viernes, 22 de febrero de 2013

De la ignorancia racional a la teoría de la conspiración


 De la ignorancia racional a la teoría de la conspiración

¿Por qué los literatos suelen ser de izquierda?

 

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista-Consultor

 

 La mayoría de las personas suele decidir sobre sus asuntos privados basándose en la mayor cantidad de información de la que puede disponer a un costo razonable. Al igual que una gran empresa, el más humilde de los vendedores ambulantes indaga sobre la demanda y la competencia potencial a la hora de elegir la calle en la que ofrecerá su mercancía.  La búsqueda de información no se limita a las decisiones sobre cuestiones puramente pecuniarias. Está presente en todos los ámbitos de la acción humana: la vida familiar, la investigación científica e, incluso, el esparcimiento. Nuestra cultura parece valorar este tipo de conducta pues calificamos de negligentes, irresponsables o irracionales a quienes aparentemente no proceden de esta forma al tomar sus decisiones.

 

Ahora bien, en la medida en que las cuestiones sobre las que deben decidir se alejan de la órbita de sus negocios privados, su vida familiar o los intereses de su profesión; se observa, en la mayoría de las personas, una disminución del interés y la urgencia por recabar información para escoger ilustradamente.  Es así como el valor de la información sobre los asuntos de la política nacional o internacional, y con ello la disposición a incurrir en los costos que su adquisición supone, usualmente ocupa en el orden de preferencias de quienes no son especialistas  en ellos un lugar inferior al que ocupan, por ejemplo, los pasatiempos. Los coleccionistas de sellos y monedas suelen tener un conocimiento pericial de todos los aspectos de sus aficiones y dedican a su cultivo gran cantidad de esfuerzo, tiempo y dinero. Por el contrario, al igual que los deportes y la farándula, las cuestiones de la política y la economía pública son para la mayoría de las personas un tópico más de conversación ociosa y despreocupada entre amigos.

 

Este fenómeno ha inquietado y continúa inquietando a los teóricos de la democracia y la vida social. Stuart Mill pensaba que la democracia no era posible en sociedades con grandes disparidades en el ingreso y en nivel cultural de las personas, suponiendo que a un elevado nivel cultural iba asociado un conocimiento refinado de los asuntos de la política. Para Montesquieu el buen funcionamiento su sistema de contrapesos suponía la existencia de un mínimo de “virtud ciudadana”, entendiendo por ello el ejercicio ilustrado de la participación en política.  Los pensadores demo-liberales de los siglos XVIII y XIX confiaban en que el acervo de “virtud ciudadana” – o capital social, como hoy se le denomina -  debía incrementarse paulatinamente con el avance de las ciencias y su difusión a capas crecientes de la población. La evidencia sugiere que, incluso en los países más avanzados, las cosas no han ocurrido de esa manera.

 

Schumpeter, Hayek, Downs y otros autores han explorado las razones de ese fenómeno. Según el primero, en una democracia, el ciudadano es miembro de un comité que no puede funcionar: el comité compuesto por el pueblo entero. En efecto, en la medida en que es más amplio en comité que debe tomar una decisión, es menor el peso de cada miembro individual y menor por tanto el incentivo para indagar concienzudamente sobre los múltiples aspectos de la cuestión por decidir. Informarse cabalmente sobre los asuntos de la política entraña costos que pueden llegar a ser considerables. Es, por lo menos ingenuo, pretender que un ciudadano, común y corriente, se ilustre cabalmente sobre los antecedentes y programas de las decenas de candidatos que en un momento dado reclaman su voto, cuando sabe perfectamente que el resultado de la votación no guarda relación alguna con la calidad y cantidad de la información que haya tenido en cuenta al momento de votar. Lo que no quiere decir que el ciudadano no busque información. Lo hará, tratando de minimizar su costo, razón por la cual la información de que hace acopio será usualmente filtrada, mediatizada, manipulada o superficial. Anthony Downs – en su Teoría de la democracia – dio el nombre de “ignorancia racional” a ese aspecto de la conducta de los votantes. Sin embargo, el interés de la noción no se limita al problema de las votaciones.

 

Contrariamente a lo que candorosamente algunos imaginan, la interacción social en las comunidades grandes y complejas está basada en la más pasmosa ignorancia de los individuos que las conforman. En larga medida, como lo ha señalado Hayek, el progreso tiene que ver con el crecimiento en la cantidad de cuestiones que podemos ignorar sin que ello nos impida vivir.  Casi nadie sabe construir casas, pescar o cultivar trigo; sin que ello le impida tener una habitación, comer pescado o disponer de pan.  Somos “ignorantes racionales” o simplemente ignorantes de todo lo que no tiene que ver con nuestra propia especialidad. La inmensa mayoría de nuestras decisiones está basada en el criterio de alguien a quien, con razón o sin ella, atribuimos un conocimiento mayor que el nuestro sobre el asunto en cuestión. Son muy pocas las cosas que decidimos exclusivamente sobre la base del criterio y conocimiento propios. Si no fuera así cuestiones tan elementales como escoger un médico, elegir un colegio para nuestros hijos o la marca de la crema dental exigirían un acopio de información tan grande que imposibilitaría la acción.

 

Pensando poco o nada en el asunto, la mayoría de las personas aceptan fácilmente esa situación con relación a la mayoría de los aspectos de su vida corriente. Esto no es otra cosa que aceptar la división del trabajo y el lugar que nos corresponde en ella. No obstante, en el dominio de la elección colectiva, es decir, en el de la política y la acción del estado; nuestra posición suele ser más ambigua. Aunque la mayor parte del tiempo y en la mayoría de las situaciones aceptamos que el manejo de esos asuntos públicos requiere de conocimientos especializados y de técnicas por fuera de nuestro alcance; con frecuencia nos rebelamos contra nuestra condición de aficionados y caemos en la tentación de hacernos profesionales de los asuntos públicos y, en consecuencia, participar en ellos actuando u opinando.

 

Esto, que se supone es un rasgo característico de la sociedad abierta de la que hablara Popper, les ocurre a los miembros de todas las profesiones u oficios, especialmente en épocas de dificultes reales o aparentes en el funcionamiento de los instrumentos de decisión colectiva. Ello explica la esporádica incursión en la política activa – siempre con ánimo redentor – de actores, cantantes y deportistas en uso de buen retiro.  También explica la presencia en la política pasiva, es decir, la actividad del opinador profesional, de una singular categoría de la división del trabajo: el literato.

 

El literato – también intelectual o escritor -   es en efecto una categoría bastante curiosa de la división social del trabajo. No existe ningún programa universitario o de escuela de artes u oficios en el que se enseñe sistemáticamente esa profesión, razón por la cual los literatos estudian otras cosas. Usualmente se forman como filósofos, abogados, profesores de literatura, periodistas o cualquier otra cosa que se supone guarda relación con el ejercicio de las letras. Sin embargo, no gustan de ejercer esas profesiones o lo hacen manera forzada y subsidiaria, pues en el fondo siempre aspiran ejercer como literatos y vivir de los productos de esa labor: novelas, cuentos, poemas, ensayos, etc.

 

Gran parte de los literatos experimenta, durante toda su existencia o la mayor parte de ella, enormes dificultades para obtener la validación social de su trabajo, es decir, para vender rentablemente en el mercado sus novelas, cuentos o poemas y vivir decorosamente de los ingresos que ello les reporta. Aunque se presentan en todas partes, estas dificultades son sustancialmente mayores en las economías atrasadas incapaces de generar un excedente importante que permita a sus habitantes consagrar sus recursos, una vez cubiertas las del cuerpo, a las necesidades del espíritu, la imaginación y la fantasía.

 

Probablemente con razón, los literatos piensan que los productos de su trabajo pertenecen a una categoría superior - más noble, si se quiere - que los productos del trabajo del contador o el cultivador de papas. Por ello les resulta difícil aceptar el veredicto del mercado y encuentran especialmente odioso el hecho de que la demanda solvente se oriente, por ejemplo, hacia la literatura barata, las revistas de farándula o el cine popular. Algo similar debe ocurrirles a los músicos profesionales, los bailarines de ballet, los actores de carácter y demás trabajadores de la cultura. Personalmente encuentro muy antipático el que los futbolistas y algunos comentaristas deportivos ganen mucho más dinero que los economistas; pero me resigno ante el hecho de que los primeros llenan los estadios y los segundos son campeones de la sintonía, mientras que los economistas no conseguimos llenar el aula de clase aunque corramos lista.  Sin duda alguna, como decía Jouvenel, las preferencias sociales que revela en el mercado, en muchas ocasiones, no revelan otra cosa que la falta de formación intelectual y estética de las personas. Pero este defecto no es una razón suficiente para irse en contra de la economía de mercado, como les suele ocurrir a buena parte de los literatos.           

 

Aunque el éxito contribuye a mitigarla y con frecuencia la hace desaparecer, la antipatía frente al mercado es un rasgo muy frecuente de la personalidad social de los literatos. Esa antipatía es sustancialmente mayor mientras mayor es la brecha entre la percepción del valor que el literato tiene de su propia obra y la valoración efectiva que le da el mercado. De ahí que los literatos tiendan a ser hombres de izquierda y partidarios de la intervención del estado en la promoción de la cultura.  A pesar de no ser muchos, su éxito como grupo de presión en el reparto del presupuesto público no es despreciable: las universidades y otras entidades estatales premian sus producciones en concursos donde ellos se juzgan unos a otros y les publican los libros rechazados por las editoriales privadas; el papel y los libros no son gravados con el impuesto a las ventas pues ello sería un atentado contra la cultura; en fín, los gobiernos les financian encuentros internacionales para hablar de literatura o recitar poesía y les patrocinan casas donde pueden recitarla  todo el tiempo que a bien tengan. 

