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sábado, 23 de mayo de 2026

¿Se saldrá de plomada la colectiva estupidez?

 

¿Se saldrá de plomada la colectiva estupidez?

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

La elección de Cepeda no sería simplemente una equivocación política; sería un caso extremo de imbecilidad colectiva. No en el sentido clínico del término, por supuesto, sino en el sentido histórico y moral de una sociedad que, pudiendo juzgar con evidencia, experiencia y razón, decide entregarse conscientemente a quienes representan lo peor de sí misma.

La elección de Petro ya constituyó una señal alarmante. No fue un accidente, ni un mero efecto de coyuntura. Tampoco basta explicarla por la compra de votos en ciertas regiones del país, aunque ésta haya sido decisiva en segunda vuelta. En primera vuelta, ocho y medio millones de colombianos votaron libremente por Petro, sabiendo quién era, qué representaba y cuál había sido su trayectoria pública. Y hoy una porción considerable de esos mismos ciudadanos parece dispuesta a hacer lo propio con Cepeda.

 ¿Cómo es posible que, después de décadas de crecimiento económico y mejoría social, la izquierda radical haya pasado de los 82.858 votos obtenidos por Gerardo Molina en 1982 a los más de once millones de Petro en segunda vuelta de 2022? ¿Cómo explicar que semejante ascenso ocurra precisamente en el período de mayor progreso material de la historia colombiana?

Durante esas cuatro décadas, el PIB per cápita se triplicó; la pobreza multidimensional cayó drásticamente; la cobertura en salud se universalizó; millones de hogares accedieron a electricidad, acueducto y educación secundaria; la esperanza de vida aumentó de forma notable y la mortalidad infantil se desplomó. Los colombianos, incluidos los más pobres, no se empobrecieron: se hicieron más ricos, más educados, más sanos y más longevos.

Al mismo tiempo, el socialismo real se derrumbaba en Europa Oriental y en la Unión Soviética. China abandonaba de facto el comunismo económico. África constataba el fracaso del llamado “socialismo africano”. El mundo entero rechaza las fantasías colectivistas. Y, sin embargo, Colombia avanza en dirección contraria.

La explicación de esta paradoja no puede reducirse a la propaganda o a la manipulación emocional. Hay algo más inquietante: una profunda degradación cultural e intelectual de las élites colombianas. La empresarial, ensimismada en la rentabilidad de cada cual y la captura regulatoria, renunció a la defensa moral del capitalismo. La política, corroída por el clientelismo y la mediocridad, perdió toda autoridad ética. Y la intelectual —universidades, periodistas, formadores de opinión— se entregó a un progresismo superficial y resentido que convirtió la ignorancia económica y el odio al mercado en signos de altura moral.

Solo en ese ambiente, personajes patéticos como Petro y siniestros como Cepeda pudieron convertirse en referentes de millones de personas. No porque encarnen virtudes admirables, sino porque una sociedad intelectualmente desarmada terminó confundiendo resentimiento con justicia, victimismo con dignidad y radicalismo con superioridad moral.

La eventual elección de Cepeda sería, entonces, mucho más que una derrota electoral para quienes defendemos la libertad económica y la democracia liberal. Sería la prueba de un fracaso histórico de las élites dirigentes colombianas incapaces de construir una cultura política seria, de defender con convicción las instituciones republicanas y de transmitir a la sociedad el valor civilizatorio de la libertad.

LGVA

Mayo de 2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

De Paloma para Medellín y Antioquia

 

De Paloma para Medellín y Antioquia

Luis Guillemo Vélez Álvarez

Economista

En los casi dos años y medio de sus respetivos mandatos, el alcalde de Medellín, Federico Andrés Gutiérrez, y el Gobernador de Antioquia, Andrés Julián Renón, han debido adelantar sus estupendas gestiones llenas de logros luchando contra el bloqueo institucional que, por razones de ideología política y pasando por encima de la Constitución y la Ley, les ha impuesto el Gobierno Nacional. 

