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domingo, 31 de enero de 2021

La burda maniobra de Quintero Calle en la Junta de EPM

 

La burda maniobra de Quintero Calle en la Junta de EPM

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

Desde hace varias semanas el alcalde Quintero Calle viene presionando al doctor Álvaro Guillermo Rendón López para que renuncie a su cargo porque este, rehusando al melancólico papel de títere al que quería destinarlo, ha entendido que la gerencia de EPM está en el Edificio Inteligente y no en la Alpujarra.

El doctor Rendón López ha cometido varios “pecados” que hacen insoportable para el alcalde su permanencia en el cargo. Adelantó exitosamente las negociaciones con el consorcio CCC para que continuara con los trabajos de Hidroituango, impidiendo la parálisis del proyecto que habría sido fatal para los intereses de EPM y el País entero. Puso en la gerencia de AFINIA a una profesional de gran trayectoria, temple y carácter, que en poco tiempo ha mostrado extraordinarios resultados reconocidos por el Gobierno Nacional del que tiene toda la confianza y apoyo. Lo de AFINIA es más encomiable aun cuando se sabe que el alcalde y sus calanchines han hecho todo por entorpecer la labor de la gerente, impidiéndole la conformación de su equipo directivo porque ella se ha resistido a nombrar en altos cargos a recomendados del alcalde sin mérito alguno.  Por esa razón, Quintero Calle ha presionado insistentemente la salida de la doctora Blanca Liliana Ruiz Arroyave, gerente de AFINIA.   El Gerente Rendón se ha resistido como ha resistido también las presiones para que prescinda de directivos y profesionales experimentados y ponga en su lugar a personajes que no tienen otro mérito que su cercanía servil con el alcalde.

Llamadas, mensajes de WhatsApp, “razoneros” fletados, desestabilización y división del equipo de gerencia, informaciones falsas a los medios, anónimos infamantes y toda clase de acciones de sabotaje a la administración de Rendón han sido los medios empleados por el alcalde para forzar la renuncia del Gerente. Como nada de esto había funcionado, el alcalde recurrió a la más burda maniobra de que se tenga conocimiento en la historia de EPM y probablemente en la historia empresarial del País y del mundo entero.

En la reunión de la Junta del pasado 26 de enero, después de agotado el orden del día, que incluyó una magnífica presentación de la gerente de AFINIA sobre los avances de su gestión, el alcalde informó a los perplejos miembros de la Junta que el gerente había presentado renuncia de su cargo por motivos personales. Sin inmutarse, el alcalde agradeció a Rendón López por el gran trabajo realizado, deseándole éxito en sus futuras actividades.

Cuál sería la sorpresa de la junta cuando el gerente tomó la palabra y en lugar de agradecerle al alcalde, como todos esperaban, manifestó que no había renunciado ni por escrito ni verbalmente y que no tenía la intención de hacerlo en un futuro próximo pues aún le restaban muchas cosas por hacer al frente del Grupo EPM. El alcalde guardó silencio. Por increíble que parezca, eso fue lo que ocurrió en esa reunión: el alcalde les mintió en la cara a los miembros de la Junta Directiva.

Las personas que están en esa Junta merecen todo mi respeto. Puedo entender que hayan aceptado su designación con el loable propósito de contribuir a superar la crisis institucional en que las decisiones del alcalde han sumido a EPM. Puedo comprender que, en razón de la inexperiencia y la falta de información, se hayan visto implicados en decisiones cuestionables. Pero en los actuales momentos están obligadas a salir del silencio y fijar su posición que no puede ser otra que el apoyo irrestricto al Gerente no solo porque está haciendo bien las cosas sino porque ello significa ponerse del lado de la autonomía y el buen gobierno de EPM.

No importa que el alcalde los haya nombrado como nombró al Gerente. Aunque presida la Junta Directiva, el alcalde es un miembro más con un voto igual al de todos los demás. Es hora de hacérselo entender.

LGVA

Enero de 2021.   

viernes, 29 de enero de 2021

La compra de ISA por Ecopetrol: una buena idea

 

La compra de ISA por Ecopetrol: una buena idea 

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

Ecopetrol presentó al Ministerio de Hacienda una oferta no vinculante para adquirir la participación de la Nación en ISA, equivalente al 51,4% de sus acciones. Ojalá que esta transacción logre materializarse pues de ella se derivan grandes beneficios para el País, las empresas involucradas y sus accionistas.

El primero de ellos es el de los recursos frescos que recibiría la Nación para solventar sus urgencias fiscales. Para realizar el negocio, Ecopetrol emitiría acciones lo que le permite realizar la adquisición sin menoscabo de los recursos propios requeridos para realizar sus inversiones en otras áreas de su actividad. Adicionalmente, esa emisión daría un gran impulso al mercado de capitales, dándoles a los fondos de pensiones y cesantías oportunidad de diversificar sus portafolios.   

Se estima que las acciones de la Nación en ISA valen no menos de 15 billones de pesos, es decir, 2/3 de la suma que se busca recoger con la reforma tributaria de la que se ha venido hablando. Si se desprende de otros activos que aún tiene en el sector eléctrico – como las electrificadoras de Huila, Meta y Nariño y la Central Hidroeléctrica de Urrá – muy seguramente la Nación podría superar las actuales urgencias fiscales sin una nueva reforma tributaria o con una que no afecte a las empresas que luchan por salir de la recesión o, incluso, por su supervivencia.

Una eventual reforma tributaria podría limitarse a la rebaja de tres  o cuatro puntos del IVA y su generalización al 15%, acompañada de la ampliación de la devolución a las familias de menores ingresos. La reducción de la tarifa estaría ampliamente compensada por el mayor recaudo proveniente de la eliminación de las exenciones y exclusiones. Haga sus cuentas señor Ministro de Hacienda.

Algunas personas han señalado que el control mayoritario de ISA por Ecopetrol generaría problemas de conflictos de interés, dado que la empresa Expertos en Mercados, XM, operadora del sistema eléctrico y administradora del mercado mayorista de electricidad, es filial de ISA. No veo dónde puedan surgir esos conflictos de interés.

Ecopetrol es solo un autogenerador, como lo son otros grandes consumidores de electricidad. La eventual participación de los autogeneradores en el mercado – compra o venta en bolsa de pequeñas cantidades – se realiza por intermedio de los comercializadores que los representan. Los autogeneradores son tomadores pasivos de precios. Si Ecopetrol pretendiera transformarse en generador activo en el mercado, habría que replantear la situación. En cualquier caso, nada impide que un decreto o resolución haga extensiva a Ecopetrol la prohibición de participar en generación que hoy tiene ISA.

