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viernes, 17 de septiembre de 2021

Si en Hidroituango no hubo corrupción y el seguro está pagando: ¿cuál detrimento fiscal?

 

Si en Hidroituango no hubo corrupción y el seguro está pagando: ¿Cuál detrimento fiscal?

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

El hecho de que la Contraloría no haya encontrado, en el caso de Hidroituango, el más leve indicio de corrupción y que la aseguradora haya reconocido el siniestro dentro de la cobertura de la póliza, habiendo ya desembolsado US$ 350 millones, torna incomprensible su fallo de responsabilidad fiscal que, de confirmarse en segunda instancia, sería desastroso, además de los imputados, para EPM, la ingeniería colombiana, el sector eléctrico y el País todo.

En las 2.511 páginas del fallo no aparece la palabra “corrupción”, a pesar de que toda la investigación del caso fue realizada por la Unidad de Investigaciones Especiales contra la Corrupción. En entrevista transmitida en el Facebook Live de la Contraloría el 7 de septiembre, el Vice Contralor, al explicar el contenido del fallo, reiteró no haber encontrado indicios de corrupción o dolo. De hecho, las 17 personas naturales y las 9 personas jurídica encontradas responsables fiscales lo fueron por culpa grave y no por dolo. Esto nos lleva a la más curiosa y significativa de las peculiaridades del fallo: la contradicción entre la posición de la Aseguradora y la Contraloría con relación a la culpa grave.

El 2 de mayo de 2018, cuatro días después del colapso de la Galería Auxiliar de Desviación (GAD), EPM dio aviso del siniestro a Mafre Seguros Generales de Colombia S.A. El 16 de septiembre, Mafre informó a EPM su decisión de otorgar cobertura bajo la póliza “Todo riesgo, construcción y montaje”, por cuanto la GAD había sido incluida dentro de la misma desde 2014. Y no solo reconoció la cobertura, sino que empezó a pagar: en diciembre de 2019, la aseguradora realizó un primer desembolso de US$ 150 millones, en septiembre de 2020 el segundo, por US$ 100 millones, y, en agosto de 2021, uno más por otros 100 millones.

Al otorgar cobertura, la Aseguradora estaba reconociendo que en la contingencia de abril de 2018 no hubo dolo ni culpa grave, ya que, conforme a lo señalado en el artículo 1055 del Código de Comercio, “el dolo, la culpa grave y los actos meramente potestativos del tomador, asegurado o beneficiario son inasegurables”

Estamos pues ante una situación más bien extraña: el único actor que realmente puede asumir el riesgo admite que no hubo culpa grave, otorga cobertura y procede a pagar. La Contraloría desconoce todo eso y decide endilgar culpa grave a un grupo de particulares que evidentemente no pueden pagar y a un conjunto de empresas que tampoco pueden hacerlo sin caer en la ruina.

El valor asegurado de la póliza todo riesgo para daños materiales asciende a US$ 2.557 millones y el del lucro cesante a US$ 629 millones; en total US$ 3.186 millones que, a una TRM de $/US$ 3.800, equivalen a COP 12,1 billones, es decir, casi tres veces el detrimento fiscal estimado por la Contraloría.  Pero hay más: los pagos ya realizados por US$ 350 millones equivalen a COP 1,3 billones, es decir, el 31% del supuesto detrimento fiscal. La única fuente de pago cierta podría desaparecer si, al confirmarse el fallo, Mafre decidiera volver sobre sus pasos y negar la cobertura puesto que la culpa grave no es asegurable.  

Debe haber sido muy frustrante para los investigadores de la Contraloría no haber podido encontrar en los miles de documentos examinados un solo indicio de corrupción ni entre las decenas de imputados uno solo que pudiera ser acusado de corrupto. Tampoco pudieron obtener pruebas que les permitieran identificar claramente un solo responsable directo e inmediato – persona o empresa - del colapso de la GAD. Por esa razón han debido desarrollar la curiosa teoría de los “hechos sucesivos y concatenados” que, protagonizados por diversos actores desde 2008, condujeron inexorablemente al colapso de la GAD diez años después, convirtiéndolos en responsables todos a una, como en Fuente Ovejuna.

Las 2.511 páginas del fallo son, en efecto, un despliegue exacerbado de la falacia “post hoc ergo propter hoc” o falacia de la causa falsa, que consiste en suponer que la causa de un suceso es necesariamente algo que sucedió antes. Los investigadores de la Contraloría parecen razonar de la siguiente forma:

La GAD colapsó. Como evidentemente no hubiera colapsado si no hubiese sido construida, la causa del colapso de la GAD es su propia construcción. Como la GAD no se construyó a sí misma, los responsables de su colapso son aquellos la concibieron, diseñaron y construyeron. Como estas personas no actuaban por cuenta propia, sino que eran agentes que ejecutaban un mandato contractual, evidentemente, el responsable es el principal que les encomendó el trabajo. Como el mismo principal era a la vez agente de otro principal al que estaba vinculado por un contrato BOOMT, el responsable es ese segundo principal. Y así llegamos a que los responsables del colapso de la GAD son quienes concibieron, negociaron y celebraron el famoso BOOMT.

