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martes, 29 de mayo de 2018

Desvirtuando a Petro II: la pobreza y la desigualdad


Desvirtuando a Petro II: la pobreza y la desigualdad

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Petro ha hecho su campaña haciéndoles creer a los votantes, especialmente a los jóvenes, que el nuestro es un país lleno de pobreza y desigualdad y que estas no dejan de aumentar. Nada más alejado de la verdad.

Lo primero que hay que entender es que alcanzar el crecimiento económico sostenido, lo único que permite la reducción de la pobreza y la desigualdad de forma consistente, es un proceso arduo y difícil que depende de múltiples variables una de las cuales, no siempre la principal, es contar con unos gobernantes que no sean excesivamente malos y que permitan la libre acción de empresarios y trabajadores, que son los verdaderos creadores de la riqueza. Existe una clara relación positiva entre la libertad económica y la riqueza de los países.

De los 226 países del mundo, 76 pueden ser considerados como países ricos o de ingresos altos; hay 56, entre los cuales está Colombia, de ingreso medio; los 94 restantes son de ingresos bajos, en algunos casos extremadamente bajos. La pobreza está vinculada al grado de desarrollo de cada país. No puede esperarse tengamos la tasa de pobreza de Liechtenstein o Qatar, los más ricos, ni la de Burundi o República Centroafricana, los más pobres. Colombia tiene una tasa de pobreza acorde con su nivel de desarrollo y ésta se ha vendido reduciendo sustancialmente en los últimos años, como se muestra en el gráfico 1. 

 Gráfico 1



El de la desigualdad es un asunto más complejo y algo paradójico. Los países de ingreso bajos suelen ser muy igualitarios: todos sus habitantes son igualmente pobres. La desigualdad también suele ser baja en los países más ricos, aunque no necesariamente. Esto llevó a economista llamado Simon Kuznets a plantear la hipótesis según la cual, al relacionar un indicador de desigualdad, como el famoso coeficiente de GINI, con el nivel de ingreso, la gráfica resultante tendría la forma de una U invertida, es decir, que en el proceso de desarrollo la desigualdad aumenta inicialmente a medida que sube el ingreso, alcanza un valor máximo y luego comienza a descender. Esta hipótesis es muy discutida, como muchas otras en economía. En todo caso, la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, también se ha reducido en los últimos años, como se ilustra en el gráfico 2.   

                                                        Gráfico 2


Muchas personas, incluso economistas, suelen darle demasiada importancia a la desigualdad en la distribución del ingreso o a la concentración de la riqueza, como gustan decir para que sea más impactante. Organizaciones como OXFAM o economistas reputados como el nobel de economía Stiglitz, hacen frecuentemente pequeños escándalos hablando del ingreso del 1% más rico como si eso fuera la causa de la pobreza de los más pobres. Un razonamiento simple basta para mostrar que tras esas posiciones se esconde un desconocimiento craso de los principios más elementales de la economía.

Tomemos el caso del señor Jeff Bezos, reputando como el hombre más rico del mundo, con sus más de 133.000 millones de dólares. Ese capital puede darle un ingreso anual de 6650 millones, es decir, poco más de 18 millones diarios o, si se prefiere, para que resulte bien escandaloso como le gusta a OXFAM, casi 760.000 dólares por hora, más 12.000 por minuto o 200 por segundo.

¿Qué puede hacer el señor Bezos con esa renta? ¿Comérsela en hamburguesas y papas fritas? En Estados Unidos le alcanzaría para 3.695.574 Big Mac diarias, privando de su almuerzo a otras tantas personas. En ese caso y solo en ese, la riqueza del glotón señor Bezos, sería perjudicial para otras personas. Pero, ni el señor Bezos ni los ricos en general gastan su ingreso en hamburguesas y papas fritas. La mayor parte lo invierten negocios que dan empleo a millones de personas que con el ingreso recibido pueden comprar sus propias hamburguesas o lo que a bien tengan.

Las empresas producen renta para millones de personas en la forma de dividendos, intereses y salarios y pueden ser vistas como unas máquinas de hacer dinero. Eso es importante para los financieros y contadores y es lo único que parecen ver los economistas mediocres y los envidiosos. Para la sociedad lo realmente importante es lo que llevamos del supermercado a la casa. El salario, los dividendos o los intereses solo se convierten en renta propiamente hablando cuando comemos los alimentos, nos ponemos la ropa o usamos aparatos de la tecnología. 