Tampoco se vislumbra un conflicto de interés proveniente del hecho de que Quion, filial de Ecopetrol, participe en el mercado de gas en el que se abastecen los generadores térmicos. Las decisiones de producción de los generadores térmicos – sus ofertas en bolsa y sus ventas de largo plazo – son un asunto en el que nada tiene que ver Ecopetrol o cualquier empresa que les suministre el combustible para operar sus plantas. Sería hilar muy fino imaginar que un activo de transmisión se declarara indisponible para inducir la generación forzosa de un cliente para venderle más gas. 

La actividad de XM, operación del sistema y administración del mercado, está estrechamente reglamentada por las resoluciones de la CREG y los acuerdos de Consejo Nacional de Operación. El mérito de XM es hacer lo que tiene que hacer y durante sus años de existencia lo ha venido haciendo de forma rigurosa y transparente como reconocen unánimemente los agentes del mercado. Lo ha hecho como filial de ISA y esta situación no cambia en lo absoluto porque Ecopetrol se convierta en accionista de esta última.

Se ha dicho que la eventual venta de ISA a Ecopetrol es la oportunidad de transformar a XM en un ISO, Independent System Operator, como los que existen en Estados Unidos y Canadá. Independiente quiere decir aquí independiente de un transmisor en términos de propiedad.

Existen dos tipos de operadores de sistemas eléctricos y administradores de mercado. El ya mencionado ISO y el TSO, Transmission System Operator. La característica de este último es que la empresa que opera el sistema y administra el mercado es propiedad de una empresa transmisión. Este modelo predomina en Europa, en cuyo mercado único operan más de 50 TSO. Los ISO de Norteamérica son propiedad de los agentes del mercado, como el famoso PJM, o del gobierno de un estado, como el de Texas. Funcionan como entidades sin ánimo de lucro, a diferencia de sus contrapartes de Europa que tienen otras actividades lucrativas no reguladas y venden sus servicios en otros países. Desde 2005 XM es un TSO.

Los expertos de la Misión de Transformación Energética, en su último informe al Ministerio de Minas y Energía, hacen una serie de propuestas para reforzar la independencia de XM de ISA, pero se muestran cautos con relación al asunto de la propiedad. Al respecto indican lo siguiente:

“La solución propuesta al esquema de propiedad de XM parece lógica en principio, sin embargo, llevarla a la práctica tendrá complejidades que tal vez no hayan sido previstas en la propuesta”    

Después de enunciar algunas de esas complejidades, concluyen lo siguiente:

“Se propone entonces fortalecer la separación legal existente, incluyendo dentro del gobierno corporativo de XM aspectos como administradores independientes, esto es, que se considere que todos los miembros de la Junta Directiva de XM sean independientes”.

Me parece muy razonable esta propuesta. No tiene sentido abandonar un esquema que ha funcionado bien durante ya 15 años, por el temor de que deje de hacerlo en algún momento indeterminado del futuro, para poner en su lugar uno – el ISO - que no es tan pacífico y funcional como algunos creen y cuya implantación entraña desajustes institucionales completamente innecesarios.

LGVA

Enero de 2022.

 

¡Adelante con la revocatoria de Quintero Calle!

 

¡Adelante con la revocatoria de Quintero Calle!

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

La realización de elecciones periódicas es el procedimiento de las democracias para deshacerse de los malos gobernantes. Cuando los votantes se equivocan, hay que armarse de paciencia y esperar a enmendar el error en la siguiente elección, confiando en que los daños causados no sean demasiado graves.

La revocatoria es un procedimiento excepcional para poner fin al mandato de un alcalde o un gobernador antes del término normal. Las condiciones de la revocatoria son exigentes, para evitar que se convierta en un mecanismo que le sirva a la oposición para entorpecer la gestión de los gobernantes. Solo debe recurrirse a ella cuando las cosas están insoportablemente mal como es el caso de Medellín con su alcalde Daniel Quintero.

El concejal Alfredo Ramos Maya ha hecho un listado de los 50 escándalos de desgobierno del alcalde Quintero, sin que nadie lo haya desmentido. Burocratismo, nepotismo, clientelismo, amiguismo, improvisación, dilapidación y toda clase de desafueros son las características de un pésimo mandato. Lo más protuberante es el manejo que el alcalde la ha dado a EPM, acabando con su gobierno corporativo y entronizándose en ella como despótico autócrata.

A parte de Ramos Maya, los demás concejales guardan un vergonzoso silencio comprado con prebendas burocráticas. También guardan silencio personajes de la política local, en particular algunos ex – alcaldes de la ciudad, cuya gestión ha sido calificada casi de truhanesca por Quintero Calle. Los gremios locales, igualmente maltratados como sus afiliados, se declaran neutrales, escudados en los estatutos de sus entidades. No imagino lo que habría sido del País si la ANDI se hubiera declarado neutral frente a la dictadura de Rojas Pinilla.  

Supuestamente los procesos de revocatoria deben ser “sociales” o “cívicos”, al margen de la política. Esto es una hipocresía. La revocatoria, al igual que la elección, es un hecho político en sus consecuencias y en su motivación.

Pero no en términos de la política meramente partidista sino de la política como visión sobre el orden económico e institucional. Apoyo la revocatoria porque el alcalde Quintero representa una visión que rechazo totalmente. Es la visión de los enemigos de la economía de mercado y propiedad privada y de la democracia y las libertades.  Apoyo la revocatoria de Quintero, como apoyaría la de los alcaldes de Bogotá y Cali, porque las fuerzas políticas que representan son una grave amenaza para los pilares fundamentales de nuestra sociedad.

Las actuaciones de Quintero Calle - la destrucción del gobierno corporativo de EPM, el desmantelamiento de Ruta N, el estrangulamiento financiero de la CIB, sus ataques al empresariado antioqueño y la descarada utilización del presupuesto del Municipio para granjearse apoyos políticos - no son meros errores, resultado de la inexperiencia o la improvisación. Son acciones sistemáticas orientadas al debilitamiento de la actividad empresarial privada y al fortalecimiento de un aparato gubernamental puesto al servicio de los intereses de la izquierda totalitaria que busca alcanzar el poder en las elecciones presidenciales de 2022. Eso es lo que está en juego y lo mismo está ocurriendo en Bogotá y Cali. No nos llamemos a engaños.

Increíblemente no son pocos los dirigentes políticos, incluso de primer orden, que no se han percatado de lo que está ocurriendo y no ven en ello más que una repetición del juego clientelista de la política tradicional al que están habituados y que, abierta o soterradamente, brindan su apoyo a los alcaldes Bogotá, Medellín y Cali. La inconciencia es de tal magnitud, que una figura de la talla de Cesar Gaviria fanfarronea públicamente diciendo que Quintero es una ficha suya. Como los políticos venezolanos opuestos a Carlos Andrés Pérez que creían que Chávez era la ficha de ellos y que lo podían controlar.    