¿Se detienen allí las cosas? No necesariamente, si seguimos esta lógica, el BOOMT no se habría celebrado si Hidroituango no hubiese sido dueña del proyecto, esto no habría sido posible si no hubiese tenido el control de una sociedad a la que en algún momento ISAGEN aportó unos estudios de factibilidad realizados sobre un potencial hidrológico identificado por los ingenieros Lucio Chiquito y José Tejada. Hay que concluir por tanto que, por lo menos aquí en la tierra, los responsables del colapso de la GAD son los ingenieros Chiquito y Tejada que en mala hora identificaron el bendito proyecto.

De manera semejante a la pesca con red de arrastre - donde caen indiscriminadamente toda suerte de peces, grandes y chicos - con la “metodología” de la Contraloría caen también peces grandes y chicos, pero es imposible responsabilizar a cada uno de los implicados de una porción específica del detrimento fiscal causado. No hay forma de establecer qué parte de los 4,3 billones “embolatados” es atribuible a la decisión tomada en una fecha cualquiera por una o varias de las personas involucradas. Es de no creer que, de existir en efecto la supuesta culpa grave, la responsabilidad fiscal de un funcionario que pasó fugazmente por una junta directiva sea la misma que la del consorcio constructor, por ejemplo.

En su fallo la Contraloría alega una y otra vez que eso no importa y que la responsabilidad es solidaria, lo cual significa que todos y cada uno de los responsables fiscales son responsables de la totalidad del detrimento fiscal. Es decir, que, si todos pagaran lo suyo, el fisco sería resarcido por COP 111,8 millones y no en COP 4,3 billones o que si uno solo paga los demás quedan eximidos de toda responsabilidad.

No se cuál es el argumento legal de la Contraloría, pero esa tesis me parece tan disparatada como decir, por ejemplo, que los colombianos son solidarios con el recaudo esperado de la reforma tributaria y que cada cual puede pagar, si a bien lo tiene, los 15 billones, pero que, si uno solo lo hace, los demás quedan exentos.    

Las falsas causas llevan a la identificación de falsos responsables. No me cabe la menor duda de que los abogados de los imputados conseguirán demostrar la falsedad de las concatenaciones especificas en el caso de cada uno de ellos. El problema es que cuando eso ocurra el enorme daño causado por el fallo ya estará hecho y será irreversible.

La primera consecuencia del fallo podría ser, como ya se dijo, que la Aseguradora reniegue la cobertura ya otorgada. Así, aunque siempre alega que el propósito de su actuación es el resarcimiento, la Contraloría se quedaría con 26 “culpables graves” insolventes, al tiempo que le ahorra a Mafre más de tres mil millones de dólares. Esto si es quedarse con el pecado y sin la prenda.

De ser confirmada su responsabilidad fiscal, el consocio CCCI no podría continuar con el proyecto. Su reemplazo por otro contratista retrasaría la entrada en operación comercial, por lo menos seis o doce meses, ocasionando más lucro cesante, multas adicionales a EPM, aumento en el precio de la electricidad y mayor el riesgo de racionamiento.

Si sus contratistas son responsables por culpa grave, EPM también lo es. Esto debilita la posición de EPM frente a las demandas por más de diez billones de los supuestos afectados aguas abajo del proyecto. Una condena en esos procesos desestabilizaría gravemente las finanzas de EPM, restringiendo su acceso al mercado de capitales y sus posibilidades de crecimiento.  

En resumen: con el fallo se pierde la cobertura del seguro, se arruinan prestigiosas empresas causando grave daño a la ingeniería colombiana, se aumentan los costos del proyecto, se induce el aumento del precio de la electricidad, se pone al País en riesgo de racionamiento y, eventualmente, se lleva a EPM al borde de la quiebra, de resultar condenada en las demandas de los supuestos afectado aguas bajo.

Es ya costumbre en Colombia que algunos jueces ignoren paladinamente las consecuencias económicas y fiscales de sus fallos. Parece ser que la Contraloría sigue esta misma línea, lo cual es un exabrupto, por decir lo menos. Dada la enormidad de perjuicio, la precariedad del resultado y la debilidad de fallo, es legítimo preguntarse: ¿Quién controla a la Contraloría?

LGVA

Septiembre de 2021.  

 

 

 

 

 

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Populismo y libertad

 

Populismo y libertad g

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

Hasta hace algunos años el sustantivo populismo no aparecía en los principales diccionarios de la lengua española, el de la RAE y el María Moliner. Aparecía el adjetivo populista, definido como “perteneciente o relativo al pueblo”, en el primero, y como “se aplica a los partidos populares de algunos países”, en el segundo.  

En su vigésima tercera edición, la de 2014, el diccionario de la RAE trae por vez primera el término populismo y lo define como la “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”, precisando que se usa más en sentido despectivo. En consonancia con esa definición, el adjetivo populista adquiere una nueva acepción: “perteneciente, relativo o partidario del populismo”.

También el María Moliner se actualiza, definiendo el populismo como “doctrina política que pretende defender los intereses de la gente corriente, a veces demagógicamente”. Finalmente, el diccionario de Salamanca de la editorial Santillana trae a su turno esta definición: “ideología y comportamiento que defienden demagógicamente los intereses de las clases populares”.

Esas definiciones son insuficientes para delimitar adecuadamente la noción de populismo. De hecho, pueden aplicarse a cualquier ideología, a cualquier partido o a cualquier político por la sencilla razón de que, en democracia, el proceso político-electoral es siempre un intercambio de promesas por votos. Todos los partidos pretenden defender los intereses de la gente, en especial de las clases populares, y, para atraer los votos, todos están obligados a prometer algo que supuestamente pueda lograrse poniendo en funcionamiento los medios de acción del estado.  