 

Los literatos tienen sobre los demás trabajadores de la cultura – músicos, bailarines, teatreros, etc. - una ventaja que les permite defenderse mejor de la "injusticia" de la economía de mercado: saben escribir. Esto les permite complementar los ingresos de su actividad literaria con los derivados del periodismo de opinión. En efecto, aunque, sobre todo en otras épocas, se daba el caso de que algunos ejercieran como reporteros; la mayoría de los literatos que hoy pululan en las páginas de periódicos y revistas del país al parecer prefiere dejar la reportaría a los profesionales del oficio y ocuparse del periodismo de opinión, o mejor aún, de la crítica social.  

 

No deja de llamar la atención el hecho de que los literatos escriban en sus columnas de prensa poco o nada sobre literatura y se dediquen tan apasionadamente a la crítica social. Aventuro la hipótesis de que eso tiene que ver con el grado de competencia en el mercado de las columnas de opinión; el cual, tengo la sospecha, debe ser extremadamente elevado. En ese mercado participan muchos congresistas que en razón de su investidura no pueden recibir honorarios por sus escritos; también son muchos los políticos y otra clase de profesionales para los cuales es suficiente recompensa por su trabajo el que su nombre sea visto en letras impresas, en fín, abundan los colaboradores ocasionales y quienes envían cartas a la dirección cuyas contribuciones podrían perfectamente colmar las páginas de opinión. Los propietarios de periódicos y revistas tienen, para disciplinar el mercado, una oferta casi ilimitada columnistas gratuitos. Esto debe deprimir el precio de las columnas de opinión que, salvo las de firmas muy acreditadas, no deben ser muy bien pagadas. Naturalmente esto incide en la elección de los temas pues para el propietario de un medio escrito las columnas valen en la medida en que se leídas. Con las encuestas de calificación de los artículos, las ediciones digitales permiten controlar este aspecto en tiempo real. Si, como es probable, la cantidad de lectores de una columna de opinión depende estrechamente de la actualidad del tema tratado es enteramente comprensible que los literatos resulten dedicados a escribir sobre política, economía y sociedad. (De cierta forma esta conjetura es tautológica: si el literato pudiera vivir de escribir literatura probablemente no estaría haciendo periodismo de opinión)  

 

Naturalmente, los literatos están en todo su derecho de buscar y explotar su nicho de mercado para valorizar su trabajo.  Aunque el ejercicio documentado y responsable de la crítica social exige, entre otros, conocimientos de economía, estadística, historia, finanzas, sociología y ciencia política de los que usualmente el literato carece; ello no se constituye en obstáculo para que el literato alcance el éxito opinando sobre todas estas materias. Por el contrario, la ignorancia de todas las cuestiones técnicas – y el desdén con el que las tratan – explican frecuentemente el éxito que alcanza entre los lectores.

 

Los literatos, en su mayoría,  tienen una teoría del funcionamiento de la sociedad que les permite explicar sin vacilación alguna y de forma concluyente todo lo que pasa en el mundo entero. Además de ofrecer certezas y respuestas absolutas, lo que resulta muy útil para ese hombre apresurado que sólo tiene el periódico o la revista para nutrir su inteligencia, esa teoría – que llamaremos de la conspiración - tiene el atributo aliviar la desazón y el sentimiento de frustración que frecuentemente produce la interacción social en las economías de mercado.

 

La base de la teoría de la conspiración es la antipatía frente al funcionamiento de los mercados. Esa antipatía no es exclusiva de los literatos. Todos los seres humanos la experimentamos en diversos momentos y con diversa intensidad. El mercado sólo reconoce el resultado, no el esfuerzo; y esto es particularmente odioso cuando fracasamos con lo que ofrecemos. Estudiar una profesión que no se puede ejercer por falta de demanda o de competencias; ofrecer un producto que nadie quiere comprar; escribir una novela que nadie quiere leer, en fín, renunciar por falta de ingresos a la infinidad de cosas que quisiéramos poseer,  son motivos de frustración que constantemente están afectando a millones de personas. Todos conocemos la magnitud de nuestros esfuerzos, somos capaces de valorarlos y quisiéramos que los demás los valoraran de la misma forma. Sin embargo, la más mínima reflexión nos muestra que en una sociedad con un mínimo de complejidad no tenemos forma de conocer el esfuerzo de los demás y menos de valorarlo como ellos mismos lo harían. De los demás sólo conocemos los resultados, como ellos de nosotros. Es casi axiomático que un sistema de valoración basado en el esfuerzo probablemente no funcione más allá del ámbito de una economía puramente familiar. Pero estas cuestiones tan evidentes las olvidamos frecuentemente cuando no encaramos nuestros fracasos en el mercado, responsabilizamos de ellos a los demás y optamos por la teoría de la conspiración. 

 

Para la teoría de la conspiración el mercado no es un mecanismo impersonal que responde a los millones de decisiones que constantemente están tomando millones de personas en el mundo entero. Esas son patrañas y mistificaciones inventadas por los economistas para ocultar la verdad verdadera: la existencia de conspiradores que lo manipulan todo con el objeto de mantenernos sumidos en la pobreza y la ignorancia. Si los consumidores, por ejemplo, no compran novelas ni demandan productos culturales ello se debe a la acción de los manipuladores que mediante la publicidad orientan la demanda hacia las baratijas de la subcultura popular. Lo que resulta especialmente curioso es que los conspiradores, que lo manipulan todo, no consigan manipular a los literatos y que éstos puedan vivir de denunciar la manipulación.

  

 

LGVA

Febrero de 2013

 

    

 

 

sábado, 16 de febrero de 2013

Lauchin Currie: el maestro de los economistas colombianos


Lauchin Currie: el maestro de los economistas colombianos


Luis Guillermo Vélez Álvarez
Departamento de Economía, Universidad EAFIT
Consultor, Fundación ECSIM

En diciembre de este año se cumplen 20 de la muerte de Lauchin Bernard Currie en Bogotá. Se le recuerda como el arquitecto del sistema UPAC que transformó de forma definitiva el sector financiero y el sector de la construcción en Colombia. Además de eso, el pensamiento y la obra de este economista canadiense, nacido en Nueva Escocia en 1902, fueron definitivos en la formación de los economistas de mi generación, los que pasamos por las aulas de las facultades del país en los años 70; la década de los gobiernos de Misael Pastrana Borrero, Alfonso López Michelsen y los dos primeros años del de Julio Cesar Turbay Ayala.

El Plan de Desarrollo de Pastrana Borrero, Las Cuatro Estrategias, no sólo está inspirado en las ideas de Currie, formuladas años atrás en su Operación Colombia, sino que éste participó activamente en su redacción, como lo señala Roberto Arenas Bonilla, director del DNP bajo el gobierno de Pastrana  Borrero y quien fue responsable del regreso de Currie a Colombia[1]. En cuanto a la administración de López Michelsen, el hecho más significativo, para los economistas que entonces nos formábamos, fue la bonanza cafetera - el café llegó a cotizarse a US$ 3 la libra, equivalentes a unos US$ 8 de hoy - cuyo manejo, para evitar el desbordamiento de la inflación, absorbió las energías de sus ministros de hacienda – Botero Montoya, Espinosa Valderrama y Palacio Rudas – y ocupó la discusión económica de aquellos años.

Las discusiones de sobre la situación macroeconómica y la política pública llegaban con mucha fuerza a las facultades de economía en esa época y su eco alcanzaba a los estudiantes en algunas de la cátedras, por los trabajos que encomendaban algunos profesores o por las publicaciones de las entidades gremiales o de los centros de investigación. La Facultad de Economía de la de Antioquia, con su Centro de Investigaciones Económicas – CIE – participaba activamente del debate económico nacional. Allí estaban Francisco Gómez, Hugo López, Juan Felipe Gaviria, Mariano Arango, Santiago Peláez y otros más cuyos conceptos tenía peso específico en la discusión económica nacional. Los tres primeros habían publicado en 1970 un trabajo titulado “Contribución al Estudio del Desempleo en Colombia” que tendría gran importancia en el desarrollo de la investigación económica en el País.  

Lauchin Currie llegó a Colombia por primera vez en 1949, al frente de la primera misión del recién creado Banco Mundial. Alguien como él, que había trasegado por la London School of Economics y la Universidad de Harvard y que había hecho parte del equipo de asesores económicos que diseñaron el famoso New Deal de Roosevelt[2], debió sentirse aterrorizado ante el panorama desolador de los medios disponibles para realizar su trabajo. Doce años después describe así lo que encontró:

“En ese tiempo no existían prácticamente los economistas, no había estadísticas tales como las series de medios de pago, de ingreso nacional y de balanza de pagos o de costo de vida, aunque se había comenzado a trabajar para obtenerlas. El Presupuesto era un panfleto que apenas dividía los gastos entre forzosos y ocasionales”[3]

A pesar de eso a Currie le gustó Colombia y se quedó; para bien sin duda alguna de nuestra profesión y del desarrollo económico del país. Pero lo cierto del caso es que el resultado de su trabajo, la “Operación Colombia, Un programa nacional de desarrollo económico y social”, en su título completo, no tuvo ninguna acogida en el gobierno nacional. Lleras Camargo rechazó el plan porque estaba comprometido con los programas de la Alianza para el Progreso y con el Plan Decenal de Desarrollo, elaborado por la CEPAL, cuyo diagnóstico y propuestas eran diametralmente opuestas de las de Currie en cuestiones fundamentales. La Operación Colombia desestimaba, sin miramientos, la importancia de la reforma agraria como solución a los problemas del campo. Esto era poco menos que una herejía: la reforma agraria era bandera del partido liberal desde la época de López Pumarejo y la célebre ley 200. Los gobernantes posteriores del Frente Nacional – Guillermo León Valencia y Carlos Lleras Restrepo – tampoco se interesaron en la Operación Colombia. Lleras siempre fue su enemigo declarado. Bajo la administración de Pastrana Borrero el profesor Currie tendría su oportunidad.

