Debreu
y el espejismo del mercado que nunca hemos tenido
Luis
Guillermo Vélez Álvarez
Economista
La teoría económica más
rigurosa del siglo XX – el modelo de equilibrio general de Arrow y Debreu - demostró
que un sistema de precios puede coordinar de manera eficiente millones de
decisiones individuales sin necesidad de una autoridad central. La idea de Marx
según la cual un sistema regido por la búsqueda del beneficio – maximización
del valor de cambio a expensas del valor de uso – conducía al caos quedó
sepultada definitivamente en 1959 en el hermoso libro Teoría del Valor
de Gerard Debreu.
Las condiciones para la
existencia de un mercado funcional son exigentes en la teoría, pero no es
imposible aproximarse a ellas en la práctica. Basta echar una mirada a los
índices de libertad económica de la Fundación Heritage o el Instituto Fraser
para constatar que son más ricos, equitativos y ambientalmente sostenibles los
países con derechos de propiedad bien definidos, competencia efectiva,
información razonablemente disponible, cumplimiento de contratos, un marco
institucional estable y, sobre todo, ausencia de violencia y coacción.
En Colombia la informalidad no
es una anomalía marginal: millones operan por fuera de las reglas; la violencia,
la coacción, la extorsión en campos y ciudades fragmentan los mercados,
encarecen las transacciones y distorsionan las decisiones. La captura del
Estado por intereses particulares erosiona la competencia y convierte la
regulación en un instrumento de privilegio. Las llamadas “fallas de mercado”
han sido sustituidas por “fallas del estado”, más nocivas y difíciles de
erradicar porque benefician a importantes grupos de presión y a sus operadores
políticos.
Aunque las propuestas de
recortar el tamaño de gobierno son bienvenidas, no puede caerse en el anti
estatismo simplista creyendo que el mercado funcional surgirá espontáneamente por
el recorte de algunos ministerios, la supresión de trámites y la reducción de
impuestos. Sin seguridad, sin justicia,
sin reglas claras, lo que puede emerger no es un orden competitivo sino un nuevo
entramado de clientelismo, búsqueda de rentas y coerción violenta.
Un orden económico funcional
requiere un Estado limitado, sí, pero al mismo tiempo fuerte en sus funciones
esenciales. No un Estado empresario que pretenda dirigir la economía, sino un
Estado garante que haga posible su funcionamiento: que proteja la vida y la
propiedad, que haga cumplir los contratos, que asegure la competencia y que
provea estabilidad normativa.
De cara a los desafíos de
Colombia, esta perspectiva ofrece una vía distinta. El problema no es que el
mercado haya fracasado, sino que nunca hemos creado las condiciones para que
exista plenamente. La tarea, entonces, no es reemplazarlo, sino hacerlo posible,
empezando por enfrentar el enorme problema en el que estamos metidos como país.
Al amparo de la farsa de La
Habana, de Santos, continuada por la paz total, de Petro; nuestra precaria
democracia política y nuestra exigua libertad económica enfrentan la amenaza
existencial de un totalitarismo comunista que combina todas las formas de lucha
y, hecho nuevo, controla ya parcelas fundamentales del aparato del estado, creando
poder dual, que, como enseña Lenin en artículo titulado justamente El poder
dual, es el paso previo a la toma total del poder.
LGVA
Abril de 2026.

No hay comentarios:
Publicar un comentario