Un proceso de revocatoria exitoso requiere grandes recursos humanos y económicos. Es ingenuo creer que las firmas requeridas para convocar la votación pueden ser recogidas por un puñado voluntarios tocando las puertas de sus vecinos. También es ingenuo imaginar que la gente concurrirá a los puestos de votación sin una vigorosa campaña de medios y propaganda similar en sus alcances a las de las elecciones cuyo resultado se trata de revocar. Además de buena voluntad se requiere gran activismo político e ingentes recursos financieros. Sin ello, la revocatoria está condenada al fracaso, lo que sería extremadamente grave pues ello redundaría en el fortalecimiento del alcalde Quintero y las fuerzas políticas de la izquierda totalitaria que representa. ¡Ojo con el 2022!

LGVA

Enero de 2021.

 

martes, 26 de enero de 2021

Anexo a la parábola de la emisión monetaria

 

Anexo a la parábola de la emisión monetaria

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

Algunos lectores de la parábola de la emisión monetaria han tenido la gentileza de recordarme que Keynes, Krugman, Stiglitz y muchos economistas más, recomendaron la expansión monetaria para enfrentar una recesión. Eso es cierto, esa idea se le ocurre a cualquiera. Incluso Hayek, tan enemigo de la manipulación de la oferta monetaria por el gobierno, en Precios y Producción, concedió que una política monetaria a ultranza podía ser remedio para una recesión profunda, como la que agobiaba al mundo en los años 30. La llamó política del “desesperado”.

Las monedas nacionales no están vinculadas al precio de ninguna mercancía, como en el patrón de oro, o al precio de ninguna otra moneda, como en el régimen de tipos de cambios fijos de Bretton Woods, por eso su cantidad puede aumentar sin límite alguno. El objetivo de la parábola era explicar eso y señalar los riesgos que entraña.  

Para evitar que los gobiernos abusen de la emisión de dinero, se han establecido en muchos países normas para esta se haga de la forma más técnica posible y ajustada a las necesidades de la economía.  La primera de ellas es la autonomía de la banca central, consagrada en Colombia por el artículo 372 de la Constitución.

La propuesta del senador Petro de “emitir dinero para los pobres” técnicamente quiere decir que el Banco de la República le otorgue al Estado un crédito directo, es decir, un préstamo no mediado por las operaciones de mercado abierto, mediante las cuales el Banco expande o contrae la oferta monetaria comprando o vendiendo títulos de deuda pública o privada. Al respecto, el artículo 373 de la Constitución señala lo siguiente:

“Las operaciones de financiamiento a favor del Estado requerirán la aprobación unánime de la junta directiva, a menos que se trate de operaciones de mercado abierto”.

Esta norma es fundamental pues ella evita que el banco emisor se convierta en la caja menor de un gobierno irresponsable.  

Pensando en situaciones verdaderamente desesperadas, que no es el caso de Colombia, en lo que llamó la trampa de liquidez, Keynes, en la Teoría General habló de enterrar botellas con billetes para que la gente las sacara y gastara a su antojo ese dinero. Friedman usó la metáfora audaz de helicópteros lanzando dinero sobre las ciudades. Pero algo va de las metáforas de Keynes y Friedman a las ideas que, con toda seriedad, el senador Petro lanza a la topa tolondra para cautivar incautos.

Los artículos 371, 372 y 373 de la Constitución son la piedra angular de la estabilidad macroeconómica del País.  Acabar con la autonomía del Banco y poner en manos de un eventual gobierno de Gustavo Petro el manejo discrecional de la oferta monetaria para "repartir plata a los pobres", sería como entregar a un niño de cinco años un bisturí para que haga una operación de corazón abierto con los ojos vendados.

LGVA

Enero de 2021.

lunes, 25 de enero de 2021

La emisión monetaria y la parábola de Pedro, Juan, el banco y el gobierno (A propósito de las propuestas de Petro, Fajardo, Navarro y demás luminarias de la izquierda colombiana)

 

La emisión monetaria y la parábola de Pedro, Juan, el banco y el gobierno

(A propósito de las propuestas de Petro, Fajardo, Navarro y demás luminarias de la izquierda colombiana)

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

“Aunque el príncipe tenga el poder de sellar la moneda por la utilidad común, sin embargo, él mismo no es dueño o propietario de la moneda de su principado. La moneda es instrumento equivalente para permutar riquezas naturales (…) Así pues, en sí misma es posesión de aquellos a quienes pertenecen las riquezas de ese tipo. (…) la moneda no es sólo del príncipe (…) podría el príncipe adquirir para sí dinero ajeno (…) recibiría monedas de buen peso y entregaría monedas de peso mutilado por el tiempo. (…) Todo cambio de moneda (…) implica falsedad y decepción, y no puede corresponder al príncipe (…) en tanto que el príncipe obtiene lucro de ello, es forzoso que la comunidad misma sufra daño. Y todo lo que el príncipe hace en daño de la comunidad es injusticia y acción tiránica (…) Y si tal príncipe dijera, tal como suelen mentir los tiranos, que él convierte tal lucro en utilidad pública, no se le puede conceder crédito, ya que por esa misma razón él podría privarme de mis ropas y decir que tiene necesidad de ellas por el bien público”

(Nicolás Oresme, Tratado de la primera invención de las monedas, Siglo XIV)

 

La emisión monetaria como solución salvadora de las dificultades económicas ejerce, desde siempre, una increíble seducción sobre las mentes perezosas. No basta que se recuerde la experiencia de los gobiernos que siguiendo esa ilusión han destruido las economías de sus países; los políticos colombianos, secundados por economistas mal entrenados, insisten en invocarla.  A esas mentes perezosas está dedicada esta parábola.  

El empresario Pedro llega a su banco y solicita un crédito. Evaluadas las garantías de pago, el banco se lo otorga, le abre una cuenta corriente y le entrega una tarjeta que le permite hacer retiros en los cajeros automáticos o hacerle traslados a terceros en pago de los bienes y servicios que le suministran. Esta es una historia trivial que está ocurriendo todos los días, pero detenerse en ella permite develar los “secretos” de la emisión monetaria que no son otra cosa que los de los registros contables de los dos agentes involucrados en la operación: Pedro y su banco.

Como el banco otorgó un crédito, en su activo registra una cuenta por cobrar a Pedro y, al mismo tiempo, en su pasivo registra el depósito en la cuenta corriente de este. Por su parte, Pedro registra en su pasivo la cuenta por pagar al banco y en su activo el depósito en su cuenta corriente. La tabla 1 muestra las operaciones contables correspondientes.

Tabla 1 


La moneda nominal se crea siempre mediante una operación de este tipo. La moneda nominal es a la vez un activo y un pasivo, tanto para el banco como para Pedro, es decir, que Pedro le debe al banco lo que el banco le debe a él y viceversa.

