. Eso es lo que en un artículo del mismo nombre he llamado la
Atmósfera Económica. Puedes consultarlo en mi blog.
No he hablado ni de empresas
ni de estados. Los aranceles y la tal soberanía monetaria solo pueden
defenderse desde el punto de vista de los productores y de los políticos.
Productores de todas las épocas y países han siempre buscado convencer a los
políticos (reyes, presidente, parlamentarios, etc.) de que la riqueza de las
naciones coincide o es la de sus propias empresas. Eso es lo que Adam Smith
llamó mercantilismo. Después lo han llamado nacionalismo económico, soberanía
nacional, etc. Se habla de proteger el empleo nacional pero lo único que se
protege son los beneficios de empresarios incapaces de competir. Y, por
supuesto, el poder de los políticos que se debilita con la libertad económica.
La raíz de las dos últimas
guerras civiles europeas, mal llamadas guerras mundiales, fue el nacionalismo
económico. Ese es el origen último de todas las guerras.
Desde Adam Smith los
economistas pura sangre nos hemos esforzado por convencer a los políticos y la
sociedad toda de las ventajas de la absoluta libertad comercial y de la
completa libertad monetaria. Ojalá lo logremos antes de que otra guerra acabe
con la humanidad o nos condene a un brutal retroceso económico.
LGVA
Febrero de 2026.

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