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martes, 13 de octubre de 2026

Flat Tax e impuesto negativo: tributación simple para una economía libre

 

Flat Tax e impuesto negativo: tributación simple para una economía libre

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

La estructura tributaria no es neutral frente al funcionamiento de una economía. Los impuestos modifican los incentivos, afectan las decisiones de consumo y ahorro, alteran la rentabilidad de las inversiones y pueden obstaculizar la acumulación de capital. Por eso, la discusión tributaria no debería limitarse a establecer cuánto recauda el Estado o quién debe pagar más. También debe preguntarse qué efectos produce la tributación sobre la creación de riqueza.

Esta preocupación está en el centro de la propuesta de Flat Tax, desarrollada por los economistas Robert E. Hall y Alvin Rabushka, de la Universidad de Stanford, y expuesta inicialmente en su libro The Flat Tax, publicado en 1983. Esta contribución me parece más importante que el celebrado artículo de Hall sobre la función consumo.

La propuesta consiste en reemplazar los sistemas tributarios progresivos, complejos y llenos de excepciones por una estructura basada en una tarifa única y una base tributaria amplia. No se trata simplemente de reducir impuestos, sino de modificar la manera como se grava la actividad económica.

Hall y Rabushka proponen dos componentes complementarios. Las empresas tributan sobre sus ingresos por ventas, descontando los salarios, las compras intermedias y la inversión en bienes de capital. Las personas tributan sobre sus ingresos laborales, aplicando una tarifa uniforme y una exención básica. Los dividendos y los intereses no vuelven a gravarse en cabeza de las personas, pues el rendimiento del capital ya está incorporado en la tributación empresarial.

El propósito es evitar la doble tributación del ahorro y la inversión, eliminar buena parte de las distorsiones que introducen las deducciones y los tratamientos preferenciales y reducir los costos administrativos del sistema. Esta propuesta coincide con varios principios que he defendido en mis escritos sobre economía y libertad.

El primero es que la riqueza no se distribuye: se crea. La prosperidad de una sociedad depende de la división del trabajo, la especialización, el intercambio voluntario, la acumulación de capital y el progreso tecnológico. Un sistema tributario que castiga el ahorro, la inversión y el emprendimiento termina debilitando los procesos que hacen posible el crecimiento de los ingresos y los salarios.

El segundo es que los impuestos deben respetar, en la mayor medida posible, la neutralidad frente a las decisiones económicas. Cuando el legislador concede exenciones, establece tarifas diferenciales o favorece determinadas actividades, introduce incentivos artificiales que desvían recursos de sus usos más productivos. Además, abre espacios para el cabildeo y la captura del Estado por intereses particulares. La complejidad tributaria no es solamente un problema administrativo: también es un problema de economía política.

El tercero es que la progresividad no debe confundirse con la multiplicación de tarifas marginales. La Flat Tax conserva un componente progresivo mediante una exención básica. Quien obtiene ingresos inferiores a ese mínimo no paga y quien recibe ingresos mayores paga una tarifa uniforme sobre la parte gravable. De esta manera se evita que los aumentos del ingreso sean sometidos a tarifas marginales crecientes que pueden desestimular el esfuerzo productivo.

Hay aquí una distinción importante. No considero que el Estado deba ser indiferente frente a la pobreza ni que deba renunciar a sus funciones de protección de la propiedad, administración de justicia, seguridad y provisión de bienes públicos. Mi planteamiento es el de un Estado limitado, no el de un Estado indiferente. Pero precisamente por eso es necesario que la financiación de sus funciones se haga mediante un sistema tributario que interfiera lo menos posible con la creación de riqueza.

La Flat Tax también permite introducir una consideración de economía política. Los sistemas tributarios complejos hacen menos visible quién paga realmente los impuestos y cuánto cuestan los privilegios concedidos por el Estado. Un sistema sencillo, con pocas tarifas y pocas excepciones, facilita el control ciudadano sobre la actividad fiscal y limita la capacidad de los gobiernos para utilizar la tributación como instrumento de intervención particularista.

Naturalmente, la propuesta tiene dificultades de aplicación. La definición de la base gravable, el tratamiento de las transiciones y la suficiencia de los recaudos deben examinarse cuidadosamente. Tampoco basta con adoptar una tarifa uniforme si el gasto público continúa creciendo sin disciplina.

La propuesta de Hall y Rabushka tiene una afinidad importante con otra iniciativa del pensamiento liberal: el impuesto negativo sobre la renta, formulado por Milton Friedman en Capitalism and Freedom (1962).

Friedman partía de una preocupación semejante: una sociedad libre no tiene por qué ser indiferente frente a la pobreza. Sin embargo, la ayuda a quienes carecen de ingresos suficientes no debería convertirse en una estructura burocrática de subsidios, transferencias condicionadas y programas asistenciales que terminen desestimulando el trabajo y la iniciativa individual.

Su propuesta consistía en utilizar el propio sistema tributario para garantizar un ingreso mínimo. Quienes obtuvieran ingresos superiores a un determinado umbral pagarían impuestos; quienes estuvieran por debajo recibirían una transferencia del Estado. Esta transferencia disminuiría gradualmente a medida que aumentaran sus ingresos laborales.

El mecanismo tiene una ventaja fundamental: la persona siempre tendría un incentivo para trabajar y aumentar sus ingresos, pues la transferencia recibida disminuiría en una proporción inferior al ingreso adicional obtenido. Se evita así que aceptar un empleo o trabajar más horas implique perder abruptamente los beneficios asistenciales.

La conexión con Hall y Rabushka es clara. Mientras la Flat Tax busca establecer un sistema tributario sencillo, de tarifa única y base amplia, el impuesto negativo de Friedman ofrece una manera de atender la pobreza sin multiplicar los programas estatales ni introducir distorsiones innecesarias en las decisiones económicas.

Ambas propuestas responden a una misma concepción del Estado: limitado en sus funciones, pero no indiferente frente a la situación de quienes necesitan ayuda. El Estado debe proteger los derechos, garantizar las condiciones institucionales para la creación de riqueza y disponer de mecanismos transparentes para asistir a quienes se encuentran en condiciones económicas difíciles.

La combinación de una tributación sencilla con un mecanismo de ingreso mínimo constituye una alternativa liberal tanto al Estado asistencialista como a la pretensión de que el mercado, por sí solo, debe resolver todas las situaciones de pobreza.

No se trata de redistribuir permanentemente la riqueza mediante una maraña de impuestos y subsidios, sino de preservar los incentivos para crearla y establecer una protección básica para quienes no pueden obtener ingresos suficientes.

Para Colombia la discusión es especialmente pertinente. Tenemos un sistema tributario complejo, inestable, con elevadas cargas sobre las empresas y una proliferación de beneficios y tratamientos especiales. Y una maraña de subsidios a la oferta y a la demanda de los que se benefician no son los más pobres sino los más hábiles en el manejo del sistema político-clientelista.

La libertad económica no consiste solamente en dejar que los individuos intercambien y emprendan. Exige también que las instituciones no penalicen innecesariamente esas actividades. Un buen sistema tributario debe recaudar lo necesario para financiar un Estado limitado, pero sin convertirse en un obstáculo para la formación de capital y la prosperidad.

La Flat Tax expresa una idea que comparto: el Estado no crea la riqueza que grava. La riqueza es el resultado de millones de decisiones individuales de producción, ahorro, inversión e intercambio. La función de un buen sistema tributario es financiar las instituciones que hacen posible ese proceso, no entorpecerlo.

LGVA

Octubre de 2026.

 

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