El objeto de la producción es el consumo. Cuando invertimos en equipos, instalaciones e instrumentos que hacen nuestro trabajo más productivo, lo hacemos porque tenemos la expectativa de que el consumo de hoy al que renunciamos será recompensado por un consumo mayor en algún momento del futuro. Por eso, el Gini que en definitiva importa no es el de la distribución del ingreso sino el de la distribución del consumo.

Con base en la encuesta de ingresos y gastos de 2006-2007, el economista Jorge Eliecer Giraldo hizo el interesante ejercicio de estimar los coeficientes de Gini del ingreso y el gasto monetarios. Los resultados se muestran en la tabla. De un Gini de ingresos de 54,5 se pasa a un Gini de gasto de 45,9 por el efecto de las transferencias que reciben los deciles 1 a 6 de la distribución. Esto también refleja el hecho de que las familias de los deciles 7 a 10 ahorran parte de su ingreso.



 En síntesis, Colombia tiene una tasa de pobreza más o menos acorde con su nivel de desarrollo y ha venido reduciéndose en los últimos años. Si la economía recupera su ritmo crecimiento continuará reduciéndose en el futuro. Si bien el indicador de desigualdad del ingreso es relativamente alto, también ha venido reduciéndose. Adicionalmente, cuando se mira la variable verdaderamente relevante cual es el Gini del gasto, la desigualdad es sustancialmente menor. La reducción de la pobreza y la desigualdad es un asunto arduo que no puede lograse sin crecimiento económico y que no depende, como quiere hacer creer Petro, de la benevolencia y voluntad del gobernante de turno. 

LGVA
Mayo de 2018.   


Desvirtuando a Petro I: el cambio climático y las energías renovables


Desvirtuando a Petro I: el cambio climático y las energías renovables[1]

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Petro se ha presentado como el adalid de la lucha contra el cambio climático y promete modificar drásticamente la matriz energética para contribuir a su mitigación. Su propuesta parece apoyarse en la idea según la cual Colombia es un gran emisor de gases de efecto invernadero y que su matriz energética es inadecuada.  Ambas cosas son falsas.

La gráfica 1 muestra las emisiones de CO2 de Colombia, en toneladas por habitante, en 2014, último año disponible en la base de datos del Banco Mundial, comparadas con algunos países y agrupaciones seleccionadas.  Los datos no dejan lugar a dudas: la contribución de Colombia a las emisiones totales y por esta vía al calentamiento global es marginal y su reducción tendría un efecto también marginal, pero impondría un costo elevado e innecesario a la población. Obsérvese que las emisiones de Colombia están muy por debajo de las de Dinamarca, el país europeo que más ha avanzado en la instalación de las fuentes renovables no convencionales.

Gráfica 1




La matriz energética de Colombia es una de las más limpias del mundo pues su principal componente es la hidroelectricidad, una energía renovable y de baja intensidad en carbono. De los 16.420 MW de potencia instalada, un 70% son hidráulicos, 29% térmicos y 1% cogeneración y eólica. La solar es mínima y está por fuera del sistema interconectado.


En los países donde las energías renovables no convencionales, eólica y solar, se han incorporado a la matriz energética es porque han sustituido generación térmica altamente contaminante, para lo cual su desarrollo ha recibido considerables subsidios que finalmente son pagados por el consumidor final.

En efecto, los costos de inversión en instalaciones eólicas y solares son todavía muy superiores a los de las fuentes convencionales. La gráfica 2 muestra los costos de inversión promedio de un MW de capacidad para diferentes tecnologías, estimados por la Unidad de Planeamiento Minero-Energética en su último plan de expansión.

Gráfico 2

El MW hidráulico es el más costoso, mucho más que el de la solar, la eólica y la solar distribuida (la de los paneles solares instalados en los techos de residencias y locales industriales y comerciales). Pero es aquí donde interviene un concepto que es fundamental: el factor de planta.

El MW mide la capacidad de generación, ese MW puesto en operación da la energía producida. Un MW puesto en funcionamiento por la acción del combustible de cada tecnología durante una hora produce un MW-hora de energía. El factor de planta mide el tiempo durante el cual la capacidad instalada puede ser usada en un período dado, típicamente un año.

Como el año tiene 8760 horas, si una tecnología tiene un factor de planta de 50% significa que el MW estará operativo, es decir, produciendo energía, durante 4380 horas al año. En consecuencia, su producción será de 4380 MW-hora. El factor de planta o, lo que es lo mismo, dicho de otra forma, el tiempo de utilización de la capacidad o potencia instalada depende, principalmente, de la disponibilidad del combustible.