Así pues, la diferencia del populista – discurso, partido o caudillo – con el no-populista - discurso, partido o caudillo – es cuestión de grado y no de especie. Esa diferencia tiene que establecerse con relación a las promesas y a los medios de acción empleados para materializarlas. Por ello, el rasgo más notable del populismo es la desmesura de las promesas y en el empleo de los medios de acción del gobierno.



La desmesura en las promesas es algo bien conocido y, si el populista no llegara jamás al poder, sus propuestas no serían más que apuntes divertidos de la vida política, como los del doctor Gabriel Antonio Goyeneche de pavimentar el río Magdalena, para agilizar la comunicación con la Costa Atlántica, y de ponerle una marquesina a Bogotá, para protegerla de su inclemente clima. El problema es que la gente cree en esas promesas, vota por ellas y, frecuentemente, lleva al poder a los políticos más populistas.

El asunto de la seducción que sobre las clases populares ejercen los demagogos ha sido tratado por la ciencia política prácticamente desde Aristóteles. Esa era una de las razones, quizás la más poderosa, por las cuales los liberales decimonónicos rechazaron el voto universal y defendieron el voto censitario, limitado a personas solventes y alfabetizadas. John Stuart Mill fue categórico al respecto: la democracia no puede funcionar donde la gente es muy pobre y muy ignorante.

En el siglo XX, el desarrollo del estado del bienestar asistencialista, posibilitado por la enorme capacidad productiva del capitalismo, ha permitido instalar en la conciencia de la mayoría de las personas la creencia de que el estado está en capacidad de solucionar los males de la pobreza y la desigualdad, la creencia de que solo basta “voluntad política” para que se implante entre los hombres el reino de la “justicia social”.

Ese problema, extremadamente complejo y que afecta a todas las democracias del mundo, ha llevado a que todos los líderes y partidos se vean compelidos a incorporar dentro de su discurso y sus programas ideas y propuestas populistas, son pena de no ganar jamás una votación. Así como Hayek hablara, a mediados del siglo XX, de “socialistas de todos los partidos”, hoy puede hablarse de “populistas de todos los partidos”. Esto representa una enorme amenaza para la libertad.  

En efecto, aunque la gente no sea plenamente consciente de ello y algunos políticos busquen que no lo sea, toda votación en democracia liberal es una elección entre libertad individual y coacción estatal. No existe una sociedad completamente ácrata y ningún estado totalitario ha logrado suprimir por completo los intercambios voluntarios. En las sociedades reales los individuos viven una combinación de libertad y coacción. Las promesas populistas requieren siempre de más coacción.

El estado tiene cinco formas o instrumentos de inmiscuirse en la vida de las personas y limitar su libertad: la reglamentación, los impuestos, la propiedad estatal, el control de la moneda y el gasto público. Toda acción enderezada a lograr las promesas populistas implica la movilización de uno o varios de esos instrumentos.

Es característico de los populistas su “torpeza” en el manejo de los instrumentos de intervención económica de que disponen los gobiernos. Esa “torpeza” es, inicialmente, consecuencia directa de la desmesura de sus propósitos y, posteriormente, se retroalimenta en la medida en que los errores desatan nuevas intervenciones para corregir los errores que esas mismas intervenciones causan. Además de conducir al desastre económico, esas intervenciones miman cada vez más la libertad económica de las personas, lo cual ahonda el desastre económico y así sucesivamente, hasta la próxima votación. Pero en muchos casos las cosas no terminan allí.

 En la visión contractualista el estado se instituye para proteger la vida y la propiedad de los ciudadanos y garantizar las libertades que les son inherentes. La gran paradoja consiste en que un estado con la suficiente fuerza para garantizarlas tiene también la fuerza requerida para conculcarlas. Y esto es lo que puede ocurrir allí donde el populismo acaba con la economía y las libertades económicas: desaparecen la separación de poderes, el estado de derecho y las elecciones periódicas.

La experiencia reciente de países como Venezuela, Nicaragua y Bolivia muestra que las libertades políticas no pueden mantenerse sin libertades económicas. Los desastres económicos y políticos de esos países son desastres consentidos por sus ciudadanos que votaron por el populismo en elecciones democráticas.    

LGVA

Septiembre de 2021.

 

 



g Texto de charla con grupo de empresarios de Medellín el 14 de septiembre de 2021.

lunes, 30 de agosto de 2021

Democratizar EPM

 

Democratizar EPM

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

La propuesta de la Gobernación de Antioquia y el IDEA de intercambiar sus acciones en Hidroituango por una participación en EPM permite poner, nuevamente, en la palestra el tema de la democratización de la propiedad de esta empresa.

La Junta Directiva autorizó la compra de esas acciones, pero negó de plano la posibilidad de que el pago se hiciera con una participación patrimonial en EPM. Esto es un asunto extremadamente complejo porque, además del enorme trabajo técnico necesario para hacer las valoraciones requeridas, sería necesario que, mediante acuerdo del Concejo, EPM se convirtiera en sociedad por acciones, apareciendo así el “fantasma de la privatización” que tanto espanta a muchísimos ciudadanos en Medellín.   

