Del
Estado austero al Estado limitado: al oído del CD
Luis
Guillermo Vélez Álvarez
Economista
En ¿Quo vadis Centro
Democrático? planteaba la necesidad de precisar el rumbo doctrinario del
partido. Una de las cuestiones que merece mayor discusión es la concepción del
Estado. Porque no basta con hablar de un Estado austero. Hay que hablar de un
Estado limitado. Hay una diferencia importante entre ambos conceptos. El Estado
austero gasta poco; el Estado limitado hace pocas cosas. La austeridad es una
virtud administrativa; la limitación del Estado es un principio de filosofía
política.
Un Estado puede ser austero y,
sin embargo, intervenir en casi todos los ámbitos de la vida económica y
social. Puede gastar relativamente poco, pero regular mucho, prohibir mucho,
autorizar mucho y decidir mucho. Así, la austeridad no impide que el poder
público termine desplazando las decisiones de los ciudadanos. La pregunta
liberal, por tanto, no es solamente cuánto debe gastar el Estado, sino qué debe
hacer.
Su función esencial es
garantizar la seguridad, administrar justicia, proteger la propiedad, hacer
cumplir los contratos y preservar las condiciones institucionales dentro de las
cuales las personas puedan producir, trabajar, ahorrar, invertir, contratar e
intercambiar libremente.
Más allá de esas funciones, la
intervención estatal debe justificarse. No porque toda intervención sea
ilegítima, sino porque cada una implica sustituir una decisión privada por una
decisión pública. Y esa sustitución tiene un costo que suele olvidarse: se
pierde información, se restringe la libertad de elección y se debilita el
mecanismo de precios mediante el cual millones de personas coordinan sus
decisiones.
Aquí aparece un principio
fundamental: la subsidiariedad. Lo que pueden hacer los individuos, las
familias, las empresas, las asociaciones y las comunidades no debería hacerlo
el Estado. Y lo que pueda resolver una autoridad territorial no debería ser asumido
por una autoridad nacional.
Esto tiene consecuencias
también para la política social. El Estado debe proteger a quien no puede
valerse por sí mismo, pero la política social debería procurar que las personas
recuperen autonomía, no convertirlas en dependientes permanentes.
El Estado debe crear las
condiciones para que exista competencia, inversión y emprendimiento, pero no
convertirse en empresario, planificador o asignador general de recursos. El
mercado no es simplemente un mecanismo para comprar y vender: es un sistema de
descubrimiento basado en precios, ganancias y pérdidas que utiliza un
conocimiento que ningún gobierno puede reunir. Es también un mecanismo de
experimentación de las innovaciones económicas.
Si el Centro Democrático
quiere definir una identidad económica liberal, la discusión debería ir más
allá de la austeridad fiscal. Un Estado que gasta menos, pero pretende
regularlo todo, sigue siendo un Estado grande.
No se trata de gastar menos
para mantener un Estado omnipresente. Se trata de limitar las funciones del
Estado para que pueda gastar menos y cobrar menos.
Éste podría ser uno de los
principios económicos de una definición doctrinaria del Centro Democrático: un
Estado fuerte para garantizar seguridad, justicia y propiedad; un Estado
limitado para que los ciudadanos puedan producir, contratar, invertir, intercambiar
y prosperar libremente.

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