Pedro sale al mundo y compra a Juan recursos productivos – trabajo, tierra, capital productivo – para combinarlos y obtener bienes y servicios; y paga haciendo una transferencia de su cuenta corriente a la de Juan. Veamos las operaciones contables a las que esta transacción da lugar.

La cuenta corriente de Pedro queda en cero; pero, evidentemente, su deuda con el banco se mantiene porque aún no ha pagado. En la cuenta corriente de Juan aparecen los 100 que antes tenía Pedro, con la diferencia de que para Juan esos 100 son un activo neto porque los ha recibido en contra partida de un activo real: los recursos productivos puestos a disposición de Pedro. En la contabilidad del banco permanece, evidentemente, la acreencia sobre Pedro y aparece la cuenta corriente de Juan con un saldo de 100. La tabla 2 muestra los registros contables de los tres agentes.  

Tabla 2

 


Como la operación productiva fue exitosa, los bienes y servicios producidos por Pedro llegan al mercado donde son comprados por Juan, quien, evidentemente, paga con su cuenta corriente. La cuenta corriente de Juan queda en cero y a la de Pedro retornan los 100. La contabilidad de los agentes la muestra la tabla 3.

Tabla 3

 


Luego, como buen cliente, Pedro paga al banco su acrecencia con los recursos de su cuenta corriente que queda en cero, al igual que las demás cuentas. La contabilidad de Pedro y el banco es la que aparece en la tabla 4 y el proceso puede reiniciar.

Tabla 4

 


Lo que ocurre con Pedro, Juan y el banco es lo que está pasando todo el tiempo en las economías monetarias modernas. La moneda se crea y se destruye de forma permanente en el proceso de transportar los bienes y servicios reales. La moneda no es la riqueza, es el vehículo que la transporta. La moneda nominal se crea de la nada por una operación contable de doble signo y se destruye en operación simétrica de signo contrario.

Imaginemos que en la operación inicial en lugar de 100 se hubieran emitido 200 unidades de moneda. ¿Qué habría pasado? Nada desde el punto de vista de la producción real porque por el solo hecho de que haya más moneda Juan no puede poner a disposición de Pedro más recursos productivos y este no puede obtener de estos más bienes y servicios finales que los que permite la tecnología existente. Y si son 50 tampoco cambian las cosas.

Dado que la moneda es el vehículo que transporta los bienes y servicios, en un vehículo de 200 unidades monetarias irían más holgados, por así decirlo, tendrían precios nominales más altos. Si son 50, los bienes y servicios viajan más estrechos, es decir, con precios nominales más bajos.

En un momento dado la cantidad de moneda que circula en la economía y el nivel de precios nominales a ella asociado, es completamente irrelevante desde el punto de vista de la economía real. Una economía estacionaria podría funcionar con cualquier cantidad de moneda como también podría hacerlo una en la que la oferta monetaria creciera exactamente al mismo ritmo en que lo hace una producción real que tenga siempre la misma composición.

El problema son las variaciones en el ritmo de crecimiento de la cantidad de dinero y la forma como se introduce en la economía el dinero adicional.

No hay sino dos formas de introducir dinero en la economía: creándolo para los empresarios o creándolo para el gobierno. El dinero se crea para el gobierno de la misma forma que se crea para las empresas: mediante una operación contable de partida doble que lo saca de la nada.

Supongamos que el gobierno obtiene del banco un crédito de 50, adicional al crédito de 100 otorgado a Pedro.

La tabla 5 presenta las operaciones de creación de dinero para Pedro y el gobierno. Además de la cuenta por cobrar a Pedro, en el activo del banco aparece una cuenta por cobrar al gobierno y en su pasivo, además de la cuenta corriente de Pedro, aparece la cuenta corriente del gobierno. También se puede suponer que en lugar de las cuentas corrientes que a lo que aparece en el pasivo del banco se le llama “billetes y monedas en circulación”, como en el balance del Banco de la República.  

Tabla 5



 

Exactamente como antes de la aparición del gobierno, Pedro sale a la economía real y compra a Juan recursos que empleará en sus actividades productivas. Como el gobierno no es empresario no compra nada a Juan.

La tabla 6 muestra los saldos del balance de los protagonistas después de la transacción de compra de recursos productivos. La cuenta corriente de Pedro queda en ceros, pero mantiene su deuda en el banco. Juan tiene 100 en su cuenta corriente pero no le debe nada al banco porque los obtuvo en una transacción real. La posición del gobierno no ha cambiado.

Tabla 6



 

Una vez más Pedro es exitoso en su actividad productiva y lanza al mercado los bienes y servicios finales producidos con los recursos productivos comprados a Juan.

Pero hay un hecho novedoso: del lado de la demanda aparece un nuevo comprador, el gobierno, que no ha vendido nada en el mercado de recursos productivos pero que tiene un poder de compra creado de la nada por el banco.

Pedro recibe en su cuenta corriente 150 provenientes de las cuentas corrientes de Juan y el gobierno que quedan en ceros. Después de la transacción, los balances de los agentes quedan como se presenta en la tabla 7.

Tabla 7

 


Examinemos en detalle lo ocurrido. Pedro ha vendido la totalidad de los bienes y servicios por 150: a Juan 100 y al gobierno 50. Sin embargo, el desafortunado Juan solo ha recibido 2/3 los bienes y servicios que recibía antes de que apareciera el gobierno en escena. Es decir, Juan ha sido expropiado por el gobierno que, sin aportar recursos productivos, se queda con 1/3 de la producción de bienes y servicios finales. Esta expropiación se ha producido mediante el alza en los precios nominales de los bienes y servicios.

Como antes, Pedro, responsable con sus obligaciones financieras, paga al banco el crédito inicial de 100, pero su cuenta corriente ha quedado con un saldo neto de 50. Los balances de los agentes después de que Pedro cancela su acreencia se muestran en la tabla 8.

Tabla 8

 


 La forma en que se reanude el circuito económico dependerá de lo que el gobierno quiera hacer con su deuda con el banco. Si decide pagarla, no puede hacerlo sino apropiándose de la cuenta corriente de Pedro, es decir, cobrándole un impuesto. Aunque odiosa, esa sería la mejor salida. Como el nivel de precios se ha elevado a hasta 150, Pedro tendrá que pedir un crédito de 150 para reanudar el circuito.

Pero es posible que el gobierno decida continuar "ayudándoles a los pobres" y no pagarle al banco. Para ello tendrá que pedirle un nuevo crédito al banco por no menos de 50 unidades monetarias. Así las cosas, el circuito económico se reanuda con los balances presentados en la tabla 9.

 Tabla 9



 

No es necesario referirse a las transacciones de los mercados de servicios productivos y de bienes finales que se siguen, el lector puede hacerlo por su propia cuenta.