Miles de medellinenses, incluidos muchos amigos míos, se creen propietarios de un “pedacito” de EPM. Cuando les ofrezco comprar ese “pedacito” – porque la prueba de que uno es dueño en realidad de algo es poder dejar de serlo vendiéndolo o regalándolo- se molestan y caen en un berenjenal de disquisiciones jurídico-ideológicas sobre el bien común, lo que es de todos y demás linduras.



Mas allá de las categorías jurídicas, toda propiedad es privada y el verdadero dueño de las cosas es quien decide lo que puede hacerse con ellas. Los verdaderos dueños de las empresas estatales son los políticos y sus agentes que temporalmente las controlan entre una elección y otra.

Esta clase de propiedad temporal permite disponer libremente de los ingresos más no del patrimonio. Por eso no es extraño que los propietarios temporales tiendan a aprovecharse al máximo de esos ingresos sin preocuparse demasiado de la conservación del capital.  Esa es en última instancia la razón por la cual las empresas estatales suelen ser mal administradas.

Las diferencias en la conducta de los políticos que temporalmente ejercen el control de las empresas estatales son de grado y no de especie. Los hay delicados, prudentes, respetuosos de las formas; pero los hay también agalludos, impetuosos y propensos a tirar la vajilla y limpiarse con el mantel.

Con una junta directiva de bolsillo, un concejo municipal sometido con prebendas y canonjías y un total desprecio por los profesionales y trabajadores de la Empresa, Quintero Calle se pasa por la faja el “Convenio Marco” y, ante la indiferencia cómplice de la Superservicios y la Procuraduría, se burla de la ley 142, que supuestamente lo obliga a implantar en EPM “una administración profesional, ajena a intereses partidistas, que tenga en cuenta las necesidades de desarrollo del servicio en el mediano y largo plazo”. Esto debería ser suficiente para que la gente de Medellín entienda que el control de un bloque patrimonial como EPM no se puede entregar, sin contrapesos, a un solo individuo, confiando en su buena voluntad.

En los años noventa del siglo pasado - con ocasión de la aprobación de la ley 142 y de los grandes cambios en el entorno económico, regulatorio y tecnológico de los servicios públicos domiciliarios - se planteó la transformación de las principales empresas del sector en sociedades por acciones y su venta parcial o total al sector privado.

Eso dio lugar a historias muy disímiles. Un poderoso sindicato de izquierda frustró la privatización de Telecom que, totalmente insolvente, tuvo que ser “regalada” a Telefónica quince años después. EMCALI, que se mantuvo y se mantiene totalmente pública, cayó en situación de quiebra de la que fue salvada por la Nación que asumió sus acreencias. Por el contrario, Bogotá realizó una privatización exitosa de sus empresas de energía y telecomunicaciones, cuando estaban casi colapsadas. ISA, escindida en dos empresas, es también un caso de privatización exitosa.   

En su momento también se planteó la venta parcial de EPM y la democratización de su propiedad. Se propuso su escisión en dos empresas, una de telecomunicaciones y otra que agrupara los demás servicios. De la primera se propuso vender el 80% del patrimonio y de la segunda el 20%, para formar con esos recursos un fondo de inversión social a disposición del Municipio de Medellín. Esta propuesta fue sometida a consideración del Concejo Municipal donde tuvo 9 votos favorables y 11 en contra.

EPM realizó un importante proceso de transformación cuyo principal componente fue la expansión de su actividad dentro y fuera de Colombia. Para manejar sus relaciones con el Municipio de Medellín se adoptó, en 2005, un Código de Gobierno Corporativo que funcionó relativamente bien hasta la llegada de Quintero Calle a la alcaldía.

Aunque ninguno llegó a los desafueros de Quintero Calle, todos los alcaldes han convertido a EPM en la “vaca lechera” del municipio de Medellín, sacándole hasta el 70% de las utilidades, a pesar de que los estatutos establecen que las transferencias ordinarias no pueden exceder el 30%.  Además, el propietario, “invita” a EPM a financiar todo tipo de obras y gastos de “inversión social”. La creciente dependencia del Municipio de las transferencias de EPM, que son más de 30% de su presupuesto, es perjudicial y riesgosa para ambas entidades.

Es poco probable que la propuesta del Departamento avance bajo la actual administración municipal. Sin embargo, es importante que se haya planteado porque permite debatir nuevamente el tema de la transformación de EPM en sociedad por acciones y la democratización de su propiedad, para establecer contrapesos reales en su dirección y para que los ciudadanos de Medellín, que compren acciones, sean sus dueños de verdad.

LGVA

Agosto de 2021

lunes, 16 de agosto de 2021

Blanca Liliana y AFINIA

 

Blanca Liliana y AFINIA

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

Triste y lamentable la salida de Blanca Liliana Ruiz Arroyave de la gerencia de AFINIA. Su llegada a ese cargo fue un acierto de Álvaro Guillermo Rendón quien creyó que ella, partícipe y conocedora al detalle de un plan de negocios elaborado por los mejores profesionales de EPM, era la persona más indicada para ejecutarlo. Blanca Liliana gozaba también de toda la confianza de las autoridades nacionales del sector eléctrico: Ministerio de Minas y Energía, CREG y Superintendencia de Servicios Públicos. Y no decepcionó las expectativas.

