Rothbard
Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista
El pasado 2 de marzo se cumplieron 100 años del
nacimiento de Murray Newton Rothbard, en Nueva York, y, el 7 de enero, 31 de su
muerte en esa misma ciudad. El tráfago de las elecciones no debería hacernos
olvidar el centenario del más riguroso y desafiante economista libertario del
siglo XX.
Desde su acto fundacional, la economía rechaza la
política: la sociedad de los cambistas no precisa de gobierno humano o divino
para descubrir las relaciones de intercambio que hagan compatibles la
diversidad de sus intereses en un mundo de escasez. En su Teoría del Valor,
Gerard Debreu probó rigurosamente la validez de la metáfora smithiana de la
mano invisible. Tampoco necesita de gobierno para su existencia el sistema de
precios de producción de Piero Sraffa en Producción de mercancías por medio
de mercancías.
Pero, después de expulsar al político de la sociedad
de los cambistas por su irrelevancia para la formación de los precios, los
economistas lo reintroducen subrepticiamente para que, como quería Thomas Hobbes,
evite la violencia, haga respetar la propiedad y vigile el cumplimento de los
contratos. Contra esa vergonzosa claudicación se levanta la obra entera de
Rothbard.
El hecho de que el estado desempeñe funciones
necesarias no quiere decir que solo el estado pueda desempeñarlas. Este
enunciado, de La ética de la libertad, es el punto de partida de
Rothbard para mostrar que el estado es el más grande enemigo de la libertad y
que su existencia no puede justificarse con argumentos utilitaristas, como los
de Mises, ni contractualistas como los de Buchanan, Berlín o Hayek. Ni siquiera
el estado mínimo de Nozick tiene justificación moral.
Rothbard quiso participar en política y fue fundador
del Partido Libertario que buscaba tomar el poder político para acabar con el
estado usando para ello los poderosos instrumentos del estado mismo. El
programa de un gobierno que quiera acabar con el estado está contenido el su
maravilloso Manifiesto libertario donde muestra – con exquisitos
razonamientos y sorprendentes ejemplos - que el mercado competitivo puede
proveer incluso los servicios de seguridad y administración de la justicia para
los cuales se considera imprescindible la existencia del estado.
Creía Rothbard que más que en artículos de revistas
especializadas escritos para sus pares, el economista debía presentar su visión
en tratados que, sin menoscabo del rigor, estuvieran al alcance del hombre
ilustrado. Produjo así su maravilloso tratado El hombre, la economía y el
estado publicado en 1962. Más tarde, en 1970, publica Poder y mercado
donde hace una crítica sistemática de todas las formas de intervención del
gobierno en la economía mostrando sus efectos negativos sobre la asignación de
recursos, la acumulación de capital, el empleo y la inflación.
Después de leer a Rothbard se comprende plenamente que
el desempleo y la inflación no son problemas económicos sino políticos, creados
por la acción misma del gobierno. El gobierno no resuelve ningún problema, el
gobierno es el problema. Se comprende también que la diferencia entre el
socialismo y el intervencionismo es un problema de escala no de esencia.
LGVA
Marzo de 2026