Las cosas pueden continuar indefinidamente en términos nominales mientras que la economía real se deteriora progresivamente porque, como los seres humanos no son piezas de ajedrez que el gobierno pueda mover a voluntad sin provocar reacción alguna, ocurrirán las siguientes cosas:

·         Juan, cansado de la expropiación persistente, seguramente renunciará a vender sus recursos productivos a Pedro y se los llevará a otro lugar. Sacará su capital del país y es probable que él mismo emigre para huir del expolio.

·         Pedro también se cansará de lidiar con una moneda cada vez más depreciada, reducirá su nivel de actividad y, muy seguramente, conjuntamente con Juan, buscarán una moneda diferente, de valor estable, para realizar las menguadas transacciones que se necesitan para lo más básico.

En fin, el gobierno enloquecido continuará saqueando al banco mientras la economía real se destruye y la gente se hace cada vez más miserable. Seguramente también tratará de obligar a Pedro y Juan a producir, convirtiéndolos en miserables esclavos. Tristemente, eso es lo que viene ocurriendo en Venezuela desde hace más de 20 años. 

LGVA

Enero de 2021.  

sábado, 23 de enero de 2021

¡Se le está cayendo la estantería a Quintero Calle!

 

¡Se le está cayendo la estantería a Quintero Calle!

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

Como un frágil castillo de naipes se derrumba el andamiaje jurídico-político-mediático de la demanda contra los contratistas de Hidroituango ordenada por el alcalde Quintero Calle.

Quintero montó su campaña a la alcaldía en los más absurdos y despiadados ataques contra los directivos, profesionales y trabajadores de EPM y sus contratistas, justamente en los momentos en que estos hacían esfuerzos sobrehumanos para evitar la tragedia de proporciones gigantescas que habría seguido al colapso de la presa. Los héroes de esas jornadas se convirtieron en villanos, mientras que su acusador resultó elegido alcalde de Medellín.

Ante la imposibilidad de conseguir un contratista sustituto que terminara la obra en el plazo requerido, para evitar el riesgo de racionamiento que entraña el aplazamiento de la entrada de Hidroituango en operación comercial, el alcalde y el gerente de EPM se vieron obligados a mantener los actuales contratistas.  

No creo que esa decisión haya sido una muestra de sensatez. Es muy probable que en su irresponsabilidad el alcalde hubiera dejado paralizar la obra si no pendiera sobre su cabeza la amenaza de intervención y toma de posesión por parte de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, lo que habría puesto término a su manejo autocrático de EPM. Tal vez esto habría sido lo mejor.

Hay que decirlo con claridad: el gobierno corporativo del Grupo EPM está destrozado. El alcalde y un pequeño círculo de servidores obsecuentes hoy manejan o pretenden manejar a su amaño a EPM y todas sus filiales, interviniendo para colocar a sus amigotes en puestos directivos bien remunerados. Son varios los miembros del equipo de gerencia que responden directamente al alcalde Quintero, cuya secretaria privada en la alcaldía da órdenes directas a gerentes de filiales y funcionarios de EPM. El gerente Rendón está aislado y su presencia en EPM disgusta cada vez más al alcalde Quintero. Es muy probable que pronto prescinda de sus servicios para hacer recaer sobre él la responsabilidad de la desencaminada demanda.  

Con el Banco Interamericano de Desarrollo, financiador de Hidroituango, se suscribió recientemente un compromiso de gobierno corporativo que se está incumpliendo burdamente, poniendo en riesgo el desembolso de los créditos. ¿Y la novísima Junta Directiva de EPM? Bien, gracias, mirando para otro lado.  

La demanda contra los contratistas es la repetición de la historia ya protagonizada por Luis Pérez Gutierrez, quien en su condición de presidente de la junta directiva de Hidroituango ordenó demandar a EPM por un supuesto incumplimiento del contrato BOOMT, a pesar de que las partes tenían pactado un tribunal de arbitramento para dirimir sus diferencias. El Tribunal Administrativo de Antioquia, inicialmente, y, luego, el Consejo de Estado, señalaron que la demanda era improcedente porque no se habían surtido los pasos de arreglo directo y tribunal de arbitramento previstos contractualmente.

El Acta de Modificación Bilateral del contrato entre el consorcio constructor CCC y EPM, suscrita el 19 de octubre de 2018, contiene la siguiente cláusula:

“Las controversias relacionadas con la consecuencias económicas y programáticas derivadas de la emergencia ocurrida desde el 28 de abril de 2018 y de lo acordado en la presente AMB se someterán a un tribunal de arbitramiento conformado por tres árbitros que serán designados de mutuo acuerdo entre las partes. De no lograrse dicho acuerdo, los árbitros serán designados por el Centro de Arbitraje y Amigable Composición de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia. El Tribunal de Arbitramento tendrá su sede en la ciudad de Medellín (Antioquia-Colombia), será institucional y será administrado por el Centro de Arbitraje y Amigable Composición de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, se someterá a la ley 1563 de 2012 o a las normas que la sustituyan, modifiquen o complementen y decidirá en derecho”.

Hay pues un tribunal pactado cuya convocatoria solicitó a la Cámara de Comercio, el pasado 18 de enero, el consorcio CCC.

Donde existe la misma razón debe existir la misma disposición, reza el principio fundamental del derecho y de toda la vida social. Si el Consorcio está demandado por las consecuencias de la emergencia del 18 de abril de 2018, para cuya solución está pactado el tribunal de arbitramento, ni el Tribunal Administrativo de Antioquia ni el Consejo de estado pueden admitir la demanda de EPM.

Es difícil entender, sin que a la mente lleguen malos pensamientos, cómo unos asesores jurídicos, seguramente muy bien remunerados, han metido a su cliente en una situación a todas luces contraria a sus intereses. Son tres los grandes absurdos de a los que conduce la demanda:

1.    El dueño del proyecto es la Sociedad Hidroituango y el contratista es EPM, en los términos del contrato BOOMT. Si los subcontratistas de EPM resultan responsables lo es también EPM.

 

2.    Si los subcontratistas de EPM resultan responsables, EPM no puede alegar nada a su favor frente a las cuantiosas demandas de los habitantes aguas abajo por los supuestos perjuicios derivados de las contingencias de abril de 2018.

 

3.    Se debilita la posición de EPM frente a la aseguradora que ya había reconocido que los daños de la contingencia estaban cubiertos por la póliza.

 

Pero, además, como lo ha señalado el connotado jurista Javier Tamayo Jaramillo, en esclarecedor escrito sobre el asunto, la demanda adolece de graves errores técnicos. Dice el doctor Tamayo:

“Pero, sorpresivamente, al final del escrito, aparece con contundencia la invocación de la responsabilidad civil extracontractual, apoyada simultáneamente en una responsabilidad objetiva por actividades peligrosas (la construcción de represas), así como la cláusula general de que cualquier daño causado por culpa o dolo, debe ser indemnizado por su causante, en los términos del artículo 2341 del Código Civil.

