La Corte: ni respetable ni
respetada
Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista
"Hemos llegado al situación escandalosamente paradójica en que nuestro sistema de justicia parece estarse pasando al bando de los criminales"
(Álvaro Gómez Hurtado)
"Hemos llegado al situación escandalosamente paradójica en que nuestro sistema de justicia parece estarse pasando al bando de los criminales"
(Álvaro Gómez Hurtado)
La Corte Suprema de Justicia de Colombia muestra una
vez más que sus magistrados son absolutamente incorruptibles: nada ni nadie
puede inducirlos a hacer justicia. La decisión de detener al
Presidente Uribe marca el punto culminante de su bancarrota jurídica y moral.
La Corte ha perdido la poca respetabilidad que le quedaba después de la
persecución a Felipe Arias, del vergonzoso tráfico de sentencias y de la
ignominiosa liberación de Santrich. Hoy esa corte no es respetable ni merece ser
respetada ni sus decisiones deberían ser acatadas porque tienen fundamentos y
propósitos políticos y están signadas por la inocultable sed de venganza de la
izquierda colombiana.
El proceso fue promovido por Iván Cepeda, figura
política de las Farc y acérrimo enemigo de Uribe. Como si fuera un fiscal,
Cepeda de paseó por las cárceles de Colombia y Estados Unidos buscando entre
los delincuentes testimonios contra el Presidente Uribe. Los testigos son
criminales condenados por la justicia ordinaria que buscan desesperadamente, a cambio de sus falsos testimonios, ser recibidos en la JEP. Los jueces no han
ocultado su animadversión por el expresidente y le han atropellado sus derechos
de forma abierta y descarada.
En 2002, cuando Uribe llegó a la presidencia, las Farc
tenían copadas las principales capitales del País y se preparaban para el
asalto final contra la democracia. Uribe lo impidió y las derrotó militarmente;
pero no pudo evitar el triunfo político que les entregaría en bandeja de plata
el gobierno de Santos, al tiempo que instalaba en las cortes a izquierdistas simpatizantes
de las Farc.
Esa corte politizada es la
que acaba de ordenar la prisión domiciliaria del Presidente Uribe y la que lo
condenará, de esto no debe caber la menor duda, al término de este vergonzoso
proceso. Hay que decirlo sin ambages, el Presidente Uribe va a terminar en la
cárcel porque ese es el objetivo de toda la izquierda colombiana que no le
perdona haber impedido su ascenso al poder hace 18 años. Prueba palmaria de la parcialidad de esa corte es el hecho de que haya liberado a un delincuente como Santrich, al tiempo que le
niega el derecho de defenderse en libertad al más ilustre y patriótico de los
presidentes colombianos.
Es muy triste lo que está sucediendo, es un momento
trágico y luctuoso para Colombia. El Presidente Uribe, fiel a su talante republicano,
respetará la decisión de la Corte. Pero los colombianos no estamos obligados a
hacerlo, todo lo contrario. Si queremos conservar la esperanza de que el País
no siga por el despeñadero que lo está conduciendo a la pérdida de la
democracia y las libertades, nuestra obligación es denunciar e irrespetar una
decisión judicial sucia de prevaricato, corrupción y venganza política.
LGVA
Agosto de 2020.
