sábado, 5 de agosto de 2017

Mercar sin distorsionar los precios ni crear desempleo

Mercar sin distorsionar los precios ni crear desempleo


Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT


Me gusta mercar. Mi profesor de Teoría Monetaria, Jaime Ureña, quien me enseñó todo eso de la dicotomía y del “velo monetario”, solía decir que el salario nominal se cobra en los bancos y el salario real en los supermercados. Creo que es por eso que me gusta mercar: para sentir que en efecto estoy recibiendo mi remuneración real. Eso lo saben bien las señoras quienes, todavía, se encargan mayoritariamente de “hacer la remesa”, como dicen, o decían, los payanejos raizales. Aunque ya son muchos los señores “que mercan”, buena parte de ellos prefieren, como en mi niñez, recibir una parte de su salario real en bares y cantinas que, in illo tempore, estaban estratégicamente situadas en la cercanía de las fábricas, para que los obreros no tuvieran mayor dificultad en cobrar el componente etílico de su remuneración.  

Queriendo conocer algunas obras de infraestructura construidas recientemente por la Administración Municipal, me aventuré por un sector de la Ciudad típicamente obrero que no visitaba hace mucho tiempo. Me extravié y me dejé ir por sus calles y carreras, pudiendo constatar una positiva transformación urbana. Llamó mi atención un gran supermercado que no identifiqué con ninguno de los grandes grupos que en Medellín y en Colombia dominan el negocio del retail.  Sentí curiosidad y entré, y como tenía en mi bolsillo la lista del mercado decidí comprar algunas cosas para aprovechar los precios que esperaba fueran menores que los de los mercados de mi barrio, El Poblado, cuyos habitantes tienen mayor poder de compra.

En su polémica con Keynes sobre las causas del desempleo involuntario, el profesor A.C. Pigou, heredero de la cátedra de economía de Marshall, señalaba como una de ellas la compra de bienes para los asalariados por personas que no lo son. Retomaba la vieja idea clásica según la cual el salario real está conformado por una cierta canasta de bienes. Cuando los no asalariados demandan esos bienes, sus precios nominales tienden a aumentar lo cual puede llevar a una elevación del salario nominal y, como consecuencia de ello, producir desempleo, ceteris paribus.

El argumento de Pigou me ha parecido siempre extremadamente sutil y, más que todo, bastante divertido. Por eso, cuando, para ahorrarse unos pesos, alguno de mis amigos sale con la idea de ir a mercar a la mayorista o a cualquier mercado popular, se lo esgrimo para hacerle sentir un poco de mala conciencia. Yo mismo, hace años, la experimentaba, cuando, forzado por Gloria y un bajo poder de compra, iba a mercar al galpón de “Las Malvinas” de la Mayorista; y la experimenté nuevamente ayer en ese supermercado de un barrio popular de Medellín. Ténganlo siempre presente los amigos que lean esta columna: cuando estén aprovechando gangas en mercados populares, están distorsionando los precios y creando desempleo, según el Profesor Pigou.

Con un par de excepciones, encontré todos los artículos de mi lista: las mismas marcas y las mismas presentaciones que en los supermercados de El Poblado. Hace algunos años esto no era así. Recordemos que un bien económico es algo caracterizado por unos atributos físicos y una localización en el tiempo y en el espacio. Hoy esos atributos materiales parecen ser prácticamente iguales para la mayoría de los bienes ofrecidos en todos los mercados y supermercados. Es decir, los bienes salariales se diferencian cada vez menos de los no-salariales. Esto es de gran significación en términos de bienestar.

Evidentemente, la diferencia por la localización espacial se mantiene. Esto lo saben bien los negociantes del retail  y no dejan de aprovecharlo practicando una juiciosa y sistemática discriminación de precios. Para los artículos de mi lista las diferencias variaban entre 10% y 15%, lo cual me produjo un ahorro equivalente a una de Buchanans doce años. Como no me pagan por hacer publicidad, no voy a revelar la marca ni la localización de ese mercado. Pero tengo, por supuesto, una razón más altruista: no deseo distorsionar los precios y crear desempleo. Y a mis amigos, que están esperando que les revele mi secreto, les digo que no sean “chichipatos” y compren en el Carulla más cercano, que para eso les pagan más.

LGVA

Agosto de 2017

2 comentarios:

  1. Admirable e increíble capacidad para transmitir los conceptos económicos de manera simple con casos cotidianos

    ResponderEliminar
  2. El mercado es un artificio de la civilización, y está muy bien. Pero, tu sólo crees en los mercados Marshallianos. Tú eres el papa del mercado. Hace rato claudicaste a la inteligencia.

    ResponderEliminar