Como lo documenta el profesor Mario García, Currie se había ocupado de cuestiones macroeconómicas y monetarias. Sus estudios empíricos sobre el ciclo económico – señala García – lo llevan a la idea según la cual existen ciertos sectores de actividad que jalonan las fases de expansión y contracción propias del ciclo arrastrando el desempeño de los demás sectores. Esta idea combinada con elementos de la teoría del crecimiento de su maestro Allyn Young será el fundamento de su teoría del desarrollo formulada en “Operación Colombia” y afinada en obras posteriores. Pero ya en este trabajo Currie era plenamente consciente de estar formulando una teoría del desarrollo y no sólo un programa específico para Colombia.

“ Aunque ha sido escrito específicamente para Colombia, los términos generales de las soluciones propuestas pueden ser aplicados a cualquier país subdesarrollado en donde exista una tecnificación básica en la agricultura y en la industria, en donde haya la posibilidad de aumentar exportaciones y en donde haya mucha gente ocupada en agricultura de tipo colonial y de muy baja productividad….”[4]

 
Quiero solamente destacar dos aspectos estrechamente vinculados: el primero tiene que ver con el diagnóstico sobre la situación de la economía colombiana del que parte la formulación de la Operación Colombia y el segundo con su propuesta central que desafiaba, y continúa desafiando, los prejuicios económicos de amplios sectores de la dirigencia del País.

 La Colombia de los años cincuenta está viviendo el nacimiento de su industria, un proceso iniciado en los años treinta cuando el cierre de los mercados internacionales ocasionado por la crisis y posteriormente por la segunda guerra mundial abrió el sendero de la industrialización sustitutiva. Pero se trata en un industria mediocre cuyo expansión se ve frenada por las restricciones que a su tecnificación imponen las limitaciones a la importación de equipos y maquinaria, dependiente de la disponibilidad de divisas provenientes de la exportación de café, y por la estrechez de un mercado compuesto por una masa migrantes pobres llenos de necesidades pero carentes de poder compra para expresarlas en un demanda efectiva en el mercado. Porque ocurre que en ese momento también Colombia se está urbanizando y a todas sus ciudades están llegando oleadas de campesinos desplazados más que por la violencia – como predica un prejuicio económico ampliamente extendido en el País aún en nuestros días – por su paupérrima productividad. Colombia está viviendo su fase natural de industrialización y urbanización y es en ese contexto donde se enmarca la Operación Colombia.

“Aunque el enfoque de este programa – escribe Currie - puede aparecer un tanto novedoso, lo que en realidad persigue es una considerable aceleración deliberada de las fuerzas naturales que están actualmente en operación. La población urbana está aumentando en relación a la rural, las tierras y los agricultores más productivos están desplazando a los agricultores marginales; tarde o temprano se iniciarán exportaciones de carne y de otros artículos; la salud urbana ha ido mejorando; más niños tendrán oportunidad de más años de escuela en las universidades; pero las fuerzas naturales se desenvuelven lentamente, y encuentran resistencia y causan sufrimientos. Y no hay tiempo. La única cosa nueva de este programa es la de que es un intento planificado, consciente y deliberado de acelerar los resultados de las fuerzas naturales y de canalizar la mayor parte de los primeros incrementos de la producción para el mejoramiento del nivel de vida de los grupos de más bajos ingreso”[5].

 Este es el diagnóstico: el País está experimentando un proceso “natural” de urbanización y frente a ello lo que debe hacerse no es tratar de mantener a los campesinos aferrados a las pequeñas parcelas que se les entregarían como resultado de la reforma agraria[6]; no es tratar de impedir o desacelerar el proceso de migración, por el contrario se trata de acelerarlo.

 
“Provocar – escribe Currie - una migración acelerada de trabajadores ahora relativamente improductivos hacia las grandes ciudades, suministrándoles vivienda, servicios públicos, empleos, educación y protección para la salud de sus hijos”[7].

Y añade:

“Uno de los objetivos primordiales de la Operación es el que la gente que actualmente está fuera de la economía monetaria, sea incorporada completamente dentro de ella, lo cual implica que los nuevos trabajadores deben ser absorbidos lo más rápidamente posible en empleos de tiempo completo a los salarios que rijan. En esta forma, ellos podrán hacer suficientes pagos mensuales que les permitan adquirir casas de las cuales puedan enorgullecerse”[8].

Ya entonces tenía claro que la construcción de vivienda debía jugar un papel fundamental en la Operación:

“Parece ser de la mayor importancia que se haga atractiva a las empresas privadas la construcción y financiación de casas de bajo costo.(…) Aunque hasta ahora hemos sobrevivido con los sistemas actuales, obviamente ellos serían incapaces de hacer frente a las necesidades de vivienda de la Operación, por lo cual debe hacerse que el capital privado encuentre atractiva la provisión de vivienda”[9].

Aunque el Banco Central Hipotecario  y el Instituto de Crédito Territorial  habían sido creados en los años treinta, no existía un sistema generalizado de crédito hipotecario. El gran reto de las Cuatro Estrategias sería crearlo en un contexto de alta inflación.
Las Cuatro Estrategias es probablemente el plan de desarrollo más coherente que se haya formulado en toda la historia de la planeación en Colombia. Desató en su momento grandes polémicas. Contra él enfilaron baterías sectores del partido liberal, López Michelsen y Jorge Child, entre otros, y de la economía marxista, por entonces muy influyente en la universidad pública. Jesús Antonio Bejarano[10] y Bernardo García[11] lo atacaron con dureza recogiendo en buena parte de las invectivas que contra la Operación Colombia había lanzado el maestro de todos ellos Mario Arrubla[12]. Y no podía ser de otra forma pues en contra de las ideas del reformismo agrario prevaleciente, Currie había declarado:
“El modelo que proponemos para Colombia no es el de una nación llena de campesinos propietarios laborando sus pequeñas propiedades con herramientas de mano, sino más bien el de un país como el Canadá o los Estados Unidos en donde un número reducido de hacendados propietarios cultivando la mejor tierra y empleando técnicas modernas y mucha maquinaria, han alcanzado enormes progresos en la productividad agrícola, con el consecuente bienestar para sus países. La escogencia entre estos dos modelos será decisiva para el futuro de Colombia”[13]
Suele decirse que de las cuatro estrategias contempladas en el Plan, la administración Pastrana sólo aplicó una: la de la construcción, que daría lugar al desarrollo del sistema UPAC y a la creación de las Corporaciones de Ahorro y Vivienda. Estos cambios institucionales se encuentran entre los más significativos y duraderos en la historia económica del País.  Dieron lugar al desarrollo del crédito hipotecario, a la consolidación del sector de la construcción y a un notable crecimiento de la actividad constructora durante las tres décadas siguientes. El propósito del mecanismo era garantizar que el ahorro fluyera hacia el sector de la construcción aún en épocas de inflación lo cual era imposible con tasas de interés fijas o habría exigido tasas de interés crecientes con el incremento de los precios para combatir la renuencia de los ahorradores a prestar. Originalmente la idea era indexar los ahorros y la hipotecas al aumento del nivel de precios, no las tasas de interés. La indexación de las propias tasas de interés vendría después introduciéndose con ello distorsiones que – como diría Currie años después – “destruyeron su simplicidad original.”[14]

Las otras tres estrategias tenían que ver con la diversificación y el incremento de las exportaciones, el aumento de la productividad de la agricultura y la distribución del ingreso; esto último mediante una orientación del gasto público hacia la educación, la salud y la provisión de los servicios públicos. Tienen razón los críticos cuando señalan que durante la administración Pastrana Borrero solamente se implantó la estrategia del sector de la construcción. Y ello fue así porque en realidad era lo único posible. Si damos una mirada desprevenida a la historia económica de las últimas tres o cuatro décadas podemos constatar que lo que hemos venido haciendo es tratar de aplicar – con otros nombres y desigual constancia – las otras tres estrategias del Plan de la administración Pastrana o mejor aún de la Operación Colombia. Porque realmente más que un Plan diseñado para ser aplicado en un período de gobierno, la Operación Colombia es al mismo tiempo en una visión del desarrollo económico de un país en un momento particular de su historia y una propuesta estratégica para acelerar ese desarrollo mediante una acción deliberada que entienda, se ajuste y aproveche las lógicas de ese momento de la historia que se está viviendo para hacer más rápido el cambio y mitigar los sufrimientos que entraña una transformación de vastas proporciones.
Cuando leo sobre China con esas historias de ciudades que parecen surgir de la nada dispuestas a la espera de los millones de migrantes provenientes del campo, con la explotación masiva de esos rendimientos crecientes resultantes del empleo de una fuerza de trabajo casi ilimitada en la industria moderna, con el desaforado crecimiento de sus exportaciones, en fin, con una juventud viajera educándose y aprendiendo cosas en todas partes del  mundo; me asalta de la sospecha de que allá tienen su propio Currie cuyas enseñanzas siguen con una dedicación y constancia que nos haría bien imitar.

LGVA

Febrero de 2013.