Esta combinación de argumentos resulta antitécnica y peligrosa, pues los principios rectores de la responsabilidad civil establecen que el demandante no puede invocar, contra el mismo demandado, en una misma demanda, y para cobrar los mismos daños, la responsabilidad contractual y la extracontractual. Ambas responsabilidades son excluyentes entre sí. Por ello, si el daño es imputable a un incumplimiento contractual, la responsabilidad extracontractual es un tóxico que le hace perder congruencia a la demanda y la condena al fracaso. En ese sentido la jurisprudencia es unánime”

Y como si lo anterior fuera poco, los flamantes asesores jurídicos, o ignoraban la existencia de la cláusula compromisoria con CCC, lo cual los hace incompetentes, o sabían de ella, lo cual es un claro indicio de mala fe.

En resumen, la demanda perjudica a EPM, es antitécnica jurídicamente y al formularla se ignoró la existencia del tribunal de arbitramento pactado con el Consorcio CCC.

La caída de todo el andamiaje de la demanda contra los contratistas de Hidroituango, deja por el piso al alcalde Quintero Calle y a la flamante Junta Directiva que nombró para que lo secundara en ese despropósito. No obstante, el alcalde seguirá allí con su manejo autocrático del Grupo EPM, destrozando el gobierno corporativo, sembrando zozobra entre los funcionarios y arrastrando por el suelo el prestigio de la Entidad. ¿Qué hacer?

Los funcionarios de EPM y las filiales que están padeciendo esta horrible noche de desgobierno deben continuar cumpliendo con sus deberes y resistiendo al manejo arbitrario. Deben exigir que las ordenes ostensiblemente antitécnicas y antijurídicas sean dadas por escrito y denunciar por medio del sindicato de profesionales, la veeduría Todos por Medellín o cualquier otro recurso todas las irregularidades y arbitrariedades de las que tengan conocimiento.   

Los entes de control no pueden esperar que las actuaciones del alcalde Quintero provoquen mayores desastres administrativos y financieros. La Procuraduría debe hacer uso de su función preventiva y la Contraloría debe ejercer el control fiscal “preventivo y concomitante” al que la facultó el acto legislativo # 4 de 2019, reformatorio del artículo 267 de la Constitución. Si lo que está sucediendo en EPM no justifica la actuación preventiva de los entes de control es difícil imaginar qué pueda hacerlo.

LGVA

Enero de 2021.

 

 

sábado, 16 de enero de 2021

Trump, las tecnológicas y el neo-mercantilismo

 

Trump, las tecnológicas y el neo-mercantilismo

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

La expulsión de Donald Trump de las redes sociales controladas por las grandes empresas tecnológicas y la cartelización de estas en contra de “Parler”, plantean interesantes problemas conceptuales y prácticos a los defensores de la libertad.

Para justificar la censura a Trump se han empleado dos tipos de argumentos: los que se refieren al contenido mismo de los mensajes y los que tienen que ver con los recursos empleados para su difusión.   

Los que aceptan la censura en razón en contenido presuntamente despreciable del mensaje – incitación a la violencia, racismo, sexismo, etc. - parecen suponer que el censor será siempre alguien tan razonable y justo como ellos mismos creen ser. Evidentemente, esto es un gravísimo error que despoja a quienes así argumentan de toda razón para oponerse a la censura de su propio discurso por alguien con poder que lo encuentre despreciable.

El derecho que asiste a una persona a divulgar los productos de su mente no puede proceder de la valoración ética o estética de los demás. Admitir lo contrario equivale a retroceder al estado de la cuestión a mediados del siglo XVII, cuando Locke y Spinoza abogaban por la tolerancia religiosa. No es ocioso recordar las palabras de este último que parecen escritas a propósito de aquellos que solo son tolerantes con las ideas de su agrado: “No hacer a nadie lo que no se quiere que le hagan a uno y defender el derecho ajeno como el suyo propio”.

Estrictamente hablando no existe la llamada libertad de expresión. En la realidad, lo que las personas tienen es el derecho difundir su pensamiento utilizando para ello los recursos de su propiedad o los que le sean suministrados voluntariamente por un tercero. Si ese tercero decide, por cualquier razón, suprimir a cualquiera el acceso anteriormente acordado, está en todo su derecho de hacerlo, por desagradable que ello resulte para el censurado o sus seguidores. Como aparentemente esta es la situación de Trump y las gigantes tecnológicas, la cuestión está zanjada y al vapuleado Donald no le toca más que lamerse las heridas y buscarse otros medios para difundir sus ideas.  Sin embargo, el asunto admite algunos matices.

No hay caracteres más incompatibles que los del soberano y el comerciante, señaló Adam Smith y, a partir de esta simple proposición, desarrolló toda su doctrina de la financiación los gastos del gobierno exclusivamente con impuestos y no con los ingresos provenientes de cualquier actividad productiva desarrollada por éste.

Repugnaba a Smith la idea de un soberano convertido en comerciante, pero mucho más le repugnó la situación real de un grupo de comerciantes convertidos en gobierno, a cuya crítica está consagrada buena parte de la argumentación de La Riqueza de la Naciones.   

En efecto, el libro cuarto de La Riqueza de las Naciones es un extenso alegato, en general, contra el mercantilismo y, en particular, contra la British East India Company, la encarnación británica de los ideales y las prácticas mercantilistas. Creada en 1599, esta compañía privada con privilegios monopolísticos otorgados por la Corona, actuó durante 275 años como un verdadero estado, con ejercito y funciones de administración pública, hasta su disolución en 1874. El imperio colonial de británico fue creado por los comerciantes de la British East India Company, esa es la verdad moda y lironda. Este es también el caso de la célebre VOC de los holandeses.


 

Cuando alcanzan determinado nivel de actividad, todas las grandes empresas y todos los grandes negocios han tenido desde siempre un interés mercantilista, es decir, el interés de ser gobierno o de poner a su servicio los grandes recursos del estado. Todos aspiran a ser como la British. Lo mismo ocurrió en el siglo XIX con el carbón y los ferrocarriles y en el XX con las empresas petroleras, las del automóvil, la aviación, etc. Es lo que desde hace años está ocurriendo en China, con su mezcla de despotismo político y mercantilismo económico. Es a ese dominio sobre los gobiernos a lo que aspiran, en los albores del siglo XXI, las grandes empresas tecnológicas y sus acaudalados propietarios, imbuidos de las aspiraciones megalómanas a las que son propensos los poseedores de grandes fortunas.