En la generación térmica, si quienes operan sus equipos hacen bien su trabajo, el gas, el carbón o el combustible líquido están disponibles todo el tiempo, razón por la cual los equipos térmicos solo estarían fuera de operación a causa de los mantenimientos programados o daños accidentales. En general, el factor de planta de las centrales térmicas se estima en el 90%, es decir, que su tiempo de utilización en el año es 7884 horas. No quiere decir que las térmicas se utilicen efectivamente todo ese tiempo. En un sistema hidro-térmico, como el colombiano, se usan mucho menos por el elevado costo del combustible. De hecho, solo se usan cuando la hidrología es baja y las centrales hidráulicas no pueden utilizarse a plena capacidad.

El agua, el sol y el viento son los combustibles de las energías renovables y su disponibilidad depende en gran medida de condiciones naturales. La disponibilidad de la generación hidráulica o su factor de planta es 70%, es decir, su tiempo de utilización promedio es de 6132 horas al año. El factor de planta de la generación solar es 20% y el de la eólica 30%, en el mejor de los casos. Esto significa que para reemplazar un MW hidráulico se necesitan 3,5 MW solares o 2,3 MW eólicos. Visto de otra forma, para reemplazar los 16420 MW del sistema eléctrico nacional por generación solar se necesitarían 57470 MW.  

Volvamos al tema del costo. Como el MW hidráulico instalado tiene un costo de US$ 2,1 millones la capacidad solar requerida para sustituirlo, 3,5 MW, costaría US$ 3,9 millones, casi un 85% más. Esto sin considerar el hecho de que la vida útil de una hidroeléctrica supera los 30 años mientras que el de las solares bordea los 20. En todo caso, ese costo adicional debe ser cubierto de alguna forma: con impuestos o con mayores tarifas.

Sin duda alguna, a medida que sus costos bajen, las energías alternativas no convencionales irán penetrando en la matriz energética. Pero hacerlo ahora y de forma forzada, como pretende Gustavo Petro, no es ambientalmente necesario, como ya se ha visto, y elevaría el precio de la electricidad, lo cual afectaría negativamente a los consumidores residenciales y reduciría la competitividad de la industria.

LGVA
Mayo de 2018. 



[1] Este texto el primero de una serie de cinco en los cuales busco desvirtuar algunos de los planteamientos programáticos de Gustavo Petro. Lo hago a solicitud de mi hija Sara Helena, quien cree que su lectura puede contribuir a darle claridad a algunos jóvenes que, confundiendo elocuencia con conocimiento, están obnubilados por el discurso del demagogo.

viernes, 25 de mayo de 2018

Las mentiras de Petro sobre las guerras civiles en Colombia


Las mentiras de Petro sobre las guerras civiles en Colombia

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Durante toda la campaña, Gustavo Petro ha recurrido a la mentira para ganarse el favor de los electores. Ha buscado hacerles creer que la economía colombiana es un fracaso total y que toda nuestra historia está marcada por la violencia. En el debate presidencial del jueves su falseamiento de la historia llegó a la apoteosis cuando afirmó, sin ruborizarse y sin que ninguno de los otros candidatos lo contradijera, que en Colombia habían ocurrido 60 guerras civiles en sus 200 años de vida republicana. Nada más alejado de la verdad.

Durante el siglo XIX hubo, en efecto, 8 guerras civiles generales, de las cuales las más largas y catastróficas fueron la llamada guerra de los Supremos, entre 1839 y 1842, y la guerra de los Mil días, entre 1899 y 1902. Este fenómeno de enfrentamientos político-militares, durante el proceso de constitución de los estados nacionales posterior a la independencia política, se presentó en todos los países de América Latina. La historia de Chile registra por lo menos cinco guerras civiles, Argentina padeció 10 y México por lo menos 12. Prácticamente ningún país de América Latina, con excepción de Brasil, estuvo libre de guerras civiles durante el siglo XIX. Estados Unidos tuvo también la suya y Europa, donde proliferan los intelectuales que dan lecciones de civilidad, fue durante el siglo XIX escenario de enfrentamientos militares que se prologaron hasta el siglo XX en las llamadas guerras mundiales que los historiadores del futuro seguramente verán como las dos grandes guerras civiles de la Unión Europea.