[1] “…con el sobresaliente equipo técnico del Departamento – enriquecido posteriormente con el retorno al país del distinguido profesor Lauchin Currie (…) y la asesoría de distinguidos expertos extranjeros, dimos comienzo a un intenso trabajo que permitió sentar las bases del nuevo Plan de Desarrollo”, escribió Roberto Arenas Bonilla en el prólogo a las Cuatro Estrategias. WWW.dnp.gov.co/planesdedesarrolloanteriores.
[2] García Molina, Mario. “A new dealer in the tropic; Lauchlin Currie and Colombian mid 20th century’s development”. Comunicación presentada en la Primera Jornada de Estudios en Historia de Pensamiento Económico, Universidad EAFIT. Medellín, octubre de 2009.
 
[3] Operación Colombia, Un programa nacional de desarrollo económico y social, Sociedad Colombiana de Economistas, Biblioteca de estudios económicos, Bogotá, 1961. Versión abreviada en Economía Colombiana. 313 – 314. Página 136.
[4] Ídem. Página 135.
 
[5] Ídem. Página 142 – 143.
 
[6] Este punto de vista lo expresaba con singular nitidez Carlos Lleras Restrepo: “…lo que tienda a vincular a la tierra a la población campesina puede considerarse como social y económicamente útil, aún en el caso de que en algunos sectores rurales tuviera que prolongarse una economía de simple subsistencia” Citado por Mario Arrubla (1962, 1971) Estudios sobre el subdesarrollo económico colombiano. Ediciones el Tigre de Papel, Medellín, 1971. Página 66.
 
[7] Operación Colombia. Página 142.
 
[8] Ídem. Página 152.
 
[9] Ídem. Página 152.
 
[10] Bejarano, J.A. “Currie: diagnóstico y estrategia” Cuadernos colombianos, N 3, Bogotá, 1974.
 
[11] García, B.  Anti-Currie: crítica a las teorías de desarrollo capitalista en Colombia, Medellín, La Carreta, 1973.
 
[12] Arrubla escribió el artículo “Operación Colombia o el capitalismo utópico” publicado en junio de 1962 en uno de los tres números la revista marxista Estrategia, que Arrubla fundara en asocio de Estanislao Zuleta. Este y otros dos trabajos fueron reunidos posteriormente en un libro titulado Estudios sobre el subdesarrollo colombiano publicado por la editorial La oveja negra en 1969.  Este librillo marcaría a todos los que estudiamos economía en las universidades Nacional, de Antioquia y del Valle es los años 70.
 
[13] Lauchin Currie. Operación Colombia. Ed. Biblioteca de estudios económicos, página 37. Citado por Arrubla (1962, 1971) página 35.
 
[14] Véase: Currie, L. Moneda en Colombia. Comportamiento y control. Fondo Cultural Cafetero. Bogotá, 1987.

domingo, 10 de febrero de 2013

Pensamiento Económico II – Lección III León Walras: Equilibrio General


Pensamiento Económico II – Lección III

León Walras: Equilibrio General

 

Luis Guillermo Vélez Álvarez
Economista, Docente Universidad EAFIT
Consultor, Fundación ECSIM

 

I

León Walras (1832 – 1910) es uno de los más grandes de todos los economistas de todos los tiempos. A él debe la economía el concepto de equilibrio general competitivo en toda su significación. Su obra, Éléments d´economie politique pure o theorie de la richesse sociale, es el marco de referencia de la teoría económica moderna en sus versiones más avanzadas (1): la teoría walrasiana de la competencia perfecta (...) es el corazón de la economía, escribe Andreu Mas Collel (2).

La vida de Walras, como la de la mayor parte de los economistas, es extremadamente simple en sus acontecimientos externos. Basado en su autobiografía, Schumpeter presenta el siguiente perfil:

“Walras nació en Evreux, departamento del Eure, el 16 de diciembre de 1834. La marcha de sus estudios pone de manifiesto la incapacidad del hombre de pensamiento para las cuestiones prácticas. Sus fracasos no resultan extraños si se piensa que se preparó en la École Polytecnique estudiando a Newton y a Descartes. Su falta de entusiasmo por los caminos trillados es la misma que experimenta toda mentalidad penetrante. Fracasó en su intento de estudiar en la École de Mines. Quiso entonces ser periodista y trabajó para varias empresas, pero siempre con esa falta de éxito que le caracterizaba. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, importa señalar que ya en 1859, en su primera publicación – un intento de refutar las ideas básicas de Proudhon – se mostró convencido de que la teoría económica podía ser tratada matemáticamente. Desde entonces supo lo que quería y todas sus fuerzas se consagraron a un fin: en esto – en el método y no en problemas de ningún tipo – está el origen de su obra. Desde entonces, también, se vio privado del soporte y del ocio necesario para su tarea – en su autobiografía describe los círculos científicos franceses en los cuales por lo general no logró arraigar. En esto, el azar prestó un servicio a la ciencia. Walras, en 1860, había participado en un congreso tributario celebrado en Lausana – y cuyas discusiones inspiraron su segunda publicación importante- y las relaciones que allí adquirió le llevaron, diez años más tarde, a ocupar la recién fundada cátedra de economía en esta ciudad. Esto tuvo gran significación tanto por la ciencia como para el propio Walras. Todo aquel que tenga un alto aprecio por su obra se sentirá profundamente emocionado ante aquel pasaje de su autobiografía en el que describe, no sin solemnidad, cómo se dirigió a la prefectura para obtener el permiso para abandonar el país y cómo después emprendió el viaje hacia Lausana. En cuanto llegó comenzó a trabajar, y continuó haciéndolo hasta que coronó la tarea que se había impuesto y fallaron sus fuerzas. En 1892 se retiró de la cátedra, pero mantuvo su relación con la universidad, como profesor honorario. En su pequeño piso de una cas próxima a Clarens continuó su trabajo, y allí murió, el 4 de enero de 1910”(3)

La significación de la obra de Walras no fue comprendida por el establecimiento académico de Francia. Se le negó la posibilidad de ejercer la docencia y su obra fue vista con extrañeza: los académicos del país no podían creer que eso fuese economía. En el prefacio a la cuarta edición de los Éléments, publicada en 1900, escribió, no sin cierta amargura:

“Si Francia del siglo XIX, que vio nacer la nueva ciencia, se desinteresó completamente de ella, eso se debe a una concepción, de gran estrechez burguesa, que ve  la cultura intelectual dividida en dos zonas distintas: la una produciendo calculadores desprovistos de conocimiento filosóficos, morales, históricos, económicos; y otros que se destacan en las letras sin ninguna noción matemática. El siglo XX, que no está lejos, sentirá la necesidad, incluso en Francia, sentirá la necesidad de entregar las ciencias sociales a hombres de cultura general, habituados a manejar a la vez la inducción y la deducción, el razonamiento y la experiencia. Entonces la economía matemática tomará su rango al lado de la astronomía y de la mecánica matemáticas, y ese día, se nos hará justicia”(4)

Y se le hizo justicia.

Walras tuvo en vida el reconocimiento de la comunidad científica de su tiempo. Sus Elementos fueron conocidos y leídos por los más grandes economistas de la época de todos los países - Menger, Marshall, Jevons, Wicksteed, Edgeworth, Bohm-Bawerk, Barone, Pantaleoni, Fisher y otros - con los que mantuvo un gran intercambio epistolar. Incluso fue postulado al premio nobel de la paz, el de economía no existía entonces, por sus propuestas de reforma social. Ya en los años treinta sus ideas serían desarrolladas por grandes economista como Hicks, Lerner, Allais, Lange, Samuelson, Wald, Von Neumann y otros más, algunos de los cuales recibirían posteriormente el nobel de economía. En los años 50 y 60, otra serie de economistas – Debreu, Arrow, Gale, Koopmans, etc. - con un instrumental matemático más avanzado harían nuevos aportes a la solución de los problemas de existencia y estabilidad del equilibrio competitivo. Actualmente, el texto de referencia en las escuelas más avanzadas de economía del mundo - "Microeconomic Theory” de Mas Collel, Whinston y Green – es totalmente walrasiano.

II

Antes de presentar los principales aspectos del pensamiento de Walras, es conveniente insistir un poco más sobre el significado del equilibrio de competencia perfecta como núcleo central de la teoría económica. La exposición que sigue está basada en el prefacio y en la introducción histórica del libro de Arrow y Hahn Análisis Competitivo General (5).  

El análisis general competitivo es el modelo de una economía descentralizada de competencia perfecta donde los agentes eligen o toman decisiones sobre la base de ciertos axiomas de racionalidad. Lo primero que es preciso entender que elaborar un modelo tan abstracto no responde pura y simplemente a la necesidad de hacer una simplificación de para obviar las complicaciones del mundo real. Se trata de algo más profundo:

“Ya es larga y bastante respetable la serie de economistas la serie de economistas que, desde Adam Smith hasta el presente, han tratado de demostrar que una economía descentralizada, motivada por el interés individual y guiada por señales de precios, sería compatible con una disposición coherente de los recursos económicos, que podría considerarse, en un sentido bien definido, mejor que una gran número de disposiciones alternativas posibles. Además, las señales de precios operarían en cierta forma para establecer ese grado de coherencia. Es importante entender cuan sorprendente puede ser esta afirmación para cualquiera que no se haya expuesto a esta tradición. La respuesta inmediata, de sentido común, al interrogante: ¿cómo sería una economía motivada por la ambición individual y controlada por un número muy grande de agentes?, sería probablemente esta: habría caos. El hecho de que una respuesta enteramente diferente haya sido proclamada como cierta desde antiguo y haya impregnado en realidad el pensamiento de una gran número de personas que en modo alguno son economistas, es motivo suficientes para investigarla seriamente”[6].