Antioquia representa hoy todo aquello que detesta el totalitarismo comunista y cuya destrucción es su objetivo final: la familia como el núcleo fundamental de la sociedad, la libertad económica y la pujanza empresarial, la administración pública pulcra y eficiente, la intolerancia absoluta con la delincuencia y la criminalidad y el respeto amoroso por las tradiciones y el legado de los mayores. Sin ello, Antioquia no es nada.

Cuatro años de un gobierno nacional encabezado por un comunista totalitario sin fisuras ni vacilaciones como Iván Cepeda, acabarían con los contrapesos constitucionales que han permitido que Antioquia resista y siga avanzando.  

Para Paloma Valencia los valores religiosos y políticos deben nacer en el fuero interno de cada familia y son los padres quienes tienen el derecho y la responsabilidad de formar el carácter y los principios de sus hijos. Por ello, se opone a la ideología de género, a la promoción del aborto como supuesto derecho de la mujer y al adoctrinamiento político y antirreligioso en escuelas y colegios. El bono educativo dará a las familias la libertad de elección de la que hoy muchas carecen.

La defensa de la empresa privada impulsora del crecimiento económico, creadora de oportunidades y de empleo de calidad está en el centro de las propuestas de Paloma. Para ello es necesario un gobierno austero, financiado con una tributación razonable que deje en manos de las empresas la mayor cantidad de dinero posible para reposición y ampliación del capital productivo. Propone Paloma pasar de 19 a 12 ministerios y llevar paulatinamente el impuesto de renta a niveles competitivos internacionalmente, entre 25% y 30%.

La seguridad de las personas y sus propiedades y la lucha frontal contra la criminalidad y la delincuencia son el eje transversal del programa de Paloma. Para recuperar el territorio hoy en manos de las estructuras criminales y reducir drásticamente las rentas de las economías ilegales del oro y el narcotráfico, el Gobernador de Antioquia contará con todo el apoyo del gobierno de Paloma. También el Alcalde de Medellin contará con ese apoyo en su lucha contra la extorsión, el microtráfico en parques y entornos escolares y las bandas criminales en las comunas.

Las grandes obras de la Ciudad y el Departamento – el Metro de la 80, el Túnel del Toyo, el Tren de Cercanías, el Acueducto de Urabá, etc. – contarán con el apoyo que por Constitución y leyes debe darles el Gobierno Nacional y que, con Paloma Presidente, estará abonado por el afecto.

El voto libre de Medellín y Antioquia, que nos dio una dupla de gobernantes embriagados por el aroma de libertad de nuestras montañas, dará el impulso decisivo al vuelo de nuestra Paloma.    

LGVA

Mayo de 2026

viernes, 15 de mayo de 2026

Otro que no fue

 

Otro que no fue

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

Con su muerte al pasado viernes 8 de mayo, Germán Vargas Lleras se une a la lista de los cinco incluidos por Augusto Vásquez Díaz su libro, Los presidentes que no fueron, donde reúne estupendos ensayos dedicados a cada uno de ellos.

A los de Vásquez Díaz - Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Gilberto Alzate Avendaño, Luis Carlos Galán Sarmiento y Álvaro Gómez Hurtado – hay que añadir el nombre de otro que no fue, Gabriel Turbay Abunader, biografiado recientemente por la socióloga Olga González. Además de Vargas Lleras, por mi parte, no vacilo en añadir al sacrificado Miguel Uribe Turbay, a quien muy seguramente habríamos elegido en 2026 ó 2030.

Ni Uribe Uribe, ni Alzate Avendaño, ni, por supuesto, Uribe Turbay, participaron en una elección presidencial de la que hubiesen salido derrotados. No es esta característica por si sola, compartida por muchos otros políticos justamente olvidados, la que hace que alguien sea merecedor de entrar en la galería de los presidentes que no fueron. Para mí, y creo que para Augusto Vásquez también, se trata de algo más profundo e interesante, se trata de una cierta forma de hacer política o, si se quiere, de una forma de ser político, que es lo que distingue al hombre de estado del político ordinario.