Estrictamente hablando no puede hablarse de guerras civiles en Colombia en el siglo XX. Después de terminada la guerra de los Mil días en 1902, el País vivió un largo período de paz política – que fue también un período de progreso económico- que se extendió hasta 1948, año del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, como consecuencia del cual se inició el período conocido como la Violencia. El gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla – y eso hay que reconocérselo - puso término a esa violencia con diálogo y política social. Durante el Frente Nacional, entre 1958 y 1970, se consolidó la paz política.

En los años 60 y 70, en el contexto de la Guerra Fría y bajo el aliento del gobierno dictatorial de Cuba, surgieron en Colombia, y en casi todos los países de América Latina, movimientos guerrilleros de orientación comunista – FARC, ELN, EPL, M-19, etc.- que ejercieron la más despiadada violencia contra las instituciones democráticas y el pueblo colombiano. Con el derrumbe de la Unión Soviética y la caída del maoísmo en China, esas guerrillas, faltas de financiación, languidecieron hasta extinguirse en todos países de América Latina, con la triste excepción de Colombia donde encontraron en el narcotráfico una poderosa fuente de financiación que terminó por convertirlas vulgares organizaciones criminales desprovistas de todo ideal político. Eso aconteció con las FARC, el ELN y, por supuesto, el M-19, que se puso al servicio de Pablo Escobar y su cartel de Medellín. Esa es la verdad monda y lironda.

Miente pues Gustavo Petro cuando habla de las 60 guerras civiles y miente también cuando acusa a la “oligarquía colombiana” de ser la causante de la violencia de las últimas décadas.  Desde los años 70 hasta ahora, los generadores de violencia han sido los grupos criminales narcotraficantes como las FARC y el ELN o aliados del narcotráfico como el M-19, cuya bandera tuvo el descaro de exhibir Gustavo Petro en su cierre de campaña en la Plaza de Bolívar mostrando de esa forma que su inclinación por la acción directa como forma de hacer política todavía está vigente.

LGVA
Mayo de 2018.    

sábado, 19 de mayo de 2018

Voto por Iván Duque


Voto por Iván Duque

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

Las libertades económicas son el fundamento de todas las libertades, como lo recordara hace poco el doctor Rodrigo Botero Montoya en un artículo que me permitió difundir en este  blog y cuya lectura recomiendo vivamente[1].  La libertad económica es libertad de emplear el trabajo y los recursos propios de la forma en que cada cual estime es la mejor y de intercambiar los productos del esfuerzo propio con los productos del esfuerzo los demás. Esto supone el reconocimiento mutuo de la propiedad de cada cual: lo tuyo y lo mío, es decir, el reconocimiento de la propiedad individual. Las libertades económicas son el fundamento de todas las libertades y el derecho de propiedad el fundamento de todos los derechos.

Esta consideración, más que las promesas de los candidatos, debe guiar la decisión de votar de todos los amantes de la libertad. Hay que votar por quien confiemos será su mejor garante desde la Presidencia de la República, es decir, por quien creamos que pondrá la ley al servicio de las libertades económicas y la propiedad individual y no la convertirá en instrumento para socavarlas.

Gustavo Petro no ofrece preservarlas sino que, por el contrario, ha prometido acabar con ellas. Ha expresado sin tapujos su intensión de expropiar todo lo que esté a su alcance y de concentrar los recursos productivos en manos del gobierno que se supone los empleará en beneficio de toda la sociedad.  Es la vieja fórmula colectivista que ha fracasado donde quiera que se ha aplicado dejando a los pueblos que la han padecido en la miseria y la opresión.

Sergio Fajardo,  con su carencia incomparable de criterio económico, no vaciló en aliarse con un partido y unos dirigentes que son enemigos declarados de la libertad comercial y que ofrecen como remedio a todos los males el asistencialismo gubernamental rampante que, además de ser inviable fiscalmente, acaba con la dignidad del pueblo que termina convertido en una masa mendicante y exigente que se cree merecedora de todas las cosas sin que medie esfuerzo alguno para obtenerlas.

Humberto de la Calle arrastra la vergüenza de haber alcanzado lo que la gente parece considerar el peor acuerdo de paz posible, como lo muestra la paupérrima intención de voto que registra en todas las encuestas. Lo poco que ha dicho en favor de la libertad económica y de la propiedad individual no puede ser tomado en serio, pues su vínculo indisoluble con lo que, contra toda evidencia,  todavía dice es “el mejor acuerdo”, lo convierte en rehén de los dirigentes de la Farc, los peores enemigos de la una y de la otra.