Y sobre la trascendencia del problema, dicen Arrow y Hahn:

“…la noción de que un sistema social movido por acciones independientes en búsqueda de valores diferentes es compatible con un estado final de equilibrio coherente, donde los resultados pueden ser muy diferentes de los buscados por los agentes; es sin duda la contribución intelectual más importante que ha aportado el pensamiento económico al entendimiento general de los procesos sociales”[7]

Carlo Benetti, plantea la cuestión en los siguientes términos:

“El problema científico inicial, probablemente el más profundo que plantea la teoría económica, concierne a la posibilidad de coherencia de una sociedad de mercado. ¿Por qué una sociedad compuesta de propietarios privados, quienes, movidos por interese egoístas, toman decisiones económicas independientemente los unos de los otros no desemboca en el caos? Desde Richard Cantillon todos los grandes economistas han buscado una respuesta a esta pregunta”[8]. 

La coherencia del sistema en términos económicos es un equilibrio. Es decir, un estado en cual las estrategias individuales son compatibles entre sí y no se generan fuerzas endógenas susceptibles de modificarlo. Son de equilibrio las estrategias que ningún agente quiere cambiar, dadas las estrategias de los demás agentes.

Dado el concepto de equilibrio son dos las cuestiones que se deben plantear:

1.      El problema de la existencia. Es decir, que el conjunto de ecuaciones mediante el cual se representa el sistema tenga una solución económicamente significativa. Una solución es económicamente significativa cuando todos los precios son positivos.

2.      El problema de la formación de precios de equilibrio o el problema de la estabilidad. En otras palabras, se trata de mostrar cómo a partir de una situación de des-equilibrio se generan fuerzas endógenas que llevan el sistema al equilibrio o, lo que es equivalente, explicar cómo se reestablece, por la acción de fuerzas endógenas, una situación de equilibrio inicial que es modificada por un choque exógeno.

Históricamente el primer autor que adopta de forma más o menos sistemática un enfoque de equilibrio general es Richard Cantillon. En su modelo de economía hay tres agentes: los propietarios de la tierra, los trabajadores y los empresarios. Esto último juegan un papel muy similar, como veremos, al que juegan en el modelo de Walras: alquilan los recursos productivos de propietarios y trabajadores y les venden productos en el mercado de bienes que aquellos pagan con los ingresos recibidos de los empresarios. También el Tableau Economique de los fisiócratas puede verse como un sistema de equilibrio general aunque carezca de una teoría explícita de la formación de los precios.  Debemos a Adam Smith la conocida metáfora de la “mano invisible” y a los demás economistas clásicos – Ricardo, Mill, Sraffa, etc. – una representación de la economía como sistema interdependiente en el cual la regla de uniformidad de la tasa de beneficio es el mecanismo que llave al ajuste de los precios de mercado a los niveles naturales que garantizan la reproducción de sistema. Finalmente, incluso Marx, con sus esquemas de reproducción simple y ampliada aborda el problema del equilibrio de una economía competitiva.

 III

Walras concebía la economía como compuesta de tres campos de estudio: la economía política pura, la economía social y la economía aplicada. A cada uno de esos campos consagró una obra, a saber: Éléments d´Economie Politique Pure (1874), Études d´Economie Sociale (1896) y Études d’Economie Politique Appliquée (1898).  Estos dos últimas no son obras sistemáticas como los Éléments, sino más bien colecciones de artículos relativos a las temáticas indicadas.

La economía política pura es “la teoría de la determinación de los precios bajo el régimen hipotético de libre competencia absoluta”[9]. La economía aplicada es la teoría de la producción agrícola, industrial y comercial de la riqueza. Finalmente, la economía social es la teoría de la distribución de la riqueza por la propiedad y los impuestos[10].  En el libro sobre economía aplicada aborda cuestione tales como bimetalismo y monometalismo, monopolios públicos, libre comercio, banca y crédito, etc. En el libro sobre economía social aborda tópicos como la nacionalización de la tierra, el comunismo y la propiedad privada, el individualismo, etc.

Como quiera que la parte más conocida de la obra de Walras es su teoría del equilibrio general competitivo en el imaginario popular y en el de no pocos economistas es visto como un defensor a ultranza de la libre competencia sin restricciones y del estado mínimo. Nada más alejado de la realidad. En carta a uno de sus corresponsales desmiente ese prejuicio de manera expresa:

“Me parece que usted me considera un defensor de la competencia libre absoluta...pero lo que es cierto es lo opuesto; más bien ha sido el deseo de responder a la mal fundada e ininteligible aplicación de la noción de competencia, lo que me ha llevado al estudio de la competencia libre en el comercio y la producción.”[11]

 

Walras era en efecto un decidido partidario de la intervención económica del estado. Propugnó por la nacionalización de la tierra con la idea de que el gobierno derivara de su arriendo los ingresos necesarios para financiar su actividad sin tener que recurrir a impuestos de ninguna clase. Era partidario de que el gobierno asumiera directamente la prestación de ciertos servicios públicos como el ferrocarril por considerar que dicha actividad, en manos privadas, conductas monopolísticas abusivas. Un par de citas extraídas de su economía aplicada ilustran suficientemente su visión social:

 

Libertad del Individuo, Autoridad del Estado, Igualdad de Condiciones, Desigualdad de Posiciones: esta es la fórmula general de la constitución de la ciencia social”.

 

(...) he escrito mucho en favor de la supresión de todos los impuestos personales (siguiendo, por supuesto, la toma por parte del Estado de la propiedad de la tierra) y esta es una condición absoluta para el funcionamiento eficiente de un sistema de mercado libre. De otro lado, un sistema de intercambio libre es una condición absoluta para la paz.”

 

El colectivismo es (...) la mitad de la Verdad en Economía Aplicada, como el comunismo es la mitad de la Verdad en Economía Social”[12].

 

Walras justificaba la nacionalización de la tierra con el siguiente argumento:

 

“Hay dos tipos de riqueza social para distribuir: la tierra y las facultades personales; y hay dos categorías sociales en las cuales la riqueza social puede ser distribuida, el estado y el individuo. De acuerdo con el principio de la desigualdad de las características del ser humano, las facultades personales deben ser atribuidas al individuo; de acuerdo con el principio de igualdad de condiciones la tierra debe ser atribuida al estado”[13]

 

Todos los proyectos de reforma social de Walras reposan sobre la hipótesis de un estado previsor y benevolente que conoce bien el interés general de la sociedad y se esfuerza por realizarlo. Cuando se abandona esa hipótesis y se concibe el gobierno como una entidad conformada por hombres iguales a todos los demás la presunción sobre su buena conducta se derrumba. Los trabajos de la escuela de la elección pública y los de la tradición austríaca ofrecen visiones del estado más acordes con la naturaleza humana.

 

Este aspecto de la obra de Walras fue desechado, en efecto, por la mayoría de sus seguidores, empezando por su discípulo inmediato, Vilfredo Pareto, su sucesor en la cátedra de economía de la Universidad de Lausana, quien consideraba absurdas todas las ideas de su maestro sobre economía social y aplicada.

 

“La más grande contribución del profesor Walras a la discusión económica fue su descubrimiento de un sistema general de ecuaciones que expresan el equilibrio económico. No puedo, por mi parte, admirar suficientemente esta porción de su trabajo, pero debo agregar que estoy completamente en desacuerdo con él respecto a lo que tiene que decir en su trabajo titulado Études d´ Economie Sociale. El profesor Walras piensa que es posible obtener ciertas deducciones económicas de principios metafísicos de jurisprudencia. Esta opinión merece respeto, pero no puedo aceptarla. Yo soy un creyente en la eficiencia de los métodos experimentales hasta el punto de excluir todos los otros. Para mí no existen demostraciones valiosas excepto aquellas basadas en los hechos”[14].

 

Otro notable economista del equilibrio general, John Hicks (1904-1989), nobel de economía en 1972, se expresó de manera semejante:

 

“El trabajo de Walras sobre teoría monetaria, y sus relativamente no-interesantes escritos sobre economía aplicada, no nos pueden detener aquí. Es en economía pura en donde se encuentra su interés, y el descubrimiento de las condiciones de equilibrio estático bajo competencia perfecta fue su logro central”[15].

 

Ciertamente sobre las ideas de reforma social es mejor dejarlas en un discreto olvido y reconocerlo como un gran teórico de la economía pura y no como un reformador social de la categoría de Henry George.

 

IV

 

Según William Jaffé, su biógrafo más reputado, Walras habría tomado la noción de una economía en equilibrio de la obra Elementos de Estática, de Louis Poinsot, que Walras habría leído a los 19 años. Allí aprendió Walras cómo se deducían las condiciones de equilibrio general de un sistema mecánico a partir de las condiciones de equilibrio de las partículas. De esto sacó la idea de un sistema económico de interdependencia donde las partículas que lo conforman – consumidores y productores – interactúan entre sí a través de sus acciones en el ámbito del mercado. Naturalmente pasar de la idea vaga de un sistema donde “todo depende de todo y vice-versa” a una formulación rigurosa en términos matemáticos hay un trecho bastante largo.