Lo que está en juego es mucho más importante que la libertad de expresión de Trump o de cualquier otra persona en las plataformas controladas por las grandes tecnológicas. Los gobiernos metidos en los grandes negocios o los grandes negocios metidos en los gobiernos hacen más difícil el funcionamiento de la democracia y el ejercicio de la libertad. Por eso, aunque la forma específica de enfrentar y resolver ese problema es diferente en cada circunstancia histórica; el principio liberal del gobierno limitado, alejado de los negocios y financiado con impuestos tan neutrales como sea posible continúa siendo válido.

LGVA

Enero de 2021.

lunes, 4 de enero de 2021

La guerra de Vietnam

 

La guerra de Vietnam

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

La de Vietnam fue la guerra que a los miembros de mi generación nos tocó seguir en vivo y en directo. Por eso, es causa de sentimientos encontrados, verla convertida en una pieza más de la larga historia de las guerras de la humanidad en el monumental libro de Max Hastings[1], calificado de “Obra maestra” por Antony Beevor, el gran historiador de la Segunda Guerra Mundial.



Aunque ya entonces llevaba 23 años y faltaban siete más para su final, fue en 1968 cuando la guerra de Vietnam se convirtió en un acontecimiento cuyo suceder se incorporó a la vida cotidiana de millones de personas del mundo entero como consecuencia de la famosa Ofensiva del Tet, el Año Nuevo vietnamita.

Un año pródigo en acontecimientos fue 1968. Se inició con la Ofensiva del Tet, que marcó el comienzo del final de la guerra de Vietnam; continuó con el levantamiento estudiantil de mayo en París, que puso a tambalear el gobierno del General de Gaulle, y concluyó con la invasión soviética a Checoslovaquia en agosto, poniendo término al efímero experimento “socialismo con rostro humano” alentado por Alexander Dubcek con la famosa Primavera de Praga.

En lo militar la Ofensiva del Tet fue un rotundo fracaso. La idea era provocar un levantamiento popular masivo contra el gobierno de Vietnam del Sur, asaltando, con fuerzas combinadas del ejercito del Vietnam del Norte y los guerrilleros del Vietcong, treinta y seis de las cuarenta y cuatro capitales de provincia del Sur y decenas de pueblos y aldeas. El levantamiento popular no se produjo y las fuerzas comunistas debieron ceder poco a poco a las fuerzas estadounidenses y del ejercito de Vietnam del Sur el control de las ciudades y poblados que habían ocupado.

Sobre el saldo del Tet para los comunistas, escribe Hastings:

“Pasado el Tet, la moral del ejercito norvietnamita y el Vietcong estaba por los suelos. Eras conscientes de su derrota militar, en la que unos veinte mil hombres habían perdido la vida” (P. 520)

“Las pérdidas del Vietcong todavía se agravaron más – hasta llegar a unos cincuenta mil muertos – durante el segundo y tercer mini-Tet, en mayo y agosto de 1968, que fueron un fracaso espectacular” (P. 521)

Y sin embargo esto no fue lo que quedó en la mente de los dirigentes políticos y militares de Estados Unidos y, menos, por supuesto, en la de la opinión pública norteamericana e internacional. En su lugar se instaló la imagen de la humillación sufrida por la gran potencia con el asedio por unas cuantas horas de su embajada en Saigón por unos cuantos guerrilleros del Vietcong. Este fue un golpe demoledor para el prestigio de Estados Unidos y, en particular, para el del general William Westmoreland, que estaba al mando de la mayor fuerza militar desplegada por su país desde la Segunda Guerra Mundial.

Aunque no faltaron algunas advertencias bien documentadas de las que informa Hastings, la ofensiva del Tet cogió de sorpresa a los dirigentes y militares de Estados Unidos y Vietnam del Sur porque históricamente la llegada del año nuevo vietnamita estaba acompañada de una tregua en todos los frentes. El presidente Vietnam del Sur, Nguyen Van Thieu, estaba de vacaciones, razón por la cual no le tocó presenciar el ataque fácilmente repelido de 15 guerrilleros del Vietcong contra la sede de su gobierno.

En la Ofensiva del Tet los comunistas se tomaron la ciudad de Hue, la segunda del Sur, situada cerca de la frontera con del Norte, y pusieron sitio a la base de Khe Sanh, cuya caída habría sido el equivalente a la de Dien Bien Phu que puso fin a la guerra de Indochina con la derrota de Francia en 1954. En ambos lugares, Hue y Khe Sanh, se libraron cruentas batallas de las que salieron derrotados los comunistas, quienes sin embargo quedaron como los héroes y vencedores de la Ofensiva del Tet, en buena medida, gracias a la forma como los medios de comunicación presentaron los acontecimientos. Ese paradójico resultado, Hastings lo resume de esta forma: 

“El Tet fue una manifestación extraordinaria de una verdad importante sobre las guerras modernas: el éxito o el fracaso no se pueden juzgar solamente – ni siquiera principalmente – a partir de los criterios militares. La imagen es crucial, y los hechos de febrero de 1968 fueron percibidos como un desastre para las fuerzas armadas estadounidenses”. (P. 475)

Es comprensible, aunque no justificable en forma alguna que, al final de la Segunda Guerra Mundial, Francia se haya obstinado en mantener su desvencijado imperio colonial. A pesar de la exaltación exagerada que hacen los franceses de las acciones de La resistance, la verdad es que para los ocupantes alemanes estas no eran más que pequeñas molestias, poco significativas al lado sustancial apoyo que en recursos materiales y humanos les brindó el régimen títere de Vichy.

Para ser algo más que un país liberado entre otros y mantener su autoestima de gran potencia, Francia necesitaba preservar ese imperio colonial. O al menos eso era lo que pensaban los mediocres políticos de la Cuarta República que no vacilaron en desplegar la fuerza, con especial brutalidad, en sus posesiones de ultramar cada vez que se presentaba una revuelta anticolonialista. Lo hicieron en Argelia, Madagascar e Indochina.

En este último territorio encontraron una resistencia que no habrían podido contener – no se diga doblegar – de no haber contado con el apoyo de los Estados Unidos, especialmente a partir de 1950, después de que los comunistas chinos se tomaron el poder y empezaron a dar apoyo a sus camaradas vietnamitas. Para Estados Unidos en cierta forma lo de Vietnam se convertiría en un escenario más de su enfrentamiento con los comunistas chinos que había derrotado a su protegido Chiang Kai-shek, expulsándolo a Taiwan, y que apoyaron a Kim IL-sung cuando, en junio de 1950, su ejercito traspasó el paralelo 38 invadiendo a Corea de Sur.