Germán Vargas no puede ser acusado de ser enemigo de la libertad económica y de la propiedad individual. Sin embargo, en su afán de cimentar su candidatura con toda suerte de alianzas, ignoró que lo que está en juego en la coyuntura actual  son los principios de legalidad y de responsabilidad del gobierno sin los cuales la libertad y la propiedad están amenazadas. La negociación, aprobación y el desarrollo legislativo de los acuerdos de La Habana arrasaron el principio de legalidad. Las recientes actuaciones de la JEP frente al asunto de Santrich, que han escandalizado incluso a sus más fervientes defensores,  continúan esa obra de demolición. El descarado desconocimiento de los resultados del plebiscito socavó profundamente el principio de responsabilidad del gobierno frente a los ciudadanos.


Iván Duque es el único de todos los candidatos que ha puesto en el centro de su proyecto político la restauración del principio de legalidad, lo cual significa que los gobernantes que administran de forma temporal los recursos y medios de acción del estado están obligados a ejercer el poder conforme a determinadas normas conocidas por todos y aprobadas por procedimientos constitucionales. También ha entendido que el principio de legalidad supone un estado fuerte – que no es lo mismo que un estado grande – que controle la totalidad del territorio y someta a los delincuentes. Finalmente, entiende que el progreso económico es el resultado de la acción empresarios y trabajadores y que el gobierno está para alentarlos y protegerlos y para ayudar solidariamente a los más débiles, con una tributación justa y unos subsidios bien focalizados. Por ello votaré por Duque.

LGVA
Mayo de 2018.   

jueves, 17 de mayo de 2018

En la emergencia de Hidroituango: contigo EPM, ahora y siempre.


En la emergencia de Hidroituango: contigo EPM, ahora y siempre.

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista

No hay obra de ingeniería más compleja que una hidroeléctrica, grande o pequeña. Un puente es un puente, una vía es una vía, un túnel es un túnel, etc. Para armar una hidroeléctrica, que finalmente es un lego gigantesco, hay que hacer puentes, vías, túneles, edificios, presas, tuberías, etc.;  para incorporar,  en esas estructuras o por medio de ellas,  los equipos electromecánicos - los que producen la energía- que deben ser hechos a la medida de cada proyecto. Y todo ello en un entorno natural, que a pesar de los estudios previos guarda mucha incertidumbre, y un entorno social extremadamente complejo y exigente. Con tantas variables en juego, son muchas las cosas que eventualmente pueden fallar, algunas de las cuales efectivamente fallan. Ninguna hidroeléctrica se ha construido completamente de acuerdo a los diseños originales que siempre deben ser ajustados para adaptarse a situaciones que solo se evidencian en el terreno.



Con  sus 2.400 MW, que equivalen al 15% de la capacidad instalada del País,  y los 37.000 empleos directos e indirectos generados durante su construcción, Hidroituango es sin lugar a dudas la obra de ingeniería más compleja hecha en Colombia. Hasta hace unas semanas las cosas marchaban bien y se habían superado numerosos dificultades. Estábamos a solo 8 meses de poner en funcionamiento los primeros equipos. Sobrevino entonces la creciente que produjo el taponamiento de los túneles de desviación durante el proceso de llenado del embalse y llegamos a la emergencia actual.



Con la decisión de evacuar el agua del embalse por la casa de máquinas se busca conjurar  el peligro de una gran avalancha sobre las poblaciones aguas abajo del proyecto. Subsiste el riesgo de crecientes por los des-taponamientos y taponamientos de los túneles de desviación, a causa de la presurización y des-presurización de los mismos. Los planes de contingencia adoptados y el sistema de alertas seguramente evitarán que se presenten pérdidas de vidas humanas, lo que en este momento es la prioridad.

La respuesta de EPM ante la emergencia es una muestra de la calidad humana y profesional de sus directivos, funcionarios y trabajadores y ha estado a la altura de la circunstancias. Probablemente en manos de otro equipo de otra empresa estaríamos ya lamentando una catástrofe.  La fortaleza y determinación  que ahora muestran las gentes de la Empresa, es la  que le ha permitido a EPM sacar adelante todos los grandes proyectos que hoy suministran energía y bienestar a todo el País. Ya llegará el momento de evaluar lo acontecido y de extraer las lecciones. Por lo pronto, hay que apoyar los esfuerzos de los técnicos y trabajadores de EPM y de las empresas contratistas, que aún a riesgo de sus vidas, luchan por elevar la presa y poner en operación el vertedero, con lo que se superaría lo más grave de la emergencia.