Con la inteligencia, la determinación y el entusiasmo que le conocen todos los que en EPM y en todo el sector eléctrico han trabajado con ella, emprendió su tarea y pronto, muy pronto, empezó a mostrar resultados. Se aumentó el número y la actividad de las brigadas operativas, 185 circuitos intervenidos con mejoras y adecuaciones y 10 circuitos nuevos instalados, se realizaron podas técnicas en más de ocho mil kilómetros, se lavaron más de 71.000 estructuras, 1.114 transformadores de distribución renovados, se ampliaron 7 subestaciones y se puso una nueva en operación. En unos cuantos meses se realizaron inversiones por más de 257.000 millones de pesos que beneficiaron a más de 800.000 clientes.



Esa vigorosa actividad permitió la rápida mejora en la calidad y continuidad del servicio al reducirse drásticamente la frecuencia y duración de las interrupciones y disminuir los tiempos de atención de los daños reportados. La mejora en la calidad del servicio era fundamental para que la empresa ganara legitimidad en las tareas cruciales de reducción de pérdidas negras, disminución de la cartera y recuperación del recaudo mediante las estrategias comerciales flexibles y las mejoras tecnológicas que se empezaron a aplicar.

Los sistemas de distribución-comercialización colapsan cuando caen en el círculo vicioso de mal servicio que lleva al fraude y el bajo recaudo lo cual se traduce en menores recursos para operar y mantener la red lo que deteriora aún más la calidad del servicio y lleva a más fraude y menor recaudo. Bajo el liderazgo de Blanca Liliana, AFINIA había roto ese círculo vicioso y se estaba pasando al círculo virtuoso de mejor servicio, menores pérdidas, mayor recaudo y mejor servicio.

Ciertamente es mucho lo que falta por hacer para disminuir las pérdidas, aumentar más el recaudo y reducir aún más la frecuencia y duración de las interrupciones. Muchos de los frutos de lo realizado en los 10 meses de la gerencia de Blanca Liliana se cosecharán en el segundo semestre de este año y en el primero del próximo porque entran en operación importantes obras que se están ejecutando.

Todo mundo estaba contento con esos resultados: lo estaban los usuarios, con la mejora del servicio y la pronta y cálida atención de sus requerimientos; lo estaban las autoridades locales y los líderes comunitarios con quienes se establecieron sólidas relaciones de confianza pues su concurso era fundamental para el proceso de recuperación del servicio; lo estaba el mercado eléctrico cuyos agentes volvieron a confiar en AFINIA vendiéndole energía en el mercado de largo plazo; lo estaban las autoridades nacionales del sector eléctrico – Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, Comisión de Regulación de Energía y Gas y Ministerio de Minas y Energía- que seguían con atención lo que era un proyecto de espacial importancia para el Gobierno Nacional; lo estaba la Junta Directiva de EPM, que, después de recibir la información directa de lo realizado,  aplaudió la gestión de Blanca Liliana.

La Superintendencia presentó la siguiente evaluación del primer trimestre de 2021:

“Afinia presenta un cumplimiento de metas del 94%. La obras e inversiones realizadas por la empresa entre enero y marzo de 2021 mejoraron la prestación del servicio a más de 800.000 usuarios en cuatro departamentos. En sus primeros seis meses de operaciones Afinia invirtió $ 142.488 millones en los cuatro departamentos donde opera”

Y, por último, más no de último, estaban contentos los 1.200 empleados y trabajadores quienes vieron renacer su Empresa bajo el liderazgo de Blanca Liliana que les transmitía esperanza, confianza, tranquilidad, firmeza, inteligencia, conocimiento técnico, responsabilidad y, sobre todo, humanidad. Y se lleva la gratitud y afecto de esos trabajadores porque cuando nadie daba un peso por esa compañía, Blanca Liliana creyó en ellos.  Tengo que citar uno de los cientos de mensajes que le han enviado los trabajadores que se duelen de su salida:

“Sra. Blanca Liliana, quiero confesarle una cosa: nunca ningún líder, gerente intermedio o gerente general me ha transmitido tanta esperanza y confianza como usted y, créame, con ninguno me había identificado tanto como con usted, porque si algo me terminó de confirmar los planes de Dios para con mi vida y mi familia en esta ciudad, fue cada palabra que salió de su boca y su corazón en estos diez meses”.

Especial mención merece la forma transparente como se venían ejecutando todos los proyectos y programas de la Empresa. Todas las semanas - porque todas las semanas se hacían cosas y había qué contar- los cuatro gobernadores, los alcaldes de todos los municipios y decenas de líderes recibían el informe de las acciones adelantadas por AFINIA en cada departamento.  



Pero había gente que no estaba contenta. Después del abrupto retiro de Álvaro Guillermo Rendón de la gerencia, se intensificó la hostilidad manifiesta del alcalde de Medellín y de sus alfiles enquistados en la dirección de EPM. Hicieron todo lo posible por aburrir a Blanca Liliana y hacerla renunciar. Finalmente, enfrentados a su sólida determinación, se inventaron un turbio proceso para la selección de “gerente en propiedad” de AFINIA.

A pesar de las recomendaciones que se le hicieron de no prestar su nombre en una selección que se anticipaba amañada, Blanca Liliana consintió en ello pues creía que era su deber profesional con los usuarios de AFINIA, con EPM y con las autoridades nacionales que confiaban en ella. Ya sabemos el resultado.

