Entre Abelardo y Fajardo: Paloma
Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista
Durante meses sostuve que el Centro Democrático debía
ir con candidatura propia a primera vuelta. El País no nos perdonaría que no
hiciéramos el esfuerzo de tener un candidato único de todas las fuerzas
democráticas, manifestó el presidente Uribe cuando le expuse mi tesis. Días
después lanzó su llamado, “De Abelardo hasta Fajardo”, que no fue acogido por
ninguno de los dos.
Uribe es el único líder con el prestigio político
requerido para lanzar esa ecuménica convocatoria y el único con la sencillez
republicana para acometer el arduo trabajo de hacerla realidad. A ello se
entregó, con su habitual denuedo: invitaciones públicas, reuniones
programáticas y, lo más harto a mi parecer, llamadas personales a dirigentes
políticos de todas las tendencias, incluidos aquellos que le han dispensado el
peor de los tratos.
El gobierno de Petro está destruyendo los fundamentos
de nuestra democracia liberal y de la economía de mercado y propiedad privada. Bajo
el gobierno del estalinista Cepeda se culminaría esa destrucción y Colombia se
precipitaría por el abismo que conduce comunismo totalitario en su más cruda
forma. La Gran Alianza se conforma para oponerse al totalitarismo comunista,
sin que desaparezcan las diferencias existentes entre los participantes en
cuanto a los énfasis y el grado de intervención del estado en la economía.
A causa de la demora en la definición de candidatura
del Centro Democrático, la de Abelardo de la Espriella alcanzó mucha acogida
entre sus militantes y simpatizantes y entre el pueblo uribista y la derecha en
general. Su decisión de ir en solitario a primera vuelta es respetable, pero
puede resultar equivocada: en el pasado, en más de una ocasión, las firmas no se
tradujeron en votos. En cualquier caso, es claro que de la Espriella entiende
plenamente lo que significa la apuesta de la Gran Alianza al manifestar, sin
ambages, su disposición de apoyar en segunda vuelta, si fuere el caso, a
cualquiera de sus miembros.
La posición de Fajardo es desatinada pero no sorprende:
es continuación de su tortuosa carrera política guiada por un supuesto pragmatismo
no doctrinario. La pretensión de estar por encima de las ideologías, que le
reprochara Carlos Gaviria, lo ha llevado a plegarse, volens nolens, a
las de sus aliados políticos de ocasión, incluidas las más nefastas en lo
económico y lo social. Ojalá en esta ocasión entienda lo que está en juego y
rectifique.
Por su parte, militantes y simpatizantes del CD
deberían comprender que una votación masiva por Paloma en todos los certámenes
presidenciales, empezando por la Consulta, es vital para la supervivencia misma
del Partido, como fuerza política decisiva encargada de liderar la lucha contra
el neocomunismo que no acaba con las próximas elecciones. Incluso, si à
la rigueur, en una eventual segunda vuelta, para
contener al estalinista Cepeda, hubiese que votar por Abelardo o Fajardo, es
esencial que la votación de Paloma sea determinante en el resultado. Ya no es hora de distracciones ni de vanos escarceos:
¡Les jeux sont faits,
rien ne va plus!
Febrero de 2026.
