Musk y Milei en
Davos
Luis Guillermo
Vélez Álvarez
Economista
En las
postrimerías del Siglo XIX y las primeras décadas del XX, la localidad de Davos,
en los Alpes Suizos, era conocida en Europa por ser la sede de lujosos sanatorios
para tuberculosos millonarios. Allí era la sede del Bergohf, el sanatorio
ficticio donde se desarrolla la acción de la Montaña Mágica, la mejor novela de
Thomas Mann y una de las tres o cuatro más importantes del siglo pasado.
Ignoro cómo los
davosés se “reinventaron” para transformar sus desuetos sanatorios en lujosos
hoteles en los que año tras año, por enero, se alojan gobernantes, banqueros,
empresarios, periodistas y diletantes venidos del mundo entero para asistir al
llamado Foro Económico Mundial del que hace cinco décadas es sede el más
conocido de todos los paraísos de esquiadores que abundan en Suiza.
Los
conspiranoicos del mundo están convencidos de que, en la reunión anual de Davos,
Soros y otros ricachones perversos deciden el destino de las naciones, como
antes lo hicieran los masones, los rosacruces, los illuminati, los templarios y
sabe Dios qué otra sociedad ultrasecreta.
Para quienes no
estamos entre los manipuladores ni nos sentimos manipulados, aparte de los
negocios que allí se puedan facilitar, la importancia de Davos en los destinos
del mundo se limita al impacto mediático que durante un par de semanas tienen las
intervenciones de algunos personajes que llegan a esa privilegiada palestra.
Pero en ocasiones hay discursos de hondo calado, como los pronunciados por Elon
Musk y Javier Milei en la versión 2026 del afamado evento.
En
su primera intervención el Davos, Elon Musk planteó que el desarrollo de la
inteligencia artificial, la robótica, la tecnología espacial y la explotación a
gran escala de la energía deben conducir a una gran transformación que lleve a
la actual economía de la escasez a una economía de la abundancia. Señaló que
prefiere equivocarse siendo optimista sobre el futuro que acertar siendo pesimista.
Por
su parte, Javier Milei, en su segunda intervención como presidente, haciendo
gala de exquisita erudición en teoría económica y filosofía liberal, reivindicó
los fundamentos de la cultura occidental – filosofía griega, derecho romano,
pensamiento judeocristiano – como base del capitalismo liberal, el sistema
económico más eficiente y de más elevada moralidad experimentado por la
humanidad.
Los
logros tecnológicos descritos Musk no surgieron por accidente, son el producto
de las nuevas ideas que solo pueden desarrollarse en una abierta al cambio, con
un sistema educativo que tolere el fracaso y premie la curiosidad, una cultura
que valore el conocimiento, la experimentación y el cuestionamiento del saber
heredado y un sistema legal respete los derechos de propiedad sobre los productos
del trabajo y los beneficios de la innovación.
Desde
sus inicios, la humanidad parece haber estado movida por lo que Veblen llamara
el instinto del trabajo eficaz y por la incesante búsqueda del lujo. Esos son
los motores de la innovación tecnológica y el orden espontáneo del capitalismo
liberal suministra el marco institucional más adecuado para que se desarrollen
con el menor conflicto posible.
LGVA
Febrero
2026
