sábado, 19 de marzo de 2016

Manuel Ignacio Dussan Villaveces: arquitecto del mercado eléctrico

Manuel Ignacio Dussan Villaveces: arquitecto del mercado eléctrico

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Universidad EAFIT

El 25 de octubre del 1998 el periódico El Tiempo publicó una nota titulada “La parejita gaseosa” refiriéndose a un par de consultores contratados por el Ministerio de Minas y Energía con el objeto formular propuestas regulatorias para el mercado de gas combustible. Se trataba Evamarìa Uribe Tobón y de su esposo Manuel Ignacio Dussan Villaveces quienes regresaban al País después de desempeñarse durante cuatro años como funcionarios del Banco Interamericano de Desarrollo. Manuel Ignacio falleció el 17 de marzo después de luchar, firmemente acompañado por Evamarìa, con un agresivo cáncer que lo aquejaba desde hace dos años.


La parejita gaseosa inicialmente fue una parejita eléctrica pues se conocieron y se enamoraron cuando se desempeñaban como expertos comisionados de la Comisión de Regulación de Energía y Gas en 1994. Allí, en la novísima CREG, con Fernando Barrera Quintero, dieron desarrollo regulatorio a las disposiciones de las leyes 142 y 143. Durante el breve y fructífero período en que permanecieron en la CREG se expidieron las resoluciones que pusieron en funcionamiento el mercado eléctrico y sentaron las bases de la regulación de las actividades de comercialización, distribución y transmisión.

Manuel Ignacio había llegado al País después de trabajar durante unos 15 años como funcionario de la banca multilateral con sede en Washington. Ingeniero eléctrico de la Universidad de los Andes y Magister en Sistemas de Potencia de la Universidad de Northwestern, inició su brillante carrera profesional en ISA de donde se retiró, en 1978, cuando se desempeñaba como gerente de operaciones para emprender su largo periplo de consultor internacional. No quiso el destino que en aquel entonces su vida se cruzara con la de Evamarìa quien, en ese mismo año, pocos días después de su retiro, ingresaba como analista de la gerencia financiera entonces a cargo de Jorge Eduardo Cock. Se encontrarían quince años después para tejer una profunda relación basada en la única sustancia duradera del amor: la admiración y el respeto mutuos.

La mayor parte de la vida profesional de Manuel Ignacio fue la de un trotamundos: asesorando, bien como funcionario de la banca multilateral o como consultor independiente, gobiernos y entidades en el diseño de mercados de energía, evaluación de proyectos y regulación y planeación del sector energético. Fueron muchos los países de América Latina y de Europa del Este en los que dejó la huella de su inteligencia y su consejo prudente y moderado.

Uno de los rasgos más destacados de su personalidad fue la forma mesurada y desapasionada de exponer y sustentar sus puntos de vista, casi rayana en el desapego y ajena a todo dogmatismo. Seguía al parecer la recomendación del Secretario Florentino según la cual le corresponde al consejero  "decir su opinión sin pasión y sin pasión y con modestia defenderla", consciente quizás de que es el decisor, no el consultor, quien se juega el pellejo con la adopción de la política recomendada.

Hablaba pasito, en tono menor, en ocasiones apenas susurraba y en esos momentos las demás voces se callaban y las orejas se ponían alertas conscientes de que iban a escuchar de su boca palabras cargadas de inteligencia, de buen juicio y sensatez. Como todos los que tuvieron el privilegio de tratarlo aprendí muchas cosas de él y admiré siempre su distinción personal y su elegancia intelectual.  Gracias por mucho, Manuel.

LGVA
Marzo de 2016.


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