El de la política es un mercado en el que se intercambian promesas por votos. Para hacerse elegir concejal o alcalde de un pequeño pueblo, la promesa debe ser muy específica y responder a una aspiración real de los electores. A medida que se amplía el ámbito de la competencia electoral, la promesa se hace menos específica, se torna más general y abstracta, hasta fundirse con la visión de lo que el hombre de estado cree es el bien común o el interés general de la nación que aspira a dirigir.

Tener una visión de país, trasmitida en escritos y discursos, es el rasgo característico de los presidentes que no fueron, todos ellos de elevado perfil intelectual, buenos escritores y mejores oradores. 

Tal vez bajo la influencia del legado de su abuelo, Vargas Lleras llegó a la presidencial de 2010 con una visión de país plasmada en un enciclopédico programa con una solución para cada problema o, si se prefiere, un problema para cada solución. No fue suficiente, quedó en tercer lugar, debajo de Santos y Mockus.

Después de pasar por varios ministerios en el primer gobierno de Santos, en lo que fue su más grande error político, en 2014, decide unir definitivamente su destino al de aquel, sometiéndose a la vergüenza de la infame negociación con quienes habían atentado contra su vida y en la que no tuvo arte ni parte, pero cuyo costo político debió asumir en las elecciones de 2018 en las que cayó a un modesto cuarto lugar.   

Seguidor asiduo de sus columnas, no encontré en ellas autocrítica alguna sobre el desastroso legado de Santos. Lo reivindica su posición vertical frente al gobierno de Petro. Paz en su tumba.

LGVA

Mayo de 2026

miércoles, 29 de abril de 2026

El lumpen en el poder

 

El lumpen en el poder

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

El lumpen es un grupo social que atenta, sin ningún tipo de principios, contra la seguridad de los individuos y las colectividades, bajo un ánimo rapaz y delincuencial. No es una clase económica, ni un estrato social, ni una profesión determinada. Es una forma de conducta: la disposición permanente a vivir del despojo, la intimidación, el engaño, la extorsión o la captura de rentas ajenas.

Es falso que el lumpen esté integrado solamente por delincuentes de baja condición. Hay lúmpenes en todas las clases sociales y en todos los oficios y actividades económicas. Hay lúmpenes pobres, ricos y de clase media. Los hay abogados, médicos, periodistas, maestros, artesanos, obreros, banqueros, comerciantes, curas, economistas y políticos. Lo que los define no es su posición social, sino su relación con la propiedad, la libertad y la vida de los demás.

Normalmente, los lúmpenes se expresan, gremial y políticamente, como parte del sector social o laboral al que pertenecen. Mientras estén atomizados pueden hacer daño, pero no llegan a ser una amenaza existencial para una sociedad basada en los derechos de propiedad individuales y su intercambio libre y voluntario. El ladrón aislado roba; el extorsionista aislado intimida; el burócrata corrupto desvía recursos; el agitador destruye. Todos deben ser contenidos por el gobierno, que finalmente se instituye para que su existencia no perturbe en demasía el curso de la vida económica de la sociedad en un ambiente de libertad de mercado.

Pero la sociedad libre está en riesgo extremo cuando los lúmpenes de todas las procedencias superan sus demás diferencias y se conforman como fuerza política y social. Y la tragedia sobreviene cuando los lúmpenes se hacen al poder. Entonces la rapacidad deja de presentarse como delito y empieza a presentarse como causa moral. Ya no se roba: se redistribuye. Ya no se intimida: se defiende al pueblo. Ya no se destruye: se transforma. Ya no se ataca la propiedad: se corrigen desigualdades.