En reemplazo de Blanca Liliana, llega a la gerencia de AFINIA el señor Javier Lastra Fuscaldo, un hombre del mundo de la política, quien en junio de 2009 fue despojado de su investidura de concejal de Bogotá por violar el régimen de inhabilidades al ejecutar contratos, con recursos públicos, por más de 7 mil millones de pesos mientras se desempeñaba como liquidador de Adpostal. En noviembre de 2016, Lastra fue nombrado agente interventor de Electricaribe. Dos años más tarde, la recién posesionada Superintendente de Servicios Públicos Domiciliarios, Natasha Avendaño lo retira del cargo, de la forma más discreta posible y sin ninguna explicación. Ella sabrá por qué lo hizo.

Sorprende la impavidez de la Junta Directiva de EPM, las autoridades nacionales y los entes de control frente a lo que está pasando en AFINIA, en particular, y en EPM, de forma más general. Lo que pueden hacer las autoridades de las entidades territoriales con la dirección de las empresas oficiales tiene límites, definidos por al artículo 27.5 de la ley 142 de 1994 que a la letra dice:

“Las autoridades de las entidades territoriales, sin perjuicio de las competencias asignadas por la ley, garantizarán a las empresas oficiales se servicios públicos el ejercicio de su autonomía administrativa y la continuidad en la gestión gerencial que demuestre eficacia y eficiencia. No podrán anteponer a tal continuidad gerencial intereses ajenos a los de la buena prestación del servicio”

 Es dudoso que lo ocurrido de AFINIA y el carrusel en el que se ha convertido la gerencia de EPM, se ajusten remotamente a la letra y al espíritu de esa norma. En fin, cada cual en su conciencia es el mejor juez del cumplimiento de sus responsabilidades.

En cualquier caso, Blanca Liliana cumplió con las suyas hasta el último momento, con un elevado costo emocional y de su propia salud. Esto lo reconocen sus pares profesionales de EPM y todo el sector eléctrico que saben valorar su gestión y que hoy la ven salir con una grandeza en la que no hacen mella las infames componendas a las que se vió sometida.

Felicitaciones por lo realizado y mucha suerte en las cosas buenas que harás por el sector eléctrico, por EPM y por el País donde quiera que te coloque el destino. ¡Adelante Monita!

LGVA

Agosto de 2021.

sábado, 31 de julio de 2021

Pensando en Colombia: un libro importante

 

Pensando en Colombia: un libro importante

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

En el siglo XX, tanto la población como el producto por habitante, se multiplicaron por más de 10 y, en el último medio siglo, la pobreza multidimensional se redujo en más de cincuenta puntos porcentuales, al pasar de 70%, en 1973, a 17% en 2020. En ese mismo lapso, la clase media se duplicó y la oferta de bienes y servicios al alcance de los colombianos se diversificó y amplió considerablemente, con un coeficiente Gini de consumo de 36.

El desarrollo económico colombiano se ha dado en el marco de una democracia imperfecta y con un grado de libertad económica aún insuficiente. En efecto, Colombia ocupa un puesto intermedio en el Índice de Democracia de The Economist, 46 entre 167 países, lo que la califica como Democracia Imperfecta. En el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage ocupa el puesto 49 entre 178 países y en el del Instituto Fraser, el 92 entre 162

Pensando en Colombia es el título del libro - prologado por Salud Hernández y editado por Camilo George – donde una treintena de autores, en más de 150 artículos, defienden y critican a la vez las instituciones de nuestra democracia liberal y nuestra economía de mercado, que al mismo tiempo han posibilitado nuestro desarrollo y puesto límites a su celeridad.



Desde hace varias décadas, la democracia liberal y la economía de mercado han estado bajo ataque en América Latina. La novedad del ataque actual radica en el respaldo que ha tenido entre los ciudadanos, quienes, en una elección tras otra y en todos los países de la Región, han votado masivamente por los que les ofrecen la supresión cierta de la libertad a cambio de una ilusoria promesa de igualdad.

La defensa de la libertad suele ser difícil pues, como cínicamente lo dijera Napoleón, por ser necesaria a una categoría reducida de hombres, la libertad puede limitarse impunemente, mientras que la igualdad agrada a la multitud. No debe olvidarse que los italianos votaron a Mussolini y los alemanes a Hitler y que en las naciones supuestamente más cultas y civilizadas la gente continúa votando por enemigos declarados de la libertad. De ahí la necesidad de explicar, argumentar, documentar en su defensa y eso es lo que se hace, desde diversos ángulos, en este importante libro.

Rodrigo Pombo asume sin complejos la defensa desde una perspectiva histórica:

“La verdad es que Colombia se la jugó por el Estado de derecho, las virtudes republicanas y una democracia liberal, imperfecta pero comparativamente sólida y ejemplar. De suyo, Colombia se la jugó por un sistema económico capitalista”.