Durante muchos años he trabajado para EPM, directa e indirectamente, he participado en algunas de sus batallas y las he sufrido todas. Allí conocí a muchos de los profesionales que más me han enseñado en mi vida y me da confianza saber que ellos son los que están ahora, con inteligencia y entereza, enfrentando la actual crisis, de la que con seguridad nuestra Empresa saldrá fortalecida.

LGVA
Mayo de 2018.

jueves, 26 de abril de 2018

La muerte del Bolívar en la frontera con Venezuela


La muerte del Bolívar en la frontera con Venezuela

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Universidad EAFIT
Introducción

Las monedas fiduciarias modernas son una creación de los estados que controlan su oferta nominal por medio de los bancos de emisión y de las normas que regulan la actividad de los bancos comerciales. El precio de la moneda, que es el inverso del nivel de precios y que, en consecuencia, disminuye cuando este aumenta como resultado de la inflación, está determinado por esa oferta de moneda y por la demanda que de ella hacen los agentes económicos. Cuando nadie quiere tener entre sus activos esa moneda, es decir, cuando nadie la demanda, su precio tiende a cero, como el de cualquier cosa que nadie quiere poseer, y la moneda agoniza y eventualmente muere.

Eso es lo que está ocurriendo con el Bolívar Fuerte, que reemplazó al Bolívar a secas en 2008, y que será a su turno reemplazado por el Bolívar Soberano cuando tenga lugar la nueva reconversión monetaria anunciada para junio de 2018. Muy probablemente el Bolívar Soberano correrá la misma suerte de sus antecesores si el gobierno venezolano no cambia sustancialmente su manejo macroeconómico. Pero en lo que sigue no se trata de macroeconomía ni de política monetaria sino de la forma en que agoniza el Bolívar en la frontera.   
   
El almuerzo de María

María no quiso que su cara se viera en la foto del almuerzo de cuatro mil  pesos que me estaba ofreciendo en frontera con Venezuela por el lado de Ureña. Desde hace cuatro semanas tiene ese negocio en compañía de Andreina y Horacio, dos amigos suyos de Cúcuta. Todos los días temprano pasa la frontera y se reúne con sus amigos a preparar los 15 ó 20 almuerzos que, entre las once de la mañana y las tres de la tarde, venden a algunos de los miles de venezolanos que diariamente cruzan la frontera para vender o comprar alguna cosa o simplemente para almorzar, en el restaurante ambulante de María y sus amigos o en el de alguno de sus competidores. Al principio esto era mejor- dice Andreina – vendíamos más almuerzos y más caros, a cinco  mil. Pero empezó a llegar más gente a ofrecer almuerzo y ahora vendemos menos y más baratos. 


El almuerzo de María


La conversación con María y sus socios era amistosa y fluida hasta el momento en que les dije iba a pagarles el almuerzo en bolívares. Rechazaron de plano mi pretensión y me enviaron cambiar mis bolívares por su equivalente en pesos en alguna de las casas de cambio que hay en los alrededores de la frontera. Y razón no les faltaba para no querer recibir esos bolívares.



Precio del almuerzo de María en pesos y en bolívares

Bananos o cualquier cosa.

A lo largo de la carretera que conduce de San Antonio a Cúcuta se ven decenas de personas caminado en ambas direcciones. Son venezolanos que van para Cúcuta o viene de allá, dice el conductor del mi taxi. Caminan – añade - porque aunque el pasaje es de $ 1.300, para ellos eso es mucha plata y aprovechan la caminada para venden algún producto que traen.

Hoy estaban vendiendo bananos. Ayer vendían aguacates y la semana pasada todos estaban vendiendo pan. En las economías con sistemas de precios anarquizados se presentan situaciones de abundancia súbitas, temporales y localizadas de algunos productos. Si se trata de productos de alta demanda, la gente trata de adquirir todo lo que  pueda más allá de sus propias necesidades con la expectativa de utilizar el excedente para adquirir después aquellos otros bienes que precisa. Temporalmente esos productos son moneda. Traen bananos o cualquier producto porque saben que sus devaluados bolívares difícilmente serán recibidos en las casas de cambio del otro lado de la frontera que suelen rechazar los billetes de denominaciones inferiores a 100.000 bolívares, que equivalen a poco más de mil pesos colombianos. Un millón de bolívares en billetes de mil pesa más que un gajo de bananos.