Poco a poco, para garantizar la supervivencia individual, la rapacidad se extiende a la mayoría de la sociedad. La ética del quid pro quo, del reconocimiento mutuo de los derechos de propiedad, se torna ruinosa. El ciudadano descubre que cumplir la ley no lo protege, que producir riqueza lo convierte en sospechoso, que disentir lo expone y que no pertenecer a la facción dominante lo deja en inferioridad frente a quienes sí pertenecen.

Ahora bien, la rapacidad como conducta económica dominante entraña una contradicción: para que los rapaces puedan ser exitosos debe haber una economía próspera que pueda ser pillada. Sin embargo, el pillaje destruye poco a poco la economía de la que viven los rapaces. Los extorsionistas no pueden subsistir sin extorsionados. El político clientelista no puede repartir subsidios si antes nadie produjo la riqueza que los financia. El burócrata rapaz no puede saquear un presupuesto que ya no se recauda.

Pero esto es algo que toma tiempo y mientras haya qué robar el lumpen robará, pues si no lo hago yo lo hará otro. Esa es la lógica interna de toda depredación colectiva. Nadie cuida el capital común porque todos sospechan que otro lo saqueará primero. Así desaparece la confianza, que es el cemento invisible de la cooperación social.

La lección es simple. Cuando la rapacidad está dispersa, la sociedad puede combatirla con instituciones. Cuando se organiza, debe combatirla con política. Cuando llega al gobierno, solo puede contenerla con contrapesos, legalidad y coraje civil. Lo que está en juego no es una diferencia ordinaria entre programas de gobierno. Es la preservación de una sociedad fundada en la propiedad individual, el intercambio libre, la responsabilidad personal, la igualdad ante la ley y la limitación del poder.

El lumpen no siempre llega con cuchillo. A veces llega con decreto. No siempre invade una finca. A veces invade una institución. No siempre roba en la noche. A veces expropia al mediodía, con lenguaje técnico, aplauso militante y apariencia de justicia social.

LGVA

Abril de 2026

Paloma contra el Leviatán

 

Paloma contra el Leviatán

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

La República de Colombia, nacida del Congreso de Cúcuta de 1821, empezó con cuatro Secretarías Presidenciales: Interior, Hacienda, Relaciones Exteriores y Guerra y Marina. En 1863 se crea la del Tesoro. Con estas cinco, más las de Fomento e Instrucción Pública, creadas en 1880, llegó la Constitución de 1886, que las rebautizó Ministerios.  El siglo XIX terminó con 7, pues el de Justicia, creado en 1890, tuvo una vida efímera y se fusionó con el de Gobierno, antes Interior.

Ya en el Siglo XX, bajo el gobierno Reyes, se crea Obras Públicas y se fusionan   Hacienda y Tesoro. En 1913 se crea Agricultura; Correos y Telégrafos, en 1923; en 1938 y 1940, respectivamente, nacen Trabajo y Minas y Petróleos. En 1946 nace Higiene y reaparece Justicia. Con algunos cambios de nombre, el número de 13, se mantuvo inalterado hasta los años noventa cuando aparecen Comercio Exterior, Ambiente y Cultura. El siglo XXI empieza con 16.

Uribe consiguió la aprobación de la ley 790 de 2002 mediante la cual se fusionaron los de Interior y Justicia; Desarrollo Económico y Comercio Exterior y Trabajo y Salud. Por pocos años el gabinete volvió a la mágica cifra de 13.

Santos echó por la borda el esfuerzo descomunal y único de Uribe por reducir el tamaño del gabinete. La ley 1444 de 2011 resucitó todos los dados de baja por aquel y creó una multitud de agencia para acompañar, completar, sustituir o estorbar el trabajo de los ministerios. El número de éstos volvió a 16.

Duque, que también en esto siguió más a Santos que a Uribe, se inventó dos: Ciencia, Tecnología e Innovación y Deporte. Con Igualdad, invención de Petro, llegamos a 19. En realidad 20, pues el DNP tiene rango ministerial. 

