jueves, 30 de enero de 2020

Medellín sin toros y con menos libertad


Medellín sin toros y con menos libertad


Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista


Los gobernantes no están para imponer sus gustos y aversiones a los gobernados, sino para expedir y hacer cumplir normas generales de conducta que permitan a los ciudadanos convivir sin hacerse daño a pesar de la diversidad ilimitada de sus gustos y aversiones.

Sucesivos alcaldes, hostiles a la tauromaquia, se empecinaron en acabar, hasta lograrlo, con la celebración de festejos taurinos en Medellín. Sin respeto alguno por su valor histórico y arquitectónico, uno de ellos hizo transformar la hermosa Plaza de la Macarena en un horroroso “centro de espectáculos”, otro le retiró a la feria un modesto apoyo publicitario y uno más financió la actividad de los furibundos anti-taurinos para que hostigaran a los aficionados en las vecindades de la Plaza.



Agotada por la hostilidad, Cormacarena se declaró incapaz de organizar la temporada taurina de 2019 y los empresarios que pretendieron hacerlo en su lugar fueron rechazados por la administración municipal. En 2020, ningún empresario quiso arriesgarse a organizar la feria y Medellín se ha quedado sin toros, probablemente de forma definitiva.

En Medellín, como en todas partes, los taurinos son una minoría. Lo han sido desde siempre, pero durante muchos años pudieron disfrutar de su afición sin molestar a nadie ni ser molestados por nadie.  No viene al caso repetir los argumentos en defensa de la fiesta brava, magistralmente expuestos por Fernando Savater en su Tauroética. La cuestión es de libertades y derechos.

Los toros de casta, las haciendas donde pastan, las plazas de toros, los corrales, los caballos, los capotes, las banderillas, las botas, en fin, todos los aperos de la fiesta y; sobre todo, habilidades de los toreros, de los empresarios y de todas las gentes que trabajan en la fiesta brava son la propiedad legítima de un grupo de personas. También son legítimos los ingresos que los aficionados gastan libremente en comprar las boletas para asistir a las corridas y en toda la parafernalia de la fiesta brava. Este es el punto fundamental. Lo que está en juego es el derecho a disponer libremente de las propiedades legítimamente adquiridas.

Seguramente, la mayoría aprueba la desaparición de las corridas de toros en Medellín o le resulta completamente indiferente. No hay nada de sorprendente en ello pues, como decía Ortega y Gasset, la gente no suele ponerse de acuerdo si no es en cosas un poco bellacas o un poco tontas. Esa mayoría tampoco se percatará, no inmediatamente al menos, de que esa decisión empobrece nuestra democracia y reduce nuestra libertad.

LGVA

Enero de 2020.

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