Deyanira




Les compre bananos a Nayibe y Deyanira, ambas de Portuguesa, un estado que queda muy al interior de Venezuela; donde, antes de que pasara todo lo que está pasando, trabajaban en un restaurante que cerró. La lejanía de la frontera de su lugar origen no me cuadraba con la información según la cual pasaban todos los días a Colombia a hacer algún negocio. Me contaron que ellas, como muchos otros venezolanos del interior, se han pasado a vivir en inquilinatos en Ureña y San Antonio para así poder cruzar la frontera todos los días para conseguir cosas, principalmente alimentos, que luego enviarán a sus parientes del interior. 

Cauchos, aceite y trueque

En Cúcuta y en la frontera le dicen cauchos a las llantas de carros y motonetas. A lado y lado de la carretera vieja a San Antonio hay varios locales al frente de los cuales se observan pilas de llantas viejas de carro y motoneta. Las hay de todos los tamaños y en todos los estados de deterioro, pero todas sirven, para todas y cada una de ellas hay un comprador potencial al otro lado de la frontera. 


Cauchos de segunda



En una venta a la que me acerqué había un señor venezolano, taxista de oficio, que estaba comprando cauchos cuidadosamente escogidos entre los muchos que estaban arrumados. Escogió y pagó dos, pero solo se llevó uno.

-       Guárdeme el otro, dijo, mañana vuelvo a recogerlo.
-       ¿Por qué no se lleva los dos?, pregunté de metido.
-       Porque de pronto la guardia me lo quita.  

Supe entonces que la gente prefiere llevar pequeñas cantidades y pasar varias veces la frontera o distribuirse lo comprado entre varias personas para evitar que los guardias les confisquen parte de sus productos.

Alfredo tiene una surtida venta de aceites. Gustavo, el conductor del  taxi en el que me transporto, me dice que son aceites usados que los aclaran con filtros y aditivos. Alfredo asegura que los suyos son nuevos y aun así cada vez es más difícil venderlos. Un cuarto cuesta 25 mil pesos, es decir, más de dos millones y medio de bolívares: unos dos salarios mínimos venezolanos. Ya la gente no tiene forma de comprar el aceite y han empezado a traer cosas para hacer trueque- dice Alfredo. A veces funciona. Ayer recibí un formón de carpintería y un serrucho.  

La venta de aceites de Alfredo

Los cigarrillos de Pedro

Pedro tiene 25 años y está casado con Olga, de 23,  y son padres de un bebé de 9 meses. Trabajaba en una fábrica de botellas plásticas, en Portuguesa, pero abandonó su empleo porque el salario no alcanza para nada. Habida cuenta de las circunstancias, Pedro en un tipo afortunado pues logró hacerse a un “plantecito” de cigarrillos, tabacos, bombones, ron, y otros productos no perecederos. Su clientela son colombianos que le pagan en pesos, la moneda fuerte que los venezolanos tratan de conseguir. Cruza todos los días la frontera pero deja sus mercancías del lado colombiano y pasa diariamente unos cuantos paquetes de cigarrillos y eventualmente una botella de ron para mantener sus existencias en un nivel adecuado. 


Los cigarrillos de Pedro

Farmacia Mérida

La farmacia Mérida está siempre atestada. Es propiedad de Martín, un colombo-venezolano que desde hace 8 años, aprovechando su nacionalidad colombiana, trasladó su negocio a Cúcuta. Su clientela está integrada fundamentalmente por sus paisanos del otro lado de la frontera. Hasta hace tres o cuatro años vendía toda clase de medicamentos. Hoy su surtido está conformado por los más simples y esenciales – dolex, ibuprofeno, jarabes y algún antibiótico de baja calidad. Esas son los únicos medicamentos que están al alcance de su clientela. También ha hecho uno que otro truque, pero en general resulta bastante difícil por la disparidad de los valores en juego.  


La farmacia de don Martín

Coda

En esa bolsa, que pesa más de un kilo,  hay poco más de un millón trescientos mil bolívares, más o menos un salario mínimo de Venezuela. Los compré por doce mil pesos.


 Un kilo de bolívares= salario mínimo venezolano

Se dice que Lenin dijo y que Keynes lo confirmó que la mejor manera de destruir una sociedad capitalista es destruir su moneda. Pero la destrucción de una moneda es también la destrucción de la dignidad de un pueblo porque se desvaloriza la posesión más preciada que puede tener el hombre: su propio trabajo.