Los ministerios no vienen solos, llegan con viceministerios y otras arandelas. Así, como ellos, que como planetas orbitan alrededor de la presidencia, en torno a cada ministerio giran, como satélites, una serie de dependencias (agencias, unidades, fondos, etc.) que supuestamente ayudan a cumplir el “objetivo misional”. Son por lo menos 200 los objetos que conforman ese sistema planetario-burocrático que se alimenta del presupuesto nacional.

Para cumplir su propósito de reducir de 19 a 12 el número de ministerios - el desafío más grande de la historia al insaciable Leviatán -  Paloma deberá tener una determinación férrea pues enfrentará la resistencia de los empleados públicos de profesión, que viven para servir en el gobierno pues no saben hacer otra cosa; de los subsidiados, a quienes se les ha hecho creer que no pueden vivir sin depender del gobierno; de los crony capitalist, cuyos negocios y empresas viven de los favores del gobierno; de los apóstoles de la justicia social que viven de añorar un gobierno que acabe la pobreza y la desigualdad y del  político profesional, que vive de servirse del gobierno y con él a sus clientelas.

El Leviatán, Paloma, no es creación artificial de políticos estatistas, es producto orgánico de la demanda de gobierno de una sociedad temerosa de la libertad.

LGVA

Abril de 2026

lunes, 20 de abril de 2026

Con Paloma renace la esperanza

 

Con Paloma renace la esperanza

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

Al finalizar el gobierno de Turbay Ayala, en 1982, toda la cúpula del M-19 estaba en la cárcel, el ELN había casi desaparecido después de la Operación Anorí, las Farc estaban reducidas a dos o tres frentes y se había firmado, con los Estados Unidos, un tratado de extradición que tenía aterrados y en fuga a los narcotraficantes.

Belisario Betancur echó todo atrás: se hizo elegir renunciando a la extradición, sacó de la cárcel al M-19 y le montó a las FARC el Santuario de Casa Verde para iniciar el ciclo de las interminables negociaciones de paz en las que aún patina el País, sin percatarse de que ese incesante dialogar es una más de las formas de lucha de la extrema izquierda. El asesinato de Rodrigo Lara y la toma del Palacio de Justicia por la alianza del M-19 y el cartel de Pablo Escobar, le enseñaron amargamente a Betancur que el estado no puede renunciar unilateralmente al uso de la fuerza y tratar de someter a criminales con cánticos a la concordia y ramas de olivo. 

Virgilio Barco y Cesar Gaviria heredaron el desastre de Betancur y trataron de retomar el rumbo enfrentando el narcotráfico y a los criminales de las FARC, el ELN y el M-19. En medio de grandes dificultades, lograron avanzar: dieron de baja a Rodriguez Gacha y a Pablo Escobar, sometieron a los Ochoa y extraditaron a Lehder, acabando con el tenebroso cartel de Medellín. Gaviria puso en fuga a las Farc sacándolas de su santuario de Casa Verde en la Uribe.

Samper se hizo elegir con el apoyo financiero de los Rodriguez Orejuela y debilitó el accionar de las Fuerzas Militares, que durante su mandato sufrieron duros golpes como los de Las Delicias y Patascoy. Con Pastrana la claudicación del estado llegó a extremos inimaginables con la entrega al control de las Farc de 42.000 kilómetros cuadrados, extensión casi equivalente a la de Huila, Sucre, Atlántico, Caldas, Risaralda y Quindío.  

Uribe recuperó la iniciativa del estado y con su Seguridad Democrática derrotó a políticamente a las Farc, redujo su capacidad militar y le quitó el control territorial haciéndola retornar a su condición de guerrilla itinerante huyendo de la Fuerzas Militares. Imperdonablemente Santos, a unas Farc política y militarmente derrotadas, les dio en La Habana el estatus de fuerza vencedora llevándonos a la terrible situación en la que está el País.

