La
oportunidad histórica
Luis
Guillermo Vélez Álvarez
Economista
Los resultados del 31 de mayo
dejan una conclusión inequívoca: Antioquia volvió a desempeñar el papel
decisivo que tantas veces ha tenido en la historia política colombiana. La
votación obtenida por Abelardo de la Espriella en el departamento no sólo fue
extraordinaria; fue, también, una demostración de fuerza sin precedentes del
electorado uribista y de centroderecha.
Gracias a esa movilización,
Iván Cepeda no logró imponerse en la primera vuelta. El país amaneció el 1 de
junio ante el mejor escenario posible para quienes creen en la libertad
económica, la seguridad, la propiedad privada y las instituciones republicanas.
No era el único escenario imaginable. Había otros claramente favorables para la
izquierda.
Pudo ocurrir que Cepeda
terminara primero mientras Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia dividían
el voto de la derecha. También pudo darse un escenario en el que Cepeda
alcanzara cerca de un tercio de la votación nacional, un candidato único de centroderecha
obtuviera otro tercio y el resto se repartiera entre Sergio Fajardo y Claudia
López, dejando abierta la posibilidad de alianzas inciertas y negociaciones
complejas. Nada de eso ocurrió.
Lo que ocurrió fue mejor. El
electorado produjo una clarificación política más allá de cualquier duda. La
disputa quedó planteada entre dos proyectos de país claramente diferenciados:
el del neocomunismo totalitario y el de las libertades económicas, políticas y
personales. Esa claridad constituye una ventaja estratégica que no debe ser
desperdiciada.
Por ello, la tarea del 21 de
junio es distinta a la del 31 de mayo. La pregunta ya no es quién representa
mejor a la centroderecha. La pregunta es cómo construir una mayoría nacional
capaz de derrotar a la izquierda y ofrecer un horizonte de estabilidad y
crecimiento para Colombia.
Entre Paloma Valencia y
Abelardo de la Espriella no existen diferencias de principios que justifiquen
una fractura. Ambos defienden la economía de mercado, la seguridad democrática,
la independencia de los poderes públicos, el fortalecimiento de la iniciativa
privada y, sobre todo, la necesidad de contener el avance del neocomunismo. Las
diferencias son de énfasis, de estilo o de trayectoria personal, pero no de
proyecto político.
Para estas elecciones, Antioquia
tiene una responsabilidad adicional. Debe convertirse en el punto de encuentro
entre los votantes uribistas y los de otros partidos, incluida buena parte del
electorado fajardista. Existen varios temas concretos que permiten construir
ese puente, pero ninguno más importante y convocante que la defensa de Empresas
Públicas de Medellín y de Hidroituango.
EPM no es simplemente una
empresa. Es una de las instituciones más exitosas de Colombia y el principal
instrumento de progreso de Medellín y Antioquia. Hidroituango, pese a todas las
dificultades enfrentadas, representa una de las mayores realizaciones de la
ingeniería nacional y una garantía de seguridad energética para el país. Su
defensa trasciende partidos y campañas.
La elección del 21 de junio
debe ser entendida como una oportunidad para unir a Medellín y Antioquia y a
Colombia toda alrededor de aquello que ha sido clave de su éxito: instituciones
sólidas, disciplina fiscal, iniciativa empresarial, capacidad de ejecución y
cohesión social.
LGVA
Junio de 2026

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