Esto último permite destacar una diferencia fundamental entre la guerra de Corea y la de Vietnam. En la primera, Estados Unidos intervino para defender pequeño país de la agresión de un régimen comunista apoyado por la China de Mao y la Unión Soviética de Stalin. Aunque los dirigentes de Estados Unidos creyeron siempre que su intervención en Vietnam era de la misma naturaleza que la de Corea, los medios de comunicación, sensibles a la propaganda comunista, la hicieron ver como la continuación de una guerra colonialista en la que los imperialistas yanquis habían tomado el relevo de los fracasados imperialistas franceses.

Esa falta de legitimidad de las acciones bélicas ante los medios y la opinión pública reforzó la característica distintiva de Estados Unidos en el escenario internacional, el ser una potencia vacilante e insegura que, si la hubieran dejado en paz, se habría mantenido al margen de las dos guerras mundiales. Una potencia sin ambición alguna de convertirse en un imperio, como dijera Borges.

Su intervención en la Primera Guerra Mundial, que definió el resultado de la contienda, solo se produjo después de que Alemania decidió que sus submarinos hundieran barcos mercantes norteamericanos y de que el gobierno del Kaiser ofreciera su apoyo al gobierno de México para iniciar una guerra en su contra a fin de recuperar a Texas y los demás territorios perdidos en el siglo XIX. Muy probablemente, sin el ataque Pearl Harbor, Estados Unidos no le hubiera declarado la guerra al Japón y, muy seguramente, su intervención se habría limitado al enfrentamiento en el Pacífico sin entrar en Europa, si Alemania no le declara la guerra. En ambos casos, la historia de la humanidad habría sido muy diferente.

Aunque mucho antes de la salida definitiva de los franceses, Estados Unidos asumió el costo económico de la guerra de Indochina, desde un principio su intervención adoleció de falta de claridad en los propósitos y ausencia de determinación para alcanzarlos, lo que contrasta con la magnitud de las fuerzas desplegadas: 500.000 hombres y más de 2.000 bombarderos en su punto máximo. Resulta asombroso que esa fuerza estuviera destinada solamente a contener el avance de los comunistas en el Sur sin decidirse jamás a invadir a Vietnam del Norte por temor a provocar la intervención directa del ejército chino. Curiosamente, según documenta Hastings, ni los chinos ni los soviéticos estaban dispuestos a involucrar sus tropas en lo que Brezhnev llamó las “ciénagas del Vietnam”. Pero eso es algo que los estadounidenses ignoraban en ese momento.  

El Tet tuvo un efecto político devastador en los Estados Unidos. Johnson ordenó suspender los bombardeos más allá del paralelo 20, anunció su determinación abstenerse de participar en la carrera presidencial, empezó el retiro de las tropas y autorizó el inicio de unas conversaciones de paz en Paris a las que los comunistas enviaron un responsable de mediano rango. Querían, ciertamente, empezar conversar, pero no mostraban ningún afán por concluir. 

Cuando Nixon asumió la presidencia en 1969 tenía la determinación de llegar a un acuerdo sin que ello se interpretara como una rendición y sin menoscabar el prestigio de los Estados Unidos frente a los aliados que confiaban en ellos. Curiosamente los aliados europeos, que jamás acompañaron el esfuerzo de guerra, cuestionaban, en privado y en público, su intervención en Vietnam. El soberbio y desagradecido general de Gaulle, tan experto en derrotas militares, recomendó en repetidas ocasiones el retiro de las tropas norteamericanas y la transformación del Vietnam del Sur en un país “neutral”.

La lectura del libro de Hastings hace poner en duda el prestigio de Henry Kissinger como gran diplomático y, sobre todo, gran conocedor del funcionamiento de las cosas en el mundo comunista. Como sus antecesores, sobreestimó el grado de involucramiento efectivo y potencial de China y la Unión Soviética en Vietnam y creyó equivocadamente que el meridiano de la paz pasaba por Pekín y por Moscú. De ahí su peregrinaje persistente por esas capitales y por Paris, donde, desde 1968, se adelantaban unas conversaciones que los delegados vietnamitas deseaban prolongar.  

Hastings pone en evidencia la enorme cantidad de errores políticos y militares cometidos por los estadounidenses en Vietnam.  Todo eso puede ser cierto, pero el principal error de los Estados Unidos, con su estrategia de contención, fue el haberse dejado involucrar en lo que Mao Tse Tung llamara “la guerra popular prolongada”.

Un régimen totalitario puede eliminar o mitigar fácilmente las consecuencias políticas internas de las acciones militares, no así un régimen democrático sometido al escrutinio permanente de la prensa y a la realización de elecciones periódicas. En una democracia, la derrota militar de los comunistas en el Tet de 1968 habría acabado con la carrera política de Le Duan y los miembros de politburó que planearon y ejecutaron la ofensiva. Pero incluso, antes del Tet, las atrocidades de los comunistas y las grandes pérdidas militares les habrían enajenado totalmente el apoyo de la población si esta hubiera podido conocerlas por los medios, expresarse en manifestaciones callejeras y participar eventos electorales.

Y como si esto fuera poco está el cine. La imagen de la guerra de Vietnam en el mundo occidental es la transmitida por los patéticos personajes de las películas de Kubrick (Full Metal Jacket), Coppola (Apocalypse Now) y Stone (Platoon) que contrastan con los héroes de la Segunda Guerra Mundial presentados en la extraordinaria película de Spielberg, Rescatando al soldado Ryan.

Quizás no sea ocioso recordar que el soldado que debe ser rescatado, James Francis Ryan, es uno de los cuatro hermanos de una misma familia que participan en el desembarco de Normandía. Al enterarse de que tres de ellos han muerto en el combate, el general George Marshall ordena que James sea encontrado y enviado de inmediato al lado de su madre. En medio de esa espantosa guerra, que cobró millones de vidas, la de un solo individuo se hace especialmente importante y amerita ser preservada a cualquier costo. No creo que ninguno de los dirigentes comunistas del Vietnam hubiera actuado como el general Marshall en similares circunstancias. Y esto hace una gran diferencia.

Aunque la propaganda de la izquierda occidental convirtió a Ho Chi Minh, a Giap, a Le Duan y sus camaradas en “héroes liberadores”, nada oculta el hecho de que, como buenos comunistas, cuando conquistaron el poder, en el Norte, primero, y, luego, en el Sur, propagaron el terror, acabaron la libertad e impusieron un régimen totalitario completamente inhumano. Por eso, y con todo lo que sabemos del comunismo hoy en día, tienen más vigencia que entonces las palabras que, en 1985, a propósito de la intervención de su país en Vietnam, dijera el presidente Ronald Reagan: “Va siendo hora de reconocer que la nuestra, ciertamente, fue una causa noble”.    

LGVA

Enero de 2021.

 

 



[1] Hastings, Max (2018, 2019). La guerra de Vietnam. Una tragedia épica, 1945 – 1975. Editorial Crítica – Planeta. Impreso en Bogotá, junio de 2019.