 

En un artículo titulado Économique el Mecanique, publicado en 1909, Walras escribió:  

 

“La teoría de la satisfacción máxima del intercambio y la de la energía máxima de la balanza romana, la teoría del equilibrio general del mercado y la del equilibrio universal de los cuerpos celestes, encontraremos, entre las dos teorías mecánicas una sola y única diferencia: la exterioridad de los fenómenos mecánicos y la interioridad de los fenómenos económicos, (...); se tienen instrumentos para determinar la caída de los astros los unos hacia los otros. No se tienen para medir la intensidad de las necesidades en las personas que intercambian. Pero no importa, puesto que cada individuo que intercambia se encarga de operar él mismo, consciente o inconscientemente, esta medida y de decidir en interior profundo si sus ´ultimas necesidades satisfechas son o no proporcionales a los valores de las mercancías. Que la medida sea exterior o que sea interior, en razón de que los hechos que se van a medir sean físicos o psíquicos, no impide que exista medida, es decir, la comparación de las cantidades y la relación cuantitativa, y que, en consecuencia, la ciencia sea matemática”[16].

 

El equilibrio económico general está definido por cinco condiciones, a saber:

 

1.      Todo consumidor, definido por una función de utilidad, alcance el máximo de satisfacción, lo cual ocurre cuando los precios de los bienes que consume proporcionales sus utilidades marginales.

 

2.      Igualdad entre el precio de cada bien y servicio y su costo de producción.

 

3.      Igualdad entre la cantidad ofrecida y la demandad de cada bien o servicio.

 

4.      Igualdad entre las cantidades producidas y demandas y entre los precios de venta y los costos de producción de los bienes de capital nuevos.

 

5.      Finalmente, la condición de equilibrio monetario según la cual la cantidad de dinero en circulación debe ser tal que la moneda tenga el mismo precio como mercancía, como moneda y como capital circulante.

 

La demostración de la primera condición es el objeto de la teoría del intercambio puro, es decir, la formación de los precios en una economía sin producción. Hasta aquí llegaron Jevons y Menger.

 

La demostración conjunta de las condiciones 1, 2 y 3 es el objeto de la teoría del intercambio y la producción en una economía estática, es decir, en una economía donde los recursos son dados, es decir, donde no hay ahorro ni acumulación de capital.

 

El estudio de la condición 4 es la teoría de la capitalización y el interés, uno de los aspectos más complejos de la teoría walrasiana aún en la actualidad. El estudio simultáneo de las condiciones 1, 2, 3 y 4 conforma el equilibrio general.

 

El equilibrio monetario, que Walras estudia en la lección 30, es el aspecto menos desarrollado de la teoría del equilibrio general aún en la actualidad.

 

En la sección siguiente se examinará la teoría del intercambio y la producción de manera conjunta lo que resulta suficiente para señalar los aspectos más importantes de la teoría de Walras desde el punto de su lógica interna. Se harán algunas observaciones sobre la teoría del capital y de la tasa de interés. Las cuestiones de la moneda en el equilibrio general se analizarán en otra lección.

V

Después de la teoría del intercambio puro, Walras aborda, en la lección 17, la teoría de la producción.

“He tratado sucesivamente, en la teoría matemática del cambio, el intercambio de dos mercancías entre ellas en especie, luego el intercambio de múltiples mercancías con la intervención de un numerario. Al hacer esto dejé de lado la circunstancia de que las mercancías son productos resultantes de la asociación de los elementos de producción como las tierras, los hombres y los capitales. Ha llegado el momento de hacer intervenir y de plantear, después del problema de la determinación del precio de los productos, el de la determinación matemática del precio de los servicios productivos. La solución del problema del intercambio nos ha conducido la fórmula científica de la ley de la oferta y la demanda. La solución del problema de la producción nos conducirá a la fórmula científica de la ley de los gastos de producción o costo de producción. Así yo habré encontrado las dos grandes leyes de la economía políticas; con la diferencia de que en lugar de ponerlas en competencia y contradicción la una y la otra en la determinación de los precios, le habré dado su parte a cada una fundamentando en la primera la determinación del precio de los productos y sobre la segunda la determinación del precio de los servicios productivos”[17]

Son necesarias algunas definiciones. Es preciso distinguir entre el capital y sus servicios. Capital es todo bien durable, servicio es todo bien fungible. El capital trasciende de un período de producción a otro, su servicio se prestas y se agota en cada período. Hay dos categorías de capital: los naturales y los artificiales. Los capitales naturales son los capitales inmobiliarios o la tierra y los capitales personales o personas. Los artificiales son los capitales mobiliarios. Solamente estos últimos se producen según las reglas de la economía y por lo tanto su cantidad es susceptible de aumentar. Si hay un excedente este será siempre un excedente de capitales mobiliarios.

A cada capital corresponde un servicio y a cada servicio un precio. A la tierra corresponde el servicio de la tierra y su precio es la renta; al capital personal corresponde el servicio del trabajo y su precio es la renta y, finalmente, al capital mobiliario corresponde el servicio del capital y su precio es el interés[18].

Todos los capitales se miden físicamente. Aquí no hay pues un problema de agregación como cuando se trata de la función de producción. El servicio de cada capital es una cantidad de sus unidades empleada durante una cantidad de tiempo. El servicio de la tierra será una cantidad de ésta utilizada durante un intervalo de tiempo. El tiempo se mide, por supuesto, en sus unidades naturales. Los empresarios no compran los capitales, los arriendan y pagan por sus servicios.

“Los capitales solamente porque sobreviven al primer al primer uso puede alquilarse, sea a título oneroso o a título gratuito. Se puede alquilar una casa, un bien mueble. ¿Y cuál es la razón de esa operación? Procurar al arrendatario el disfrute del servicio. El alquiler del capital es la alienación del servicio del capital. Definición fundamental que reposa enteramente sobre la distinción entre los capitales y los ingresos y sin la cual la teoría de la producción y la del crédito son imposibles”[19]. 

 Los capitales – naturales y artificiales – son económicamente la misma cosa:

“Es de la esencia de los capitales dar nacimiento a los ingresos, es de la esencia de los ingresos nacer directa o indirectamente de los capitales”[20]

Tenemos pues 3 agentes – terratenientes, que detentan la tierra, trabajadores, dueños de los servicios personales y capitalistas, propietarios de los capitales propiamente dichos. Y aparece un cuarto personaje: el empresario. Se trata de un personaje enteramente distinto de los demás. Su rol es alquilar los servicios de los tres capitales y asociarlos en la producción.

“Desde el punto de vista científico debemos distinguir esos roles y evitar el error de los economistas franceses que hacen del empresario un trabajador encargado del trabajo de dirección de la empresa”[21]. Volveremos a hablar de este empresario.

Después de las definiciones anteriores, Walras plantea el problema de la siguiente forma:

“Dicho lo anterior, vamos a investigar por qué y cómo se sucede, en una sociedad económica sometida al régimen de la libre competencia en materia de producción y de cambio, que hay, para los servicios de la tierra o las rentas, para el servicio de las facultades personales o para los trabajos, para los servicios de los capitales propiamente dichos o para los beneficios, precios corrientes que son cantidades matemáticas; vamos, hablando propiamente, a formular el sistema de ecuaciones del cual las rentas, los salarios y los intereses son las soluciones”[22]

Existen dos clases de mercados: el de los servicios productos y el mercado de los productos.  En el mercado de servicios los vendedores son los propietarios de los capitales y los empresarios los compradores; en el mercado de productos los vendedores son los empresarios y los compradores los propietarios de los servicios productivos. El vínculo es el dinero que es distribuido a los propietarios en el mercado de servicios y que es utilizado por éstos en el mercado de productos. Pero este vínculo es puramente formal: la moneda no juega ningún rol en el equilibrio general. En cambio el vínculo del empresario es fundamental: está siempre a un lado del mercado; de la demanda, en el de servicios; de la oferta, en el de productos.

El equilibrio se realiza cuando 1. Hay igualdad entre la oferta y la demanda de servicios producción. El precio de los servicios productores constituye la remuneración de los propietarios de los capitales. Por tanto no hay al equilibrio ningún remanente para el empresario: “…en el estado del equilibrio de la producción, los empresarios no realizan ni beneficio ni pérdida. Subsisten entonces como propietarios, no como empresarios”[23] . Ningún ingreso está asociado a la función del empresario en equilibrio. Por el contrario, por fuera del equilibrio, el empresario realiza beneficios o pérdidas. Es a partir de ahí que los procesos de ajuste se producen: los empresarios abandonan las ramas deficitarias y buscan las excedentarias.

Veamos ahora el esquema de la producción. Notación.

Os1……………Osn   las cantidades ofrecidas de los servicios 1,2 ….n

Ps1……………Psn     los precios de los servicios.

D1……………Dm   las cantidades demandadas de mercancías.

P1…………….Pm    los precios de las mercancías.

Aij   cantidad del servicio j necesaria para la producción de una unidad de mercancía i.

El sistema de intercambio y producción está conformado por cuatro bloques de ecuaciones, a saber:

Para cada servicio productivo hay una función de oferta donde la cantidad es función del precio de todos los servicios y de todos los productos. El primer bloque está formado por n ecuaciones del siguiente tipo:

Os1 = Fs1(P1…….Pm ; Ps1……Psn)

Para cada producto se tiene una demanda que es función del precio de todos los servicios y todas las mercancías. El segundo bloque está formado por m ecuaciones del siguiente tipo:

D1 = F1(P1…….Pm ; Ps1……Psn).

La primera condición de equilibrio, la igualdad entre la oferta de cada servicio y la demanda conforma en el tercer bloque de ecuaciones que está formado por n ecuaciones de este tipo:

Os1 = A11D1 + A21D2……..Am1Dm

La segunda condición de equilibrio, la igualdad entre el precio de venta y los costos de producción conforma el cuarto bloque. Hay m ecuaciones del siguiente tipo:

P1 = A11Ps1+ A12Ps2………..A1nPsn

Hay 2n + 2m ecuaciones que permiten determinar n cantidades de servicios, m cantidades de productos, n precios de servicios y m-1 precios de productos. Una ecuación puede deducirse de las otras con los que quedan 2n+2m – 1 ecuaciones y otras tantas incógnitas, al tomar como numerario un mercancía cualquiera.