LGVA
Abril de 2018

viernes, 20 de abril de 2018

El mito de la educación superior universal y gratuita


El mito de la educación superior universal y gratuita

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT

Los candidatos presidenciales están enfrascados en una fuerte disputa por el voto de los universitarios y los bachilleres próximos a graduarse. Se pasean por las universidades lanzando sobre los jóvenes cajonados de frases y promesas de todo tipo. Humberto de la Calle sostiene que nuestra sociedad será más equitativa cuando todo colombiano tenga un título universitario y promete que al cabo de sus cuatro años de gobierno el 100% de los jóvenes logrará entrar a la universidad, ello sin pagar un solo peso. Gustavo Petro anuncia la eliminación del ICETEX pues ya no será necesario el crédito educativo dado que su gobierno garantizará el derecho a la educación superior universal, pública y gratuita. Menos ambiciosos, Fajardo y Vargas Lleras prometen llegar, al cabo de sus mandatos, a coberturas en educación superior de 65% y 63%, respectivamente. Iván Duque habla de condonar créditos, de crear un vehículo financiero para fortalecer la universidad pública, de mejorar el SENA y de elevar la calidad y la pertinencia en concordancia con la “economía naranja”.

Escuchando a los candidatos termina uno por creer que los países ricos, prósperos y equitativos  que tanto envidiamos lo son por la sencilla razón de que en todos ellos todo mundo o casi todo mundo tiene un título universitario y que, en consecuencia, la educación superior para “todos y todas” es el camino, ¡cómo no nos habíamos dado cuenta antes! Pero una simple mirada a las estadísticas de la UNESCO, al parecer poco frecuentadas por los asesores de los candidatos, acaba con esa ilusión.

Entre las muchas cifras que recopila el UIS (el instituto de estadísticas de la UNESCO) hay una de especial interés para el tema que nos ocupa. Se trata de la tabla que recoge el nivel de educación alcanzado por la población mayor de 25 años de cada uno de los países miembros de la Organización. Se encuentra uno con la sorpresa de que no “todos y todas los ciudadanos y ciudadanas” de esos países ricos, incluidos los idílicos países escandinavos,  tienen educación superior y que “muchos y muchas” apenas terminaron la primaria o la secundaria. Acorde con el propósito de esta nota, en la gráfica se muestra para un grupo de países seleccionados el porcentaje de la población mayor de 25 años que alcanzó educación superior, la cual, de acuerdo con la clasificación de UNESCO incluye tecnológica, profesional, maestría y doctorado. El lector curioso puede encontrar más información en el vínculo puesto debajo de la gráfica 1.  


Gráfica 1



Hay varias cosas notables:

·         En Israel y Estados Unidos que tienen la mayor cobertura, la educación superior no es precisamente gratuita para los estudiantes;  sus familias y los propios educandos asumen parte importante de los costos.

·         Los niveles de cobertura alcanzados por la mayoría de los países desarrollados están alrededor de 34%, cifra que en algunos casos se alcanzó hace ya muchos años sin que se observe un crecimiento significativo en épocas más recientes.

·         Llaman la atención los casos de Austria y Alemania con coberturas por debajo de 30%  sin que esos países, hasta donde se sabe, se estén involucionando hacia el subdesarrollo o tornándose  más inequitativos.

·         Finalmente, con su 20%, Colombia no luce mal en el contexto latinoamericano. Está por encima de México y Brasil y a un nivel comparable al de Chile y Perú.

La idea de que una educación superior universal y gratuita es la condición de un “desarrollo con equidad” no parece tener apoyo en los datos. Más bien puede ser lo contrario: el desarrollo económico permite una mayor cobertura de la educación superior.

Tal vez es más preocupante lo referente a los otros niveles de educación alcanzada por la población, especialmente, lo que tiene que ver con la educación primaria. En cifras de 2015, el nivel educativo de casi el 50% de los colombianos mayores de 25 años es igual o inferior a la primaria. Un 7% no tiene educación formal alguna y el 17% únicamente primaria incompleta. Eso suma 6,3 millones de personas y los que solo tiene primaria son 7,3 millones.  La gráfica 2 muestra el vergonzoso lugar que ocupamos en el ámbito internacional.
Gráfica 2



La situación de esos 14 millones de colombianos sin ninguna educación, con primaria incompleta o solamente primaria no es irremediable, pero ninguno de los candidatos está hablando de este asunto ni ha propuesto cosa alguna. Tampoco están hablando de las tasas de cobertura que deben alcanzarse para evitar que unas cifras tan vergonzosas se perpetúen en el futuro. Pero tienen razón en ignorar este problema. A fin de cuentas los niños de primaria y secundaria no votan y los adultos mayores de 25 años carentes de educación son una mayoría atomizada y sin vínculos corporativos o gremiales que puedan invocarse en una campaña electoral. 

LGVA
Abril de 2018