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sábado, 14 de marzo de 2026

Rothbard

 

Rothbard

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

El pasado 2 de marzo se cumplieron 100 años del nacimiento de Murray Newton Rothbard, en Nueva York, y, el 7 de enero, 31 de su muerte en esa misma ciudad. El tráfago de las elecciones no debería hacernos olvidar el centenario del más riguroso y desafiante economista libertario del siglo XX.



Desde su acto fundacional, la economía rechaza la política: la sociedad de los cambistas no precisa de gobierno humano o divino para descubrir las relaciones de intercambio que hagan compatibles la diversidad de sus intereses en un mundo de escasez. En su Teoría del Valor, Gerard Debreu probó rigurosamente la validez de la metáfora smithiana de la mano invisible. Tampoco necesita de gobierno para su existencia el sistema de precios de producción de Piero Sraffa en Producción de mercancías por medio de mercancías.

Pero, después de expulsar al político de la sociedad de los cambistas por su irrelevancia para la formación de los precios, los economistas lo reintroducen subrepticiamente para que, como quería Thomas Hobbes, evite la violencia, haga respetar la propiedad y vigile el cumplimento de los contratos. Contra esa vergonzosa claudicación se levanta la obra entera de Rothbard.

El hecho de que el estado desempeñe funciones necesarias no quiere decir que solo el estado pueda desempeñarlas. Este enunciado, de La ética de la libertad, es el punto de partida de Rothbard para mostrar que el estado es el más grande enemigo de la libertad y que su existencia no puede justificarse con argumentos utilitaristas, como los de Mises, ni contractualistas como los de Buchanan, Berlín o Hayek. Ni siquiera el estado mínimo de Nozick tiene justificación moral.  



Rothbard quiso participar en política y fue fundador del Partido Libertario que buscaba tomar el poder político para acabar con el estado usando para ello los poderosos instrumentos del estado mismo. El programa de un gobierno que quiera acabar con el estado está contenido el su maravilloso Manifiesto libertario donde muestra – con exquisitos razonamientos y sorprendentes ejemplos - que el mercado competitivo puede proveer incluso los servicios de seguridad y administración de la justicia para los cuales se considera imprescindible la existencia del estado.

Creía Rothbard que más que en artículos de revistas especializadas escritos para sus pares, el economista debía presentar su visión en tratados que, sin menoscabo del rigor, estuvieran al alcance del hombre ilustrado. Produjo así su maravilloso tratado El hombre, la economía y el estado publicado en 1962. Más tarde, en 1970, publica Poder y mercado donde hace una crítica sistemática de todas las formas de intervención del gobierno en la economía mostrando sus efectos negativos sobre la asignación de recursos, la acumulación de capital, el empleo y la inflación.  

Después de leer a Rothbard se comprende plenamente que el desempleo y la inflación no son problemas económicos sino políticos, creados por la acción misma del gobierno. El gobierno no resuelve ningún problema, el gobierno es el problema. Se comprende también que la diferencia entre el socialismo y el intervencionismo es un problema de escala no de esencia.  

LGVA

Marzo de 2026

 

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