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sábado, 22 de agosto de 2026

La mala maña

 

La mala maña

Angélica Ordoñez

Luis Guillermo Vélez

El Presupuesto General de la Nación (PGN) de 2027, radicado por el gobierno saliente, tampoco se salvó de la mala maña. La mala maña de ser un presupuesto desfinanciado cuyos gastos exceden ampliamente los ingresos. En lo corrido del siglo, son ya 12 los presupuestos afectados por la mala maña. El del próximo año presenta un faltante de 30.2 billones de pesos, el segundo más alto entre esos 12, solo superado por los 38 billones del presupuesto de 2021 del gobierno de Duque. 

El artículo 347 de la Constitución permite la presentación del presupuesto desfinanciado, en cuyo caso el gobierno debe proponer por separado un proyecto de ley para crear nuevas rentas o modificar las existentes para financiar el monto de gastos contemplado. El gobierno de Patro también presentó un proyecto de la ley de financiamiento con la que pretende recaudar unos 22 billones, ampliando la base del impuesto de patrimonio y elevando su tarifa marginal, elevado de 5% a 15% la sobre tasa de renta al sector financiero y otras disposiciones igualmente alcabaleras.

La mesa está servida para que el nuevo Ministro de Hacienda ponga a prueba la determinación de ajustar - recortando el gasto y no subiendo impuestos - unas finanzas públicas cuyo desequilibrio es crónico y estructural, impulsado por el asistencialismo clientelista y burocrático que capturó el presupuesto del Gobierno Nacional desde mediados de los años 90 del siglo pasado. La deuda del gobierno central pasó de 20% del PIB a más de 60%, pues quince reformas tributarias han sido insuficientes para financiar un gasto central que saltó de 8% del PIB en esos años, a 15% al inicio del siglo y a cerca de 25% en la actualidad. 

En estudio reciente, con datos de América Latina, los economistas José López y Jonathan Malagón muestran que los efectos de los ajustes fiscales dependen si se hace recortando gastos o aumentando impuestos. Cuando un país tiene niveles elevados de deuda, un ajuste con mayores impuestos contrae más la economía y tiene menor probabilidad de ser exitoso y duradero comparado con un ajuste basado en un recorte del gasto. Los autores argumentan que este resultado se asocia al impacto sobre el riesgo soberano. Los ajustes por el gasto envían una señal más creíble de sostenibilidad fiscal que comprime el spread soberano y compensa parcialmente el impulso inicial contractivo sobre la demanda.

Hace años hice una propuesta de recorte de gasto – sin tocar inversión ni seguridad ni justicia - que arrojaba un ahorro de 40 billones. Katherine Flórez, Daniel Raisbeck y Carlos Enrique Moreno han presentado ejercicios similares seguramente conocidos por el equipo económico del nuevo gobierno.  

Quiero confiar en que el gobierno de La Patria Milagro nos haga también el milagro de acabar con la mala maña del déficit fiscal permanente y una deuda pública siempre en aumento. Amén.

PD. Consejo no pedido al doctor Gómez Martínez: no negocie el recorte con ningún ministro, si lo hace pronto descubrirá que nada es prescindible y todo es necesario.

¿Quo vadis, Centro Democrático?

 

¿Quo vadis, Centro Democrático?

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Sara Berrío.


El viernes 31 de julio, en Medellín, el Centro Democrático celebró una jornada de reflexión, unidad y doctrina. Tres ponentes –entre quienes me conté– expusimos atisbos de lo que el Partido debe ser y representar. No hubo divergencias de fondo: el mismo espíritu recorrió las intervenciones. Unidad en torno a principios claros, doctrina liberal y visión de futuro. No se trató de un ejercicio retórico, sino de un llamado a mirarnos por dentro y responder, sin evasivas, la pregunta que desde hace siglos interroga a quienes se hallan en una encrucijada: ¿quo vadis?

La expresión, atribuida a la tradición cristiana, evoca el momento en que Pedro, huyendo de Roma, se encuentra con Cristo y le pregunta: “Señor, ¿adónde vas?”. La respuesta lo obliga a regresar y afrontar su destino. No es mera anécdota piadosa. Es la metáfora perfecta de todo movimiento político que, tras años de combate, corre el riesgo de disiparse en confusiones tácticas o en el cansancio de la batalla. El Centro Democrático no puede permitirse caminar sin rumbo. Su destino no es diluirse en el centrismo acomodaticio ni en el populismo autoritario que, con otro ropaje, comparte con la izquierda la desconfianza hacia el mercado y la libertad individual.

Desde la economía política liberal, la doctrina del partido es inequívoca. El crecimiento no se decreta ni se planea desde un escritorio burocrático; se desata liberando a las personas y a las empresas de las ataduras tributarias y regulatorias que impone el Estado. La seguridad no es un bien secundario: es la condición de posibilidad de la libertad. Sin monopolio legítimo de la fuerza y sin respeto a los derechos de propiedad, el intercambio voluntario se convierte en ficción y la sociedad se entrega a la rapacidad de quienes viven del despojo. El orden que surge de la seguridad y de la libertad económica no son entelequias separadas. Son las dos caras de la misma moneda.

La jornada del 31 de julio recordó que el liderazgo político no se agota en la captura del poder. Como lo subrayó el expresidente Uribe, se trata de ejercer autoridad legitimada en soluciones, no de acumular poder por el poder mismo. Los principios del partido –seguridad democrática, libertad económica, Estado limitado y austero– no son comodines de campaña. Son el ancla atemporal e impersonal que permite diseñar el futuro sin quedar prisioneros del pasado. De ahí salen con claridad las propuestas programáticas centradas en la provisión de bienes públicos y en el suministro de bienes meritorios a quienes no pueden alcanzarlos por sus propios medios.

La conclusión es clara. El Centro Democrático debe avanzar sin complejos ni claudicaciones doctrinarias. Su camino no es el del centrismo diluido ni el del intervencionismo disfrazado de pragmatismo. Es el de la defensa coherente de la propiedad, el intercambio libre y la responsabilidad personal. Quo vadis, Centro Democrático? Hacia la restauración del orden que hace posible la libertad. Cualquier otro destino sería traición a su propia razón de ser.