María José Bernal, defensora incansable del libre mercado en Colombia, encuentra que su principal deficiencia es la normativa laboral y sin reato alguno lanza propuestas sacrílegas:

“…necesitamos reducir costos y regulaciones tanto de contratación como de despido de los empleados (…) tenemos que promover la contratación por horas y retomar sin miedo el tema de un salario mínimo diferencial por regiones”   

Frente al discurso tradicional que es incapaz de ver nada más allá del asistencialismo y las “ayudas” del gobierno, Maria Clara Escobar reclama:

“…políticas efectivas (…) basadas en la apertura económica, el crecimiento y la competitividad (…) para que los empresarios lideren la recuperación”

Por su parte, después de poner en evidencia que:

 “…el modelo económico de la economía de mercado, con sus imperfecciones en Colombia, ha producido inmensa prosperidad en las últimas décadas”

Camilo Guzmán se pregunta:

“¿Por qué entonces el discurso anti-iniciativa privada tiene tanta fuerza?”

Y encuentra la repuesta en la ofensiva ideológica y cultural de los enemigos del mercado. Hay que responder con decisión y sin complejos a esa ofensiva, sin dudar en ningún momento de la superioridad moral y funcional de los valores e instituciones de la economía de mercado y la democracia liberal.

Pensando en Colombia es un libro importante, pertinente y oportuno. Empresarios, políticos liberales, jóvenes estudiantes y trabajadores formales e informales encontrarán allí abundante pertrecho conceptual para participar en la necesaria e inevitable batalla por la libertad en el terreno de las ideas.

LGVA

Julio de 2021.

 


miércoles, 21 de julio de 2021

Libertank y el retorno del liberalismo

 

Libertank y el retorno del liberalismo

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

Los valores fundamentales del liberalismo clásico - la libertad como valor supremo, la responsabilidad individual y el gobierno limitado- son tan obvios y sencillos que resulta sorprendente que caigan en el olvido y que sea necesario recordarlos periódicamente y limpiar los establos de Augias de leyes y decretos donde han sido sepultados.

El olvido del liberalismo clásico no se produjo de un momento a otro, ni la renuncia a sus valores fundantes se hizo de forma consciente y deliberada. De hecho, cuando los políticos de todos los países y las masas que los apoyaban impulsaban la legislación liberticida, en la mayoría de los casos creían estar velando por la creación o preservación de algún bien público.

El crecimiento de los “bienes meritorios” encomendados al gobierno, de las “fallas de mercado” que debían ser corregidas, de las “injusticias sociales” que debían ser remediadas, de los “impactos ambientales” que debían ser mitigados, en fín, de los riesgos y amenazas que hay que evitarles a los ciudadanos infantilizados; todo eso hacía crecer cada vez más el tamaño del gobierno al tiempo que los individuos renunciaban a su libertad de elegir y declinaban la responsabilidad de sus elecciones. 

Las dos guerras mundiales y la crisis de los años 30 fueron catalizadores de intervencionismo estatal pues acabaron con el patrón oro y legitimaron el déficit fiscal. La idea keynesiana de una demanda agregada insuficiente, que debía ser complementada por el gasto del gobierno, era música celestial para los políticos de todos los países. El proteccionismo de la Cepal, en América Latina, dio al intervencionismo un fundamento adicional, muy bien recibido por los empresarios de la industria naciente.

Aterrado por el crecimiento del tamaño de los gobiernos democráticos y el avance de las ideas socialistas en los países de Occidente, en 1947, Hayek fundó, con 36 intelectuales más, la Sociedad Mont Pelerin, con el objeto de defender, preservar y difundir el pensamiento liberal. Aunque esto tuvo impactos en el mundo académico, en el terreno de la política económica, el estatismo y el keynesianismo siguieron dominando hasta los años 70, cuando la inflación y la ineficiencia gubernamental pusieron en evidencia sus límites.

Con Margaret Thatcher y Ronald Reagan el liberalismo clásico tuvo en los años 80 del siglo XX una nueva y exitosa oportunidad sobre la tierra, afectando de forma duradera la política económica de las democracias occidentales e influenciando, incluso, las ideas de laboristas, socialistas y socialdemócratas que se hicieron más respetuosos del mercado y la libertad. La ortodoxia monetaria, el balance fiscal y el libre comercio volvieron a ser respetables; disminuyó el tamaño de los gobiernos y se desacralizó el asistencialismo.

Mientras esas transformaciones se estaban dando en el mundo, la sociedad colombiana se encontraba sumida en una durísima lucha con los narcotraficantes y las guerrillas que también se lucraban del negocio. No obstante, el gobierno de Barco Vargas dio un decisivo paso hacia la libertad comercial acabando con el control de cambios. El gobierno de Gaviria avanzaría aún más abriendo la economía y adelantando reformas a la seguridad social, al sistema financiero, al régimen de inversión extranjera, a los servicios públicos domiciliarios y al régimen laboral. Reformas similares se adelantaron en otros países de América Latina y a eso se le dio el nombre de “neoliberalismo”.

Las reformas neoliberales impulsaron el desarrollo del mercado de capitales, facilitaron la inversión extranjera y permitieron la internacionalización del empresariado colombiano. No obstante, el proceso reformista se detuvo y el colectivismo antiliberal empezó a ganar terreno en Colombia y en toda América Latina, desde finales de los años 90, especialmente a partir del ascenso de Hugo Chávez al poder en Venezuela.

Bajo el ropaje de la lucha contra la pobreza y la desigualdad y en pro de una quimérica “justicia social”, el discurso antiliberal fue progresando a lo largo de los años, frente a un establecimiento político y económico confundido que solo atinaba a responder tratando de superar la oferta asistencialista y alcabalera de una izquierda que se siente victoriosa porque ha logrado imponer los términos del debate político.  