Del Plan 10 de Paloma Valencia, el punto definitivo y fundamental, sin el cual todos los demás son palabrería vana, es el primero: enfrentar la crisis de seguridad para vivir sin miedo. Hay que llevar, durante varios años, a 4% ó 5% del PIB el gasto en seguridad y defensa, llevar el pie de fuerza a unos 600.000 hombres y disponer de enjambres de drones para que sean los criminales quienes tengan miedo.

Sobre los otros 9 puntos puede haber desacuerdos, pero no es tiempo de ponernos exquisitos. Lo fundamental es tener un gobierno al que podamos hacer oposición sin temer a ser asesinados.  

LGVA

Abril de 2026.

sábado, 11 de abril de 2026

Debreu y el espejismo del mercado que nunca hemos tenido

 

Debreu y el espejismo del mercado que nunca hemos tenido

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

La teoría económica más rigurosa del siglo XX – el modelo de equilibrio general de Arrow y Debreu - demostró que un sistema de precios puede coordinar de manera eficiente millones de decisiones individuales sin necesidad de una autoridad central. La idea de Marx según la cual un sistema regido por la búsqueda del beneficio – maximización del valor de cambio a expensas del valor de uso – conducía al caos quedó sepultada definitivamente en 1959 en el hermoso libro Teoría del Valor de Gerard Debreu.

Las condiciones para la existencia de un mercado funcional son exigentes en la teoría, pero no es imposible aproximarse a ellas en la práctica. Basta echar una mirada a los índices de libertad económica de la Fundación Heritage o el Instituto Fraser para constatar que son más ricos, equitativos y ambientalmente sostenibles los países con derechos de propiedad bien definidos, competencia efectiva, información razonablemente disponible, cumplimiento de contratos, un marco institucional estable y, sobre todo, ausencia de violencia y coacción.

En Colombia la informalidad no es una anomalía marginal: millones operan por fuera de las reglas; la violencia, la coacción, la extorsión en campos y ciudades fragmentan los mercados, encarecen las transacciones y distorsionan las decisiones. La captura del Estado por intereses particulares erosiona la competencia y convierte la regulación en un instrumento de privilegio. Las llamadas “fallas de mercado” han sido sustituidas por “fallas del estado”, más nocivas y difíciles de erradicar porque benefician a importantes grupos de presión y a sus operadores políticos.

Aunque las propuestas de recortar el tamaño de gobierno son bienvenidas, no puede caerse en el anti estatismo simplista creyendo que el mercado funcional surgirá espontáneamente por el recorte de algunos ministerios, la supresión de trámites y la reducción de impuestos.  Sin seguridad, sin justicia, sin reglas claras, lo que puede emerger no es un orden competitivo sino un nuevo entramado de clientelismo, búsqueda de rentas y coerción violenta.

Un orden económico funcional requiere un Estado limitado, sí, pero al mismo tiempo fuerte en sus funciones esenciales. No un Estado empresario que pretenda dirigir la economía, sino un Estado garante que haga posible su funcionamiento: que proteja la vida y la propiedad, que haga cumplir los contratos, que asegure la competencia y que provea estabilidad normativa.

De cara a los desafíos de Colombia, esta perspectiva ofrece una vía distinta. El problema no es que el mercado haya fracasado, sino que nunca hemos creado las condiciones para que exista plenamente. La tarea, entonces, no es reemplazarlo, sino hacerlo posible, empezando por enfrentar el enorme problema en el que estamos metidos como país.

Al amparo de la farsa de La Habana, de Santos, continuada por la paz total, de Petro; nuestra precaria democracia política y nuestra exigua libertad económica enfrentan la amenaza existencial de un totalitarismo comunista que combina todas las formas de lucha y, hecho nuevo, controla ya parcelas fundamentales del aparato del estado, creando poder dual, que, como enseña Lenin en artículo titulado justamente El poder dual, es el paso previo a la toma total del poder.

LGVA

Abril de 2026.