Walras pensaba que para que existiera un conjunto de precios de equilibrio bastaba con la igualdad entre el número de incógnitas y de ecuaciones. Había sin embargo dos complicaciones.

1.      Como sólo los precios relativos afectan en comportamiento de los consumidores y los empresarios; el sistema sólo tiene 2n + 2m – 1 variables, esto lo expresó Walras tomando un bien como numerario. 

2.      El equilibrio presupuestal de cada consumidor implica que el valor de su ingreso es igual al valor de su consumo y la condición de equilibrio nulo de los empresarios implican que el valor de mercado de la oferta total es igual al valor de la demanda para cualquier conjunto de precios, no sólo para el conjunto de equilibrio. Esto es lo que se conoce como Ley de Walras. Las relaciones de oferta y demanda no son independientes. Si hay equilibrio 2n+2m – 1 mercado, lo hay también en el otro.

En los años 30 un conjunto de economistas y matemáticos mostraron que el problema de la existencia del equilibrio era más complicado que la igualdad del número de ecuaciones y de incógnitas. Se observó que para un conjunto verosímil de los coeficientes técnicos, los Aij, los precios o cantidades de equilibrio podían ser negativos. También se advirtió que si el número de productos fuese menor que el número de factores, el sistema no tenía solución general. Esto llevó a nuevos tratamientos del problema de la existencia cuyo examen está fuera del alcance de estas lecciones.

VI

Veamos ahora el problema de la estabilidad del equilibrio. En términos de Walras, se trata de mostrar cómo el mercado resuelve el sistema de ecuaciones planteado. Esto es fundamental, pues sin esa demostración, la solución del sistema se reduce a la solución de un problema matemático desprovisto de significación económica.

“Queda solamente por demostrar, en lo referente tanto al equilibrio de la producción como al del intercambio, que el mismo problema al cual le hemos dado una solución teórica, es también el problema que se resuelve en la práctica por el mercado por el mecanismo de la competencia”[24].

Para tratar el problema de la estabilidad del equilibrio o, lo que es lo mismo, para describir el proceso de ajuste hacia los precios de equilibrio cuando se parte de un conjunto de precios que no lo es, Walras recurrió a la ficción de un mercado organizado en forma de subasta en el que un subastador dirige un proceso mediante el cual los precios se ajustan progresivamente a los valores de equilibrio. Este es el tanteo walrasiano.

“Los mercados mejor organizados desde el punto de vista de la competencia son aquellos en que las ventas y las compras se hacen mediante subasta, a través de agentes tales como los agentes de cambio, corredores de comercio o voceadores que las centralizan, de tal forma que ningún cambio tiene lugar sin que las condiciones sean anunciadas y conocidas y sin que los vendedores tengan la oportunidad de rebajar sus precios y los compradores de aumentarlos. Así funcionan las bolsas de valores públicos, las bolsas de comercio, los mercados de grano, de pescado, etc. Al lado de estos mercados existen otros donde de la competencia, aunque no tan bien organizada, funciona todavía de una manera bastante adecuada y satisfactoria: tales son los mercados de frutas y legumbres, de volatería. Las calles de una ciudad donde se encuentran almacenes y panaderías, carnicerías, tiendas de ultramarinos, sastrerías, zapaterías, constituyen mercados con una organización un poco más defectuosa desde el punto de vista de la competencia pero, sin embargo, esta está presente de forma suficiente. (...) Supondremos siempre un mercado perfectamente organizado desde el punto de vista de la competencia, de igual forma que en la mecánica pura se supone que las máquinas se encuentran libres de rozamientos”[25].

 

Veamos en primer lugar el tanteo en la economía de intercambio. El subastador grita sistema de precios al azar. Se tienen m mercancías y por tanto m-1 precios. Los propietarios de mercancías hacen entonces sus cálculos – cálculos de maximización de utilidad bajo la restricción de presupuesto – y determinan las distintas cantidades de bienes que deben demandar y ofrecer. El subastador reúne todas las ofertas y demandas para cada bien y constata la existencia de igualdad. Si no hay igualdad, modifica los precios siguiendo una regla simple: si para una mercancía la oferta agregada excede a la demanda, baja el precio; e inversamente. Comunica luego el nuevo conjunto de precios, los agentes hacen sus cálculos, fijan sus ofertas y demandas, etc. Bajo ciertas condiciones el tanteo de precios converge a hacia el sistema determinado teóricamente. Ninguna transacción tiene lugar durante el proceso de tanteo, es decir, no hay intercambios fuera del equilibrio.

El caso de la producción es más complicado porque se tienen ahora dos clases de mercados: el de servicios productivos y el de productos. El problema surge del hecho de asumir un sistema de interdependencia general en donde todo cambio en un punto de sistema modifica el resto.

Walras procede por aproximaciones sucesivas tomando como dadas ciertas variables y tanteando otros precios para llegar al equilibrio de las demás. Una vez que éstas están en equilibrio vuelve sobre las primeras y así sucesivamente. Para hacer análisis representemos el sistema en notación matricial: 

P es el vector de precio de los productos.

Ps es el vector de precios de los servicios.

Os es el vector de oferta de servicios.

D es el vector de demanda de bienes.

A es la matriz de coeficientes técnicos.

Inicialmente Ps y D están dados. Los notamos como P*s y D*.

Con los precios de los servicios dados y la matriz de coeficientes técnicos, se determinan los costos de producción:

P*s ----------------- APs = P

estde productos, se determinan los precios de venta.

D*-------------------D* = F (P, P*s) --------------------P1

No hay ninguna para que P1 sea igual P, es decir, para que el precio de venta sea igual al costo de producción. En general la igualdad no será satisfecha. Es aquí donde intervienen los empresarios. Si el precio de venta de una mercancía es superior al costo de producción, los empresarios afluyen y desarrollan su producción; si el precio de venta es inferior al costo de producción, los empresarios se retiran y la cantidad producida de esas mercancías baja. En el período siguiente el vector de D** es diferente al inicial. El proceso recomienza:

P*s ----------------- APs = P

D**-------------------D** = F (P, P*s) --------------------P2

Problema es saber si el nuevo vector de precios P2 está más cerca del vector de equilibrio que P1.

Los precios de los servicios están dados y no han cambiado. Esto significa que el ingreso de los consumidores no ha cambiado tampoco. El ingreso de los consumidores se distribuye entre los diferentes bienes de tal suerte que la utilidad sea máxima. Tomemos el caso de un bien cualquiera, el bien i. El consumidor destina a ese bien una cierta cantidad de su ingreso, que es igual a la cantidad comprada pos su precio. Imaginemos que en la segunda fase del proceso la cantidad de i aumenta. Si aumenta su precio debe bajar. Pero sólo ocurre así si la cantidad renta destinada a la compra de ese bien permanece constante. Esto se denomina efecto de primer orden, el cual, según Walras, es de importancia notable. Este es el efecto bueno, equilibrante. Ahora bien, ¿necesariamente el ingreso destinado al bien i permanece constante?. De ninguna manera. El cambio en el precio de un bien entraña dos efectos: el efecto sustitución y el efecto renta. Walras trata el punto y dice lo siguiente:

“Esta sería una consecuencia de segundo orden, que tiene una importancia mediocre en lo que concierne a los precios (…) por tres razones: 1. Que la variación de la suma destinada a al consumo de i (DiPi), está limitada por el hecho de que los dos factores Di y Pi varían en sentido contrario; 2. Que esta variación, que implica una venta y una compra de todas las mercancías, no implica, por esa misma razón, más que una venta y una compra de una cantidad mínima de cada una de ellas y 3. Que los efectos de venta y compra se contrarrestan”[26]

Y he aquí la conclusión triunfal:

“…es cierto que el cambio en la cantidad fabricada de cada producto tiene sobre el precio de venta de ese producto un efecto directo, todo entero en el mismo sentido, mientras que los cambios en las cantidades fabricadas de los otros productos, suponiendo que todas van en el mismo sentido, no tienen sobre ese precio de venta sino efectos indirectos, en sentido contrario los unos y los otros se compensan hasta cierto punto. El sistema de nuevas cantidades fabricadas y de los nuevos precios de venta es por tanto más vecino del equilibrio que el anterior, y sólo basta con continuar el tanteo para que se aproximen cada vez más”[27]

Esto es lo que técnicamente se conoce como condición de diagonal dominante. En términos simples significa que el precio de las papas es más sensible a la variación de las cantidades de papas que a las variaciones acumuladas de las cantidades de todas las demás mercancías.

El tanteo se continúa bajo la hipótesis de diagonal dominante y al final, sobre el mercado de bienes, se llega a la siguiente configuración:

Pe , P*s, Os, De, A. Donde Pe y De  son vectores de equilibrio, para un vector P*s fijado al azar.

Partiendo es esto se procede al tanteo sobre el mercado de servicios.

Los datos de partida son: Pe, P*s, Os, De, A.

De -------------A’De = Os --------------Os1    esta es la demanda de servicio.

Pe, P*s ---------Os = Fs (Pe, P*s) -------Os2   esta es la oferta de servicios.

No hay ninguna razón para que la demanda de servicios Os1 sea igual a la oferta de Os2 servicios.