La actividad de Libertank y de otras expresiones del pensamiento liberal, surgidas al margen del establecimiento político y gremial tradicional, debe ser saludada como una gran contribución a la superación de esa confusión y al replanteamiento radical del contenido y el lenguaje mismo del debate de política pública, sin hacer a la corrección política concesiones que limitan el pensamiento y la acción.

Desde mediados de los años 90 un par de instituciones, la Fundación Heritage en Estados Unidos y el Instituto Fraser en Canadá, realizan comparaciones del grado de libertad económica en un número creciente de países del mundo. Colombia ocupa un lugar más bien modesto en esas clasificaciones: en la del Instituto Fraser aparece en el puesto 92 entre 162 países y en el 49 entre 178 en la de la Fundación Heritage. Libertank hace un gran trabajo monitoreando y evaluando de forma permanente las propuestas de política, las acciones del ejecutivo y las decisiones administrativas, legislativas y judiciales que inciden directamente en la libertad económica.

También Libertank realiza un importante trabajo pedagógico para recuperar, debajo del manto ideológico del colectivismo, verdades tan elementales como que la riqueza de unos no es la causa de la pobreza de los otros; que lo que distingue a los países avanzados de aquellos que no lo son no es la desigualdad de ingresos sino la fuerza del hábito de inversión; que las empresas no son ni pobres ni ricas sino eficientes y productivas; que el asistencialismo solo hace llevadera la pobreza, al tiempo que socava la predisposición al esfuerzo y abona la corrupción, en fin, que lo único que saca a la gente de la pobreza es el trabajo de generar su ingreso propio, lo que fortalece la autoestima y la responsabilidad de personas cada vez más autónomas y orgullosas de su libertad.

LGVA

Julio de 2022.

domingo, 18 de julio de 2021

Las repúblicas independientes de Bogotá, Cali y Medellín

 

Las repúblicas independientes de Bogotá, Cali y Medellín

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista

 

A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado, grupos de delincuentes se apoderaron de pequeñas porciones del territorio nacional imponiendo, por la fuerza de las armas, su dominio a los indefensos pobladores, a quienes cobraban “impuestos”, “organizaban” sus labores productivas e impartían “justicia”. Por esa razón, Álvaro Gómez Hurtado, con su habitual lucidez, les dio el nombre de “Repúblicas Independientes” a las veredas de Marquetalia (Tolima), El Pato (Huila), Riochiquito (Cauca) y Guayabero (Guaviare), donde se enseñoreaban esos delincuentes.

Entendiendo que era inaceptable tener a algunos de sus ciudadanos en tan ominosa situación, el gobierno del presidente Guillermo León Valencia ordenó una operación militar que permitió la liberación de los territorios. Los delincuentes que se dieron a la fuga formaron una guerrilla móvil de la que saldrían las Farc.

Las “repúblicas independientes” parecen estar renaciendo, no en veredas remotas, sino en las tres principales capitales del País.   

Desde el 28 de abril y durante todo el mal llamado “Paro Nacional”, las tres principales ciudades del País se transformaron en “Republicas Independientes”. Bandas de delincuentes armados bloquearon vías, destruyeron a placer bienes públicos y privados, aterrorizaron a la población y atentaron contra la salud pública; con la complacencia y protección de las alcaldías de Bogotá, Medellín y Cali.

Esos delincuentes, que se autodenominan “Primera Línea”, acampan en diversos lugares de esas ciudades, haciendo ostentación de su armamento y realizando prácticas de lucha callejera. En Bogotá, un ciudadano pereció decapitado por una guaya de un bloqueo; en Medellín, impartieron entrenamiento en lucha callejera a menores de edad en un parque público y se tomaron las instalaciones de la Universidad de Antioquia; en fin, en Cali mantienen retenes en los que cobran peajes a los ciudadanos que transitan en carro o a pie. Increíblemente, la alcaldesa de Bogotá y los alcaldes de Medellín y Cali los acogen en sus despachos y les ofrecen dádivas y regalos para premiar sus ataques contra la sociedad.

Los alcaldes de Medellín, Cali y Bogotá han incumplido ostensiblemente sus deberes constitucionales y legales, en particular, con el artículo 315 de la Constitución, que supuestamente los obliga a conservar el orden público, “de conformidad con la ley y las instrucciones y órdenes que reciban del presidente de la república y del gobernador”. Por su parte, el presidente, según el artículo 189 de Constitución, tiene el deber de “conservar el orden público en todo el territorio nacional y reestablecerlo donde fuere perturbado”. No se sabe si el presidente no ordenó nada o si, habiéndolo hecho, los alcaldes no obedecieron sus órdenes. En todo caso, durante los días del paro, se tuvo la impresión de que la constitución de Colombia quedó derogada en Bogotá, Cali y Medellín.

Los militantes de la “primera línea”, los indígenas mingueros y otros grupos delincuenciales han hecho pública su intención de reanudar su violencia contra la sociedad con ocasión del 20 de julio en Bogotá, Medellín y Cali. Si los delincuentes logran su propósito de intimidación y destrucción en impunidad, habrá que concluir que nuestras tres principales ciudades definitivamente son “repúblicas independientes” donde no rige la constitución colombiana ni gobierna el presidente Duque.

LGVA

Julio de 2022.