“Es necesario que las cantidades des servicios productivos compradas y vendidas sean no solamente equivalentes sino iguales, puesto que son esas cantidades de es servicios productivos las que deben entrar en la confección de los productos. Así, ha llegado el momento de cerrar por así decir el círculo de la producción llevando a la igualdad la oferta y la demanda de servicios”[28]

Para eso se debe liberar la variable que se ha mantenido fija, el precio de los servicios productivos, P*s.  Se mantienen fijos De y Pe.

Para De, Pe y P*s se puede tener que la oferta y la demanda de servicios sean iguales:

A’De =  Fs (Pe, P*s)

Sin embargo, usualmente serán desiguales y los precios de los servicios bajarán o subirán según que su oferta exceda a la demanda o viceversa, hasta que se llegue a un vector Ps que equilibre todos los mercados. Pero ahora que el mercado de servicios está en equilibrio, el mercado de productos puede haberse modificado. Walras asume en este punto una posición similar a la ya indicada con relación a los efectos indirectos y directos tratados en el mercado de bienes.

La condición general de estabilidad, entendiendo por estabilidad el hecho de que partiendo de un conjunto de precios cualquiera se llegue al conjunto de precios de equilibrio, es la condición según la cual la diferencia entre la oferta y la demanda de cualquier bien o servicio es más sensible a la variación de su propio precio que a la variación acumulada de los precios de todos los otros bienes y servicios. Arrow y Hahn han señalado el que esa condición se cumpla o no depende de la elección del numerario. En efecto, afirmar que los excesos de oferta o demanda son más sensibles a la variación de un precio que de todos los otros no es otra cosa que un problema de elasticidades. Si el numerario cambia, las elasticidades precio de los excesos de oferta o demanda frente a los diferentes precios van a cambiar.

Aunque queda por examinar el problema de la capitalización, lo expuesto hasta ahora permite hacer, para concluir algunas reflexiones sobre la teoría de Walras.

VII

Veamos, en primer lugar, el concepto de competencia. Escribe Walras:

“Este estado de equilibrio de la producción es, como el estado de equilibrio del intercambio, un estado ideal, no real. (…) Pero es el estado normal en el sentido de que es aquel hacia el cual las cosas tienden por ellas mismas bajo el régimen de libre competencia aplicada tanto a la producción como al intercambio”[29]

Cuando se hace el tanteo sobre el mercado de productos los precios de venta que aseguran el equilibrio del consumidor pueden ser diferentes de los costos de producción. En ese caso, las cantidades se modifican por la acción de los empresarios pues esa desigualdad equivale a la existencia de beneficios o pérdidas. Todo el proceso competitivo reposa sobre el empresario. Este es el agente por el cual se realiza la ley de la producción: la igualdad entre el precio de venta y el costo de producción. Cuando los excesos de demanda desparecen y los precios se igualan a los costos, es decir, al estado de equilibrio “podemos hacer abstracción de los empresarios”, escribe Walras[30].  Pero hay un punto aún más interesante:

“Notemos sin embargo que si la multiplicidad de empresas conduce al equilibrio de la producción, ellas no es teóricamente el único medio de alcanzar ese objetivo; un empresario único que demandara los servicios cuando sus precios bajan y ofreciera los productos cuando sus precios suben, y que restringiera la producción en caso de pérdidas y la desarrollara siempre en caso de beneficios, obtendría el mismo resultado”[31]

Esta es una conclusión formidable: para Walras la competencia es una condición suficiente pero no necesaria para alcanzar el equilibrio de la producción y el cambio. En ella se apoyará Oscar Lange para sustentar la viabilidad de una economía centralizada en el debate sobre la viabilidad del socialismo con Mises.

El empresario es un agente económico diferente de todos los demás. Está definido de tal manera que su diversidad no es un atributo significativo. Los demás agentes económicos de diferencian pos su función de utilidad y por los diversos capitales que poseen. Los individuos se diferencian porque tienen diferentes cosas escasas y útiles y tienen diferentes relaciones con esas cosas. El empresario escapa a esa regla: no es un sujeto de ninguna riqueza. Está definido por una función.

Por eso es evidente que la ganancia del empresario es diferente de las de los otros agentes. Su ganancia o pérdida es una magnitud objetiva que resulta de un cálculo objetivo sobre magnitudes socialmente reconocidas: los precios: “El estado de beneficio o pérdida del empresario – escribe Walras - resulta a todo instante de la situación de sus libros y del estado de sus materias primas y productos en inventarios”[32]. Las ganancias de los demás agentes son ganancias subjetivas, ganancias de utilidad.

El subastador es también una figura bien singular. Lanza los precios, agrega las ofertas y las demandas y, al equilibrio, desaparece como el empresario. Es una figura ficticia que encarna las fuerzas del mercado.

La ley de costo de producción aparece, inicialmente, como la ley de una organización económica particular la sociedad del mercado de libre competencia. Sin embargo, puede ser aplicada en un mundo sin mercado de un empresario único. Así, la regla cambia de significación: ya no es la ley de una organización social particular sino una ley de comportamiento económico general. Es la ley de comportamiento racional desde el punto de vista del valor.

Finalmente unas palabras sobre la noción de producción. El equilibrio de la producción está definido por la igualdad entre los precios y los costos de producción. El intercambio, por otra parte, es una relación de equivalencia, de equivalencia de valor, y es al mismo tiempo la operación por la cual se modifica la forma material de la riqueza. La producción es una forma del intercambio - donde intervienen de un lado los productos y del otro los factores – también regida por la ley de la equivalencia. La producción es un cambio de factores contra productos. Pero hay más:

“Al estado de equilibrio de la producción podemos considerar no sólo los servicios productores cambiándose contra los productos y los productos cambiándose contra servicios productores sino también los servicios productores cambiándose a fin de cuentas los unos contra los otros”[33]

Factores ------------------ productos ----------------factores

Valor de factores ---------valor de productos----------valor de factores

Esta concepción de la producción se opone a la concepción de los economistas clásicos para quienes la producción se define sobre la base de un excedente. Lo que los clásicos llaman producción, es la producción de un producto neto, el cual, al mismo tiempo es la condición del capital. El capital es una forma del excedente definido por la uniformidad de la tasa de beneficio.

En Walras el capital es definido por un excedente y un mercado en la economía. El mercado de los capitales nuevos que son producidos más no utilizados en el período: son excedente por tanto de la producción. La diferencia fundamental entre la teoría clásica y la teoría de Walras reside en la teoría del excedente. Walras analiza el excedente en términos de mercado, los clásicos lo analizan en términos de distribución.

LGVA

Febrero de 2013.




[1] “….el modelo más avanzado de la teoría económica es, por supuesto, la versión de Arrow-Debreu del equilibrio general walrasiano”. Hahn, Frank. Monnaie et inflation. Economica, 1984. Página 23.
 
[2] Mas Collel, A.The future of general equilibrium” Spanic  Economic  Review. 1, 207–214 (1999)
[3] Schumpeter, J.A. Diez grandes economistas: de Marx a Keynes. Alianza Editorial, Madrid, 1983. Páginas 110 – 111.
 
[4] Walras, L. Éléments d’economie politique pure ou theorie de la richessa sociale. Librerie genérale de droit et de jurisprudence. Paris, 1952. Página XX.
 
[5] Arrow, K.J. y Hahn, F.H. (1971,1977). Análisis general competitivo. Fondo de Cultura Económica, México 1977.
 
[6] Arrow y Hahn. Op. Cit. Página 9.
 
[7] Arrow y Hahn. Op. Cit. Página 14.
 
[8] Benetti, C. (1996). “La teoría del desequilibrio: una crítica y una propuesta” en Ortiz, E. (editor). Teoría de los precios: avances en el debate contemporáneo. Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1996.
[9] Walras. Op. Cit. Página XI.
 
[10] Ídem. Páginas V-VI.
[11] Citado por Monsalve, Sergio. “Sobre la obra original de Walras”. Comunicación presentada en la Primera Jornada de Historia del Pensamiento Económico. Universidad EAFIT, Medellín, Octubre de 2009. Pág.  4.
 
[12] Ídem. Páginas 5 y 6.
 
[13] Walras. Économie Sociale. Citado por Foldvary, F.E. “The marginalits who confronted land” en página 97.
[14] Ídem página 36.
 
[15] Ídem página 37.
[16] Walras, L. “Économique et Mecanique”. Metroeconomica. Volume 12, Issue 1. Febrero de 1960. Páginas 3-30.
[17] Walras. Éléments. Página 175 – 176.
 
[18] Walras habla de “capital foncier” cuyo servicio es la “rente” y su precio el “fermage”; de “capital personel” con servicio “travaile” y precio “salaire” y de “capital mobiliere” con servicio “profit” y precio “interet”. Aquí se abandonan estos nombres porque se prestan a confusión.
[19] Walras. Op. Cit. Página 190.
 
[20] Walras. Op. Cit. Página 178.
 
[21] Walras. Op. Cit. Página 191.
 
[22] Walras. Op. Cit. Página 184.
[23] Walras. Op. Cit. Página 195.
[24] Walras. Op. Cit. Página 214.
[25] Walras. Op. Cit. Página 44 – 45.
 
[26] Walras. Op. Cit. Página 220.
 
[27] Walras. Op. Cit. Página 220 – 221.
 
[28] Walras. Op. Cit. Página 223.
 
[29] Walras. Op. Cit. Página 194.
 
[30] Walras. Op. Cit. Página 195.
[31] Walras. Op. Cit. Página 194.
 
[32] Walras. Op. Cit. Página 198.
 
[33] Walras. Op. Cit. Página 195.